EL GUARDIA (The Guard, Irlanda, 2011)

El guardia

El guardia

Dirección y Guion. John Michael McDonagh/ Fotografía en color. Larry Smith/ Música. Calexico/ Edición. Chris Gill/ Diseño de producción. John Paul Kelly/ Vestuario. Eimer Ni Mhaoldomhnaigh/ Dirección de Arte: Lucy van Lonkhuyzen/ Con. Brendan Gleeson (Sargento Gerry Boyle), Don Cheadle (Agente Federal Wendell Everett), Mark Strong (Clive Cornell), Liam Cunningham (Francis Sheehy-Skelfington), Fionnula Flanagan (Eileen Boyle, la madre de Gerry), David Wilmot (Liam), Patt Short (Colum Hennessey), Rory Keenan (Agente Aidan McBride), Katarina Cas (Gabriela McBride)/ Duración. 95 mins.

SINOPSIS
El sargento Gerry Boyle, gran nadador, quien dice haber llegado en cuarto lugar en los 1500 libres de nado en las Olimpiadas de Seúl y que se hace llamar “El último independiente”, es un atípico policía de Galway, un pequeño pueblo costero en Irlanda. Se trata de un hombre con una personalidad conflictiva que le lleva a chocar constantemente con su jefe y con sus compañeros. Lo curioso, es que pese a su insolencia, a su inclinación hacia el alcohol y las drogas y su afición a contratar prostitutas, se toma muy en serio su labor y su responsabilidad como policía. Justo en el momento en que Boyle atraviesa una situación conflictiva debido a la enfermedad terminal de su madre, mujer de carácter afable y bromista ajena a cualquier chantaje y melodrama y al asesinato de su nuevo compañero, el policía Aidan McBride, recién llegado de Dublín, el sargento Boyle se ve en la necesidad de colaborar con un agente especial del FBI norteamericano, Wendell Everett a quien acosa con sus chistes racistas debido a sus orígenes afroestadunidenses. La misión de Everett, es atrapar a una importante banda de narcotraficantes británico-galeses, e interceptar un cargamento millonario de cocaína que supuestamente llegará a las costas de Galway. La aparente vida monótona y placentera de Boyle se ve interrumpida no sólo por la situación de su madre, la desaparición de su compañero y la llegada de ese agente negro del FBI y graduado en Yale, a quien todo mundo parece rechazar, sino además, por el asesinato de uno de los narcotraficantes y la presencia de la atractiva esposa de McBride, una joven croata, quien le confiesa que su marido era homosexual y que contrajo matrimonio con él, para cubrir las apariencias y para que ella obtuviera su visa. Boyle decide vengar la muerte de su compañero y colaborar en serio con el agente Everett quien tiene que enfrentarse a la corrupción policiaca que rodea al departamento de la guardia irlandesa.

Atractiva mezcla de thriller y amoral comedia negra, El guardia se convirtió en la película independiente irlandesa más taquillera de la historia de ese país, recaudando más de 4.1 millones de euros, apenas por debajo de Batman. El caballero de la noche asciende de Christopher Nolan. El guardia fue nominada a Mejor Guión en los BAFTA, que premia lo mejor del cine británico. En el Festival de Berlín, su realizador John Michael McDonagh obtuvo el premio al Mejor Cineasta Debutante y fue nominado al Gran Premio del Jurado en Sundance. Por su parte, el protagonista Brendan Gleeson ganó el Premio a Mejor Actor en el Festival de Valladolid y fue nominado por su papel en los Globos de Oro para Mejor Actor de Comedia, premio que finalmente obtuvo Jean Dujardin por El artista.

Hermano del cineasta Martin McDonagh, el mismo de En Brujas (2008) –con Colin Farrell y el propio Brendan Gleeson- y Siete sicópatas (2011), debuta como realizador con El guardia, luego de su paso como guionista del western posmoderno Ned Kelly (Gregor Jordan, 2003) con el desaparecido Heath Ledger y Orlando Bloom, centrado en el famoso bandido australiano homónimo, objeto de numerosas modificaciones que alejaron a John Michael McDonagh del cine para concentrarse en la escritura. El realizador, responsable del muy eficaz corto: Second Death/ Segunda muerte (2000), retomó sus propios personajes, entre ellos el sargento Boyle que encarnaba aquí Gary Lydon y que aparece en El guardia como el corrupto jefe de Boyle- y varios de los actores que lo acompañaron en esa aventura. Eliminó la subtrama dramática y aderezó la historia con un recalcitrante humor negro que arranca desde la secuencia inicial, para conseguir un filme muy divertido y poco convencional como lo es El guardia, pese a explotar un tema muy reconocible: el de la pareja-dispareja interracial que tuvo su máxima expresión en el filme de Walter Hill: 48 horas (1982) con Nick Nolte y Eddie Murphy y que John Michael McDonagh toma como modelo inicial, aunque suscribiéndolo al contexto irlandés contemporáneo.

