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	<title>Cineclub Viena 294</title>
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	<description>Centro cultural y cine de arte</description>
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		<title>Cineclub Viena 294</title>
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		<title>Juego Veneciano (The Comfort of Strangers). Estados Unidos-Italia, 1990, de Paul Schrader.</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 16:18:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chessryu</dc:creator>
				<category><![CDATA[1990]]></category>
		<category><![CDATA[Christopher Walken]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
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		<description><![CDATA[¡No  te metas con mi cucu!
por Luis  Arrieta Erdozain
Del big close-up de un capricho textil veneciano, la lente de la cámara emula los movimientos  parsimoniosos y decididamente exploratorios de una góndola en el recorrido de  los interiores de una casa que se adivina de rancio abolengo. Tras el recorrido  por [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=61&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"><strong>¡No  te metas con mi <em>cucu</em>!</strong></p>
<p align="right"><strong>por Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
<p>Del <em>big close-up</em> de un capricho textil veneciano, la lente de la cámara emula los movimientos  parsimoniosos y decididamente exploratorios de una góndola en el recorrido de  los interiores de una casa que se adivina de rancio abolengo. Tras el recorrido  por varias habitaciones, con el fondo musical del tema principal de la película  (que a este comentarista le evocó por momentos resonancias de <em>“Anónimo veneciano”</em>, sin dejar de tener  su personalidad muy propia), la larga y lograda secuencia culmina con la toma  de una luna con colores incendiarios que preanuncian el amanecer.</p>
<p>Tras este sugerente planteamiento acústico-visual  introductorio del cineasta Paul Schrader, luego sucedido por un curioso  monólogo en <em>off</em> de alguien que  recuerda episodios de su infancia, queda establecida cierta semilla de  extrañeza, a la cual sigue la ilustración suficiente de la tibieza rutinaria por  la que atraviesa la relación de la pareja formada por Mary Amway (Natasha  Richardson, a quien Schrader ya había convocado para su <strong><em>Patty Hearst</em></strong>) y Colin  Mayhew (Rupert Everett, al cual recordamos en films como <strong><em>Shakespeare enamorado</em></strong>,  1998, o <strong><em>La boda de mi mejor amigo</em>, </strong>1997), quienes experimentan un poco  de hastío no confeso uno respecto del otro. El cineasta boceta la situación en  medio de esa inmensidad de plenitud que fue Venecia (hoy vestigio aún incólume,  si bien anegada en su propia grandeza de otrora), privilegiando las situaciones  con ausencia de luz o muy poca, el gobierno de los interiores, etc. Con otro  tipo de tratamiento al del tema principal, la música se afana por ser un tanto  socarrona, con auras y reflejos entre que exóticos y de cierto misterio. La  parsimonia intrínseca al ritmo narrativo impreso vía montaje (sin prisa ninguna  en sus cambios de cuadro y escenas), anticipa de algún modo lo por venir, como  ciertos vientos arrachados lo hacen con la lluvia. Los tintes son de sensualidad y  de misterio. En este marco, apenas percibida aunque reiterada, se produce la  presencia de un hombre siempre ataviado de traje blanco con zapatos negros (<em>Robert</em>, interpretado muy en el tono  justo, sin desbordarse, por un impecable Christopher Walken), quien toma fotos  en película blanco y negro a la pareja y cuyos “clics” se dramatizan tanto  visual como acústicamente a cuadro sin mayor explicación … además de que esto  no ha sido percibido por los propios retratados. Ello, el no conocimiento de  los personajes respecto de que son sujetos de atención del fotógrafo, así como  el hecho de que el espectador atestigüe lo que sucede, abona a favor de un  ambiente de misterio que, se sospecha, será develado conforme la acción  transcurra … algo que desde luego será, en el más positivo de los casos,  inquietante.</p>
<p>Tanto Mary como Colin son dignos abanderados de la  característica <em>flema</em> inglesa. Ella,  una Natasha Richardson que aparece con un cabello rizado un tanto libérrimo,  comparte el tipo de una belleza chata, un atractivo opaco aunque apantallante,  como el de su paisana Glenn Close en <strong><em>Atracción fatal</em></strong> (en otras palabras:  está <em>“mona”</em>, pero hasta ahí). Su  contraparte masculino posee atributos análogos, si bien su altura extrema le  hace parecer un tanto desgarbado, más aún en este caso en que están de  vacaciones. Ambos están buscando darle una nueva, quizá última, oportunidad a  su relación, al recurrir otra vez a la magia veneciana en medio de la cual se  conocieron y a partir de la cual han tratado de asumirse como pareja los cuatro  años más recientes. La mayor expresividad que logra Colin en este primer trecho  del film es cuando le decir a Mary: “”Me gustas porque siempre me haces  preguntas difíciles; porque siempre me pones a prueba” … que, ciertamente, no  podríamos catalogarlo como un arrebato de pasión. Todo se mantiene en este  talante hasta que se produce el encuentro digamos que “fortuito”, en que al  abrigo de la noche y perdidos en callejuelas venecianas, aparece el personaje  güero de blanco (el <em>alguien</em> –como  antes anoté- que ha estado a la caza de esta oportunidad), quien se ofrece a  conducirlos a un restaurante donde acaba embriagando a la pareja,  atolondrándola con un monólogo de cuyo principio ya tenemos noticia desde el  comienzo del film … por alguna causa -de la que no se informa al espectador-,  de repente vemos a esta pareja hambrienta, aturdida por el consumo etílico sin  alimento y deambulando por las calles laberínticas de una ciudad que no conocen  … hasta que el cansancio los vence y acaban por dormir al aire libre. Es claro  que ha sido tendida una primera madeja en torno a ellos. Los presagios en el  ambiente, los acordes musicales sugieren que es el comienzo apenas de un  torbellino sobre el que quizá no siempre se tendrá control.</p>
<p>Este es el marco atmosférico en el que se produce el  siguiente diálogo de la pareja en una de las cafeterías al aire libre del la  Plaza de San Marcos. Mary, la oriunda de Bristol le dice a él, perfecto <em>paisa</em> londinense:</p>
<blockquote>
<li>“No sé por qué vinimos.</li>
<li>Ya habíamos estado aquí.  ¿Por qué volvimos?</li>
<li>De hecho, sí sé por qué  vinimos: esperábamos descubrir qué hacer, qué hacer respecto de lo nuestro … ¿y  bien? ¿Lo descubriste? Yo no. Quiero irme a casa, estar en mi cama con mis  niños. Quizá tú sí has decidido qué es lo que quieres. ¿Qué quieres hacer?</li>
<li>(Silencio).</li>
<li>¿Es así?</li>
<li>No …”.</li>
</blockquote>
<p>Colin trata de sobrellevar las cosas, si bien no tiene  muy en claro para dónde van ambos como pareja. De repente, de nuevo en forma al  parecer casual, los descubre Robert. Trata de mostrarse preocupado por las  molestias e incomodidades que vivieron sus recién conocidos y, a modo de  compensación, les ofrece albergarlos en su palacete, pidiéndoles que no  regresen al hotel. Él y su esposa buscarán atenderlos como se merecen. Y ya de  aquí para adelante, será el juego del gato con el ratón el que practiquen  Robert y Caroline (Helen Mirren), respecto de la pareja, mediadas bebidas, y  barbitúricos suministrados <em>a la malagueña</em>:  nunca se explica –ni Mary ni Colin se preocupan por esclarecer- cómo es que se  despiertan de pronto desnudos, entre las sábanas de la cama de la recámara en  que han sido instalados, ni quién o quiénes les desvistieron y por qué no saben  dónde se encuentran sus pertenencias … ni por qué, luego de bañarse y vestirse,  se enteran de que fueron observados cuando dormían y la razón por la que “el  bocado” más socorrido por los anfitriones resulta ser Colin. La obsequiosidad  excesiva de Robert y Caroline recuerda, si, a la por demás interesada de los  vecinos de Rosemary en el edificio Dakota de <strong><em>El bebé de Rosemary </em></strong>(la  pareja de brujos ancianos de apellido Castevet). Asimismo, ciertos ambientes  recargados y el cromatismo dominante en esta parte recuerdan a <strong><em>Ojos  bien cerrados</em></strong> de Stanley Kubrick. Como también hay cierta sordidez  humana y en los placeres, la evocación con otro film de Roman Polanski –<strong><em>Bitter  Moon</em></strong>- pareciera inevitable. El caso es que en este juego de asedio, con  cada vez más marcados roles de víctima-victimario, se confiere sentido a una expresión  de Caroline cuando afirma: “Estamos del otro lado del espejo”.</p>
