Los imperdonables (Unforgiven), Estados Unidos, 1992, de Clint Eastwood.

El forajido que supo redimirse al olor de la pólvora
por Luis Arrieta Erdozain

“He hecho muchas películas donde la violencia es glorificada. Pero en cierto momento de la vida, y supongo que estoy en esa etapa, te das cuenta de que la violencia es dolorosa (…) Siempre es lo mismo en todas las guerras: se le pide a los jóvenes que vayan y mueran, y las madres recibirán cartas donde les dicen que sus hijos están muertos”.

Clint Eastwood en entrevista a Anthony Breznican de USA TODAY y publicada por el diario Reforma (16/II/07, p. 1, Gente).

Luego de su participación estelar en la Trilogía del hombre sin nombre, bajo la batuta de Sergio Leone y que proyectara a Clint Eastwood como un actor de renombre internacional (justo con Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y El bueno, el malo y el feo, todos de los llamados spaghetti westerns y realizados a mediados de la década de los sesenta), el mito de este personaje implacable con el revólver pero derecho, conforme a un código de honor establecido tácitamente entre los bravos del legendario viejo Oeste, como que se había producido un “vacío del personaje”: primero porque Eastwood ya no volvió a colaborar con Leone; luego, porque ninguno de los westerns en que trabajó –como actor dirigido por otro cineasta, o bien en aquellos realizados por él mismo en que se desempeñaba en el protagónico- estuvieron a la altura de aquellos tres primeros que lo instalaron en el ámbito de la leyenda … de esta suerte, una película como Los imperdonables (Unforgiven, 1992), podía válidamente intentar ilustrar qué había sido de aquel llamado “blondie” o “blue eyes” de las películas de Leone.

Y sí: la idea no sólo resultó acertada sino sobresaliente, cuando Clint se muestra sin pudor a sus entonces 62 años de edad en la caracterización de William Munny, otrora implacable forajido que es ahora un hombre ya viudo de una mujer a la que sigue amando y respetando, padre de un par de chavales y propietario de un más que modesto ranchito en que cría puercos sin auxilio de trabajadores. Las épocas de gloria, del cobro de recompensas por la captura o muerte de temidos matones, en que había “que estar al alba, caballero y saltar sin red” que dijera Joaquín Sabina, parecen episodios de una historia que nunca existió … salvo por los recuerdos terribles, cincelados en lo más profundo de su memoria, que hacen brotar de su mente detalles poco gratos de la muerte de algunas de sus víctimas. Es el año de 1880 y Claudia Zeathers Munny, su mujer difunta hace poco menos de tres años, no sólo lo alejó de las balas y la bebida, sino que lo alentó a ganarse la vida honradamente, con resultados poco motivantes en cuanto a su prosperidad económica. Queda razonablemente establecido, pues, si bien de modo tácito, el puente entre “el hombre sin nombre” y el de presente lastimoso que contemplamos desde el inicio de la película.

Pero no olvidemos que si bien la entropía es una ley universal de alcances impredecibles, también Tomás de Aquino identificó como atributo de la existencia humana la inefabilidad: así, uno de esos buenos días del Señor, se apersona por los rumbos de la granja de Munny, situada en algún lugar perdido de la geografía rural norteamericana, un joven pistolero medio echador que se identifica como The Schofield Kid (Jaimz Woolvet), quien le hace saber a Munny que su leyenda como pistolero valeroso y casi infalible sigue viva y que lo invita para que juntos liquiden a un par de patanes que desfiguraron con cuchillo a una prostituta (Delilah Fitzgerald, interpretada por Anna Thomson) de un pueblo llamado Big Whiskey en Wyoming, acción por la que ofrecen mil-dólares-mil (como dicen luego: “de los de entonces”). Como ya se ha aceptado como un individuo bien portado y quiere honrar la memoria de su mujer, Munny no acepta. Pero por si cambia de parecer, el “Schofield” le da señas de por dónde andará en el camino hacia ese destino.

