Como plaga de langosta (Estados Unidos, 1974) de John Schlesinger.

FICHA TÉCNICA.Como plaga de langosta (The Day of the Locust). Estados Unidos, 1974. Dirección: John Schlesinger; Guión: Waldo Salt, basado en la novela de Nathanael West; Fotografía en color: Conrad Hall; Música: John Barry; Edición: Jim Clark; Con: Donald Sutherland (Homer Simpson), William Atherton (Tod Hackett), Karen Black (Faye Greener), Burgess Meredith (Harry Greener), Geraldine Page (Big Sister), Bo Hopkins (el vaquero) y Richard A. Dysart, entre otros. Duración: 144 minutos. El film se hizo merecedor a los Oscar por Mejor Actor de Reparto y Mejor Fotografía, otorgados por la Academia de Hollywood.

Perfiles insospechados en el Hollywood de la década de los treinta
por Luis Arrieta Erdozain

“Cada una de las (…) letras que forman la palabra ‘Hollywood’ miden cinco pisos de alto: gigantesco monumento de metal a esta meca de sueños incomprendidos”.

Como plaga de langosta (The Day of the Locust, 1974) ilustra lo que luego sucede cuando el mundo de los instintos emerge y logra –así sea por breves lapsos- gobernar la conducta humana y su intelecto, a través de lo que ocurría tras bambalinas en el Hollywood rosa de las grandes superproducciones y de los semidioses al estilo de Clark Gable, Merle Oberon, Ginger Rogers, Tyrone Power y otros más que ya eran figuras en la década de los treinta … así como de los que lucharon por serlo y acabaron por perderse en el anonimato; y es, también, la puesta en pantalla de un testimonio -el de Nathanael West, autor de la novela autobiográfica en que se basa el film- de alguien que vio, vivió y casi fue aplastado por la casa encantada de sueños de Hollywood.

La película inicia con un tono casi meloso, recordando películas al estilo de cualquiera de las dos versiones de Érase una vez en Hollywood de Gene Kelly. Sin embargo, el mecanismo dramático del argumento de una manera sutil, casi imperceptible, va generando lazos de tensión, fricciones entre los personajes, desconcierto y angustia en el espectador. La fórmula con la que establece urdimbre entre sus imágenes y secuencias John Schlesinger, el cineasta reaizador de la obra, la establece como nueva parábola de la historia del hombre en bíblica analogía que conduce a un final apocalíptico, plásticamente destructivo, poéticamente devastador. Contextualmente hablando, recuérdese que acaba de producirse hace muy poco la depresión del 29, con las funestas consecuencias que tuvo para muchas familias, industrias y demás actividades económicas y financieras en toda la Unión Americana. En este marco, se aparecía irrenunciable el sueño cinematográfico ante la difícil y penosa realidad imperante.

La estructura del film evoca, asimismo, la del mecanismo de un reloj de bolsillo (que, en realidad, es el de una bomba de tiempo que, en el momento justo, explotará con gran efecto). Como plaga de langosta, pues, se acerca a la naturaleza de una ilusión óptica: su duración es más reducida que el tamaño real de la vida y, sin embargo, lo suficientemente larga como para jugar con la comparación entre las pinturas grotescas de Goya y El Basio y las que va creando Tod Hackett (protagonista de la cinta, interpretado por William Atherton y quien evoca al propio West).