<p>A la pareja de Mary y Colin, el hecho de verse  amenazada y en riesgo, con su relación pendiendo de un hilo, hace que se  despierte en ellos una pasión inaudita que, como era su propósito  al ir a Venecia, refresca y reanima sus vínculos como pareja: como si el agua –en  tanto símbolo de eros-, consiguiera finalmente expresarse a través de los  canales y vericuetos venecianos en beneficio de la fortificación de aquello que  da su sentido a la pareja como tal. Pero bueno, cuando menos se lo espera uno,  el film se resuelve de modo inesperado y fulminante, luego de episodios de  sensualidad, olvido, locura y reencuentro: la soberana enfermedad mental de uno  de los cuatro, de avenidas mentales y retruécanos tan laberínticos y  misteriosos como acaso son los venecianos, aplica la tesis frommiana respecto  de cuando el amor productivo no puede acrisolarse: entonces el instinto de  destructividad habrá de dominar, en grados menores o sumos, como una expresión  de aniquilamiento a aquello que no tiene posibilidad ninguna de ser, consolidarse  y sostenerse como amor productivo. En este sentido, para plantear de modo fino  y sin chabacanerías asuntos tales, resultó ideal una pareja de talentos  avispados como la que integraron para este film Paul Schrader en la dirección y  el laureado Harold Pinter en la concepción del guión cinematográfico a partir  de la novela de Ian McEwan …</p>
<p>Sin ser maravillosa, pues, <strong><em>Juego Veneciano </em></strong>logra  niveles de interés profundo y reflexiones post-cinematográficas de muy diversa  índole en quienes la contemplamos.</p>
<p><strong>FICHA  TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>Juego  Veneciano (The Comfort of Strangers</em></strong><strong>).</strong><strong> </strong>Estados Unidos-Italia, 1990.<strong> Dirección: </strong>Paul Schrader;<strong> Guión: </strong>Harold Pinter,  basado en la novela de Ian McEwan;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Angelo Baladamenti; <strong>Fotografía en color:</strong> Dante  Spinotti; <strong>Edición: </strong>Bill Pankow; <strong>Con: C</strong>hristoper Walken (<em>Robert</em>), Rupert Everett (<em>Colin  Mayhew</em>), Natasha Richardson (<em>Mary  Conway</em>), Hellen Mirren (<em>Caroline, </em>esposa  de<em> Robert</em>), Manfredi Aliquo (conserje  del hotel), Fabrizzi  Conghiari (el  barman), Giancarlo Previati (primer policía), Antonio Serrano (segundo policía)  y Mario Cotone (detective), entre otros. <strong>Duración:</strong> 107 minutos.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>PAUL SCHRADER</strong> nace en Grand Rapids, Michigan,  Estados Unidos, el 22 de julio de 1946. Fue educado y formado bajo la estricta  disciplina de la Iglesia Cristiana de Reforma de inspiración calvinista (su  familia es de origen holandés), merced a lo cual Paul fue<em>“preservado”</em> de ver cine por buen  tiempo: degustó su primera película –imagínese usted nomás- hasta los quince  años de edad … claro, después de ello, Paul se ha mostrado afanoso por  recuperar, al menos en parte, mucho de su tiempo perdido en este campo. Sin  embargo, tal credo transladado a la vida cotidiana, como era de esperarse,  marcó de modo señalado la infancia y juventud, no se diga la sensibilidad y  aspectos finos de la cosmovisión, de tan brillante escritor como cineasta.</p>
<p>Estudió Teología y Filosofía, además de cine. Primero  se dedicó a la crítica y análisis cinematográfico en Los Angeles, California.  Publica en 1972 un libro que resultó muy influyente: <em>Estilo trascendental en cine. Ozu, Bresson, Dreyer.</em> Después,  descolla como un enterado, sensible y talentoso guionista, actividad en la que  ha destacado tan señaladamente. Su primer libreto fue co-escrito con su hermano  Leonard (tiempo después autor del laureado guión de <strong><em>El beso de la mujer araña</em>, </strong>1985,  basado en<strong> </strong>la novela de Manuel Puig)  y Robert Towne, en el cual se desarrolla un <em>thriller</em> del bajo mundo japonés para <strong><em>Yakuza</em></strong> (<strong><em>The Yakuza</em>,</strong> 1975), dirigida  por el ya finado Sidney Pollack.<strong> </strong></p>
<p>En 1976, Paul Schrader efectúa su primera colaboración  como guionista con Martin Scorsese, con la creación del argumento y guión  cinematográfico de <strong><em>Taxi Driver</em></strong>, film ganador de la Palma de Oro del Festival de  Cannes de ese año<strong>:</strong> una contribución  fenomenal al séptimo arte, en opinión de quien esto suscribe (los otros dos  libretos para films de Scorsese son, ni más ni menos, el de <strong><em>Toro  Salvaje</em></strong>, 1980, y <strong><em>La última tentación de Cristo</em></strong>, 1988,  a partir de la novela de Nikos Kazantzakis). También es notable su guión para<strong><em> Obsesión</em></strong> (1976, dirigida en los tiempos en que Brian De Palma <em>todavía era</em> Brian De Palma, con Cliff Robertson y Genevieve Bujold  en los estelares … amén de música del gran Bernard Herrmann). Entre principios  de los setenta y comienzos de los ochenta, escribió y/o dirigió una decena de  películas.</p>
<p>Su debut como cineasta se produce con <strong><em>Blue  Collar</em></strong> (1977, co-escrita con su hermano), un envolvente relato sobre la  explotación a que son sujetos obreros en Detroit. Luego realizaría guiones como  los de soporte a <strong><em>Rolling Thunder</em></strong> y <strong><em>Al límite</em></strong> (1999).<strong> </strong>Dirige por su cuenta y riesgo<strong> <em>American  Gigolo</em></strong> (1979) y <strong><em>El beso de la mujer pantera</em></strong> (<strong><em>Cat  People</em></strong>,1981): en el primer caso catapulta a los primeros planos como  gran histrión y una suerte de <em>sex symbol</em> al simpático Richard Gere. La banda musical corre a cargo del entonces muy de  moda Giorgio Moroder; en el segundo, se roba escena, pantalla y todo lo demás  la hermosura esplendente de Natasha kinski en el protagónico (sí: la hija del  gran Klaus; sí: la protagonista de <strong><em>Tess</em></strong> -1979- de Roman Polanski). Es un <em>remake</em> del clásico de Jacques Torneur <strong><em>La mujer pantera</em></strong>, 1943.  El co-protagónico corre a cargo de Malcolm McDowell.</p>
<p>Otros títulos que refieren bien la obra del inquieto  Schrader, distintiva en su interés por examinar con detenimiento e inventiva  historias de la vida real y temas sociales controvertidos, son: <strong><em>Hardcore,  un mundo oculto</em> (<em>Hardcore</em>,</strong> 1978), <strong><em>Mishima</em></strong> (1985, en una aproximación épica la verdad no muy  lograda a la vida del turbulento y <em>sui  generis</em> literato nipón), <strong><em>Light of Day</em></strong> (1986), también  conocida como <strong><em>Rock Star</em>,</strong> en que se narra la historia de los hermanos Joe y  Patty, quienes viven en un suburbio industrial de los Estados Unidos. Ellos  tocan en el grupo musical The Barbusters, pero como ella es madre soltera, la  moral conservadora de su familia buscará separar a los hermanos y al hijo de  ella del mundo de la música, pues lo consideran inestable y peligroso para  ellos. Vienen luego <strong><em>Patty Hearst</em></strong> (1988, también con Natasha Richardson, co-estelar  en <strong><em>Juego  veneciano</em>)</strong>, en la que Paul Schrader aborda el tema del terrorismo.</p>
<p>En 1990 dirige la que ocupa al presente artículo: <strong><em>Juego  veneciano</em>,</strong> una película inquietante de atmósferas sugerentes y  enrarecidas. Le sucede <strong><em>Traficantes</em></strong>, también conocida como <strong><em>Posibilidad  de escape</em></strong> (<strong><em>Light Sleeper</em>,</strong> 1991) en que ilustra el intento de un par por  desvincularse del mundo del negocio de las drogas que, según se consigna sin  crédito en la ficha de Paul Schrader de Videomanía (<a href="http://www.videomaniaticos.com">www.videomaniaticos.com</a>), “… junto a los guiones de <strong><em>Taxi  Driver</em></strong> y <strong><em>Gigoló Americano</em></strong>, tomados como una trilogía, componen un  resumen de sus intereses temáticos dominantes”. <strong><em>Cazador de brujas </em></strong>(<strong><em>Witch  Hunt</em>,</strong> 1994), con Dennis Hooper, Eric Bogosian y Penelope Ann Miller,  retoma la figura de uno de los literatos de culto del fantástico de terror al  poner al detective Howard Phillips Lovecraft bajo los servicios de la actriz  Kim Hudson para esclarecer un caso en que se entremezclan la caza de brujas y  la brujería como tal. Dos años después acomete el mundo de <em>lo sobrenatural</em> desde una perspectiva diferente al abordar en <strong><em>Touch</em></strong> (1996), el