MIENTRAS DUERMES (España, 2011)

Mientras duermesDirección. Jaume Balagueró/ Guión. Alberto Marini/ Fotografía en color. Pablo Rosso/ Música. Lucas Vidal/ Edición. Guillermo de la Cal/ Dirección de arte. Javier Alvariño, Montse Soler/ Vestuario. Marian Coromina/ Con. Luis Tosar (César), Martha Etura (Clara), Alberto San Juan (Marcos), Petra Martínez (Sra. Verónica), Iris Almeida (Úrsula), Amparo Fernández (mujer de la limpieza), Roger Morilla (joven de la limpieza), Margarita Rosed (madre de César)/ Duración. 102 mins.

SINOPSIS
César trabaja como conserje en un antiguo y elegante edificio de departamentos en Barcelona. No sólo se encuentra al cuidado de la entrada, sino que arregla los desperfectos interiores y exteriores del inmueble. Tal vez no sea uno de los mejores oficios, sin embargo, no lo cambiaría por ningún otro, ya que éste trabajo le permite a César conocer a fondo a todos los inquilinos del lugar: sus movimientos, hábitos, horarios y sus puntos débiles. Desde su posición, resulta fácil controlar las llegadas y salidas de los condóminos, estudiarles, descubrir sus gustos y secretos. Si quisiera, podría incluso controlar sus vidas, influir en ellas como si fuera un Dios: abrir sus heridas y hurgar en ellas. Y todo sin levantar ninguna sospecha. Y es que César tiene un secreto, un juego particular: le gusta hacer daño, mover las piezas necesarias para crear dolor a su alrededor. La nueva vecina del 5ºB no deja de sonreír; entra y sale cada día radiante y feliz. Así que pronto se convertirá en el nuevo objetivo del conserje. Un reto personal. Una obsesión. No obstante, el pasatiempo de César va a empezar a complicarse más de lo debido: se volverá impredecible, peligroso. Incluso, puede revertirse en contra suya.

Mientras duermes obtuvo seis de los principales premios Gaudí a lo mejor del cine catalán de 15 nominaciones en las que participaba: Mejor Película española de lengua no catalana, Mejor Director, Guión, Edición, Sonido y Mejor Actor protagónico para Luis Tosar. Asimismo, el propio Tosar compitió por el Premio Goya a Mejor Actor que había ganado un año antes con Celda 211 y Petra Martínez, obtuvo el Premio a Mejor Actriz de Reparto, otorgado por el sindicato de actores españoles.

Una de las cinematografías más atractivas, innovadoras, tesoneras y dispuesta a apostar por múltiples caminos, es sin duda la española de hoy en día. El llamado destape del cine ibérico a fines de los años setenta y la proliferación de obras alternativas que dieron pie en muy poco tiempo a una nueva industria taquillera y triunfadora en festivales internacionales, trajo como consecuencia la creación de nuevos cineastas de culto, superando incluso a los mitos fílmicos ibéricos como: Luis Buñuel, José Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Carlos Saura o Víctor Erice.
Al cine español contemporáneo, el de las últimas tres décadas, se le deben personalidades radicales como las de: Vicente Aranda, Bigas Luna, Pedro Almodóvar, Julio Medem, José Luis Guerin, Agustí Villaronga, Alex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Fernando y David Trueba, así como una pléyade de jóvenes cineastas que han sorprendido por su eficacia, garra, originalidad y un renovado manejo de los géneros tradicionales, como serían: Fernando León de Aranoa, Benito Zambrano, Jaume Balagueró, Paco Plaza, o Nacho Vigalondo, entre muchos otros.