En efecto, desde los primeros minutos queda claro el rumbo que tomará la película con ese grupo de mozalbetes que, drogados y alcoholizados corren a toda velocidad a bordo de un auto deportivo por un camino de Galway. Luego del inminente accidente, el sargento Gerry Boyle lo único que hace es tomar de los bolsillos de uno de los jóvenes, un sobre con anfetaminas. Las siguientes escenas son aún más ilustrativas: el fotógrafo forense enfermizo y fascinado con el crimen en apariencia ritual de un desconocido y los diálogos que se establecen entre Boyle, quien palpa los testículos del muerto alegando clarividencia (“Tengo un don. ¿No lo sabías?”), sólo para jugarle una broma a su nuevo y refinado compañero, Aidan McBride que ha sido trasladado de Dublín, la capital a Galway.
Se trata de una escena muy divertida y ácida en la que dialogan sobre la naturaleza de los asesinos en serie y una extraña inscripción: 5 ½ que da pie a reflexiones cinéfilas: 8 ½ de Federico Fellini o Seven de David Fincher. No obstante, más delirante resulta la discusión entre los narcotraficantes sobre filósofos y escritores célebres en donde citan a Friedrich Nietzche, Arthur Schopenhauer, Dylan Thomas y Bertrand Russell. O aquel personaje de un niño en bicicleta que parece tener mucha información sobre los narcotraficantes, armas y asesinatos, en un filme incorrectamente político, que lo hace más divertido.

-“Hay momentos de pura comedia, otros de acción, de thriller… hay incluso una componente social, como en la mayor parte de las películas británicas. También es una obra nostálgica, algo que suele gustar al público en general y al espectador irlandés en particular. En cierto modo sería un déjà-vu ofrecer una de policías en la que dos compañeros se desprecian continuamente y que el agente que debe pedir la identificación es un racista o un psicópata y pone trabas o impide directamente la colaboración. Con todo, estas características no suelen acompañar a un personaje hasta el final de una película. No debo ser el único que padece la frustración que me llevó a hacer El guardia, sin embargo a pesar de los problemas financieros que tuvimos, la película funciona y la gente se divierte y comprende perfectamente adónde quería llegar” – John Michael McDonagh dixit-.

“El racismo es parte de mi cultura. Soy irlandés”. Son las palabras que justifican la actitud de Gerry Boyle ante la presencia de un agente afroestadunidense del FBI que llega a Galway desde Wisconsin, para concretar una operación internacional contra un grupo de narcotraficantes galeses.-británicos que operan en esa región y que planean importar una cantidad cercana a los 500 millones de dólares en cocaína. Y en efecto, el agente federal Wendell Everett parece invisible para aquel pueblo costero. Algunos ni siquiera le dirigen la palabra. Otros le hablan en gaélico y para colmo, las altas autoridades policiacas lo engañan y le ofrecen pistas falsas, ya que han sido comprados por el trío de narcotraficantes, entre ellos: el sujeto cerebral y despiadado, Sheehy-Skelfington (Cunningham ), el sicópata e inestable emocionalmente, Liam (Wilmott) y el asesino frío y metódico, Cornell (Strong), como lo muestra aquella escena del acuario que resulta una suerte de homenaje-referencia a una escena similar de La dama de Shanghai (1948) de Orson Welles, en la que éste y la femme fatale que encarnaba Rita Hayworth tienen un encuentro testificado por morenas y tiburones que se mueven inquietantes detrás de ellos en el ventanal de un acuario.
Lo curioso es que en medio de situaciones de violencia, drama y crimen, el elemento de humor negro y corrosivo se mantiene incólume. Ejemplos: la escena donde Boyle visita a su madre en el hospital. La muerte de Liam, a quien le encomiendan la tarea de eliminar a Boyle, mismo que utiliza una treta tan vulgar como simpática y eficaz para escapar de la muerte. O la discusión entre Boyle y el niño, quien descubre un pequeño arsenal que Boyle ofrece a un miembro del ERI (Ejército Republicano Irlandés). Lo mismo sucede con las escenas de intimidad del protagonista, manejadas con mucho humor, como aquella de las dos hermosas, simpáticas y atractivas prostitutas disfrazadas de policías (Dominique McElligott y Sarah Greene), que contrata el sargento Boyle, o aquella donde la guapa Gabriela (Cas) se presenta en casa de éste para avisar de la desaparición de su marido y Boyle la recibe en ropa interior (“Disculpa. Voy a ponerme algo menos cómodo”), comenta.
El guardia es un filme cuyo interés jamás decae. Tiene un magnífico ritmo y cuenta una historia con eficacia pese a que se trata de un argumento previsible y de fórmula en apariencia, ya que sabe darle la vuelta al asunto y su incorrección política ayuda mucho (“Pensé que todos los narcos eran negros o mexicanos”, comenta Boyle). Pero sobre todo, tiene un trabajo de actuación extraordinario por parte de esos dos grandes actores que son Brendan Gleeson, quien tiene por primera vez la oportunidad de interpretar un protagónico, luego de varios trabajos memorables como actor de apoyo o secundario en cintas como: Pandillas de Nueva York, En Brujas, Corazón valiente y varias de los filmes de la serie dedicada al personaje de Harry Potter en el papel del Tuerto Alastor Moody. Al igual que el brillante y eficaz trabajo de Don Cheadle, figura importante del cine de Hollywood, en cintas como: Boogey Nights/ Juegos de placer, Alto impacto, Hotel Ruanda y las sagas de La gran estafa y Iron Man.
El guardia, no es por supuesto una obra maestra, pero si es un relato de enorme eficacia narrativa, irreverente y divertido, con un personaje de gran carisma. Un thriller y comedia negra que recuerda los westerns crepusculares con dos modernos alguaciles: uno irlandés y otro estadunidense. Una historia con mucha ironía que evita toda solemnidad y de paso, habla del choque de culturas europeo-estadunidense y explora con simpatía temas como la sexualidad y el tráfico de drogas, pero sobre todo, consigue crear un personaje excepcional que merece regresar de nuevo a la pantalla.

Rafael Aviña
Centro Histórico de la Ciudad de México 24 de junio 2013

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