caso de un franciscano que cuelga los hábitos y, a partir de ello,  se descubre con el don de sanación vía la imposición de sus manos. En <strong><em>Aflicción</em></strong> (<strong><em>Affliction</em>,</strong> 1997), congrega a un reparto de primera que incluye al notable Willem Dafoe,  Nick Nolte, James Coburn y a Sissy Spacek, en una trama en que la muerte de un  sindicalista cambia radicalmente la vida de un sheriff, el cual –contra todas  las opiniones- piensa que no fue accidental. James Coburn en el papel de su  padre y Nick Nolte como el obcecado guardián de la ley, despliegan un memorable  duelo de actuación que le valió al primero una nominación al Oscar a Mejor Actor  y al segundo la estatuilla al Mejor Actor de Reparto. Luego de ello dirige <strong><em>Forever  Mine</em></strong>(2001), historia del amor que vive Alan Ripley con la esposa de un político siniestro quien, al  enterarse de la situación no sólo lo manda a la cárcel sino que intenta  provocar su muerte … sólo el tiempo, con el curso de los años, podrá poner o no  las cosas en su lugar … En tanto, <strong><em>Desenfocado</em> (<em>Auto Focus</em>,</strong> 2002) retoma el caso de Bob Crane, quien se hiciera  famoso en la segunda parte de la década de los sesenta y principios de los  setenta por su participación en la teleserie “Los héroes de Logan”. Él se valió  de su fama para inclinar en su favor numerosas relaciones amorosas con mujeres.  Luego de la exhibición de hazañas tales en un video realizado por John  Carpenter, aparece asesinado en un motel de Scottsdale, Arizona en 1978 … se  piensa, pues, que hay conexión entre antecedente y consecuente …</p>
<p>Sobre <strong><em>Dominion</em></strong>(<strong><em>Dominion: Prequel to The Exorcist</em>,</strong> Estados Unidos, 2005), se anota en la columna <em>“Cine en TV”</em> del suplemento <em>Primera  Fila</em>, p. 29, del periódico <em>Reforma</em>:  “La casa productora Morgan Creek le encargó a Schrader esta esperada ‘precuela’  de <strong><em>El  Exorcista</em></strong> (Friedkin, 1973), pero al ver el primer corte del film los  ejecutivos, horrorizados, terminaron enlatando la película. La compañía  contrató entonces al churrero Renny Harlin, quien hizo su primera versión: <strong><em>El  Exorcista, El Comienzo</em></strong> (2004) pero, ¡oh, paradoja comercial!: la  película de Harlin fue un fracaso ante la crítica y la taquilla de todo el  mundo, por lo que al grito de ‘de lo perdido, lo que aparezca’, se ‘desenlató’  la versión de Schrader que, aunque no es muy lograda que digamos (interesante  en su primera hora, un desastre en la segunda), resulta de todas maneras mucho  más visible que el soporífero churro de Harlin. Para los admiradores de Paul  Schrader –entre los que me encuentro- es obligatoria”.</p>
<p>Paul  Schrader  está casado con la actriz Mary Beth Hurt.</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1977          <em>Blue  Collar</em>.</strong></p>
<p><strong>1978          <em>Hardcore,  un mundo oculto</em> (<em>Hardcore</em>).</strong></p>
<p><strong>1979          <em>American  Gigolo</em>.</strong></p>
<p><strong>1981          <em>El  beso de la pantera</em> (Cat People).</strong></p>
<p><strong>1985          <em>Mishima</em> (<em>Mishima: A Life in  Four Chapters</em>).</strong></p>
<p><strong>1986          <em>Light of Day</em> (</strong>también es conocida como <strong><em>Rock Star</em>).</strong></p>
<p><strong>1988          <em>Patty Hearst</em>.</strong></p>
<p><strong>1990          <em>Juego veneciano </em>(<em>The Comfort  of Strangers</em>).</strong></p>
<p><strong>1991          <em>Traficantes</em>/<em>Posibilidad de </em>escape (<em>Light Sleeper</em>)<em>.</em></strong></p>
<p><strong>1994          <em>Cazador de brujas</em> (<em>Witch Hunt</em>).</strong></p>
<p><strong>1996          <em>Touch</em>.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1997          <em>Aflicción</em> (<em>Affliction</em>).</strong></p>
<p><strong>2001          <em>Forever Mine</em>.</strong></p>
<p><strong>2002          <em>Desenfocado </em>(<em>Auto Focus</em>).</strong></p>
<p><strong>2005          <em>Dominion</em> (<em>Dominion: Prequel  to The Exorcist</em>). </strong></p>
<p><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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		<title>Los Infiltrados (The Departed). Estados Unidos, 2006, de Martin Scorsese.</title>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2009 20:55:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chessryu</dc:creator>
				<category><![CDATA[2006]]></category>
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		<category><![CDATA[Jack Nicholson]]></category>
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		<category><![CDATA[Matt Damon]]></category>

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		<description><![CDATA[Información es poder
(y el poder de poder informar a como de lugar).
por  Luis Arrieta Erdozain


A Óscar Mayorga Dardón, O. P., con quien me  hermana una profunda amistad, el amor por el buen cine, el CUC … y la alegría  de la publicación de su opera prima como novelista: Las tardes con la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=59&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><strong>Información es poder<br />
(y el poder de poder informar a como de lugar).</strong></p>
<p style="text-align:right;"><strong>por  Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
<p style="text-align:left;">
<hr />
A Óscar Mayorga Dardón, O. P., con quien me  hermana una profunda amistad, el amor por el buen cine, el CUC … y la alegría  de la publicación de su <em>opera prima</em> como novelista: <em>Las tardes con la abuela</em>.</p>
<hr />
<p>Posicionado  como un versátil y brillante cronista de la ciudad de  Nueva York, su magia, encantos y aspectos  sórdidos, con un estilo y por caminos diferentes a los manejados por Woody  Allen, Martin Scorsese ha demostrado simpatía por las minorías etnográficas,  nacional-idiosincrásicas, en ocasiones marginales que por ahí se asentaron en  el curso de los siglos luego de aquello del descubrimiento de América (si bien  su interés más señalado es lo ocurrido en este sentido en el curso del propio  siglo XX, con eventuales guiños a la segunda mitad del XIX). Tal es el caso de  sus films sobre personajes y situaciones de los ítalo-americanos (así se llama  un mediometraje documental biográfico que hizo sobre su familia y raíces, con  énfasis diferentes a los presentes en la obra más personal de Francis Ford  Coppola, su <em>paisa</em> y buen amigo), así como luego  también lo hará en lo que toca a los irlandeses. A guisa de ejemplo de esto  último, sólo recuérdense películas como <strong><em>Pandillas de Nueva York</em> (<em>Gangs of New York</em>,</strong> 2002<strong>)</strong> o bien el film que nos ocupa, inspirada en <strong><em>Héroes infernales</em></strong> de Andrew Lau y  Alan Mark.</p>
<p>Ahora  retoma el tratamiento de historias y grupos entre que gangsteriles y mafiosos …  con una regla básica inalterable como respaldo a la credibilidad de sus  argumentos: sobrevivirá el más fuerte, el más hábil, el más inteligente, el más  des-almado … o, en todo caso, aquel a quien la suerte le sonría de mejor modo  (algo no muy diferente a la ley de la calle que luego inspira tanto a formas  del crimen organizado). Aquí no hay muchos principios fuera de los que privan  en el bajo mundo, los de la realidad brutal que animan cotidianamente las  corrientes de la poliforma vida del <em>underground </em>urbano:  regional, estatal, nacional e internacional que Scorsese describe con pasión y  desde una perspectiva distinta a aquella a la que se dirigen balas, golpes,  bombas o moquetes. Cada minoría (respecto de la etnia de raza blanca dominante,  por supuesto), tendrá que ganarse su propio lugar (pedirlo no basta). Así, el  film que nos ocupa se encuentra mucho más cerca del <em>ánima </em>de <strong><em>Pandillas de Nueva York</em></strong> de lo que  pudiera parecer a primera vista.</p>
