LA CAZA (Jagten, Dinamarca-Suecia, 2012)

Jagten

Dirección. Thomas Vinterberg/ Guión. Thomas Vinterberg y Tobías Lindholm / Fotografía en color. Charlotte Bruus Christensen/ Música. Nikolaj Egelund/ Edición. Janus Billeskov Jansen y Anne Osterud/ Dirección de arte. Rasmus Balslev-Olesen/ Vestuario. Manon Rasmussen/ Con. Mads Mikkelsen (Lukas), Thomas Bo Larsen (Theo), Annika Wedderkopp (Klara), Lasse Fogelstrom (Marcus), Susse Wold (Grethe, la directora del colegio), Anne Louise Hassing (Agnes), Lars Ranthe (Bruun), Alexandra Rapaport (Nadja)/ Duración. 115 mins.

SINOPSIS

La historia arranca en época actual en el mes de noviembre en Dinamarca, en un lago helado donde un grupo de amigos se divierten. Uno de ellos sufre un calambre y es ayudado por uno de los hombres más entusiastas y queridos de la comunidad: Lukas, quien, luego del cierre de la escuela donde trabajaba como profesor y con un divorcio a cuestas, ha conseguido un empleo como asistente educativo en un jardín de niños, a donde asiste, Klara de cinco años, la hija de su mejor amigo Theo y su esposa Agnes. Lukas, está decidido a recuperar la convivencia con su hijo adolescente, Marcus y al mismo tiempo, se distingue como uno de los miembros más populares del grupo de amigos, la mayoría de ellos, padres de familia, que comparten principalmente su gusto por la cacería, una tradición local heredada a través de varias generaciones. La vida de Lukas avanza con buen rumbo, más aún cuando inicia una relación sentimental con Nadja una guapa asistente del kínder de origen ruso. No obstante, una mentira lanzada sin malicia por Klara y que se transforma en un terrible malentendido, alerta a las autoridades de la escuela en la posibilidad de que Lukas el maestro preferido de todos los niños, hubiera mostrado sus genitales a la niña e incluso abusado de ella. La mentira inocente y absurda creada en la mente confundida de la niña debido a otra equivocación y a unas imágenes pornográficas mostradas a ésta por dos irresponsables adolescentes, uno de ellos, hermano de Klara, se esparcen por toda la comunidad escolar y el pueblo entero, apoyados a su vez por la precipitada actitud de Grethe directora del plantel y de un amigo suyo, psicólogo infantil. En pocos días, el respetado amigo y maestro se transforma en un apestado que se ha ganado el odio y el rechazo de la comunidad. De nada valen sus argumentos ante la idea de que “Los niños no mienten”. El estupor y la confianza se disparan y la histeria colectiva avanza a pasos agigantados. Sus antes amigos lo evitan y atacan. En el supermercado local le es negada la entrada, Nadja su novia también duda de él y su mejor amigo Theo aún no acierta del todo a unirse a la cacería de brujas pública, sólo Bruun amigo y persona intachable lo apoya. Incluso, Marcus, el hijo de Lukas, sufre las consecuencias del linchamiento moral que recibe su padre y que llega a una violencia brutal y despiadada, mientras Lukas pelea por su vida y su dignidad, al tiempo que la comunidad se prepara para recibir la Navidad.

Debido a su impresionante interpretación protagónica, Mads Mikkelsen (estrella de Después de la boda, Valhalla Rising, La reina infiel y la exitosa teleserie Hannibal), obtuvo el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes, donde La caza nominada a la Palma de Oro, se llevó el Premio del Jurado Ecuménico y el de Mejor Contribución Artística para su directora de fotografía: Charlotte Bruus Christensen. El filme obtuvo a su vez, varias nominaciones a los Premios Europa y ganó el respectivo a Mejor Guión.

El prestigioso cineasta Thomas Vinterberg (Copenhague, 1969), relata que después del éxito de su primera película, Festen/ La celebración (1998) –premio del Jurado en Cannes-, recibió la visita de un psiquiatra infantil con un detallado informe que él creía con firmeza, debía ser tenido en cuenta para realizar una película. Agobiado con el impacto de Festen, Vinterberg no tomó en cuenta ese proyecto y lo archivó en un cajón, hasta que una década después, volvió a leerlo y se sintió fascinado y perturbado por el contenido que ahí se relataba. A partir de esa investigación, se exponía la teoría del pensamiento como una suerte de virus infeccioso y letal, con el que el realizador y su guionista Tobías Lindholm daban forma al argumento de La caza , explorando también el tema de las mentiras de los niños y la paranoia del abuso infantil.

En ese sentido, la esencia argumental de Jagten se aproxima a aquel añejo y extraordinario capítulo de la notable serie de televisión creada por Rod Serling, Dimensión desconocida/ Twilight Zone (1959-1964): Los monstruos están llegando a la calle Maple. En ese relato, ambientado en un tranquilo suburbio, un extraño sonido y una falla de energía eléctrica ponía en alerta a todo el vecindario. La incertidumbre y el temor provocaba que los vecinos empezaran a sospechar y a tener miedo de todos, hasta que unos y otros acababan despedazándose ante la mirada burlona de unos extraterrestres que sabían mucho sobre la principal debilidad humana: la paranoia y la desconfianza, tópico que La caza utiliza de manera soberbia para relatar lo que una irresponsable cacería de brujas puede provocar.