Munny es, como sus personajes sin nombre de otrora, hombre de pocas palabras y, por lo que se deduce, de intensa vida interior. Casi puede adivinarse lo tentadora que le resulta la oferta para liberarse de su actividad actual que, muy seguramente, lo llevarán a la ruina a sus hijos y a él (varios de los puercos que cría están enfermos de fiebre y no cuenta con medicina para atenderlos); por otra, como diríamos por acá: “qué tanto es tantito”, si así logra procurarse recursos frescos y, con este respaldo, intentar algo diferente … así, de repente, lo vemos ensayando con el viejo revólver que le diera fama, disparando a un blanco fijo … pero constata, volviendo a los dichos, que “no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después” (aunque, en este caso, según el film, son solamente once). Al probar con la escopeta, le va un poco mejor. Luego de ganar un poco más de confianza y encargar el rancho a su hijo adolescente, se dirige a una granja donde se encuentra Ned Logan (Morgan Freeman), compañero de gestas pistoleriles en otras épocas, quien también logró sobrevivir y ahora disfruta de una vida apacible con Sally, su mujer indígena. Tras presumirle Ned a su amigo que aún es capaz de darle al ojo de un pájaro en pleno vuelo, decide sumarse al grupo que vengará la afrenta de la mujer pública y mejorará la condición económica de los tres osados.

Buena parte de la magia de Los imperdonables radica en la honestidad con que se muestra la condición actual de los busca-recompensas. No sólo en el caso del trío Munny-Logan-Schofield (cada cual con limitaciones que vamos conociendo a medida que progresa la historia), sino en el de otro interesado en hacerse de este dinerito, Bob, el inglés, caracterizado por Richard Harris (el otrora Tarzán, en la versión coprotagonizada por Bo Derek). Y como cabal antihéroe, por utilizar abusiva y arbitrariamente la ley, aparece con todo su vigor y presencia el gran Gene Hackman como Billito (Little Bill Daggett), a poco tiempo de haber sufrido un infarto en la vida real y con unas maneras que nada le piden a nuestros (per)judiciales, en lo tocante a sus métodos de tortura. Tanto a Bob el inglés como a Bilito, les seduce la posibilidad de ser inmortalizados para la posteridad a través de una biografía, por lo cual se vuelve alguien importante para ellos el escritor que interpreta Saul Rubinek. Sin embargo, en su calidad de testigo de este episodio, quizá acabe por reconstruir sólo la de William Munny.

No es propósito de quien esto rubrica detenerse en más detalles descriptivos ni, mucho menos, en la forma en que se produce el desenlace. Sin embargo, es necesario apuntar que Los imperdonables incluye, dispersas, confesiones y reflexiones por demás válidas de estos personajes. Por ejemplo, cuando los dos mayores –Munny y Logan-, ya desacostumbrados a las inclemencias de dormir a suelo raso al lado de una fogata, manifiestan extrañar su cama o el techo de su casa; o cuando William, el matón-leyenda, confía a su amigo: “Ned, le tengo miedo a la muerte”; asimismo, lo que Munny dice al Schofield Kid: “Matar a un hombre es algo inolvidable: le quitas todo lo que tiene y todo lo que puede tener”. En su honestidad manifiesta antes referida, Los imperdonables también apuesta por lo verosímil, por lo que estará claro para el personaje encarnado por Eastwood que, para librarla bien, habrá de retomar y aliarse con viejos hábitos abandonados (a mi modo de ver, detalle genial de la película), con lo que aumentará sensiblemente sus posibilidades de salir avante.

