Flores rotas (Broken Flowers, Estados Unidos, 2005)

Dirección y Guión. Jim Jarmusch/ Fotografía en color. Frederick Elmes/ Música: Mulatu Astatke/ Edición: Jay Rabinowitz / Con: Bill Murray (Don Johnston), Jeffrey Wright (Winston), Sharon Stone (Laura), Frances Conroy (Dora), Jessica Lange (Carmen), Tilda Swinton (Penny), Julie Delpy (Sherry)/ Duración. 108 mins.

Sinopsis.

Don Johnston, un solterón empedernido, ha sido abandonado por su última aman-te, Sherry. Sin mucha preocupación, Don se resigna a seguir con su vida monótona y tranquila. No obstante, dará un giro notable justo en el momento en que recibe una misteriosa misiva en un sobre color rosa. La carta anónima, es de una antigua novia que le informa de que tiene un hijo suyo de 19 años que podría estar buscándole. Don se ve obligado a investigar este misterio junto a su mejor amigo y vecino, Winston, hombre de familia y detective aficionado. Con mucha reticencia a viajar, Don decide embarcarse en la búsqueda de la antigua amante y del posible hijo, en un extraño viaje por todo el país, siguiendo la pista de cuatro antiguos amores: Carmen, Laura, Dora y Penny y cuyas inesperadas visitas a estas mujeres, acumulan nuevos enigmas para el protagonista quien acaba enfrentándose a su pasado y en consecuencia a su presente.

Poeta, actor ocasional, ayudante de dirección del cineasta Nicholas Ray y compositor para filmes de Wim Wenders, el cineasta Jim Jarmusch (Ohio, 1953), consiguió afinar en breve un estilo austero y adquirir además la categoría de culto desde su primer filme: Permanent Vacation (1980), confirmada con Strangers than Paradise/ Más extraño que el paraíso (1984) con la que obtuviera La Cámara de Oro en el Festival de Cannes. A ésta le siguió la furiosa comedia negra de tema carcelario y enredos verbales Bajo la ley (1986), protagonizada por el italiano Roberto Benigni. No obstante, con El tren del misterio (1989) lograba un magistral triptico minimalista ambientado en Memphis, muy por encima de su recorrido global en taxi según el filme: Noche en la tierra (1991) para rematar con su obra cumbre titulada Hombre muerto (1995), protagonizada por Johnny Deep.

Concebida como una suerte de homenaje irónico a Elvis Presley, Mystery Train recurría de nuevo al tema del viaje, en este caso, el de varios extranjeros (aliens) en Estados Unidos, enfrentados a una suerte de anti sueño americano, al mismo tiempo que juega de manera brillante con algunos de los mitos de la cultura pop estadunidense. Como en toda su filmografía (el trío de húngaros en América de Strangers than Paradise, los tres maniacos reos de Bajo la ley), presenta una fábula moderna sobre los destinos cruzados, la ambigüedad del idioma y los perdedores sociales en ciudades capitalistas, muy en la línea de los hermanos Kaurismaki –por cierto, Jarmusch aparece en Vaqueros de Leningrado y Tigrero, de este par de cineastas.

Hombre muerto era un inquietante y alegórico western que pretendía mostrar desde una perspectiva minimalista y desparpajada típica del cineasta, una metáfora del genocidio indígena, del brutal ecocidio estadunidense y la muerte de las leyendas románticas, con un timorato contador que se transformaba contra su voluntad en un forajido criminal en la epopeya del viejo oeste. Además de sus breves viñetas para las colecciones de cortos incluidos en sus series de Coffee and Cigarrettes (1986/ 1989/ 1993/ 2003), destacan sobremanera Ghost Dog: el camino del samurai (1999), Los límites del control –(2009) su más reciente filme- y Flores Rotas.

Ghost Dog es una historia escrita en código que rebasa el nivel del thriller de enfrentamientos con la mafia. Un relato de de seres en extinción que representan la fidelidad de principios básicos y elementales, así como un honor en desuso por parte de mafiosos o matones, como el propio protagonista, Ghost Dog (Forrest Whitaker), un asesino a sueldo que viste como rapero y que sigue las reglas del Hagakure o Libro del samurai, cuya filosofía estructura el relato a través de breves citas. Un fanático de la lectura que posee un arsenal muy sofisticado aunque enfunda sus armas como si se tratase de sables samurai. Una suerte de caballero medieval en una urbe moderna, cuyo mejor amigo es un vendedor de helados que sólo habla francés, idioma que Ghost Dog desconoce y que entabla contacto con una niña a la que ha elegido como su sucesora.