<p><strong><em>Los infiltrados (The Departed</em></strong><strong>)</strong>, vigésimo  cuarto largometraje en la obra del (gracias a Dios … y a él) fértil Martin  Scorsese, realizada  en el 2006 y considerada la mejor película del año por la Academia de Hollywood  (creo que el lector concordará que no era para tanto, pero era ya una deuda  impostergable el reconocimiento al cineasta en este sentido que se le había  negado anteriormente con otras de sus obras más redondas), sitúa su acción  -“Hace unos años”, se indica por escrito en la pantalla- en la ciudad de Boston  en el estado de Massachussets de la Unión Americana, ilustrando el modo como un  policía novato (Billy Costigan, interpretado por Leonardo DiCaprio), luego de  haber crecido en barrios donde florece el crimen organizado urbano, es  comisionado para infiltrarse en la mafia operada por Frank Costello (familiar  del propio Costigan, interpretado espléndidamente   –<em>as usual,  of course</em>- por Jack Nicholson). Su trabajo consiste en hacerse de  las confianzas cercanas de Frank y coadyuvar así a la investigación emprendida  por sus jefes policíacos (interpretados por Mark Wahlberg y Martin Sheen) para  poder atraparlo y refundirlo tras las rejas. Costello por su parte, hombre  especialmente inteligente y casi despiadado, ha infiltrado a otro muchachón de  sus confianzas como oficial dentro del cuerpo de élite de la Unidad de  Investigaciones Especiales (Matt Damon, quien caracteriza al capitán Colin  Delarby). Se trata, pues, de una trama de espionaje y contraespionaje en que,  como dicta la sentencia (más inobjetablemente que nunca): <strong>información es poder.</strong> Ya de ahí derivarán  movimientos sucesivos en las piezas del ajedrez despiadado, violento y  sangriento que despliegan <em>los señores de la  guerra</em> en la solución de las situaciones que toca en su desarrollo  el <em>corpus</em> del film.</p>
<p>En un  comentario breve a <strong><em>Los infiltrados</em></strong>, se apunta en el programa mensual de la Cineteca Nacional de México,  en su edición correspondiente a noviembre del 2008: “… Scorsese (…) retoma así  su pasión por la épica criminal, con una reflexión sobre la violencia  institucional y la corrupción que, en aras de mantener su poder, despojan a los  individuos hasta de su propia identidad”. Tal pérdida de identidad se produce  porque los infiltrados quintacolumnistas <strong>han  de representar cotidianamente</strong>, con la mayor verosimilitud posible  (so pena de abortar su misión y, consecuentemente, morir en el intento) <strong>que son lo que no son</strong> o, en todo caso, han  empezado a dejar de ser. Han de lograr, pues, en quien deposita en ellos su  confianza (sea la unidad de élite policial o el capo mafioso bostoniano,  dependiendo), la mayor credibilidad … a prueba de fisuras y sospechas de todo  género, pues.</p>
<p>Todo ello muy consistente, desde luego, con lo  que podía avisorarse ya desde sus primeros y poderosos films, como se consigna  en el <em>dossier</em> para la prensa de  Artistas Unidos con motivo del lanzamiento de <strong><em>Toro </em>salvaje:</strong> “Su éxito ha abonado en  parte como resultado de su descendencia étnica ítalo-neoyorquina, su gran  preocupación por la violencia sin razón en nuestra sociedad y el modo como él  se identifica con personas que se sienten intrusas, como en un ambiente  diferente al de ellos (<em>aunque</em> <em>no sea así, agrega este servidor</em>) … Los  trabajos de Scorsese se distinguen por su realismo creíble, emociones  espeluznantes y una habilidad portentosa para proyectar las frustraciones de  las personas incapaces de comunicarse (<em>resultan  concluyentes en este sentido</em> <strong><em>Taxi Driver</em>,</strong> <strong><em>New York, New York</em>, <em>El aviador</em></strong> <em>o</em> <strong><em>Toro  salvaje</em>,</strong> <em>por ejemplo</em>).  En casi todas sus películas, hay algo autobiográfico: se crió en calles en las  que las peleas con frecuencia era el modo como se resolvían los problemas  cotidianos … las cuales no pocas veces derivaban en hechos de sangre. Las  marcas son profundas. De ahí que, en el cine de Scorsese, la ciudad de Nueva  York se constituya en una constante: “Quiero a esta ciudad y me gusta lo bueno  y lo malo de ella. Nueva York es como un personaje en casi todas mis  películas”. Martin admite que la violencia siempre le produce miedo pero, por  contraparte, se siente fascinado con ella, especialmente porque a veces no  tiene objeto alguno. En una ciudad como Nueva York, suele surgir cuando menos  lo piensa uno. Al respecto, apunta Scorsese: “Cuando buscábamos escenarios  exteriores para <strong><em>Toro  salvaje</em></strong> por el Centro Lincoln, ya había concluido la  presentación de la compañía de ballet y unas mujeres cruzaban la calle para  tomar el autobús. De repente, un hombre enorme se acercó a una anciana y sin  más le propina un golpe en la boca; la chica junto a ella comenzó a gritar y a  llorar. El individuo dio  vuelta y siguió  caminando como si cualquier cosa. <span style="text-decoration:underline;">Violencia sin propósito</span>. Pero si nos  adentramos en la cabeza de ese hombre e indagamos su personalidad, quién sabe qué  encontraríamos”. Sobre sus primeras estupendas películas, refiere Scorsese: “Me  gusta que mis películas tengan un tema. En varias de ellas, se perfila el caso  del intruso luchando para que se le reconozca. En <strong><em>Calles peligrosas</em>,</strong> Charlie era un  intruso, como lo es también Johnny Boy, el personaje que interpreta De Niro.  Johnny Boy quería acabar con la sociedad. Alice (<em>la de</em> <strong><em>Alicia  ya no vive aquí</em></strong>) también es una intrusa y sobre todo Travis  Bickle, el taxista … pensándolo bien, creo que toda mi vida he sido un intruso  sin reconocerlo”. Y bueno, qué decir al respecto con lo que sucede en <strong><em>Cabo del miedo</em></strong> (1991), donde ha lugar esa atmósfera de gran <em>suspense</em>,  con un para no variar magnífico Robert De Niro (ahora como el ex-convicto <em>Max Cady</em>), quien quiere vengarse del  abogado Sam Bowden (interpretado por Nick Nolte), pues considera que no lo  defendió como debía en un juicio en que, por golpear y violar a una jovencita  de dieciséis años, lo refunden tres lustros en <em>el  bote</em>. Este film, como se sabe, es <em>remake</em> del dirigido en 1962 por J. Lee Thompson, estelarizado entonces por Robert  Mitchum y Gregory Peck. Scorsese, en esta nueva versión de casi cuarenta años  después, decidió asignar a ambos actores un pequeño papel en la cinta. Fue la  última participación como el gran actor de cine que fue de Gregory Peck …</p>
<p>La información referida es importante para  contextuar lo que pareciera un despliegue inmisericorde y machacón de violencia  gratuita: <strong><em>Los  infiltrados</em></strong> es una suerte de reflexión que se levanta como por  arte de una grúa de filmación por encima de las andanadas de balazos y peleas,  de golpes bajos y agresiones, de juego de señores de la guerra y ajedrez … y <em>ahí sí</em>, como que va aquello de que <em>mi hija baila con el señor</em>. Además, aquí  los intrusos son despojados de su propia identidad, de sus valores, son gente  obediente hasta la muerte a los afanes y dictados de sus protectores. Un  diálogo entre los personajes encarnados por Nicholson y DiCaprio, entre el  viejo hampón que disfruta su poder y el joven ambicioso por escalar a la cima, resulta  por demás esclarecedor:</p>
<p>-“Mucha gente tuvo que  morir para que yo fuera yo. Tú … ¿quieres ser yo?</p>
<p>-Sí, probablemente podría  ser tú. Sí, eso lo sé … pero yo no quiero ser tú. No quiero ser tú.</p>
<p>- …Porque la corona pesa,  y ese tipo de cosas …</p>
<p>- Sí, sí”.</p>
<p>Sin embargo, es de llamar la atención que los  juegos y rejuegos de <em>inteligencia</em> aquí presentados (incluido el nuevo papel táctico que pueden llegar a jugar en  determinadas acciones los teléfonos celulares), parecerían los vigentes durante  la llamada <em>guerra fría</em>. A su desaparición, ésta se vuelve intestina en  centros de poder mundial como son los Estados Unidos y, dentro de esta compleja  y multivariada sociedad, los diversos poderes de facto que operan en su  interior y sobreviven a pesar de los embates de sus opositores. Frases que se  sueltan en la primera parte del film, resultan elocuentes a este respecto:  “¿Qué pasa en este país? ¡Todos odian a todos!”; “El problema es quién es  confiable en esta época”; “Nadie te regala nada; todo tienes que arrebatarlo”.</p>
<p>Otro aspecto a considerar –en tanto constante-  es que lo abordado en los films de Scorsese pareciera asunto de hombres, las  más de las veces muy machos, en tanto las mujeres, salvo honrosas excepciones,  ocupan un lugar muy secundario. Para no enfrascarnos en una larga lista que  corrobore la validez de esta apreciación, en <strong><em>Los infiltrados </em></strong>están  presentes la psicóloga novia-amante que acaban compartiendo, Leonardo DiCaprio (<em>Billy Costigan</em>)  y Matt Damon (<em>Colin Delarby</em>); la <em>mujer de uso vigente</em> –por llamarla de algún modo- del ya  septuagenario Frank Costello (Nicholson), a quien parece empezar a <em>querer subírsele a las barbas</em>; la otra es una morena  atractiva que aparece en algún momento al lado de Nicholson y a la que da  grandes cantidades de cocaína (como en la recta final de <strong><em>Scarface</em></strong>),  espetándole que la consuma hasta que se sienta tumefacta, en un gesto de  dominio y desprecio del procurador de la droga respecto del adicto que recuerda  pasajes de inhumanidad como los presentados en <strong><em>Réquiem  por un sueño</em></strong> (<strong><em>Requiem for a Dream</em></strong>)  del año 2000, dirigida por Darren Aronofsky.</p>