Al respecto, en entrevista concedida a Roy Everton Hunter y publicada en El Sol de México el 25 de abril de 1977, a poco del estreno de The Enforcer, Clint Eastwood expresaba: “La violencia en mis películas tiene un objeto. Trataré de explicarlo: la vida en estos días está repleta de violencia. Generalmente, interpreto a un personaje que pueda combatirla. Por su propio bien. No soy partidario de la violencia y la utilizo como un elemento narrativo. Cuando la violencia está justificada en una historia, puede hacer que el público descanse (…) Yo no soy violento. Por supuesto, tengo mi temperamento, pero sólo si me provocan. Mis papeles son los de un hombre que sabe cómo luchar y parece que hay necesidad de ellos y mi tipo especial de superhéroe interesa a muchos hombres. Quieren portarse como yo lo hago en la escena … alguien que tiene todas las respuestas, que no necesita ayuda para sobrevivir. No es así en la vida real, pero a los hombres les gusta pensar que puede ser. A esas personas les gusta ver a un hombre que sabe resolver situaciones difíciles”. Apunta, finalmente: “Es cierto que soy partidario de una ley fuerte antiarmas en la vida real. Estoy en contra de cazar animales y nunca sale eso en mis cintas. Creo que no es necesario matar seres vivientes. Reverencio la vida y muchos animales están indefensos”.

Quizá a algunos sorprenda esta declaración, pero en cierto modo queda plasmada en imágenes en Los imperdonables … caso diametralmente opuesto, por ejemplo, al de Charlton Heston.

Un ámbito que está razonablemente bien resuelto pero que, aspiracionalmente, hubiese podido dar mucho más de sí es el musical, a cargo de Lennie Niehaus y, según un sitio de la internet que consigna la obra total de Eastwood, incluye temas aislados creados por el propio Clint. Me pregunto los niveles que hubiese podido alcanzar si, en lugar de lo logrado, la solución artístico-creativa hubiese estado a cargo de Ennio Morricone … Me parece que hablaríamos de un resultado formal muy superior porque, la verdad sea dicha, en los pasajes en que la música gobierna en Los imperdonables, como que la sensación es de austeridad, de poco arropamiento atmosférico-dramático. Quizá el director canceló esta posibilidad para que su película no se pareciese demasiado a un spaghetti western. A propósito del gran creador musical italiano, a quien nunca quiso concederle la Academia de Hollywood un solo Oscar, para la próxima e inminente entrega de las estatuillas, está anunciado otorgarle uno honorario en reconocimiento a su vasta y tan rica trayectoria y contribución artística. Más que bien, pues “más vale tarde que nunca”.

Con este film que es, de algún modo, paralelo a su Cowboys del espacio (Space Cowboys, 2000), en cuanto a que en el caso de este último son también astronautas veteranos ya retirados los convocados para resolver con éxito una situación, así como retomando esa nostalgia por un mundo que ya se fue, expulsado por las grandes urbes, planteado por el propio Eastwood en Bronco Billy (1980), en que un antiguo vendedor de calzado decide formar un grupo que recrea personajes paradigmáticos del viejo Oeste, encontrando con ello su verdad, con Los imperdonables Clint Eastwood siente haber dado vida a un clásico moderno que “resume todo lo que siento por el género del western”. Por algo, The American Film Institute incluye a esta obra entre las 100 mejores películas norteamericanas de toda su historia.

Para concluir este comentario, un detalle fino que sólo es perceptible para quienes, tanto por respeto y disciplina a una obra como a quien la gestó, esperamos a que concluya el desfile de créditos tras la conclusión del film. Ahí, una leyenda elocuente: “Dedicated to Sergio and Don”, discreto homenaje de Clint a Sergio Leone y a Don Siegel, sin duda los dos cineastas más determinantes en su forja tanto como actor y en su calidad de autor: ¡bien por Eastwood!

 

FICHA TÉCNICA.

