CASTA DE MALDITOS (The Killing, Estados Unidos, 1956)

Casta de MalditosDirección. Stanley Kubrick/ Guión. Stanley Kubrick y Jim Thompson (diálogos), según la novela Clean Break/ Atraco perfecto de Lionel White/ Fotografía en blanco y negro. Lucien Ballard / Música. Gerald Fried/ Edición. Betty Steinberg/ Diseño de Arte. Ruth Sobotka/ Con: Sterling Hayden (Johnny Clay), Coleen Gray (Fay), Vince Edwards (Val Cannon), Jay C. Flippen (Marvin Unger), Ted de Corsia (Sargento Randy Kennan), Marie Windsor (Sherry Peatty), Elisha Cook Jr. (George Peatty)/ Duración. 85 mins.

Sinopsis

El filme, narra la planeación y posterior ejecución de un “gran golpe” al hipódromo de Long Island en Nueva York, que dejaría como ganancia un botín de dos millones de dólares durante la celebración de la carrera más importante de la temporada. El protagonista y autor intelectual del atraco es Johnny Clay, un delincuente veterano quien durante los cuatro años de recluido en prisión ha preparado minuciosamente un plan perfecto con el cual piensa retirarse de por vida. Para llevarlo a cabo, ha decidido reclutar a colaboradores no profesionales y evitar de ésta forma los errores habituales que se desprenden de esa situación. De hecho, cada uno de sus compinches no sólo sabe poco o nada del otro, sino que tienen un lugar asignado en la compleja operación que Clay ha ideado para saquear las taquillas del hipódromo. A su vez, todos ellos cargan con serios problemas económicos y personales (pérdidas en la bolsa o en apuestas, deudas a prestamistas gangsteriles, una esposa arpía e interesada, una mujer enferma, la soledad, etc.) y esperan solucionar sus preocupaciones y comenzar una nueva etapa con las ganancias del delito.

Nacido en el Bronx neoyorquino y a lo largo de su escasa filmografía (13 largometrajes en casi 50 años de carrera), el polémico y extraordinario cineasta Stanley Kubrick nunca dejó de ser un caso atípico en la industria fílmica, dedicado con entusiasmo a transgredir el cine de géneros con sus metáforas pesimistas sobre el individuo enfrentado a una sociedad hostil y violenta. Cinéfilo empedernido y fotógrafo de la revista Look, se inició como realizador independiente hacia 1953, sin embargo llamó la atención hasta 1956 cuando realiza su primera obra maestra: la notable película policiaca Casta de malditos, su tercera producción.

En efecto, Stanley Kubrick había filmado anteriormente dos intrigantes relatos, no obstante, fue precisamente este insuperable ejemplo de cine negro, que lo colocó como un creador de respeto, debido a la compleja estructura de relojería que establece. En particular, el uso del espacio y la construcción del tiempo: la utilización constante del flashback, el papel del narrador omnipresente, o las escenas que se repiten para mostrarnos otro ángulo de la situación. Asimismo, su impresionante y ágil ritmo, apoyado en un extraordinario elenco, muchos de ellos figuras o actores de apoyo de filmes policíacos Serie B. Su notable banda sonora a cargo de Gerald Fried quien más tarde musicalizaría decenas de series de TV de culto como: La ley del revólver, La isla de Gilligan, Viaje a las estrellas, El Agente de Cipol, o Perdidos en el espacio. Al igual que la fotografía a cargo de Lucien Ballard, el mismo de Temple de acero y varias películas de Sam Peckinpah como La pandilla salvaje o La huída, entre otras.

Luego de su primer y modesto corto documental: Day of the Fight (1951) sobre el boxeador Walter Cartier, que Kubrick consigue vender a la RKO la productora que le otorgó su primera oportunidad a Orson Welles diez años atrás, realiza su primer largometraje: Fear and Desire (1953), una metáfora sobre la violencia inútil de la guerra, seguida de Killer’s Kiss/ Marcado para morir (1955) donde se advierte ya su refinada y original estilística para narrar el encuentro de un hombre sólo contra un mundo agresivo, en un relato que unía a una bailarina ultrajada, al dueño de un tugurio y a un boxeador. Un filme extraño y perturbador -como la secuencia del taller de maniquíes- que captura con gran naturalismo los barrios bajos neoyorquinos.

