BARAN (Irán, 2001)

BaranDirección y Guión. Majid Majidi/ Fotografía en color. Mohammad Davudi/ Música. Ahmad Pezhman/ Edición. Hassan Hassandoost/ Diseño de arte. Behzad Kazzazi/ Vestuario. Behzad Kazzazi y Malek Jahan Kazhai / Con. Hossein Abedini (Lateef), Zahra Barahmi (Rahmat/ Baran), Mohammad Amir Naji (Memar), Abbas Rahimi (Soltan), Gholam Ali Bakhshi (Najaf),  Jafar Tawakoli (Inspector)/ (Duración. 94 mins.

SINOPSIS

La acción sucede en una zona suburbana de Teherán, en un edificio en construcción. La vida de los trabajadores iraníes es dura, pero mayor aún la de los refugiados afganos quienes difícilmente mantenerse, ya que al trabajar como ilegales, su salario es muy bajo. Lateef, un ingenuo y desprendido jovencito es el portero de la obra en construcción. Su labor consiste en cuidar la obra y mantener las provisiones. Hace las compras y prepara la comida para todos los albañiles y sirve el té. Memar el jefe de obra, es un hombre histérico y apesadumbrado pero de buen corazón, que le paga a Lateef una pequeña parte de sueldo semanal y retiene el resto de su salario, alegando que es por su propio bien, ya que los jóvenes despilfarran el dinero. Cuando un trabajador afgano, Najaf, sufre un accidente en la construcción que lo incapacita, Memar no puede reportarlo a las autoridades ya que Najaf es ilegal y acepta los ruegos de Soltan, vecino y amigo de Najaf para que el hijo de éste, un callado adolescente, llamado Rahmat, tome el lugar de su padre. Queda claro que Rahmat no está hecho para el trabajo físico. Rahmat deja caer una pesada carga que casi provoca un accidente con uno de los trabajadores que discute con el bromista de Lateef. Memar decide entonces darle el trabajo duro de la construcción a Lateef y coloca al pequeño Rahmat en el lugar de aquel. Resentido y enojado, Lateef intenta sabotear y agredir a Rahmat, quien se gana muy pronto el afecto y la admiración de todos, ya que organiza perfectamente el cuarto de trebejos y la cocina, además de preparar una exquisita comida. Sin embargo, la actitud de Lateef cambia, cuando descubre que Rahmat es en realidad una bella adolescente huérfana de madre, obligada a ocultar su sexo y a trabajar para mantener a su padre inválido y a sus pequeños hermanos. Lateef se enamora de forma instantánea y se propone impresionarla y ella le corresponde llevándole té en su improvisada mesa. Lateef la defiende de uno que otro trabajador abusivo, pero sobre todo, de los inspectores del gobierno que se dan cuenta de que es ilegal e intentan atraparla. Rahmat/Baran huye de ahí. Lateef descorazonado y triste, encuentra un prendedor de ella y más tarde, localiza a Soltan quien le indica donde trabaja su enamorada secreta. El la observa levantando piedras pesadas de manera peligrosa y se propone ayudarla, por ello suplica a Memar le entregue todo el salario que no le ha pagado y finalmente éste acepta de mala gana. Lateef le da la el dinero a Soltan con el fin de que se lo proporcione a Najaf y a Baran su hija, pero Soltan también pasa por momentos muy difíciles con una esposa enferma. No obstante, para Lateef siempre habrá esperanza.

Barán cinta ganadora de los principales premios –incluyendo Película, Director y Protagonista- que otorga su país: el Crystal Simorgh, en el Festival de Teherán, al igual que el de Mejor Director y Guión en el Festival de Gijón, España y el Gran Premio de Las Américas en el Festival de Montreal está contada desde el punto de vista de un adolescente inocente y desprendido con alma de niño. Ello no es casual, no sólo en el cine del cineasta iraní Majid Majidi, sino en buena medida del nuevo cine iraní de las dos últimas décadas.

¿Por qué se preocupa tanto en sus películas con la situación de los niños?

-Siempre he estado obsesionado con su inocencia y espontaneidad, y creo que la mayoría de los adultos puede aprender mucho de ellos.

¿Cómo trabaja sus proyectos, sus guiones? ¿De manera solitaria o tiene un equipo colaboradores?
El tema básico lo decido solo y hago mi propia investigación para conocer mejor el asunto. Escribo un borrador del guion, mismo que le muestro a un grupo de amigos, escucho sus sugerencias y durante más de un año me dedico a la versión final. Para “Barán”, mi coproductor y amigo Fouad Nahas me ayudó mucho.

¿Cómo crea sus personajes y cómo filma con sus actores no profesionales?
Improviso mucho con los que son o no son profesionales y siempre estoy dispuesto a cambiar una escena o un diálogo si ellos no se sienten cómodos. Generalmente, los actores no profesionales nunca leen el guión antes de llegar al set y así me aseguro de su espontaneidad.