Los imperdonables (Unforgiven). Estados Unidos, 1992. Dirección: Clint Eastwood; Guión: David Webb Peoples; Música: Lennie Niehaus; Edición: Joel Cox; Fotografía en color: Jack N. Green; Con: Clint Eastwood (William Munny), Gene Hackman (Little Bill Daggett), Morgan Freeman (Ned Logan), Richard Harris (Bob, el inglés), Jaimz Woolvet (The Schofield Kid), Saul Rubinek (el biógrafo), Frances Fisher (Strawberry Alice), Anna Thomson (Delilah Fitzgerald), David Mucci (Quick Mike), Rob Campbell (Davey Bunting), Liisa Repo-Martell (Faith), Shane Meier (Will Munny), Aline Levasseur (Penny Munny) y Henry Kope (German Joe Schultz), entre otros. Duración: 131 minutos. En 1992, se hace merecedora a los Oscar por Mejor Película, Mejor Director y Mejor Edición, así como al Globo de Oro al Mejor Director.

APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.

CLINT EASTWOOD nace el 30 de mayo de 1930 en San Francisco, Estados Unidos, hijo de Clinton y Ruth. Se cria en Oakland, luego de que su familia va de una a otra ciudad en busca de trabajo durante la llamada Gran Depresión. Como la situación económica familiar no lo permite, luego de concluir sus primeros estudios, tiene que renunciar a proseguir con los superiores y empieza a chambear en las más diversas labores, como las de leñador en Oregon, albañil, pianista, bombero forestal, limpiador de piscinas, despachador de gasolina, administrador de un edificio de departamentos, obrero metalúrgico y otras más para ayudar a su casa y ganarse honradamente la vida.

Cumple con su servicio militar como instructor de natación en Fort Ord. Cabe señalar que, sobre todo al principio, Eastwood estaba más interesado en el deporte y lo relacionado con lo atlético que en las artes dramáticas. Sin embargo, su actividad en Fort Ord le permite ahorrar unos dólares, con lo que pudo pagarse unas clases de actuación en Los Angeles College. ¿A qué se debe el súbito interés por este campo? Ello se explica por la fuerte influencia que ejercieron en él dos amigos que conoció durante el servicio militar: David Janssen (famoso por su protagónico en la serie televisiva El Fugitivo) y Martin Milner, quien realizó otra titulada La vida de Ritley. Con el tiempo, fue germinando en Clint la ilusión de, algún día, ser actor como sus afamados amigos. Pero mientras tanto, había que continuar haciendo lo que fuere para sobrevivir …

Cuando uno tiene claros sus propósitos, es más sencillo identificar y aprovechar las oportunidades que se presentan. Así ocurrió con el buen Clint, pues cuando realizaba uno más de sus trabajos, éste consistente en llevar camiones a los Estudios Universal, uno de sus amigos de la época del servicio militar lo reconoció y consiguió para él un screen test, luego del cual la Universal le ofrece un modesto contrato por 75 dólares semanales, garantizándole cuarenta de trabajo al año en sus Estudios. Ello es resultado también de una política –llamada Star System– que observaban entonces las grandes productoras, según la cual se encargaban de detectar, formar y pulir a las futuras estrellas.

Trabaja ahí por espacio de 18 meses, en el curso de los cuales aparece en un montón de películas hechas y exhibidas al vapor, entre las cuales pueden mencionarse Revenge of the Creature (aquí debuta como actor, bajo la dirección de Jack Arnold), Francis in The Navy, Lady Godiva, Tarántula y Never Say Goodbye, las cuales hoy son testimonio de su paciencia y proceso de preparación en espera de la gran oportunidad. Antes de ello, en 1953, cuando tenía 23 años de edad, se casa con Maggie Johnson, la futura madre de sus hijos Kyle y Alison, con quien se mantuvo unido hasta 1977 (aunque en 1964 nace Kimber, cuya Mamá es Roxanne Tunnis).