Kubrick consigue asociarse con el emprendedor productor James B. Harris -más tarde convertido en realizador (Cop, El vigilante)- y adaptar así la novela de Lionel White, apoyado en los diálogos por otro estupendo novelista policiaco hard boiled, Jim Thompson, con la que confirmó su capacidad narrativa y su inclinación hacia la violencia y el desencanto social al narrar los pormenores de un singular asalto millonario planeado meticulosamente por Johnny Clay -estupendo Sterling Hayden-, un ex convicto que ha obtenido su libertad, apoyado por cuatro perdedores: un cantinero, un cajero del hipódromo, un contador alcohólico y un policía endeudado. El relato sirvió a su realizador para romper las convenciones del suspenso al fragmentar el tiempo de manera innovadora superando el simple alarde estilístico para influir directamente en la estructura argumental.

Jim Thompson (1906-1977), fue a su vez, autor de otros relatos llevadas al cine por directores como: Sam Peckinpah, Stephen Frears, Bertrand Tavernier y más recientemente, El asesino dentro de mi dirigida por Michael Winterbottom y protagonizada por Casey Affleck, Jessica Alba y Kate Hudson. Por su parte, Lionel White (1905-1985) escritor estadounidense de novela negra que debe en buena medida su fama al filme de Kubrick, también ha sido adaptado por cineastas importantes como el propio Peckinpah o Jean-Luc Godard. White se inició como reportero de nota roja antes de dedicarse a la ficción, su especialidad eran los relatos de atracos y secuestros y el análisis psicológico de sus personajes y de sus diferentes motivaciones, uno de los grandes aciertos de Clean Break. Por cierto, en Perros de reserva (1992) Quentin Tarantino agradece en los créditos a Lionel White, en un filme que guarda varias similitudes con la estructura argumental de Casta de malditos.

La cinta de Kubrick representa uno de los puntos más álgidos del llamado cine negro estadunidense realizada en un tono muy cercano al documental policiaco, que propone una inquietante visión fatalista del entorno. Al ocaso del antihéroe que se juega la vida en busca de una oportunidad corresponde una iluminación que destaca lo oscuro de sus planes y lo inaccesible de éstos. Rostros iluminados desde abajo produciendo efectos siniestros, escenarios claustrofóbicos o travellings coreográficos en contraste con un montaje vertiginoso y nerviosistas secuencias de acción.

Aquí, todas las situaciones que anteceden al atraco parecen perfectas e infalibles, sin embargo es evidente el tono pesimista del relato y los puntos débiles de sus protagonistas. Ejemplo de ello, la ambición y la amoralidad sexual de la feme fatale, misma que resulta muy explícita en una novela y en una película de los años cincuenta y que encarna de manera formidable Marie Windsor en el papel de Sherry Peatty, una mujer cínica y sensual, de alto voltaje erótico que se aburre con su marido, el más apocado miembro de la banda (el gran Elisha Cook Jr que trabajo en filmes como El halcón maltés, Dillinger, Al borde del abirmo o La hora del vampiro/Salem’s Lot). Y es que de manera muy común en el género policial noir, los personajes femeninos se trastocan en víctimas o en victimarias y a su vez, en foco de conflictos.

Atracos, secuestros, pasión, alcohol, homosexualidad latente y sutil, traiciones, y personajes que parecen piezas de ajedrez en el que se describen minuciosos retratos sicológicos de sus personajes al margen de la ley, eclipsados por un pesimismo y un destino implacable. Por encima del interesante trabajo de estructura temporal alrededor del robo al hipódromo, Casta de malditos es sin duda un gran relato de personajes. El espectador conoce los motivos que han llevado a cada uno de los integrantes de la banda a cometer ese atraco: el policía endeudado con un mafioso, el marido que cuida de su esposa enferma, el esposo cobarde que quiere una vida normal con una arpía sedienta de sexo y dinero y a su vez, el protagonista obsesionado con el golpe perfecto en un universo de perdedores como sucede en el impactante final.

Un filme que va acelerando el ritmo y la emoción gracias a la forma en la que Kubrick juega con el tiempo, acelerándolo o deteniéndolo para conducir al espectador a momentos muy concretos de la historia, a la vez que ayuda a situarlo en las escenas clave que nos muestran, los motivos y los errores de los personajes quienes, como en una partida de ajedrez tienen un valor y una trayectoria específica, de ahí, la aparente e inocua secuencia en la que Clay busca al luchador retirado Maurice (Kola Kwariani), precisamente en un club de ajedrez, en dónde éste ofrece consejos a un jugador en relación a la manera de mover las piezas para ejecutar un jaque mate.