<p>Desde el  nivel del guión –solucionado por William Monahan-, parecieran no  suficientemente establecidas las situaciones, merced a lo cual se experimenta  algún grado de confusión respecto de lo que es propio del personaje  desarrollado por DiCaprio de lo que resulta exclusivo para el de Matt Damon.  Quizá contribuye a ello el vértigo del montaje en la solución de dos  situaciones paralelas que de cuando en cuando actúan como vasos comunicantes.  Otro aspecto no logrado, a mi modo de ver, es la irrelevante banda musical  original del film: más al servicio de lo incidental, de producir o reforzar  ciertos efectos o atmósferas que de contar con un valor agregado que la hiciese  memorable en alguno de sus trechos. Esto es de llamar la atención en el caso de  una película dirigida por alguien que tan declaradamente ama a la música y a  algunos de sus creadores e intérpretes, como bien lo avala parte de la obra del  gran ítalo-neoyorquino (ello viene suficientemente referido en el apartado  “Semblanza del cineasta”, incluido en este mismo artículo).</p>
<p>En el que  se constituye como el vigésimo cuarto largometraje de Martin Scorsese y el  tercero encabezado en su reparto por Leonardo DiCaprio (a  quien recomendó el mismísimo Robert De Nitro a Scorsese como un nuevo talento  importante a convocar), podemos concluir que  <strong><em>Los infiltrados</em></strong> es una obra llena de acción, retrato de  submundos que operan como poderes de facto intestinos, que parasitan y enferman  vía corrupción, impunidad y degradación a los centros de poder mundial y que  llevan la inquietante incertidumbre respecto de quiénes gobiernan en la vida  cotidiana el destino de tales naciones y del mundo.</p>
<p><strong>FICHA TÉCNICA.</strong></p>
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<p><strong><em>Los infiltrados (The Departed</em></strong><strong>).</strong><strong> </strong>Estados  Unidos-Hong Kong, 2006.<strong> Dirección: </strong>Martin  Scorsese;<strong> Guión: </strong>William  Monahan,  inspirado en el argumento de la  película <strong><em>Héroes infernales</em></strong> de Alan Mak  y Felix Chong;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Howard  Shore; <strong>Fotografía en color:</strong> Michael Ballhaus; <strong>Edición: </strong>Thelma Schoonmaker; <strong>Con: </strong>Jack  Nicholson (<em>Frank Costello</em>), Leonardo  DiCaprio (<em>Billy  Costigan</em>), Matt Damon (capitán <em>Colin Delarby</em>),  Mark Wahlberg (<em>Dignam</em>), Martin Sheen (<em>capitán Queenan</em>), Ray   Winstone (<em>el sacerdote</em>), Vera Farmiga (<em>Madolyn</em>) y Ray Winstone (<em>French</em>), entre  otros. <strong>Duración:</strong> 151 minutos. El film se hizo  merecedor al Oscar a la mejor película en el 2006.</p>
<p><strong>APUNTE  BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>MARTIN  SCORSESE</strong> nace el 17 de noviembre de 1942 en Flushing, Long  Island, en el estado de Nueva York (Estados Unidos). Según apunta Carles  Balagué en <em>Martin Scorsese</em> (Ediciones JC, Madrid,  España, 1993, pp.11 y ss.): “Es el hijo pequeño del matrimonio formado por  Charles y Catherine Scorsese, descendientes de emigrantes italianos de la  provincia de Catania, llegados a Estados Unidos en 1910. Provenientes en su  mayoría del medio agrario, se muestran esquivos a integrarse en la vida  americana. Viven agrupados en pequeños <em>ghettos</em> cerca  de <em>Elizabeth Street</em>, embrión urbano de la  Pequeña Italia, trabajando como vendedores ambulantes, curtidores de piel,  carpinteros o en talleres artesanales de confección, procurando mantener unida  toda la célula familiar. Todavía aferrados a la &lt;&lt;via vecchia&gt;&gt; de su  moral y costumbres, son vistos con notable recelo por la población americana  que ve en ellos la encarnación del gángster o el agitador social. La ejecución  de Sacco y Vanzetti en 1927, será el punto álgido en la escalada de violencia contra  la comunidad italiana”.</p>
<p>Su barrio  natal se encuentra, pues, en la mejor conocida como <em>Little Italy</em>,  de características tan particulares. Quien transita por sus calles con  sensibilidad abierta puede apercibirse de sus antitéticas y muy particulares <em>vibras</em>, muy propias, muy del rumbo y diferentes de las que  imperan en otras partes del estado de Nueva York, no se diga de algunos de sus  rumbos más representativos como el <em>Village</em>, <em>Soho</em>, <em>Coney Island </em>(donde  se lleva al cabo el encuentro final, al amanecer, entre <em>The Warriors</em> y la banda rival que ha venido buscando borrarla del mapa durante la intensa  noche precedente), la “ciudad satélite” <em>Queens</em>, <em>Brooklyn</em>, el <em>Bronx</em>, etc.  “Radicalmente distinta será la transición entre la primera generación,  representada por los abuelos de Scorsese, y la segunda, formada por sus padres  –continúa Balagué-. Lentamente el grupo va perdiendo sus señas de identidad  para buscar un acomodo rápido en la vida americana. Pese a seguir confinados en  el espacio urbano de la <em>Little Italy</em> (barrio formado por las confluencias de <em>Elizabeth Street</em>, <em>Mott Street</em> y <em>Mulberry  Street</em>), en el <em>Lower East Side</em> de Manhattan, entre <em>Greenwich Village</em> y <em>Chinatown</em>, los hijos de esos emigrantes  inician un acercamiento progresivo que empieza por la utilización del inglés  como lengua propia, casi exclusiva en algunos casos, seguida de una acomodación  anglófila fonética de sus nombres de pila, adaptando su forma de vivir y  comportarse a las modas de los jóvenes americanos. Fieles a sus tradiciones,  aferrados a sus ritos, los ítalo-americanos de la segunda generación siguen una  evolución exterior no siempre acompañada de un cambio moral y social en cuanto  a su comportamiento. Víctimas de cierto fatalismo católico. Subyace en todos  ellos la dialéctica del pecado convertida en ocasiones en una falta o afrenta a  expiar, incluso purgar con el castigo físico; rasgo común a muchos personajes  scorsesianos, desde el Charlie de <strong><em>Calles peligrosas</em></strong> al Jake la Motta de <strong><em>Toro salvaje</em>.</strong> Pese a todo,  ponen los primeros cimientos del más genuino &lt;&lt;american way of life&gt;&gt;. Figuras  como Joe Di Magio, Mario Lanza, Jake la Motta y Frank Sinatra son portavoces  del sentir de esos hijos de emigrantes que desean ante todo ser considerados  ciudadanos americanos, con casos tan extremos como el de Frank Capra (…) Empleados<strong> </strong>como tintorero y modista en una  fábrica de confección, las cosas no fueron fáciles para los padres del director  de <strong><em>Taxi Driver</em></strong>, a quienes una serie de  problemas los llevan a trasladarse desde el <em>Queens</em> a <em>Elizabeth Street</em> en busca de mejores condiciones de vida  para su familia. Hasta la edad de siete años, pues, el pequeño Martin queda  bajo la custodia de sus abuelos que intentan, sin éxito, enseñarle su lengua de  origen”.<strong> </strong></p>
<p>De niño,  algunos afirman que Martin Scorsese tuvo algún   tipo de aspiración religiosa. Cursa sus estudios secundarios en el  Cardinal Hays del Bronx e intenta graduarse en la universidad jesuita de Foudham,  pero sus bajas calificaciones no le ayudan mucho, por lo que encamina sus pasos  hacia la New York University, en donde se inscribe primero en cursos de  literatura inglesa, los cuales abandona pronto por las clases de historia del  cine impartidas por Haig Manoogian (luego consejero de los primeros films de  Scorsese, y a quien dedica <strong><em>Toro Salvaje</em></strong>).  Ahí coincidió con talento emergente que respondía a nombres tales como los de  Brian De Palma, Michael Wadleigh, Jim McBride y Robert Downey, entre otros. De  ahí pa’l real, Martin no tuvo duda ya sobre cuál era su verdadera vocación y  derrotero. Como se apunta en el programa conmemorativo de la 50 Muestra  Internacional de Cine (noviembre, 2008), se apunta a propósito de Martin  Scorsese (quien se hizo presente en tal oportunidad vía <strong><em>Shine  a Light/The Rolling Stones</em>, </strong>2008): “La marginalidad, la  violencia y la religiosidad de su barrio natal, la <em>Little Italy</em>,  marcan su personalidad. Cinéfilo empedernido, egresó del prestigiado  Departamento de Cine de la Universidad de Nueva York en los años sesenta”. Gana  premios regionales por dos films hechos por él cuando aún era estudiante: <strong><em>What’s a Nice Girl like You Doing in a Place Like  This?</em></strong> e <strong><em>It’s Not Just You, Murray</em>.</strong> Luego de ello, contrae matrimonio en 1965 con Lorraine Marie Brennan, enlace  del que nacerá su hija Catherine. Refiero de una vez el récord marital de  Scorsese: se casa de nuevo en 1975 con la escritora Julia Cameron, con quien  procrea a Dominica. A esta unión sigue su boda en 1979 con Isabella Rossellini,  la afamada actriz y periodista. Desde 1985 manda en su casa la productora  ejecutiva Barbara de Fina.</p>