El desenvolvimiento de la sensibilidad artística de Hackett y su educación de la vida (cuenta con dos títulos en Yale, en donde se graduó con honores), ante el azar de convertirse en un diseñador de sets y vestuarios de Hollywood al aceptar una oferta de la Paramount para incorporarse a su Departamento de Arte, es fuertemente alterada cuando incursiona en un universo humano descompuesto en que pululan payasos y cómicos frustrados, enanos, actrices noveles que se rentan mientras son figuras, etc. Por contraparte, puede constatar que los niveles de la gente exitosa y pudiente no son más ambicionables. Ello se soluciona argumentalmente cuando Tod se enamora de Faye Greener (Karen Black), una esplendorosa y trepadora rubia que quiere ser, y piensa no puede darse la libertad del enamoramiento cuando no ha logrado aún las promesas asociadas al éxito por el american way of life; por contraparte y merced a su trabajo y resultados, él mismo es imantado por el círculo de éxito. Está entre dos aguas y puede, por ende, cumplimentar adecuadamente su involuntario rol como testigo situacional en un escenario en que pareciera regla no escrita que el sujeto resuelto a triunfar como actor, dibujante o director en la fábrica de sueños de este rumbo de California debe degradarse por principio, renunciando automáticamente –al asumir el suspirado rol de figura- a todo contacto humano trivial, aceptando por sino la soledad y su consecuencia lógica: la infelicidad.

A este efecto se plantea, por un lado, que Tod tiene un talento genuino y su pintura, cuando esté terminada, será admirable (con imágenes y situaciones que buscan ilustrar lo que sucede entre quienes combaten en la Batalla de Waterloo, por encargo de Claude Esttee, director creativo del film); por otro, se muestra a Hackett como un muchacho convencional (para este propósito, resultan determinantes tanto el vestuario del protagonista como sus “protocolos” conductuales ante situaciones de diferente índole). Schlesinger capta de primera intención, pues, el tono irónico de la obra de West.

Es de señalarse la existencia de paralelismos entre los personajes de diferentes películas de Schlesinger, en cuanto a caracterología se refiere, entre por ejemplo los de Como plaga de Langosta y los de Cowboy de Media Noche (Midnight Cowboy). Todos están buscando desesperadamente algún tipo de identidad: en Cowboy … el protagonista intenta hacerlo a través de su potencia sexual y Dustin Hoffman vía del manejo de su “semental”; en la que nos ocupa, los ciudadanos del mundo de Hollywood buscan lograrlo a través de la competencia feroz establecida entre ellos, teniendo como “armas” para destacar en el medio personalidades mediocres y carreras tanto “luminosas” como frustradas. Además, en ambas, aunque cambien las condiciones habitacionales, son verdaderas “ciudades perdidas” en donde viven y conviven. Utilizan, por último, la misma salida en ambos casos: el abandono del laberinto antes de ser destruidos por el minotauro.

Si bien el film en principio maneja la imagen de Hollywood como fábrica de sueños que produce fantasías seductoras para sus audiencias, también nos subraya el papel de los “losers” (perdedores) y soñadores que viven en los cuchitriles de cualquier ciudad y que cometieron el error de creer en algo (en este caso Hollywood), y cifraron en ello sus esperanzas para solucionar y colmar sus sueños de éxito (en otros términos, su necesidad de reconocimiento ante la inseguridad manifiesta) para, finalmente, ser desengañados. Faye Grenner, por ejemplo, es hija de un cómico olvidado, vive con bastantes limitaciones económicas, trabaja como extra de medio tiempo y vive actuando un permanente doble papel en su vida, a veces como mujer “fatal” y siendo en el fondo una niña que se ha encaprichado con ser famosa. Al otear su dilema existencial es como se comprende cabalmente su vacuidad, así como sus sueños jamás realizados, expresados en frases como la que le dice a Tod luego de que éste le declara su amor: “Quien me ame deberá ser un hombre rico y siniestramente hermoso”.

Formalmente, la cinta es un círculo que conduce por caminos necesarios para la realización de una película de esta industria y época: el inicio del film muestra una toma de los momentos preliminares a la filmación y concluye con el estreno de otra. Pero ante todo es un corte transversal, objetivo, imparcial del papel que juegan los factores que intervienen en una filmación, en un análisis tanto diacrónico como sincrónico. Así, Como plaga de Langosta muestra que el camino para llegar a la cima en Hollywood exigía la pérdida de la espontaneidad, a la vez que se demandaba el acartonamiento del sujeto.