No obstante, es sin duda en el cine fantástico y de horror donde el cine español ha encontrado una veta inagotable explorando elementos como el fantástico, el suspenso, el drama, e incluso la comedia negra. La década de los noventa dio cabida a la resurrección de un género arrinconado por lo general al cine de bajísimo presupuesto y al softcore más cutre, ejemplificado en el infracine de realizadores como Jesús Franco, Juan Piquer y Paul Naschy, autores de una filmografía iniciada en los años sesenta y en la que se mezclaban de manera caótica todo tipo de temas que se desprendian del porno y del cine de terror más previsible.
En contraste, el nuevo cine fantástico y algunos de sus subgéneros como el horror y la ciencia ficción empezaron a tomar un original impulso en España, gracias, sobre todo, al trabajo de una novísima generación de realizadores como Juan Miñón, responsable de Supernova (1992), Alex de la Iglesia y Oscar Aibar, sin menospreciar por supuesto, la incursión en el horror por parte de maestros como: Vicente Aranda, Bigas Luna y Pedro Almodóvar, autores de La novia ensangrentada (1972) Angustia (1987) y La piel que habito (2011), respectivamente.
Atolladero (1995) de Oscar Aibar, por ejemplo, era heredera de las cintas apocalípticas al estilo de Mad Max, una producción catalana ambientada en el año 2048 y cuya acción tenía lugar en el desierto de Sonora perteneciente a Texas. Por su parte, El día de la bestia (1995) de Alex de la Iglesia, confirmaba las expectativas de un cineasta atípico que había elegido el camino del trash y la sangre a la ibérica. Desde su corto Mirindas asesinas (1990) y sobre todo en su debut industrial con Acción mutante (1993). De la Iglesia tomaría la estafeta que dejó Almodóvar y más tarde el genial Bigas Luna en la realización de Perdita Durango (1997) protagonizada por Rosie Pérez y un estupendo Javier Bardem. Basada en la novela de Barry Gifford colaborador habitual de David Lynch (Salvaje de corazón, Por el lado oscuro del camino). Seguida de obras inquietantes, divertidas e irónicas como: Muertos de risa, La comunidad, 800 balas, Balada triste de trompeta y La chispa de la vida.
La cinematografía española de la última década: es decir, el cine de transición al nuevo milenio que coincide con otras propuestas europeas, intentó renovar el concepto de sexualidad a través de la explosión de los sentidos y la sensualidad corporal en relatos que oscilan entre el sueño y la vigilia como lo muestran Los amantes del círculo polar, Lucía el sexo, Caótica Ana o Habitación en Roma de Julio Medem y/o Alas de mariposa, La madre muerta o Airbag de Juanma Bajo Ulloa. En ese sentido, vale la pena destacar una perturbadora concepción de la fatalidad del destino y acerca de esa fina línea que separa la razón de la locura cuando se encuentra de por medio una feroz liberación hormonal: Abre los ojos (1999) del joven Alejandro Amenábar quien saltó al estrellato internacional con Tesis (96) logrando algo que parecía remoto: que un thriller de horror y suspenso fuese aclamado por público y crítica no solo en España, sino en todo el mundo cuando el cineasta no llegaba a los 21 años, en un relato centrado en el cine snuff y la representación de la violencia. Amenábar realizaría también con enorme éxito y en la antesala de los Óscares: Los otros: atractivo e inquietante filme de fantasmas, Mar adentro sobre un tetrapléjico que desea morir con dignidad y el gélido relato de Historia antigua El ágora.