<p>En 1967  –regreso a la génesis de su proyección como cineasta-, una beca de la  Cinemateca Belga, dirigida entonces por Jacques Ledoux, le otorga fondos para  la realización de un cortometraje a color que llevó por título <strong><em>The Big Shave</em>.</strong> Carles Balagué, en la  obra referida, anota al respecto (pp. 22 y 23): “Filmada en 1967, durante un  período especialmente conflictivo para el director que en poco tiempo ha  conocido el fiasco de su primer largometraje, la separación de su mujer y un  problemático futuro profesional, <strong><em>The Big Shave</em></strong> es una visión de la muerte estrictamente personal: un hombre delante de un  espejo se prepara para afeitarse. Cuando empieza a rasurar su barba, una gota  de sangre cae sobre el lavabo. Enseguida, el inmaculado cuarto de baño queda  convertido en el decorado de un film de terror. Todo este ceremonial contiene,  en última instancia, un mensaje político sobre la intervención americana en  Vietnam: ‘Casi me convencí de que era una película contra la guerra de Vietnam,  de que ese tipo que se afeita meticulosamente y que acaba cortándose el cuello  era un símbolo del americano medio de aquel entonces. Fue por las implicaciones  políticas por lo que utilicé como fondo sonoro la versión original de &lt;&lt;ICan’t  Get Started&gt;&gt;, la de  Bundy Berigan de</p>
<p>1939.  Incluso, quería terminar con unas imágenes de archivo sobre Vietnam,  pero eran inservibles’. El cortometraje obtuvo el Prix de l’Age d’Or en el  Festival de Cine Experimental de Knokke-le Zoute”.</p>
<p>Entusiasmado  por lo que experimentaba al dirigir, logra reunir 40,000 dólares, incluidos  $6,000 de sus propios ahorros, cantidad con la que logra producir y dirigir <strong><em>Who’s Knocking at My Door?</em>,</strong> protagonizada por su cuate Harvey Keitel y la <em>ballerina</em> Zena Bethune. Una manera de mantenerse activo cuando no se es aún muy conocido  en una industria como la del cine es haciéndose cargo de la edición o montaje  de las películas de otros. Así lo hizo con <strong><em>Woodstock</em></strong> de Michael Wadleigh (1970), <strong><em>Medicine Ball Caravan</em></strong> de Francois Reichenbach (1971) y <strong><em>Elvis on Tour</em></strong> de Pierre Adidge y Robert Abel (1972) o <strong><em>Minnie and Moskowitz</em> (<em>Así habla el amor</em>, </strong>1971) de John  Cassavetes, entre otras.</p>
<p>En el <em>Diccionario de Directores</em> de Ediciones JC (Madrid, España,  1992, p. 242) se apunta: “Se formó como realizador trabajando para la &lt;&lt;<em>factory</em>&gt;&gt; de Roger  Corman, quien le dio la posibilidad de dirigir su primera película. Antes de  ello, se desempeñó para la CBS como editor, supervisor y ayudante de dirección.  Ocasionalmente, ha trabajado como actor en algunos films tanto propios como de  otros cineastas. También, fue productor ejecutivo de <strong><em>Los  Timadores</em></strong> de Stephen Frears (<strong><em>The  Gifters</em>,</strong> 1990). Tiene contrato en exclusiva con los Estudios  Universal Pictures. Con <strong><em>Toro Salvaje</em></strong> (<strong><em>Raging Bull</em>,</strong> 1980), le negaron el  Oscar al mejor director, aunque lo ganó Robert De Niro como mejor actor, así  como el montaje”. A propósito de De Niro, es sin duda notable la mancuerna  artística que ha formado con Scorsese desde <strong><em>Calles  peligrosas</em></strong> hasta <strong><em>Cabo del miedo</em></strong> en que, como apunta Carles Balagué en la obra citada (p.10): “… Son siete  espléndidos films en que la pareja artística ha sido capaz de asombrarnos en  cada entrega, donde el actor ha sido desde un truhán de la Pequeña Italia a un  campeón de boxeo, pasando por un saxofonista, un taxista con insomnio, un  mitómano imitador de estrellas, un gángster irlandés y un psicópata asesino;  desde luego, no se puede pedir más”.</p>
<p>Scorsese  sabía que, más tarde o más temprano, su trabajo lo llevaría a Hollywood, decide  dejar Nueva York y lanzarse a California en 1970. Se incorporó al <em>cine norteamericano serie B</em> como asistente del productor  Roger Corman, quien le brinda la oportunidad de dirigir <strong><em>Bertha,  ladrona y amante</em> (<em>Boxcar Bertha</em>,</strong> 1972), situación análoga a la que vivieron con sendos films Francis Ford  Coppola y Peter Bogdanovich. Sus primeros largometrajes como cineasta fueron: <strong><em>Who’s that Knocking at my Door?</em></strong> (1968, en la que ya aparece el gran Harvey Keitel encabezando su reparto, como  antes se indicó) y <strong><em>Streets Scenes 1970</em></strong> (1970). <strong><em>Calles peligrosas</em></strong> (<strong><em>Mean </em></strong><strong><em>Streets</em></strong><strong>,</strong> 1973), coprotagonizada por Keitel y Robert De Niro  (como <em>Johnny Boy</em> este último), con aura  marginal y algo del testimonial urbano neoyorquino conoce éxito singular, tanto  en Estados Unidos como en el plano internacional, posicionándolo como una  promesa joven con lo mejor por dar aún, lo que basta para integrarlo al sistema  de Estudios de Hollywood, dentro del cual ha mantenido singular autonomía. Su  siguiente film: <strong><em>Alicia no vive aquí</em></strong> (<strong><em>Alice Doesn’t Live Here Anymore</em></strong> (1974), lo confirma como un cineasta de talento. Luego de ello, quizá sin  proponérselo pero dando ya visos de autor con propuesta personal, Scorsese da  vida a un documental corto sobre la vida de sus parientes y su origen italiano,  titulado <strong><em>Ítalo-americano</em></strong>: fue la obra  mejor recibida y calificada en el Festival Cinematográfico de Nueva York en  1974 … pero donde Martin Scorsese propulsa su obra a niveles de verdadero y  consumado autor en cine es con <strong><em>Taxi Driver</em></strong> (1976), verdadera obra maestra en que a su talento se aúnan sinérgicamente los  del autor del argumento y guionista (en este caso) y también cineasta Paul Schrader,  la música inolvidable del reconocido creador de soundtracks Bernard Herrmann,  la virtuosa fotografía de Michael Chapman, así como el aporte histriónico de  primera a cargo, entre otros notables, de Robert De Niro, Harvey Keitel, Jodie  Foster, Peter Boyle y también Martin Scorsese como actor (en el papel del  nervioso pasajero del taxi de De Niro). <strong><em>Taxi Driver</em></strong> obtuvo la Palma de Oro de Cannes en 1976 (y, por si no se nota, es la favorita  de este comentarista de entre las creadas por Scorsese).</p>
<p>Cuando  concluyó la realización de la harto degustable <strong><em>New  York, New York</em></strong> (1977), con Robert De Niro y Lisa Minnelli en los  estelares, Scorsese acomete en 1978 la dirección del magnífico documental  titulado<strong><em> El último rock</em> (<em>The Last Waltz</em>), </strong>en que acompaña en su gira de despedida  al grupo canadiense de rock <em>The Band</em>. Tras  este notable trabajo que refleja su dominio en este tipo  de cine, que fue presentado en el Festival de  Cannes 1978. acomete con rigor y denuedo los trabajos para su célebre  recreación de la vida del boxeador Jake La Motta, ex-campeón de peso mediano,  mejor conocido en sus tiempos de gloria como <em>“el toro del  Bronx”</em> (nuevo tributo a Nueva York y sus figuras legendarias)a quien caracteriza Robert De Niro, con un trabajo que le  mereció el Oscar al mejor actor principal. <strong><em>Toro Salvaje</em></strong>,  filmada en escenarios naturales de las ciudades de Los Angeles y la de Nueva  York, fue considerada la mejor película estadounidense de los ochenta por la  revista <em>Time</em>. La Motta ascendió de la pobreza en  el Bronx hasta su triunfo apoteósico en el Madison Square Garden para luego  conocer simas que lo llevaron a ocupar una de las celdas en la cárcel de  Florida.</p>