A partir de un estilo sucio, directo, casi amateur, la cámara se movía abruptamente por el interior y los exteriores de habitaciones que conectaban emocionalmente a un grupo de personajes enfermos, sobrevivientes del horror y la corrupción familiar en Festen, la celebración. Aquí, la fotografía granulosa que manejaba con exceso el gran angular, intentaba desnudar las miserias morales de un clan que ocultaba un terrible secreto de familia en una película de una belleza insólita y dolorosa. Se trataba quizá del experimento fílmico más arriesgado de fin de siglo desde que aparecieran aquellos conceptos transgresores de la llamada nueva ola francesa con Jean-Luc Godard a la cabeza de un grupo de jóvenes cineastas empeñados en desbaratar las reglas establecidas por un cine falso y comercial. Festen, era sin duda la punta de lanza de un curioso movimiento fílmico danés denominado “Dogma 95” del que formaban parte cineastas como: Lars Von Trier, Kristian Levring, Soren Kragh-Jacobsen y por supuesto Vinterberg.

Su manifiesto fílmico incluía un rechazo al cine de autor en el sentido académico del término: rodaje en locaciones auténticas, cámara en mano que evitara fijar el encuadre, iluminación natural que rechaza filtros y luces especiales -las escenas de sexo tienen mucho del cine porno, por ejemplo-, y la ausencia de música tramposa que supla el dramatismo natural de una situación. Es decir, una serie de principios estéticos o “votos de castidad “, en palabras del grupo, que consiguieran centrar la atención en el contenido temático por encima de la puesta en escena y el refinamiento técnico. Con todos esos elementos a bordo, el tratamiento que Vinterberg planteó en Festen se aproximaba mucho más al de una inquietante película de horror “serie B” al estilo de La última casa a la izquierda de Wes Craven o Masacre en cadena de Tobe Hooper, que a los nudos dramáticos, asfixiantes y claustrofóbicos de un realizador como Ingmar Bergman a pesar de los parecidos temáticos con el cine del afamado cineasta sueco. Festen creaba un ambiente cargado de violencia, brutalidad, infidelidad, racismo y pederastía tal y como sucedía en Felicidad de Tod Solondz; sólo que éste, elegía un tono irónico y cínico.

En ese sentido pero ya sin los adornos estilísticos del Dogma 95, La Caza al igual que lo hacía Festen, recorre la sordidez, la frustración y la imposición de normas caducas ya no en el seno familiar, sino en toda una comunidad respetable y no por ello terrible, en un crudo y doloroso retrato no exento de belleza, sobre los horrores domésticos y la complicidad del silencio. En la primera imagen de La caza, un grupo de hombres semidesnudos llevan a cabo uno de sus tantos rituales masculinos: lanzarse a las gélidas aguas de un río en época pre invernal. Adultos que siguen comportándose como adolescentes en una sociedad donde la violencia –representada en la cacería- y la ley de la masa sobre el individuo se trastocan en el único modo de vida. Eso es justo lo que hace el realizador Thomas Vinterberg y su guionista Tobías Lindholm con el espectador: arrojarle un balde agua helada en uno de los relatos más crudos, realistas y despiadados para la audiencia.

Raros son los filmes que consiguen mantener al público hipnotizado durante casi dos horas como lo hace La caza, cuyo título marca el vía crucis que va a padecer Lukas interpretado por un Mikkelsen extraordinario que carga con todo el peso dramático del filme, el solitario y agradable asistente de un kinder que intenta rehacer su vida luego de su divorcio: un nuevo trabajo, una nueva novia y recomponer la relación con Marcus, el hijo adolescente que vive con la madre, cuando es señalado como responsable de un caso de abuso infantil que sólo existe en la mente confundida de una pequeñita (notable Anikka Wedderkopp) y en una comunidad en apariencia tranquila y civilizada que estalla en histeria colectiva.

El co fundador de Dogma 95 y responsable de otros inclementes títulos como: Wendy/ Calles peligrosas (2004) y Submarino (2010) centrados al igual que La caza en la violencia y la agresividad humana, las atrocidades familiares y la culpa, reactualiza el tema de la cacería de brujas medieval, partiendo de la premisa que la mente de un adulto puede ser más paranoica y enfermiza que una fantasía infantil y propagarse como un virus sin control. El señalamiento moral de un hombre que en un inicio desconoce porque se le marca, se inicia con el rechazo de los vecinos, incluyendo la ex esposa y la novia y su mejor amigo, padre de la inocente Klara y prosigue con una serie de actos de violencia brutal que alcanzan incluso al propio hijo del protagonista.

De hecho, en una de las escenas claves al inicio, el protagonista apunta a su presa, un hermoso ciervo que descubre en el bosque a través de la mirilla de su rifle y con absoluta frialdad dispara. El ciervo cae fulminado sin que el cazador le haya otorgado la más mínima piedad. La situación en apariencia cotidiana en el ambiente de la cacería, adquiere una dimensión trágica, cuando la víctima, el que es acosado, cercado y cazado como una bestia salvaje, termina siendo el propio Lukas. Sin duda, este drama intimista inspirado en casos reales documentados por un sicólogo infantil, adquiere proporciones de dantesco relato de horror cuyas escenas van en ascenso brutal como lo muestran las secuencias del supermercado, la de la iglesia en Navidad y el aparente final feliz donde Vinterberg sintetiza de manera brillante la tesis de su demoledora premisa.

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

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