Heredero de estos nuevos cineastas que han renovado los temas del suspenso a través de la violencia, la fantasía gore, la sexualidad y el erotismo, es sin duda el joven Jaume Balagueró, quien desde sus primeros cortos: Alicia (1994) y Días sin luz (1995), mostró una enorme habilidad para contar historias malsanas y siniestras, como sucede en su angustiante primer largometraje; La secta/Los sin nombre (1999) protagonizada por Karra Elejalde, acerca de una niña desaparecida en circunstancias extrañas, seguida por un extraño y fascinante relato de fantasmas: Darkness/Oscuridad (2002), sobre una extraña presencia agazapada en las tinieblas de una vieja casa. Frágiles (2005) con Elena Anaya era la historia de horror centrada en un viejo hospital infantil aterrorizado por las apariciones de una niña mecánica.
Vendría entonces REC (2007) co dirigida con Paco Plaza, que se trastocaría de inmediato en una película de culto, generando no sólo un remake estadunidense (Cuarentena, 2008), sino una insólita continuación: REC 2 (2009), que arrancaba minutos después del desenlace de la película original y cuya oferta argumental aportaba un nuevo giro a la trama que proponía su antecesora. El tono de horror y suspenso costumbrista centrado en un variopinto grupo de inquilinos de un viejo edificio barcelonés, una reportera de televisión conductora de un programa nocturno en vivo, desaparecía en esta continuación. El claustrofóbico escenario que albergaba una trama de zombies hambrientos y enloquecidos muy en deuda con Exterminio (2002) de Danny Boyle y La noche de los muertos vivientes (1968) de Georges A. Romero, se trastocaba en REC 2 en un literal reducto del infierno muy en deuda con el cine de posesiones satánicas como El exorcista (William Friedkin, 1973), con un estilo visual ultramoderno y un montaje frenético. REC 3 Génesis: desaforada y muy entretenida tercera parte que corre en paralelo a los eventos que propiciaban la demencial infección de muertos vivientes, sería dirigida únicamente por Paco Plaza para dejar a Balagueró la hechura de la cuarta parte: REC 4. Apocalipsis (2013).
Lo primero a destacar en Mientras duermes en la que Balagueró cambia el horror sangriento y lo sobrenatural por un realista thriller de suspenso, es la gran presencia de su actor principal, Luis Tosar, considerado como una de las figuras histriónicas más atrayentes del nuevo cine español junto con Javier Bardem, quien filma por lo general fuera de España: por cierto, ambos trabajaron juntos en Los lunes al sol (2002). Notable protagonista de Te doy mis ojos (2003), sobrecogedor relato de maltrato doméstico y de la violenta y estupenda Celda 211 (2010) en su papel del brutal reo Malamadre, estelarizó junto con el mexicano Gael García Bernal, También la lluvia (2010) de la actriz y directora Icíar Bolláin, escrita por el guionista de Ken Loach, Paul Laverty, un calculado panfleto demagógico, centrado en un equipo de producción que filmaba una cinta épica sobre el Descubrimiento de América en Bolivia, empobrecido país con gran población indígena donde los costos se abaratan al máximo, al tiempo que estalla la violenta Guerra del agua en Cochabamba.
En España, la fascinación por el asesino sicópata y sus rituales de sangre ha encontrado eficaz correspondencia fílmica con títulos como: La madre muerta de Juanma Bajo Ulloa, Tesis de Alejandro Amenábar, Las horas del día de Jaime Rosales, o Bilbao de Bigas Luna, cuyo retraído y depravado personaje principal se conecta de algún modo con el anómalo y mezquino protagonista de Mientras duermes. Intrigante relato de pulsiones asesinas donde Balagueró prueba suerte con un relato de suspenso, de corte clásico y enfermizo horror cotidiano, sobre un hombre dedicado a quebrantar con saña la vida privada de un grupo de inquilinos, a los que agrede física y emocionalmente mientras duermen.
“No puedo ser feliz. Lo único que me alivia es que los demás tampoco son felices”. De su soledad, de la relación con su anciana madre arrumbada en un hospital, de sus traumas y complejos ligados a su incapacidad de disfrutar la vida, César, el conserje de ese vetusto edificio de departamentos barcelonés, utiliza buena parte de su tiempo libre a transgredir la intimidad de los condóminos para quienes trabaja. Y en particular, elige como objeto experimental a Clara, esa guapa vecina del 5º piso, quien día a día, no deja de sonreír y César ve en ello, una afrenta, un reto, una obsesión.
Balagueró y su guionista Alberto Marini construyen otra historia de suspenso y maldad, de esas que se han contado infinidad de veces en la pantalla, que recuerda las perturbadoras atmósferas del primer Polanski (Repulsión, El inquilino, El bebé de Rosemary) y que a su vez, cae en las tentaciones de los efectismos dramáticos del nuevo Hollywood. Para su fortuna, se apoyan en un actor de temple magistral como lo es Tosar, quien consigue crear un fuerte vínculo con el espectador, a tal grado que la empatía resulta más atractiva con el sicópata que con las víctimas. Es cierto sí, que la trama no sólo se alarga demasiado, sino que al final, se vuelve reiterativa, previsible y excesiva en sus vueltas de tuerca, sin embargo, Mientras duermes resulta una disfrutable y perversa parábola erótico-patológica del individuo común de la sociedad contemporánea globalizada y una metáfora sobre el Mal y la Frustración con mayúscula.

RAFAEL AVIÑA

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