¿Cómo reaccionan los espectadores y el gobierno ante sus películas?
Siempre recibo reacciones positivas de unos y otro. Cuando hago una película, pienso en la gente de Irán y me llena de felicidad si son comprendidas y bien recibidas en otros países.

¿Tiene ídolos o modelos en directores extranjeros?
Siempre me han gustado los clásicos de Hollywood, como John Ford. También me gustan los grandes directores europeos, como Robert Bresson y Vittorio de Sica. Me ha gustado mucho la cinta brasileña “Estación central”, de Walter Salles. –Entrevista con Majid Majidi. ABC Guionistas, Alberto Duque.

 

Al igual que otros realizadores iraníes, Majidi (Teherán, 1959), se ha valido de niños para protagonizar sus películas, sin embargo, a diferencia de cineastas como: Abbas Kiarostami, Bahman Ghobadi, o Jafar Panahi, su enfoque resulta más humano que político, en su intento por capturar el sufrimiento cotidiano y la poesía de lo cotidiano, en la historia de un grupo de trabajadores iraníes y de refugiados afganos ilegales que conviven en una obra en construcción con la amenaza constante de inspectores del gobierno que vigilan la entrada de trabajadores extranjeros y donde el patrón de buen corazón, logra ocultar y proteger a sus obreros, al tiempo que se asegura de mano de obra barata por más tiempo. Todo ello, en los años posteriores del retiro de la Unión Soviética de Afganistán y en una zona aislada de la capital iraní en Teherán, lugar al que emigraron miles de afganos: un éxodo que se elevó luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es decir, en el nuevo milenio, época en la que sucede la acción.

La pobreza, la falta de empleo, la persecución, la necesidad de buscar trabajo en condiciones miserables como sucede en buena medida con los braceros mexicanos en la Frontera Norte, son elementos de un filme de una simpleza y al mismo tiempo de una enorme complejidad, como lo es Barán. Una historia en la que no falta la solidaridad, el humor, la esperanza y sobre todo, una lección de vida contundente: la de aquellos que dan todo sin tener nada y sin pedir nada a cambio, en una suerte de fábula contemporánea que se centra más que en una historia de amor, en un relato sobre la condición de la mujer musulmana en aquellos países, como Afganistán a merced de la barbarie fundamentalista de los talibanes, o la propia Irán y sus influencias religiosas, donde la mujer debe permanecer callada y obediente de las reglas masculinas. Ocultar su rostro, su belleza femenina y soportar no sólo la humillación de extranjera refugiada, sino de ser mujer.

Al igual que otros filmes iraníes como El globo blanco (1995) de Jafar Panahi escrita por el notable Abbas Kiarostami, el mismo de El sabor de las cerezas o ¿Dónde está la casa de mi amigo?, así como El color del paraíso de Majid Majidi, centrada en un agradable niño invidente rechazado por su padre que busca una nueva mujer, Barán, recuerda en buena medida los melodramas sociales y neorrealistas del cine mexicano de los años 40 y 50, en particular el cine de Ismael Rodríguez dedicado al barrio y sus protagonistas. De hecho, al igual que estos relatos populares, el cine de Majidi que incluye otras obras como: Los niños del cielo –nominada al Oscar a Mejor Cinta Extranjera-, Baduk, El padre, Las cenizas de la luz, ha contado siempre con una enorme recepción de público, a partir de historias minimalistas y cotidianas que evitan el melodrama burdo y exploran con inteligencia y elegancia, sentimientos básicos y a la vez profundos, como el entusiasmo, las ganas de ayudar, o la tristeza de la separación que vive en muy poco tiempo el joven Lateef, quien jamás pierde su aura de candidez, humor e ilusión, como lo muestra esa bellísima escena final bajo la lluvia en aquel terreno enlodado y encharcado.

Barán es filme de enorme riqueza intimista, plagado de pequeños y sutiles detalles que van conformando la personalidad de sus jóvenes protagonistas: la manera en que la tímida joven es capaz de transformar y crear belleza en ese mundo de los hombres, proponiendo un espacio hermoso y armónico entre trebejos arrumbados y utensilios de cocina sucios y descuidados. Los labios pintados de la joven en la ceremonia religiosa, la coquetería femenina oculta tras la cortina cuando cepilla su cabellera, el prendedor mismo con una sutil baratija de fantasía que contiene algo mucho más valioso para Lateef: algunos fragmentos de su cabello oscuro, o finalmente, la huella de la pisada de la joven en el lodo, poco antes de regresar a su tierra, como regalo de ¿despedida? para su cándido y desprendido enamorado.

Barán es un relato que emociona. Una historia donde las miradas y los silencios, el sonido del viento o la fuerza de la lluvia,  dicen más que los diálogos. Un filme que descubre una insólita belleza y bondad en escenarios humildes y maltrechos, entre polvaredas de cal y ladrillos, o en los pequeños y misteriosos pueblos iraníes, donde cada persona es una historia de sufrimiento y esperanza, tratados con una increíble sensibilidad y respeto.

RAFAEL AVIÑA

 

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