EL PRECIO DE LA VERDAD (Shattered Glass, Estados Unidos-Canadá, 2003)

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Dirección. Billy Ray/ Guión. Billy Ray, inspirado en un artículo periodístico publicado en la revista Vanity Fair en septiembre de 1998, escrito por Buzz Bissinger/ Fotografía en color. Mandy Walker/ Música. Mychael Danna/ Edición. Jeffrey Ford/ Diseño de arte. Pierre Perrault/ Con. Hayden Christensen (Stephen Glass), Peter Sarsgaard (Charles “Chuck” Lane), Chloë Sevigny (Caitlin Avey), Rosario Dawson (Andy Fox), Melanie Lynskey (Amy Brand), Hank Azaria (Michael Kelly), Steve Zahn (Adam Penenberg), Ted Kotcheff (Martin Peretz)/ Duración. 94 mins.

Sinopsis

El filme se inspira en la historia verídica de Stephen Glass, joven promesa del periodismo en Washington nacido en 1972 y egresado de la Universidad de Pensilvania, que cae en desgracia hacia 1998, cuando se descubre que al menos la mitad de sus reportajes en la afamada y prestigiosa revista de actualidad política The New Republic, habían sido inventados. A la salida del Editor en Jefe, Michael Kelly, quien siempre abogó de buena fe por Glass, es nombrado Director Editorial, su compañero Charles Chuck Lane, quien terminaría despidiendo a Glass, el más joven de sus reporteros –tenía 23 años cuando fue contratado-, por inventarse un artículo que apareció como principal en The New Republic, bajo el título de Hack Heaven. Se trataba de un curioso reportaje de gran coyuntura empresarial, que describía los pormenores alrededor de un hacker adolescente: un pirata informático menor de edad, cuyo representante había conseguido un lucrativo negocio, extorsionando a una compañía de software, víctima del hacker, quien había logrado ser contratado para trabajar como consultor de seguridad luego de haber entrado a su sistema informático y expuesto sus debilidades. A

partir de ese momento, la credibilidad de Glass se tambalea, más no su talento para la ficción. Aparecieron múltiples quejas de personas e instituciones que replicaban acerca de otros artículos de Glass. Adam Penenberg, reportero y editor del pequeño magazine Forbes.com investigó el asunto y enfrentó a Glass y a su prestigiosa revista. El precio de la verdad había salido a la luz.