Tras su salida de los Universal, Eastwood aparece en algunos films más como Lafayette Escadrille y Ambush at Cimarron Pass cuando, en la mejor tradición hollywoodense, es <<descubierto>> por un agente de reparto de la CBS-TV, quien lo contrata para ser coprotagonista de una nueva serie titulada “Rawhide”, en la que Eastwood interpreta al cowboy Rowdy Yates por espacio de ocho años. Con ello va logrando hacer popular su rostro en los medios … pero seguía siendo un actor más entre muchos … En 1977, Roy Everton Hunter, en la introducción a una entrevista que le hace, describe así a Eastwood: “Un hombre fuerte y seguro, de 1.92 de estatura, con cabello castaño y ojos verdes, el rudo y bien parecido astro es un agudo negociante, aunque un tanto engañoso por su comportamiento tranquilo. Parece tranquilo pero tiene un astuto y picaresco sentido del humor. Dice que ‘es un solitario y casi un recluso cuando no está filmando’. Es muy reservado. Ha sido descrito como ‘inmutable’, pero se encoge de hombros cuando se le repite eso y comenta que ‘no es tan frío, y que la gente le molesta’. Es cálido y amistoso y, sin embargo, no es fácil de entrevistar”.


Ser uno entre muchos, se modifica radicalmente en su favor cuando, en 1964, durante el período de descanso entre la séptima y octava temporada de “Rawhide”, acepta el papel protagónico de Por un puñado de dólares, declinado antes por James Coburn, que el entonces poco conocido cineasta Sergio Leone filmaba en Almería, España. La película contaba con un presupuesto de doscientos mil dólares y, con todo, empieza a posicionar al spaghetti western como el refrescante venero de un género que ya empezaba a mostrar signos de agotamiento. Esta película, inicial de la llamada “Trilogía del hombre sin nombre”, hace una fortuna en taquilla en Europa y, para Eastwood, se convierte en el film que inicia su posicionamiento como un héroe de culto, al ser armónico el personaje lacónico, silente, reservado, anónimo y efectivo que interpreta con la estilística y enfoque de esta atractiva variante del western. En el plano de lo anecdótico, habida cuenta el reducido presupuesto con el que se contaba, Clint tiene que aportar al film su propio vestuario, incluido el zarape que se haría famoso en ésta y las restantes películas de la trilogía.


Leone y su equipo se apalabran de inmediato con Eastwood para que encabece el siguiente film de la serie: Por unos dólares más, con un sueldo tres veces mayor al que percibe en el anterior rodaje y, luego de ello, en 1967, el gran Sergio Leone dirige su producción de mayor envergadura de esta época, cuando da vida a su célebre El bueno, el malo y el feo, con un reparto de nuevo –y por última vez- encabezado por Clint Eastwood, al lado de Lee Van Cliff y Eli Wallach. Por su participación en las tres películas referidas, Clint devenga un total de 270 mil dólares. De este modo, la personalidad cinematográfica de Eastwood queda forjada con un perfil indiscutiblemente propio.

En Estados Unidos, luego de ello y en esta primera época, trabaja como actor al lado de figuras de la talla de Richard Burton, Lee Marvin, Shirley MacLaine, Telly Savallas y Donald Sutherland, con lo que reafirma su sitio en el star system. Su primer protagónico en esta industria es en Hang ‘Em High, que reditúa a Artistas Unidos la ganancia más rápida de su historia. Luego, Clint participa en Cogan’s Bluff, importante en tanto marca el inicio de su asociación con el cineasta Don Siegel, considerado el decano entre los realizadores de thrillers americanos contemporáneos. Colaboran de nuevo en Dos mulas para la Hermana Sarah y en The Beguiled, con lo que refuerzan las bases de una larga amistad y trabajo conjunto.