De hecho, Clay es asimismo, un jugador que mueve las piezas a su antojo después de haber trazado una estrategia que no siempre puede resultar acertada, ya que un absurdo incidente ocasionado por la impaciencia, las prisas y un perro metiche hacen que ésta estrategia se derrumbe. Un filme fascinante y novedoso que impondría un estilo en muchos relatos posteriores y daría pie a varios homenajes. Por ejemplo la secuencia de la inesperada llegada del amante de Sherry que encarna Vince Edwards el futuro Dr. Ben Casey de la exitosa teleserie homónima, es muy similar a la escena de la muerte del hombre de traje amarillo en Terciopelo azul (1986) de David Lynch o el manejo del tiempo en Perros de reserva o Pulp Fiction/ Tiempos violentos (1994).

Luego de Casta de malditos, los años sesenta marcarían un cambio de rumbo para Kubrick. Tópicos terribles observados con ironía como ocurre en Lolita,  Doctor insólito, o Espartaco. Y a su vez, conseguiría dar un vuelco sorprendente a los temas de la ciencia ficción con 2001: Odisea del espacio y confirmaría su visión brutal y nihilista de un futuro caótico e insensible alimentado por la violencia con Naranja mecánica, seguidas de Barry Lyndon, El resplandor, Cara de guerra y Ojos bien cerrados.

Epílogo

El Cine Negro

Hollywood se oscureció. Los ideales planteados por Franklin D. Roosevelt se ensombrecieron. Las historias rosas y los espectaculares musicales pasaron a mejor vida, sepultados por disparos de metralletas, relaciones torcidas, secreciones hormonales y lóbregos relatos que exudaban fatalidad y desesperanza. El lado oscuro del estadunidense medio salió a la luz, o más bien, se asomó en la penumbra, en el llamado cine negro, bautizado por los franceses como cinema noir: una de las etapas más creativas en la historia del cine.

El cine negro, como apunta Paul Schrader no es propiamente un género, sino que se define por sutiles cualidades de tono y atmósfera y a su vez, pertenece a un periodo muy específico de la historia fílmica como lo fue la nueva ola francesa, o el neorrealismo italiano. Comprende aquellos filmes realizados en Hollywood entre 1940 y fines de los cincuenta, que describían un mundo urbano, tendiente al crimen, la corrupción y la violencia. Vale la pena destacar, que Schrader realizaría uno de los mayores homenajes emocionales al cine negro, en su espléndido guión para Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese.

Los filmes noir, poblaron de imágenes oscuras las pantallas mediante sus reminiscencias expresionistas. Una iluminación que destacaba lo oscuro del entorno, como alegoría de las situaciones argumentales. Escenarios claustrofóbicos, haces de luz que parecen marcar a los protagonistas, iluminados también desde abajo, produciendo efectos visuales siniestros. Los técnicos del cine negro, convirtieron las calles y otros escenarios realistas en un foro fílmico y no hubo mejores maestros, que los realizadores y fotógrafos que provenían del expresionismo alemán.

La novela hardboiled inspiró varias de las más notables de sus obras, como Pacto de sangre, El cartero llama dos veces, Los asesinos, o El halcón maltés: en ellas, sobresalía la figura del antihéroe noir; el personaje derrotado y desesperanzado moralmente, o el detective duro, cínico y prácticamente misógino. Un contraste con la femme fatal, la viuda negra de una sexualidad devoradora y de un cinismo anómalo. Otro de los elementos clave es la construcción del tiempo. Un complejo uso del orden cronológico para crear ansiedad. Una narración dramáticamente romántica, en donde se recurre constantemente a la voz en off y el flashback. Casta de malditos, Traidora y mortal y El ocaso de una vida, son ejemplos fascinantes de ello. Cabe señalar que la moral hollywoodense y la paranoia macartista se dedicaron a empañar los desenlaces de varias de estas obras con tajantes cortes que disimulaban la abierta sexualidad de los temas, en contraste con la brutalidad de sus diálogos.

RAFAEL AVIÑA

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s