Juego Veneciano (The Comfort of Strangers). Estados Unidos-Italia, 1990, de Paul Schrader.

¡No te metas con mi cucu!

por Luis Arrieta Erdozain

Del big close-up de un capricho textil veneciano, la lente de la cámara emula los movimientos parsimoniosos y decididamente exploratorios de una góndola en el recorrido de los interiores de una casa que se adivina de rancio abolengo. Tras el recorrido por varias habitaciones, con el fondo musical del tema principal de la película (que a este comentarista le evocó por momentos resonancias de “Anónimo veneciano”, sin dejar de tener su personalidad muy propia), la larga y lograda secuencia culmina con la toma de una luna con colores incendiarios que preanuncian el amanecer.

Tras este sugerente planteamiento acústico-visual introductorio del cineasta Paul Schrader, luego sucedido por un curioso monólogo en off de alguien que recuerda episodios de su infancia, queda establecida cierta semilla de extrañeza, a la cual sigue la ilustración suficiente de la tibieza rutinaria por la que atraviesa la relación de la pareja formada por Mary Amway (Natasha Richardson, a quien Schrader ya había convocado para su Patty Hearst) y Colin Mayhew (Rupert Everett, al cual recordamos en films como Shakespeare enamorado, 1998, o La boda de mi mejor amigo, 1997), quienes experimentan un poco de hastío no confeso uno respecto del otro. El cineasta boceta la situación en medio de esa inmensidad de plenitud que fue Venecia (hoy vestigio aún incólume, si bien anegada en su propia grandeza de otrora), privilegiando las situaciones con ausencia de luz o muy poca, el gobierno de los interiores, etc. Con otro tipo de tratamiento al del tema principal, la música se afana por ser un tanto socarrona, con auras y reflejos entre que exóticos y de cierto misterio. La parsimonia intrínseca al ritmo narrativo impreso vía montaje (sin prisa ninguna en sus cambios de cuadro y escenas), anticipa de algún modo lo por venir, como ciertos vientos arrachados lo hacen con la lluvia. Los tintes son de sensualidad y de misterio. En este marco, apenas percibida aunque reiterada, se produce la presencia de un hombre siempre ataviado de traje blanco con zapatos negros (Robert, interpretado muy en el tono justo, sin desbordarse, por un impecable Christopher Walken), quien toma fotos en película blanco y negro a la pareja y cuyos “clics” se dramatizan tanto visual como acústicamente a cuadro sin mayor explicación … además de que esto no ha sido percibido por los propios retratados. Ello, el no conocimiento de los personajes respecto de que son sujetos de atención del fotógrafo, así como el hecho de que el espectador atestigüe lo que sucede, abona a favor de un ambiente de misterio que, se sospecha, será develado conforme la acción transcurra … algo que desde luego será, en el más positivo de los casos, inquietante.

Tanto Mary como Colin son dignos abanderados de la característica flema inglesa. Ella, una Natasha Richardson que aparece con un cabello rizado un tanto libérrimo, comparte el tipo de una belleza chata, un atractivo opaco aunque apantallante, como el de su paisana Glenn Close en Atracción fatal (en otras palabras: está “mona”, pero hasta ahí). Su contraparte masculino posee atributos análogos, si bien su altura extrema le hace parecer un tanto desgarbado, más aún en este caso en que están de vacaciones. Ambos están buscando darle una nueva, quizá última, oportunidad a su relación, al recurrir otra vez a la magia veneciana en medio de la cual se conocieron y a partir de la cual han tratado de asumirse como pareja los cuatro años más recientes. La mayor expresividad que logra Colin en este primer trecho del film es cuando le decir a Mary: “”Me gustas porque siempre me haces preguntas difíciles; porque siempre me pones a prueba” … que, ciertamente, no podríamos catalogarlo como un arrebato de pasión. Todo se mantiene en este talante hasta que se produce el encuentro digamos que “fortuito”, en que al abrigo de la noche y perdidos en callejuelas venecianas, aparece el personaje güero de blanco (el alguien –como antes anoté- que ha estado a la caza de esta oportunidad), quien se ofrece a conducirlos a un restaurante donde acaba embriagando a la pareja, atolondrándola con un monólogo de cuyo principio ya tenemos noticia desde el comienzo del film … por alguna causa -de la que no se informa al espectador-, de repente vemos a esta pareja hambrienta, aturdida por el consumo etílico sin alimento y deambulando por las calles laberínticas de una ciudad que no conocen … hasta que el cansancio los vence y acaban por dormir al aire libre. Es claro que ha sido tendida una primera madeja en torno a ellos. Los presagios en el ambiente, los acordes musicales sugieren que es el comienzo apenas de un torbellino sobre el que quizá no siempre se tendrá control.