1971 es un año clave para Clint Eastwood por dos razones al menos: debuta como director con Escalofrío en la noche (Play Misty for Me), suerte de thriller en torno al jazz, con una notable interpretación a cargo de Jessica Walter y, luego de protagonizar las muy exitosas Donde sólo las águilas se atreven, Paint your Wagon y Kelly’s Heroes, Don Siegel y él se reúnen para iniciar la serie de films de Harry el sucio -cuyo personaje central es el policía Harry Callahan-, hoy consideradas clásicas del género detectivesco-policíaco. Con films como Harry el sucio (Dirty Harry), Magnum 44 (Magnum Force) y El ejecutor (The Enforcer), se obtienen en taquilla cincuenta millones de dólares en promedio por cada una. Según Fernando Celín, en artículo publicado en El Semanario Cultural del periódico Novedades (noviembre 3, 2002, p. 8): “En la carrera de Eastwood han existido varias personas clave como Sergio Leone –definitivo- y Don Siegel, de quien aprendió a filmar según la mejor tradición hollywoodiana y del que bebió elementos clásicos de la puesta en escena fílmica. Así llegó a una película clave, Pale Rider (El jinete pálido, 1985), un western fantasmal que lo hace una mezcla de John Wayne y Gary Cooper pero dirigidos por él mismo, el más original de los clásicos” (… No resulta raro, pues, que tras ser dirigido por Sergio Leone en su afamada trilogía) “… haya regresado al cine norteamericano para estelarizar (precisamente) un western: Hang ’Em High (Ted Post, 1968). Poco después formaría su propia compañía (productora), Malpaso y pronto filmaría su primera película como realizador (Play Misty for Me: cine negro con jazz)”.


En su segunda película como cineasta, Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973), así como en otras posteriores bajo su batuta como El fugitivo Josey Wales (1976), Bronco Billy (1980), El jinete pálido (1985) así como decisivamente en Los imperdonables (1992), Eastwood se recontacta –y con fortuna- con el western, casi siempre protagonizando sus films. Excepción a ello son Primavera en otoño (Breezy, 1973), historia romántica estelarizada por William Holden y Kay Lenz o su poderosa Bird
(1988), sensacional recreación biográfica de la turbulenta vida del jazzista y bluesero Charlie Parker.

En 1986 ingresa a la vida política al ser electo alcalde de Carmel, California, ciudad en la que reside habitualmente. Sin embargo, renuncia al cargo un año después al constatar que le demanda demasiado tiempo y atención, por lo que no puede continuar haciendo cine. Dos años después, Eastwood emprende Malpaso Productions, con la que busca liberarse tanto de las exigencias y puntos de vista de los ejecutivos de los grandes estudios, así como formar un cuadro de talento base más o menos fijo al acometer sus futuros proyectos fílmicos. Así Tom Stern, director de fotografía, colabora con Clint de modo regular desde 1982; Joel Cox, editor, lo hace desde 1975, justo al integrarse a la producción de El fugitivo Josey Wales; el responsable de la dirección artística y el diseño de producción, Harry Baumsted, participa en el equipo desde 1970 (antes lo había hecho, en el desempeño de tareas similares, con Alfred Hitchcock); Jack N. Green, considerado grande entre los camarógrafos en activo, hasta el 2002 había participado en ocho largometrajes de Eastwood. Green alguna vez declaró en entrevista a la prestigiada Cahiers du Cinéma: “Clint dice muy poco durante el rodaje, pero tiene un ojo increíble (con razón sale muchas veces como pistolero, agrega el que suscribe). Le gustan los ambientes nocturnos y el contraluz. Es muy introvertido (…) de la rara gente que se nutre de lo que los demás aportan y esto hace estimulante el trabajo con él”. Joel Cox, su editor de planta, en entrevista dada a conocer por la antes citada publicación francesa, declaró a propósito de Deuda de sangre (2002): “Clint está convencido de que la primera toma siempre es la mejor, la más bella, la más pura. Es un cineasta que trabaja con el instinto (agrega el que suscribe: como muchos de los personajes que ha interpretado) y valen más las cosas espontáneas”.