Homer Simpson (interpretado por Donald Sutherland, protagonista del Mash de Robert Altman quien, infortunadamente, murió la semana pasada), es un personaje de peso señalado en el desarrollo de la trama: el único tipo que aún le abre la puerta a Harry, el cómico-vendedor de pócimas mágicas y padre de Faye; es la encarnación misma de la impotencia ante lo que no puede transformar (un personaje cualquiera del día de hoy); un hombre apático, económicamente estable pero sin la decisión ni el coraje para defender a la mujer que ama o para hacerse a un lado y dejarla seguir cuando ella lo abandona. Este mismo personaje, este niño asustado y que de buena gana regresaría al útero materno, es quien –para asombro del espectador- iniciará la hecatombe final de la película.

Una de las escenas-puente entre el inicio dulzón y el explosivo final lo constituye la del derrumbe de la colina artificial construida en el set para la película que estaban filmando sobre la batalla de Waterloo. Este es uno de los momentos más amargos de Hackett, al descubrir que productores y directores por su status, influencias o dinero salen del paso, aún sobre las heridas que el accidente produce a trabajadores y extras. Es concluyente el diálogo ente Tod y Claude Estee, cuando éste le dice: “A veces pienso que somos adultos que hacemos pasteles de barro para vender”, a lo que Tod pregunta: “Si alguien hubiera muerto, ¿hubiera sido distinto? … a lo que Claude, honesto, le dice: “No”.

Narrativamente, el principio del final de Como plaga de langosta se inicia con la representación del animado estreno de El Bucanero de Cecil B. de Mille en el Teatro Chino Graumbaum de California, con alfombra roja y la entrada sensacionalista de actores, aclamados por una amorfa y complaciente multitud congregada para este efecto a las afueras de la iluminada sala. Los personajes que hemos conocido a lo largo del film se congregan también en este sitio, atraídos tal vez por aquello que estaba truncando las ilusiones de su existencia: es el paso final, el estreno de la película. Cuando Simpson llega al sitio, más por inercia que por voluntad, se encuentra en un estado semejante al de la catatonia, al saberse abandonado por Faye. Se sitúa a unos cuantos metros de la multitud congregada y ni siquiera parece escuchar los gritos de Tod que le habla desde su coche. Desconsolado, Homer se sienta en una banca reposando sus dos maletas en el suelo y es entonces cuando aparece como auténtica maldición el niño “chistoso” que le gasta de nuevo dos o tres pesadas bromas y le lanza una piedra, haciéndolo sangrar en la cara. En este momento, a través de un rápido juego de intercortes, se capta el accionar del niño y la transformación radical de Simpson (que semeja a la del Travis Byckle caracterizado por De Niro en Taxi Driver, cuando éste último exclama: “Soy un hombre que no soporta una más … soy uno que se rebeló”). En estas circunstancias, lo inevitable acabará por ocurrir: el infante será receptor de la rabia que, sin buscarlo ni quererlo, fue guardando Simpson. Explota, pues, lo que parecía prever el propio Simpson cuando decía: “Perdóname, Señor, por tener estos indignos pensamientos, pero a veces quisiera destruir todo esto”, brincando sobre el pecho del niño ya inerme. Algunas de las personas cercanas a ellos advierten lo ocurrido y llaman la atención de otros más para capturarlo. Y sólo cuando es detenido y levantado en vilo por esa multitud desquiciada y vengadora es cuando Homer recupera la conciencia y advierte lo que hizo. Sin embargo, su reacción es ya tardía … Mientras la muchedumbre le grita “¡asesino!”, el anunciador a la entrada del teatro –en el último extremo de paradoja alguna- piensa que se trata de alguna espontánea manifestación de cariño por parte de la masa hacia alguno de los actores. En dos o tres escenas más, la metamorfosis se habrá producido por completo, transformando a la muchedumbre en auténtica marabunta humana que, en un arrebato, da muerte cruenta a Simpson, tragado por ese mar de locura y muerte.