<p>Su gusto  por el rock ha quedado de manifiesto en los documentales ya referidos sobre Bob  Dylan y el grupo <em>The Band</em>, a los cuales se suma <strong><em>Shine a Light/The Rolling Stones</em></strong> (a  lo cual ha menester agregar su trabajo como asistente de dirección y supervisor  de producción de <strong>Woodstock</strong>, dirigida por Michael  Wadleigh, a propósito del mítico concierto de rock pionero, entre otros &lt;&lt;coqueteos&gt;&gt; con el  mundo de la música). Martin Scorsese ha logrado una continuidad prácticamente  ininterrumpida en su carrera. A los títulos anteriores se suman otros tales  como: <strong><em>El rey de la comedia</em></strong> (1982), <strong><em>Después de hora</em></strong> (1985), <strong><em>El color del dinero</em></strong> (1986), la  controvertida<strong><em> La última tentación de Cristo</em></strong> (1988, según la novela de Nikos Kazantzakis y guión cinematográfico de Paul  Schrader), el episodio <strong>“Lecciones de vida”</strong> en la película episódica <strong><em>Historias de Nueva York</em></strong> (1989), <strong><em>Buenos muchachos</em></strong> (1990), <strong><em>Cabo del miedo</em> (<em>Cape Fear</em>,</strong> 1991<strong>)</strong> y <strong><em>La  edad de la inocencia</em></strong> (1993). En ésta, la acción inicia  situándose en la ciudad de Nueva York hacia 1870. Se anuncia el compromiso  entre una joven pareja perteneciente a la alta sociedad de la época: la formada  entre May Welland (Winona Ryder) y el joven abogado Newland Archer (Daniel  Day-Lewis). Aunque se ha fijado una fecha realmente próxima para el enlace, él  aún tiene dudas y vacilaciones, lo cual se acentúa luego de la llegada de la  condesa Ellen Olenska (Michelle Pfeifer), prima de May quien regresa luego de  que naufraga su matrimonio en Europa con un conde polaco … contra lo esperado  entonces, no se guarda con discreción tras su fallida experiencia marital sino  que decide enfrentarse a las buenas conciencias de la sociedad norteamericana  de fines del siglo XIX anunciando que piensa divorciarse. “Por cuestiones  familiares –apunta Carles Balagué en <em>Martin Scorsese</em>,  pp. 175-176- le corresponde a Newland intentar disuadir a Ellen de sus  intenciones. Rápidamente nace entre ambos una mutua corriente de simpatía que,  en el caso de Newland, se transforma en un amor obsesivo que le acompañará  hasta su muerte (…) Publicada en 1920, <em>The Age of Innocence </em> cimentó la carrera literaria de Edith Wharton  (1862-1937), ganadora del Premio Pulitzer al año siguiente (…) Fiel y  escrupulosa crónica sobre el nacimiento de una efímera clase social asentada en  una serie de familias, comerciantes en su mayoría, de ascendencia colonial, con  ramificaciones en Italia, Holanda e Inglaterra, no resulta extraño que ese  cuadro colorista, repleto de referencias al Nueva York de finales del siglo  XIX, acabase interesando a un realizador siempre seducido por los orígenes  etnográficos de su ciudad, como es el caso del mediometraje <strong><em>Italianamerican</em>,</strong> pero sobre todo  atraído por el estudio de cerradas estructuras familiares, provistas de sus  propias reglas, casi sin resquicios para entrar en su interior, donde cualquier  intento de rebelión individual queda desmembrado por la presión de unos lazos  sociales, sanguíneos o de parentesco: ‘Como buen italiano, estoy interesado  por la familia y las he descrito hasta mafiosas. Aquí las familias no derraman  sangre, peo matan igual, psicológicamente, para expulsar el cuerpo extraño,  para salvar su mitad’”.</p>
<p>Siendo como  es <em>lo religioso</em> –más que lo católico- un  resorte existencial en la vida de Scorsese, luego de la ya referida <strong><em>La última tentación de Cristo</em>,</strong> en  1997 da vida a <strong><em>Kundun</em></strong>, bello y notable film  que tuvo el mal tino de ser contemporánea de <strong><em>Siete  años en el Tíbet </em></strong>(<strong><em>Seven Years in Tibet</em>,</strong> 1997) con Brad Pitt en el protagónico. Si de <em>“última  tentación”</em> se trata, en este caso es aplicable a la figura del Dalai  Lama. Según apunta Juan Carlos González Arroyave en (<a href="http://www.ochoymedio.info/review/367/Kundun/"><span style="text-decoration:underline;">http://www.ochoymedio.info/review/367/Kundun/</span></a>) en el  artículo intitulado “La tormenta interior”: “El Dalai Lama en el siglo XX, la  décimo cuarta reencarnación de Avalokitesvara –el Buda de la Compasión- y de  todos sus predecesores, está abrumado. Se siente frágil y solitario, quizá  demasiado humano para sus compromisos espirituales. En un momento dado, llega a  reflexionar y a preguntarle a uno de los monjes si de pronto no se habrán  equivocado con él, que a lo mejor no era el verdadero elegido, ese Kundun  etéreo en cuyos zapatos iluminados no parece encajar, y cuyas responsabilidades  parecen superar lo que un muchacho de dieciocho años es capaz de enfrentar. En  silencio, el Dalai Lama ve a su país derrumbarse, mira a su pueblo sufrir, y a  la vez adorarlo, recuerda su infancia primera y se pregunta por qué se siente  temeroso e indeciso, víctima y a la vez continuador de una estructura religiosa  milenaria que lo ha metido en una jaula de oro. Por eso el Dalai Lama está  abrumado, porque comprende que su estatura es la de un hombre y que, como tal,  sufre y teme. Unos años antes, frente a sus ojos, una carta de su predecesor,  el décimo tercer Dalai Lama, profetizaba que la religión del Tíbet iba a ser  destruida por la China, los monjes del país asesinados, y que él y sus  seguidores tendrían que vagar como mendigos. ‘Qué puedo hacer? Sólo soy un  niño’, les dijo a sus consejeros. Y ellos le respondieron: ‘Usted es el hombre  que escribió esta carta. Usted es el hombre que ha regresado para guiarnos.  Usted debe saber qué hacer …’. Esta figura tan humana es la que perfila y en la  que se centra Martin Scorsese en <strong><em>Kundun</em>”</strong>.  Sin embargo, dicha vinculación del cineasta con lo religioso pareciera  divorciada con los ambientes que muestra tanto en<strong> Pandillas<em> de Nueva York</em></strong> (2002) -en que tantas veces se  maldice con los nombres de Satán- como en <strong><em>Los infiltrados</em></strong>,  en que la única secuencia correlativa muestra a un Jack Nicholson refiriendo  procacidades a una monja y tildando a voz en cuello a unos sacerdotes de  pederastas … sí, quizá está decepcionado.</p>
<p>En 1995,  dirige <strong><em>Casino</em></strong> y en 1999 <strong><em>Vidas al límite</em></strong>(<strong><em>Bringing Out the</em></strong> <strong><em>Dead</em></strong>), película cuyo reparto  encabezan Marc Anthony, Nicolas Cage y  Patricia Arquette, centrada en la labor que llevan al cabo paramédicos que  trabajan el turno nocturno a bordo de una ambulancia que, entre el estrépito de  la sirena y la estrobodelia de las luces, recorre las calles de la ciudad de  Nueva York a toda velocidad a la media noche. La gente que ahí colabora a  diario se ve cara a cara con la muerte, a través de  los heridos y agonizantes que atienden. Luego  vendría el documental <strong><em>No direction home: Bob  Dylan</em></strong> (2005), <strong><em>Los infiltrados</em></strong> (2006), <strong><em>El aviador</em></strong> (2004) o el  documental <strong><em>Shine the light/The Rolling Stones</em></strong> (2008). A mediados de mayo del 2009, la agencia AFP difunde: “El cineasta (<em>Martin Scorsese</em>) dirigirá <strong><em>Sinatra</em>,</strong>obra basada en la vida y obra del artista  estadounidense, informó <em>Variety</em>. Los  Estudios Universal y Mandalay producirán el film, con guión de Phil Alden  Robinson que les tomó varios años desarrollar como proyecto, mientras se  aseguraron de contar con los derechos de la historia y de la música que  administra Frank Sinatra Enterprises”.</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>Corto  y mediometrajes:</strong></p>
<p><strong>1963          <em>What’s girl like you doing in a place like this?</em></strong></p>
<p><strong>1964          <em>It’s not just you, Murray</em>.</strong></p>
<p><strong>1967          <em>The Big Shave</em>.</strong></p>
<p><strong>1974          <em>Italianamerican</em>.</strong></p>
<p><strong>1975          <em>American Boy: Profile of a Steven Prince</em>.</strong></p>
<p><strong>Largometrajes:</strong></p>
<p><strong>1968          <em>Who’s that Knocking at my Door?</em></strong></p>
<p><strong>1970          <em>Streets Scenes 1970</em>.</strong></p>
<p><strong>1972          <em>Bertha, ladrona y amante </em>(<em>Boxcar  Bertha</em>).</strong></p>
<p><strong>1973          <em>Calles peligrosas </em>(<em>Mean Streets</em>).</strong></p>
<p><strong>1974          <em>Alicia ya no  vive aquí </em>(<em>Alice doesn’t live here  anymore</em>).</strong></p>
<p><strong>1976          <em>Taxi Driver</em>.</strong></p>
<p><strong>1977          <em>New York, New York</em>.</strong></p>
<p><strong>1978          <em>El último rock</em> (<em>The Last Waltz</em>).</strong></p>
<p><strong>1980          <em>Toro salvaje </em>(<em>Raging Bull</em>).</strong></p>