El precio de la verdad nunca fue exhibida en nuestros país de manera comercial (se proyectó en una sola función en el Festival de Morelia en 2004). El hecho no resulta sorprendente, sobre todo si analizamos la cartelera comercial, en la que prevalece la superficialidad, la estridencia y la espectacularidad sin sentido. El filme de Billy Ray, eficaz guionista hollywoodense (El color de la noche con Bruce Willis, Sospechoso Cero con Ben Kingsley, Plan de vuelo con Jodie Foster, Un enemigo en casa con Ryan Phillips, Los secretos del poder con Russel Crowe y aún sin estrenar, Los juegos del hambre con Jennifer Lawrence), con el que debutaba como realizador, habla de un tema poco apreciado en Hollywood: la ética periodística no en los grandes diarios, sino en una revista y acerca de las relaciones laborales en los ámbitos culturales y periodísticos. Quizá la película no profundiza en los aspectos sicológicos del personaje (su familia, sus amigos, sus compañeros), no obstante, su mirada al interior del trabajo reporteril es muy buena y eficaz.
En ese sentido, El precio de la verdad, mantiene varios puntos de contacto con otros filmes que han tocado el tema de la prensa, los medios y la manipulación que se hace de ésta, desde aquel clásico mundial: El ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), El gran reloj (John Farrow, 1948), Todos los hombres del presidente (Alan Pakula, 1976), Quiz Show/El dilema (Robert Redford, 1994), o El informante (Michael Mann, 1999). En todas ellas, se retrata un intrigante descenso a los infiernos de la paranoia, la ética y la moral estadunidense. Y en el caso particular del debutante Billy Ray, su película se adecúa al cinismo y la incertidumbre propia de la década de los noventa -época en que sucede la historia- evitando en lo posible la manipulación efectista de Hollywood y apelando a una apabullante sencillez y realismo cotidiano.
Lo interesante del asunto es que su realizador y guionista consigue transformar una suerte de relato documental/testimonial en un intenso y cautivador drama personal, combinando el tema de la denuncia periodística, el suspenso y el trabajo diario y rutinario de la profesión: una labor que se altera siempre por las presiones psicológicas y de tiempo. Lo curioso es que Ray deja de lado, justamente el asunto de los motivos que llevan a Glass, articulista free lance a su vez, de publicaciones como: Rolling Stone o Harper´s, a inventar esos reportajes y más bien se concentra en su habilidad para manipular, mentir y al mismo tiempo para sacar adelante un trabajo profesional con datos falsos (tópico habitual en centenares de documentales, por cierto).
Más interesante aún, es el hecho de que el filme está plagado de rostros conocidos de Hollywood y todos ellos, están al servicio de una historia inquietante y bien contada, con registros muy atractivos y sobrios, al grado que Peter Sarsgaard obtuvo varios reconocimientos en festivales internacionales y una nominación al Globo de Oro por su papel de Editor en jefe incómodo, capaz de cuestionar el trabajo de su joven reportero. Y sobre todo, el hecho de que Hayden Christensen que encarna al personaje de Stephen Glass, consiga sacudirse por completo de su popular papel de Anakin Skywalker, el futuro Darth Vader en los primeros episodios de la saga de La guerra de las galaxias creada por George Lucas.
Y es que queda claro que Glass era un periodista con mucho talento y habilidades y a su vez, con varias debilidades. Lo que demuestra, que el ejercicio de la prensa protege la libertad de la información mediante la búsqueda de la verdad, la responsabilidad y la honorabilidad y el filme de Ray muestra lo que sucede cuando la confianza del lector se ve traicionada. Y es que por desgracia, el periodismo se ha visto envuelto en casos de amarillismo, mentira y manipulación con tal de vender, véase el repugnante asunto de las revistas, pasquines y programas de radio y TV en relación a las estrellas del espectáculo. En el caso de Glass, se supo poco después a partir de las denuncias sobre varios de sus artículos, entre ellos el de: Spring Breakdown, que describía orgías y borracheras de varios jóvenes de Acción Política Conservadora, que manipuló, inventó la totalidad o una buena parte de los hechos que plasmaba en 27 de los 41 artículos que publicó para The New Republic, escándalo que salió a la luz a partir de la investigación casi casual del reportero Adam Penenberg, quien nunca encontró evidencia alguna de la empresa de software Jukt Micronics, así como de las personas y fuentes citadas por Glass en el texto Hack Heaven. Al verse acorralado, Glass alegó que había sido engañado por sus fuentes, no obstante, su propio Editor en Jefe, Charles Lane sospechaba que su reportero estaba mintiendo y al demostrárselo, lo corrió de la revista.
El precio de la verdad se aleja por completo de los típicos relatos hollywoodenses. La acción se concentra en la búsqueda de la verdad, en una historia narrada en dos niveles. Por una parte, la fantasiosa mente de Glass y las historias que suceden en su cabeza y por otra parte, la narración cotidiana, casi documental, que describe los sucesos alrededor de un personaje que se vale de su inteligencia, simpatía y enorme carisma, para echarse al bolsillo a compañeros y entrevistados. Incluso, cuando se siente acorralado, no duda en colocar a todos sus colegas en contra de Lane, el nuevo Editor, cuando su mentor y protector Michael Kelly, es despedido por el dueño de la revista, Martin Peretz, debido a sus ataques contra Bill Clinton.
Asimismo, se vale de una eficaz construcción de la historia que genera dinamismo e interés y de diálogos y escenas atractivas: la inicial, en la que Glass explica el proceso de redacción e investigación, hasta la publicación de un artículo que ha pasado por diversas manos, desde redactores y correctores, hasta los abogados de la empresa para evitar demandas. Asimismo, la secuencia en la sala de juntas, donde Glass divierte a todo el mundo con sus propuestas y ocurrencias falsas por supuesto, así como el encuentro entre Penenberg y Glass, cuando es desenmascarado. No obstante, lo que resulta estupendo es el trabajo de Sarsgaard, su mirada y su actitud cuando obliga a Glass a llevarlo al vestíbulo del hotel donde se supone ocurrió una convención de hackers en Maryland, es más que elocuente y eficaz.
Por último, es importante mencionar que luego de ser despedido, Glass publicó un exitoso libro autobiográfico de ficción titulado El fabulador (Planeta Internacional, 2003), al mismo tiempo, se licenció en Derecho por la Universidad de Georgetown y a su vez, colaboró en una compañía cómica de cabaret performance. En una entrevista para el noticiero 60 minutos de CBS, comentó a Steve Kroft lo siguiente: “Quiero que crean que yo fui un buen periodista, una buena persona. Quiero que amen la historia así podrán amarme a mi”. Y la nota introductoria de su libro empieza así: “En 1998 perdí mi puesto de redactor en The New Republic y mis colaboraciones con otros medios como periodista independiente por haberme inventado docenas de artículos. Lamento profundamente mi comportamiento de entonces y todo el dolor que causé”.

RAFAEL AVIÑA

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