En el juego surrealista de los fotogramas de Schlesinger, empiezan a surgir, como brotadas de la nada, las figuras dibujadas por Hackett. La multitud en el rito de la muerte y la desmitificación agrede a los “ídolos” que momentos antes aclamara: voltea sus autos, provoca incendios, rompe escaparates, roba. Es el descontrol sumo de los demonios interiores de quienes actúan como colectivo libérrimo y desenfrenado, no como personas.

Los pocos sujetos que aún conservan la cordura tratan de huir, pero el cerco parece cerrado: Tod está desesperado al intentar, sin conseguirlo, recuperar a Faye que materialmente es arrebatada por un sujeto de siniestro aspecto. Ella, luego, será violada tumultuariamente. Un descuido basta para que le rompan una pierna a Hackett y le dejen el hueso a flor de piel … y, enmedio de este remolino mortal, sonríen, tomados del brazo y bamboleándose, los personajes de pesadilla surgidos del pincel de Hackett-Goya. Aquí, la atmósfera dramática del film es estremecedora.

La suma de culpas ha exigido la consumación del castigo y Tod Hackett comprende: de alguna forma su sensibilidad había actuado como radar y sus trazos y dibujos plasmaban el mensaje premonitorio del desenlace, que nunca comprendió a su debido tiempo.

Lo inquietante que deriva al espectador tras la conclusión del film es que lo visto no fue una simple recreación fabulesca, sino algo que encaja en la cruda realidad. Y casos como el de Tod Hackett sobraron, desde el mismo Scott Fitzgerald (autor de El Gran Gatsby y The Last Tycoon y guionista de Hollywood en su última época), hasta el mismo Nathanael West (The Day of the Locust y A Cold Million). En el caso del primero, vivió en una brutal frustración creativa que le orilló a tomar el camino del alcoholismo; en el del segundo, baste decir que su inadaptación al sistema hollywoodense le llevó a crear un testimonio literario contundente: la novela en que se basó este film.

En el plano técnico cabe destacar el manejo del intercorte y del wiper en secuencias como la de la pelea de gallos en la fiesta realizada en la casa de Simpson y en la misma escena final. Esta acertada labor corrió a cargo del talento de Jim Clark, editor, elemento en el que se cifra buena parte del ritmo de la película. Las actuaciones son bastante consistentes, destacando en sus interpretaciones Donald Sutherland (Homer Simpson); es notable el desempeño de Karen Black (Faye Greener), así como el de William Atherton (Tod Hackett). El soundtrack es memorable y por demás destacada la reconstrucción de época.

Como plaga de Langosta desnuda al Hollywood mítico, encarándolo con la mucha suciedad que escondía tras los telones, devolviéndonos la imagen de una de las plagas bíblicas presente siempre en el contexto humano: el hombre convertido en langosta, capaz de destruir a los demás e incluso a sí mismo en su desesperada lucha por re-conocerse y por encontrar respuesta a aquello que el mismo Aristóteles se planteaba respecto del sentido primero, actual y último de seres y cosas.
APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR*.

JOHN SCHLESINGER nace en Londres el 16 de febrero de 1926. Sus comienzos fueron en el teatro como actor. Entre 1948 y 1956 realiza numerosos documentales. A partir de 1957, trabaja en la BBC británica y explora distintos géneros en la cinematografía inglesa. Entre sus primeros trabajos se encuentra Terminus, con el que obtiene diversos galardones, incluido el León de Oro en el

Festival de Venecia, así como el Premio de la Academia Británica. Schlesinger debuta como director en 1962 con Esa clase de amor (A Kind of Loving), protagonizada por Alan Bates, con la que merece el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Su siguiente film, Billy Liar tiene la singularidad de ser el primer papel protagónico de la gran Julie Christie. En 1966, decide convocar nuevamente a la Chistie para estelarizar Darling, con la que logra el Premio de la Crítica de Nueva York al mejor Director y su primera nominación al Oscar. Luego realiza Lejos del mundanal ruido (Far from the Madding Crowd), también con Julie Christie encabezando el reparto.