La vida matrimonial del buen Clint, por su parte, ha sido algo inestable, reflejo quizá de sus personajes duros representados en la pantalla: durante la filmación de Ruta suicida (1977), conoce a la actriz Sondra Locke y acaba enamorándose, lo que provoca su divorcio con Maggie Johnson. A su vez, la relación sentimental entre Sondra y Eastwood conoce su término en 1989, debido al romance de este último con Frances Fisher (quien participa, entre otras, en Los imperdonables –como Strawberry Alice– y Titanic), con la que procrea una hija. Siete años después, se casa con la periodista Dina Ruíz, relación que mantiene hasta la fecha. Es padre de siete hijos en total, de cinco mujeres diferentes.

Pero regresando a su obra como actor y director, Clint Eastwood, luego de ser dirigido nuevamente por Don Siegel en Escape de Alcatraz, inicia una etapa personal más creativa y versátil como cineasta, con películas dirigidas y protagonizadas por él mismo como Firefox (1982), en que interpreta al piloto norteamericano Mitchell Gant, quien tiene por misión robarse un avión ruso MIG-31, el más potente y avanzado en su momento, pues se estima pone en riesgo de un desastre futuro a las naciones suscriptoras de la OTAN. Aquí, el uso de efectos especiales muy logrados resulta una de las novedades en su estilística cinematográfica. Tras ello, dirige Impacto súbito, El jinete pálido y El sargento de hierro. En 1991, como reconocimiento a su trabajo como cineasta hasta ese momento, se le distingue con el Premio Irving G. Thalberg en la gala de entrega de los Oscar.

En los noventa, Clint Eastwood se consolida como uno de los autores cinematográficos con propuesta más sugerente. Tras dar vida a la ya referida Bird y a Cazador blanco, corazón negro, que lo lleva de cacería al continente africano y funciona mejor en Europa que en América, realiza la considerada por algunos como su mejor película: Los imperdonables (Unforgiven, 1992), ganadora del Globo de Oro al Mejor Director y tres Oscar, incluidos el de Mejor Película y Mejor Director. Estuvo nominado también a la estatuilla por Mejor Actor.

En Un mundo perfecto, se vuelve a dirigir a sí mismo y comparte créditos con Kevin Costner, tras lo cual da vida a Los puentes de Madison, en la que se hace acompañar de Meryl Streep, con el planteamiento de una bella y emotiva reflexión sobre el amor otoñal. Luego, dirige a su propia hija en Medianoche en el jardín del bien y del malCowboys del espacio, segunda película más taquillera en los Estados Unidos ese año. En Deuda de sangre (2002), Eastwood caracteriza a McCaleb, un antiguo agente del FBI metido a resolver asuntos policíacos. Al perseguir a quien parece un asesino en serie, sufre un paro cardíaco que sólo puede librar con el oportuno transplante de otro corazón que es donado por una posible víctima del asesino al que buscaba atrapar. Luego de un doble proceso de aniquilamiento: en lo emocional, su despido del FBI por razones de edad; en lo físico, por la disfunción orgánica antes señalada, Terry McCaleb emerge pleno de nuevo a la vida. Es cuando sabe que vive gracias al órgano que donó la chicana victimada, por lo que reemprende con determinación la búsqueda del multiasesino. La anécdota gana en ribetes cuando se enamora de la hermana de la donante, muy posiblemente una espalda mojada, parentesco que desconoce en el momento el detective. De este modo, el personaje de Eastwood pulsa con un corazón mexicano, además de estar profundamente atraído por una mujer latina (Wanda de Jesús). (1997) y, en el 2000, junto con Tommy Lee Jones, Donald Sutherland y James Garner, protagoniza y dirige


Mystic River, que dirige en el 2003, reinstala la obra de Eastwood en un ámbito de compromiso y denuncia, al abordar el caso de abuso sexual a un menor que marca su vida toda. Obtiene con ella los Oscar a Mejor Actor y mejor actor de reparto. Un año después, dirige y estelariza La chica del millón de dólares, emotiva y magistral realización que le merece su segundo Oscar como Mejor Director, además de obtener el de Mejor Película.