Por su parte, Los límites del control, es un extraño ejercicio minimalista, centrado en un hombre negro, enigmático y solitario (Isaach De Bankolé), cuyas actividades se encuentran en el misterio y al margen de la ley, que lleva un intrigante violín bajo el brazo y que llega a España con el objetivo de terminar un trabajo. El hombre no confía en nadie y sus intenciones no se conocen, sin embargo, en su camino aparecerán toda clase de peculiares personajes.

Flores rotas, abre con una dedicatoria a Jean Eustache (1938-81), cineasta maldito del cine francés autor de: La maman et la putain (1973), considerada el testamento de esa notable corriente que fue la nouvelle vague. Más allá de una referencia snobista, se trata de un dato emocional para comprender la certeza de una obra como la de Jarmusch, quizá, el único cineasta verdaderamente independiente del Hollywood contemporáneo. Fiel a su universo personal y su cine minimalista y melancólico en donde importa más un gesto, un silencio, o un paisaje lacónico, que cualquier giro argumental, Jarmusch reúne una buena cantidad de magníficas estrellas alrededor del impasible protagonista que encarna Bill Murray con su habitual virtuosismo en línea directa con Perdidos en Tokio (Sofia Coppola, 2003). Una suerte de cansado Don Juan – recuérdese que su nombre es Don Johnston, una suerte de metáfora- a cuya solvencia económica, corresponde un esterilidad emocional, en la que ha acumulado un sin fin de relaciones desechables.

Una carta anónima escrita en papel rosa, es el pretexto para que el protagonista se sumerja en el pasado. Apoyado por un vecino negro, feliz, cargado de hijos y con afición a los juegos detectivescos, e impulsado más por una suerte de insana curiosidad que por un interés real, Don Johnston, inicia un viaje iniciático en el tiempo, para descubrir a la autora de la misiva: una de las cuatro mujeres con la que mantuvo una relación amorosa años atrás y que al parecer, tuvo un hijo suyo que hoy tendría 19 años.

El tema del Mal aparece como una alegoría en Flores rotas, ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes. La banalidad, el hedonismo, el egocentrismo, la soberbia, la falta de compromiso, la visión del sexo por encima del amor, la acumulación de romances como si fueran trofeos, son los males que aquejan al protagonista; mismos que ira descubriendo a través de un acto que en un inicio encierra también cierta maldad ¿venganza?: la misiva anónima que amenaza con destruir al menos su tranquilidad. Un hecho quizá cruel, que en el fondo se convierte en un bien para Johnston: una manera de enfrentar una realidad que siempre ha negado a pesar del ejemplo que tiene justo frente a sus ojos y que representa ese amigo novelista que busca una trama detectivesca para un nuevo libro y que resulta su polo opuesto y un personaje clave en la trama.

Es el retrato crudo de seres vacíos y sin afecto y el espejo de una sociedad consumista y superficial que desecha todo tipo de emociones verdaderas y trascendentales. Con una serie de breves pero contundentes viñetas que van del humor feroz al desencanto más amargo, a lo que se suma una estupenda banda sonora del jazzista etíope Mulatu Astatke y notables temas a cargo de Marvin Gaye y The Greenhornes, Jarmusch construye una emocionante y sensible fábula moderna sobre la soledad, el vacío sentimental y el desamor, y lo hace a través de la comedia dramática y un anticonvencional road movie con un extraordinario Bill Murray que lleva encima el rostro impenetrable de un hombre maduro que comprueba el vacío de su pasado y su presente.

La atractiva y cálida aunque frívola amante con una Lolita procaz como hija. La ex hippie convertida en esposa reprimida y burguesa vendedora de casas. Aquella, que comercializa con mascotas como terapista “conversadora de animales” con una celosa secretaria (Chloe Sevigny). La furia instintiva y el agresivo rechazo de la última de esas mujeres, sin faltar la silenciosa presencia de novia difunta, a las que se enfrenta ese hombre apático y autista emocional con un ramo de flores rosas en las manos, que busca inútilmente en el presente lo que nunca consolidó en el pasado ¿Y al final, qué nos queda…?

RAFAEL AVIÑA

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s