A mediados de esta década se instala en Hollywood, donde se distingue como un cineasta con obra socialmente comprometida. Pero su proyección mundial viene dada cuando crea su memorable Cowboy de medianoche (Midnight Cowboy), con Dustin Hoffman y John Voit y logra los Oscar a la mejor película, mejor guión y mejor director, así como un Premio de la Academia Británica y el Directors Guild of America Award al Mejor Director. Sólo a guisa anecdótica, es la única película clasificación “D” en la historia merecedora de dos de los principales galardones de la Academia Hollywoodense.

Schlesinger obtiene otra nominación al Oscar por su dirección en Domingo, maldito domingo (Sunday, Bloody Sunday) y luego crea su poderosa Como plaga de Langosta (The Day of the Locust) en que desnuda al Hollywood de la década de los treinta, con base en la novela de Nathanael West. Maratón Man le reúne de nuevo con Dustin Hoffman en la cúspide de su carrera, así como con Laurence Olivier. En 1979 convoca al casi novel Richard Gere para su Yanquis, para luego dirigir Honky Tonk Freeway y Los creyentes, su incursión en el cine de terror en que aborda el tema de la santería y muestra a un Martín Sheen en magnífico nivel. Luego realiza Madame Sousatzka con Shirley McLaine y El inocente, protagonizada por Anthony Hopkins e Isabella Rossellini. Entre sus últimos trabajos se encuentran Ojo por ojo (1996), con Sally Field y Kiefer Sutherland y Algo casi perfecto (The Next Best Thing), realizada en el 2000, con un reparto encabezado por la cantante Madonna y Rupert Everet, que narra la historia de una mujer que tiene un hijo con un amigo gay.

Cineasta versátil, ha incursionado en diferentes medios de expresión artística con importantes reconocimientos. Por ejemplo, para la televisión británica, entre las series que pueden referirse están “An Englishman Abroad”, “Separate Tables” y “A Question of Attribution”, que logra el Premio de la BAFTA al mejor programa dramático. John Schlesinger también dirige varias obras para la Royal Shakespeare Company y el National Theater, entre las que pueden mencionarse “Timón de Atenas”, “Hearthbreak House”, “Julio César” y “True West” de Sam Shepard.

Schlesinger debuta como director operístico en el Covent Garden londinense con una producción de “Los cuentos de Hoffman” protagonizada por Plácido Domingo y, desde entonces, dirige distintas óperas como “El caballero de la rosa” para la Royal Opera House y “Un baile de máscaras”, de Verdi, para la edición del año 1989 del Festival de Salzburgo. En 1970, la reina Isabel II lo honra con el nombramiento de Comander of the British Empire.

 

Pese a los años de estancia en Estados Unidos, John Schlesinger mantuvo para sí dos casas: una en California y otra en el Reino Unido, pues siempre se consideró británico y mantuvo su condición de residente extranjero en la Unión Americana. Muere en California el 28 de julio del 2003.

*: Parte de la semblanza del cineasta está rescatada del Diccionario de Directores publicado por Ediciones JC, publicado en 1992 en Madrid, España y de información contenida en la página de la internet: http://movies.filmax.com/algocasiperfecto/director.htm

FILMOGRAFÍA.

1962 Esa clase de amor (A Kind of Loving).
1963 Billy, el embustero (Billy Liar).
1966 Darling (Darling).
1967 Lejos del mundanal ruido (Far from the Madding Crowd).
1969 Cowboy de medianoche (Midnight Cowboy).
1971 Domingo, maldito domingo (Sunday, Bloody Sunday).
1974 Como plaga de langosta (The Day of the Locust).
1976 Marathon Man.
1979 Yanquis (Yanks).
1981 Honky Tonk Freeway.
1984 El juego del halcón (The Falcon and the Snowman).
1987 Los creyentes (The Believers).
1988 Madame Sousatzka (Madame Sousatzka).
1990 De repente, un extraño (Pacific Heights).
1992 El Inocente (The innocent).
1996 Ojo por ojo (Eye for an Eye).
2000
Algo casi perfecto (The Next Best Thing).

Luis Arrieta Erdozain

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