En el 2006, trabaja en paralelo dos películas que acaban de estrenarse en México (con Steven Spielberg como productor asociado en ambas): La conquista del honor (Flags of Our Fathers) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima), la primera a partir de la novela de James Bradley, uno de los hijos de los sobrevivientes de la batalla de Iwo Jima, ocurrida en dicha isla japonesa durante la Segunda Guerra Mundial; la segunda, desde la base de Picture Letters from Commander in Chief de Tabamichi Kuribayashi. La conquista … ofrece la versión estadounidense de los hechos ocurridos cuando los seis hombres norteamericanos que sobreviven al cruento enfrentamiento con fuerzas armadas niponas colocan la bandera norteamericana en la cima del monte Subirachi: son los que aparecen en la famosa fotografía tomada después de la batalla de Iwo Jima; la segunda, hablada en japonés, ofrece los argumentos de la contraparte, ejercicio humano y muy honesto por parte de Eastwood para esclarecer lo que es verdad y lo que, como suele ocurrir en la reseña de este tipo de conflictos, se ha alimentado de veneros del mito. Por lo pronto, Clint está nominado para la próxima entrega de los Oscar como Mejor Director (por las dos versiones de la batalla plasmadas en las dos películas), así como al de Mejor Película Extranjera (por estar hablada en ijaponés Cartas desde Iwo Jima). Al ser considerada la dupla –especialmente esta última- por la prensa internacional como una brillante declaración contra la guerra por parte de Eastwood, éste es condecorado en París el pasado 17 de febrero por el presidente francés Jacques Chirac con la insignia de Caballero de la Legión de Honor Francesa.

A sus casi 77 años de edad, padre de siete hijos y autor de un inapreciable legado cinematográfico como director, productor, actor y … ¡músico! (ha creado varios discos de jazz y contribuido a la banda sonora de nueve películas, una de ellas no dirigida por él: City Heat, 1984), Clint Eastwood está muy lejos de los apremios económicos que tuvo en su niñez y juventud primera. Es dueño de varias empresas deportivas y hoteleras, entre ellas un complejo turístico de lujo en Monterey County. Pero más allá de esto, está su leyenda, la del impasible e imbatible hombre sin nombre, con el rostro sin rasurar, sus purillos y zarape. La leyenda de sí mismo, una y otra vez representada, bajo diferentes investiduras y personajes que, siendo otros, tienen siempre tanto de él mismo y de su talento a toda prueba.

FILMOGRAFÍA.

1971 Escalofrío en la noche (Play Misty for Me).
1973 Infierno de cobardes (High Plains Drifter).
1973 Primavera en otoño (Breezy).
1975 Licencia para matar (The Eiger Sanction).
1976 El fugitivo Josey Wales (The Outlaw Josey Wales).
1977 Ruta suicida (The Gauntlet).
1980 Bronco Billy.
1982 Firefox.
1982 El aventurero de medianoche (Honky Tonk Man).
1983 Impacto súbito (Suden Impact).
1985 El jinete pálido (Pale Rider).
1986 El sargento de hierro (Heartbreak Ridge).
1988 Bird.
1990 Cazador blanco, corazón negro (White Hunter, Black Heart).
1990 El principiante (The Rookie).
1992 Los imperdonables (Unforgiven).
1993 Un mundo perfecto (A Perfect World).
1995 Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County).
1997 Poder absoluto (Absolute Power).
1997 Medianoche en el jardín del bien y del mal (Midnight in the Garden of Good and Evil).
1999 Ejecución inminente (True Crime).
2000 Cowboys del espacio (Space Cowboys).
2002 Deuda de sangre (Blood Work).
2003 Río Místico (Mystic River).
2004 La chica del millón de dólares (Million Dollar Baby).
2006 En defensa del honor (Flags of Our Fathers).
2006 Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima).

Luis Arrieta Erdozain

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