Este es el marco atmosférico en el que se produce el siguiente diálogo de la pareja en una de las cafeterías al aire libre del la Plaza de San Marcos. Mary, la oriunda de Bristol le dice a él, perfecto paisa londinense:

  • “No sé por qué vinimos.
  • Ya habíamos estado aquí. ¿Por qué volvimos?
  • De hecho, sí sé por qué vinimos: esperábamos descubrir qué hacer, qué hacer respecto de lo nuestro … ¿y bien? ¿Lo descubriste? Yo no. Quiero irme a casa, estar en mi cama con mis niños. Quizá tú sí has decidido qué es lo que quieres. ¿Qué quieres hacer?
  • (Silencio).
  • ¿Es así?
  • No …”.
  • Colin trata de sobrellevar las cosas, si bien no tiene muy en claro para dónde van ambos como pareja. De repente, de nuevo en forma al parecer casual, los descubre Robert. Trata de mostrarse preocupado por las molestias e incomodidades que vivieron sus recién conocidos y, a modo de compensación, les ofrece albergarlos en su palacete, pidiéndoles que no regresen al hotel. Él y su esposa buscarán atenderlos como se merecen. Y ya de aquí para adelante, será el juego del gato con el ratón el que practiquen Robert y Caroline (Helen Mirren), respecto de la pareja, mediadas bebidas, y barbitúricos suministrados a la malagueña: nunca se explica –ni Mary ni Colin se preocupan por esclarecer- cómo es que se despiertan de pronto desnudos, entre las sábanas de la cama de la recámara en que han sido instalados, ni quién o quiénes les desvistieron y por qué no saben dónde se encuentran sus pertenencias … ni por qué, luego de bañarse y vestirse, se enteran de que fueron observados cuando dormían y la razón por la que “el bocado” más socorrido por los anfitriones resulta ser Colin. La obsequiosidad excesiva de Robert y Caroline recuerda, si, a la por demás interesada de los vecinos de Rosemary en el edificio Dakota de El bebé de Rosemary (la pareja de brujos ancianos de apellido Castevet). Asimismo, ciertos ambientes recargados y el cromatismo dominante en esta parte recuerdan a Ojos bien cerrados de Stanley Kubrick. Como también hay cierta sordidez humana y en los placeres, la evocación con otro film de Roman Polanski –Bitter Moon– pareciera inevitable. El caso es que en este juego de asedio, con cada vez más marcados roles de víctima-victimario, se confiere sentido a una expresión de Caroline cuando afirma: “Estamos del otro lado del espejo”.

    A la pareja de Mary y Colin, el hecho de verse amenazada y en riesgo, con su relación pendiendo de un hilo, hace que se despierte en ellos una pasión inaudita que, como era su propósito al ir a Venecia, refresca y reanima sus vínculos como pareja: como si el agua –en tanto símbolo de eros-, consiguiera finalmente expresarse a través de los canales y vericuetos venecianos en beneficio de la fortificación de aquello que da su sentido a la pareja como tal. Pero bueno, cuando menos se lo espera uno, el film se resuelve de modo inesperado y fulminante, luego de episodios de sensualidad, olvido, locura y reencuentro: la soberana enfermedad mental de uno de los cuatro, de avenidas mentales y retruécanos tan laberínticos y misteriosos como acaso son los venecianos, aplica la tesis frommiana respecto de cuando el amor productivo no puede acrisolarse: entonces el instinto de destructividad habrá de dominar, en grados menores o sumos, como una expresión de aniquilamiento a aquello que no tiene posibilidad ninguna de ser, consolidarse y sostenerse como amor productivo. En este sentido, para plantear de modo fino y sin chabacanerías asuntos tales, resultó ideal una pareja de talentos avispados como la que integraron para este film Paul Schrader en la dirección y el laureado Harold Pinter en la concepción del guión cinematográfico a partir de la novela de Ian McEwan …

    Sin ser maravillosa, pues, Juego Veneciano logra niveles de interés profundo y reflexiones post-cinematográficas de muy diversa índole en quienes la contemplamos.

    FICHA TÉCNICA.

    Juego Veneciano (The Comfort of Strangers). Estados Unidos-Italia, 1990. Dirección: Paul Schrader; Guión: Harold Pinter,  basado en la novela de Ian McEwan; Música: Angelo Baladamenti; Fotografía en color: Dante Spinotti; Edición: Bill Pankow; Con: Christoper Walken (Robert), Rupert Everett (Colin Mayhew), Natasha Richardson (Mary Conway), Hellen Mirren (Caroline, esposa de Robert), Manfredi Aliquo (conserje del hotel), Fabrizzi  Conghiari (el barman), Giancarlo Previati (primer policía), Antonio Serrano (segundo policía) y Mario Cotone (detective), entre otros. Duración: 107 minutos.

    APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.

    PAUL SCHRADER nace en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos, el 22 de julio de 1946. Fue educado y formado bajo la estricta disciplina de la Iglesia Cristiana de Reforma de inspiración calvinista (su familia es de origen holandés), merced a lo cual Paul fue“preservado” de ver cine por buen tiempo: degustó su primera película –imagínese usted nomás- hasta los quince años de edad … claro, después de ello, Paul se ha mostrado afanoso por recuperar, al menos en parte, mucho de su tiempo perdido en este campo. Sin embargo, tal credo transladado a la vida cotidiana, como era de esperarse, marcó de modo señalado la infancia y juventud, no se diga la sensibilidad y aspectos finos de la cosmovisión, de tan brillante escritor como cineasta.

    Estudió Teología y Filosofía, además de cine. Primero se dedicó a la crítica y análisis cinematográfico en Los Angeles, California. Publica en 1972 un libro que resultó muy influyente: Estilo trascendental en cine. Ozu, Bresson, Dreyer. Después, descolla como un enterado, sensible y talentoso guionista, actividad en la que ha destacado tan señaladamente. Su primer libreto fue co-escrito con su hermano Leonard (tiempo después autor del laureado guión de El beso de la mujer araña, 1985, basado en la novela de Manuel Puig) y Robert Towne, en el cual se desarrolla un thriller del bajo mundo japonés para Yakuza (The Yakuza, 1975), dirigida por el ya finado Sidney Pollack.

    En 1976, Paul Schrader efectúa su primera colaboración como guionista con Martin Scorsese, con la creación del argumento y guión cinematográfico de Taxi Driver, film ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes de ese año: una contribución fenomenal al séptimo arte, en opinión de quien esto suscribe (los otros dos libretos para films de Scorsese son, ni más ni menos, el de Toro Salvaje, 1980, y La última tentación de Cristo, 1988, a partir de la novela de Nikos Kazantzakis). También es notable su guión para Obsesión (1976, dirigida en los tiempos en que Brian De Palma todavía era Brian De Palma, con Cliff Robertson y Genevieve Bujold en los estelares … amén de música del gran Bernard Herrmann). Entre principios de los setenta y comienzos de los ochenta, escribió y/o dirigió una decena de películas.

    Su debut como cineasta se produce con Blue Collar (1977, co-escrita con su hermano), un envolvente relato sobre la explotación a que son sujetos obreros en Detroit. Luego realizaría guiones como los de soporte a Rolling Thunder y Al límite (1999). Dirige por su cuenta y riesgo American Gigolo (1979) y El beso de la mujer pantera (Cat People,1981): en el primer caso catapulta a los primeros planos como gran histrión y una suerte de sex symbol al simpático Richard Gere. La banda musical corre a cargo del entonces muy de moda Giorgio Moroder; en el segundo, se roba escena, pantalla y todo lo demás la hermosura esplendente de Natasha kinski en el protagónico (sí: la hija del gran Klaus; sí: la protagonista de Tess -1979- de Roman Polanski). Es un remake del clásico de Jacques Torneur La mujer pantera, 1943. El co-protagónico corre a cargo de Malcolm McDowell.

    Otros títulos que refieren bien la obra del inquieto Schrader, distintiva en su interés por examinar con detenimiento e inventiva historias de la vida real y temas sociales controvertidos, son: Hardcore, un mundo oculto (Hardcore, 1978), Mishima (1985, en una aproximación épica la verdad no muy lograda a la vida del turbulento y sui generis literato nipón), Light of Day (1986), también conocida como Rock Star, en que se narra la historia de los hermanos Joe y Patty, quienes viven en un suburbio industrial de los Estados Unidos. Ellos tocan en el grupo musical The Barbusters, pero como ella es madre soltera, la moral conservadora de su familia buscará separar a los hermanos y al hijo de ella del mundo de la música, pues lo consideran inestable y peligroso para ellos. Vienen luego Patty Hearst (1988, también con Natasha Richardson, co-estelar en Juego veneciano), en la que Paul Schrader aborda el tema del terrorismo.

    En 1990 dirige la que ocupa al presente artículo: Juego veneciano, una película inquietante de atmósferas sugerentes y enrarecidas. Le sucede Traficantes, también conocida como Posibilidad de escape (Light Sleeper, 1991) en que ilustra el intento de un par por desvincularse del mundo del negocio de las drogas que, según se consigna sin crédito en la ficha de Paul Schrader de Videomanía (www.videomaniaticos.com), “… junto a los guiones de Taxi Driver y Gigoló Americano, tomados como una trilogía, componen un resumen de sus intereses temáticos dominantes”. Cazador de brujas (Witch Hunt, 1994), con Dennis Hooper, Eric Bogosian y Penelope Ann Miller, retoma la figura de uno de los literatos de culto del fantástico de terror al poner al detective Howard Phillips Lovecraft bajo los servicios de la actriz Kim Hudson para esclarecer un caso en que se entremezclan la caza de brujas y la brujería como tal. Dos años después acomete el mundo de lo sobrenatural desde una perspectiva diferente al abordar en Touch (1996), el caso de un franciscano que cuelga los hábitos y, a partir de ello, se descubre con el don de sanación vía la imposición de sus manos. En Aflicción (Affliction, 1997), congrega a un reparto de primera que incluye al notable Willem Dafoe, Nick Nolte, James Coburn y a Sissy Spacek, en una trama en que la muerte de un sindicalista cambia radicalmente la vida de un sheriff, el cual –contra todas las opiniones- piensa que no fue accidental. James Coburn en el papel de su padre y Nick Nolte como el obcecado guardián de la ley, despliegan un memorable duelo de actuación que le valió al primero una nominación al Oscar a Mejor Actor y al segundo la estatuilla al Mejor Actor de Reparto. Luego de ello dirige Forever Mine(2001), historia del amor que vive Alan Ripley con la esposa de un político siniestro quien, al enterarse de la situación no sólo lo manda a la cárcel sino que intenta provocar su muerte … sólo el tiempo, con el curso de los años, podrá poner o no las cosas en su lugar … En tanto, Desenfocado (Auto Focus, 2002) retoma el caso de Bob Crane, quien se hiciera famoso en la segunda parte de la década de los sesenta y principios de los setenta por su participación en la teleserie “Los héroes de Logan”. Él se valió de su fama para inclinar en su favor numerosas relaciones amorosas con mujeres. Luego de la exhibición de hazañas tales en un video realizado por John Carpenter, aparece asesinado en un motel de Scottsdale, Arizona en 1978 … se piensa, pues, que hay conexión entre antecedente y consecuente …

    Sobre Dominion(Dominion: Prequel to The Exorcist, Estados Unidos, 2005), se anota en la columna “Cine en TV” del suplemento Primera Fila, p. 29, del periódico Reforma: “La casa productora Morgan Creek le encargó a Schrader esta esperada ‘precuela’ de El Exorcista (Friedkin, 1973), pero al ver el primer corte del film los ejecutivos, horrorizados, terminaron enlatando la película. La compañía contrató entonces al churrero Renny Harlin, quien hizo su primera versión: El Exorcista, El Comienzo (2004) pero, ¡oh, paradoja comercial!: la película de Harlin fue un fracaso ante la crítica y la taquilla de todo el mundo, por lo que al grito de ‘de lo perdido, lo que aparezca’, se ‘desenlató’ la versión de Schrader que, aunque no es muy lograda que digamos (interesante en su primera hora, un desastre en la segunda), resulta de todas maneras mucho más visible que el soporífero churro de Harlin. Para los admiradores de Paul Schrader –entre los que me encuentro- es obligatoria”.

    Paul  Schrader está casado con la actriz Mary Beth Hurt.

    FILMOGRAFÍA.

    1977          Blue Collar.

    1978          Hardcore, un mundo oculto (Hardcore).

    1979          American Gigolo.

    1981          El beso de la pantera (Cat People).

    1985          Mishima (Mishima: A Life in Four Chapters).

    1986          Light of Day (también es conocida como Rock Star).

    1988          Patty Hearst.

    1990          Juego veneciano (The Comfort of Strangers).

    1991          Traficantes/Posibilidad de escape (Light Sleeper).

    1994          Cazador de brujas (Witch Hunt).

    1996          Touch.

    1997          Aflicción (Affliction).

    2001          Forever Mine.

    2002          Desenfocado (Auto Focus).

    2005          Dominion (Dominion: Prequel to The Exorcist).

    Luis Arrieta Erdozain

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