<p><strong>1982          <em>El rey de la comedia </em>(<em>The King of Comedy</em>).</strong></p>
<p><strong>1985          <em>Después de hora</em> (<em>After Hours</em>).</strong></p>
<p><strong>1986          <em>El color del dinero</em> (<em>The Color of Money</em>).</strong></p>
<p><strong>1988          <em>La última tentación de Cristo</em> (<em>The Last  Temptation of Christ</em>).</strong></p>
<p><strong>1989          <em>Historias de Nueva York</em> (<em>New York Stories</em>). </strong>Película  constituida por tres episodios. El dirigido por Scorsese se intitula: <strong><em>Life Lessons</em></strong>; los demás episodios  corren a cargo de Francis Ford Coppola (<strong><em>Life Without Zoe</em></strong>)  y Woody Allen (<strong><em>Oedipus Wrecks</em></strong>).</p>
<p><strong>1990          <em>Buenos muchachos</em> (<em>Goodfellas</em>).</strong></p>
<p><strong>1991          <em>Cabo del miedo</em> (<em>Cape Fear</em>).</strong></p>
<p><strong>1993          <em>La edad de la inocencia</em> (<em>The Age of the Innocence</em>).</strong></p>
<p><strong>1995          <em>Casino</em>.</strong></p>
<p><strong>1997          <em>Kundun</em>.</strong></p>
<p><strong>1999          <em>Vidas al límite</em> (<em>Bringing Out the Dead</em>).</strong></p>
<p><strong>2002          <em>Pandillas de Nueva York</em> (<em>Gangs of New York</em>).</strong></p>
<p><strong>2004          <em>El Aviador</em> (<em>The Aviator</em>).</strong></p>
<p><strong>2005          <em>No Direction Home: Bob  Dylan</em></strong> (documental).</p>
<p><strong>2006          <em>Los Infiltrados</em> (<em>The Departed</em>).</strong></p>
<p><strong>2008          <em>Shine a Light/Los Rolling  Stones </em></strong>(documental).</p>
<p>También ha  participado <strong>como actor en películas no dirigidas por él:</strong> <strong><em>Cannonball</em>,</strong> 1976, de Paul Bartel; <strong><em>Roger Corman: Hollywood Wild Angel</em>,</strong> 1978, de Christian Blackwood; <strong><em>Movies are my Life</em>,</strong> 1979, de Peter Hayden; <strong><em>Il Papocchio (Vaticano  Show)</em>,</strong> 1980, de Renzo Arbore; <strong><em>Round  Midnight</em>, </strong>1985, de Bertrand Tavernier; <strong><em>Dreams</em>, </strong>1990, de Akira Kurosawa; <strong><em>Guilty by Suspiction</em>,</strong> 1992, <strong><em>La musa</em></strong> (1999), <strong><em>El dilema</em></strong>(<strong><em>Quiz  Show</em>,</strong> 1994),<strong> </strong>entre  otras. Ha apoyado a otros directores en actividades diversas tales como: <strong>Guionista: Besessen/Obsessions</strong> de Pim de la Parra (1968); <strong>Ayudante de Dirección y supervisor de montaje:</strong> <strong><em>Woodstock</em></strong> de Michael Wadleigh  (1970); <strong>Productor asociado y montaje:</strong> <strong><em>Medicine Ball Caravan</em></strong> de Francois  Reichenbach (1971); <strong>Montaje:</strong> <strong><em>Así habla el amor</em> (<em>Minnie and  Moskowitz</em>)</strong> de John Cassavetes (1971), <strong>Supervisor  de montaje</strong> en: <strong><em>Elvis on tour</em></strong> de Pierre Adidge y Robert Abel, así como en <strong><em>Unholly  Rollers</em></strong> de Vernon Zimmerman (1973). Claro: los títulos indicados  en los giros precisados son enunciativos, no exhaustivos.</p>
<p align="right"><strong>Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
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		<title>Pequeños asesinatos/ Antes de morir (Targets). Estados Unidos, 1968, de Peter Bogdanovich.</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2009 20:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1968]]></category>
		<category><![CDATA[Boris Karloff]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[James Brown]]></category>
		<category><![CDATA[Nancy Hsueh]]></category>
		<category><![CDATA[Peter Bogdanovich]]></category>
		<category><![CDATA[Tim O'Kelly]]></category>

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		<description><![CDATA[En Targets: opera prima magistral,
El  terror cinematográfico palidece ante  el de la vida urbana real 
por Luis  Arrieta Erdozain.
Pequeños asesinatos (como fue bautizada durante su  estreno en México) o Antes de morir, como se denomina  ahora a la versión en formato DVD a la titulada originalmente Targets,  es una [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=29&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>En <strong><em>Targets: opera prima</em> magistral,</strong></p>
<p align="center"><strong>El  terror cinematográfico palidece </strong><strong>ante  el de la vida urbana real </strong></p>
<p align="right"><strong>por Luis  Arrieta Erdozain.</strong></p>
<p><strong><em>Pequeños asesinatos</em></strong> (como fue bautizada durante su  estreno en México) o <strong><em>Antes de morir</em></strong>, como se denomina  ahora a la versión en formato DVD a la titulada originalmente<strong><em> Targets</em></strong>,  es una película llena de interés y hallazgos, con varios homenajes a cineastas,  films y géneros, todo ello desarrollado con gran frescura y un ágil sentido del  ritmo narrativo. En su presentación como cineasta, Peter Bogdanovich desarrolla  un par de historias paralelas que tendrán su explosivo punto de convergencia  cuando un francotirador, tras asesinar a su esposa y familia, abre nutrido  fuego primero contra quienes circulan en una carretera estatal californiana sin  deberla ni temerla y luego eligiendo como <em>blancos</em> ocasionales de sus disparos a los asistentes a la película que proyecta el  autocinema Reseda (como se sabe, <em>“target”</em> refiere, en inglés, a los blancos utilizados en la práctica deportiva del  tiro). Aquí, más allá del <em>suspense</em> o  drama de la película <em>“de susto”</em> que  observan los infortunados, el horror deriva de que la pantalla misma, vía el  desquiciado con su armamento de alta eficacia, se vuelve siniestramente  interactiva en su contra: a balazo limpio, ni más ni menos. Paradójicamente, la  función en que esto ocurre es en la que anuncia su retiro el veterano actor de  películas de terror Boris Karloff (en su papel, sólo que aquí llamado <em>Byron Orlok</em>).</p>
<p>El terror de la vida real hace empequeñecer al más  refinado de la pantalla cuando a quien se nos muestra como el patológico autor  de tanta pesadumbre y mortandad es un joven estadounidense común y corriente,  hasta con cara de buena gente (Tim O’Kelly, quien encarna en la película a <em>Bobby  Thompson</em>) a quien vemos formando un arsenal de rifles y distintas armas de  fuego con su respectivo parque. A medida que <em>el pulso</em> de la película se acelera, los acontecimientos habrán de presentarse  con un gran desenlace climático. Desde luego, este es un homenaje fílmico que  Bogdanovich hace no sólo al genio de Boris Karloff como inolvidable intérprete  (muy a tiempo, pues murió sólo dos años después de su participación en el film  que nos ocupa), sino al cine de terror-horror norteamericano en el que se  inscriben la mayoría de las obras en que este actor participó, a la par que  otros como Bela Lugosi o Vincent Price. Pero Bogdanovich también se las  ingeniará para llevar al cabo otros ingeniosos, discretos y por demás  celebrables homenajes al cine y sus animadores a medida que la película avanza  en su curso, de lo cual me ocupo líneas adelante.</p>
<p>Angel Camiña escribe (en <em>Cine para leer 1974</em>, ed. Mensajero, Bilbao, España, 1975, pp.  198-200), a propósito de <strong><em>Targets</em>:</strong> “La tesis de Bogdanovich en  este film insiste en la diferencia esencial que hay entre el ingenuo terror de  las películas del género, a base de fantásticos monstruos pintarrajeados,  castillos de cartón-piedra y botes de pintura roja o salsa de tomate, y el <em>terror de verdad</em>, el de la realidad, el  de todos los días: por ejemplo, el terror que supone que una apariencia de  persona normal asesine a su esposa, a su madre, al lechero y a cuantas personas  se coloquen ante la mira de su arma de fuego; esto sucede con Bobby, uno de los  dos coprotagonistas de la película. Encontrarse ante un francotirador de este  tipo sí es terrorífico, y no los colmillos de Drácula o un murciélago en  sobreimpresión, trampolines ocasionales para un rato de evasión que niños y  mayores contemplan, más divertidos que asustados, mientras atacan a las  palomitas de maíz. Y Bogdanovich va más allá aún. Señala con suficiente  claridad el origen de situaciones tan horribles como la creada por Bobby: este  muchacho no se convirtió en psicópata &lt;&lt;por ver cine&gt;&gt;, sino por unas  circunstancias bien ajenas al cinematógrafo como su entorno familiar: humillado  continuamente ante su esposa y su madre (una vez más el tema del matriarcado en  el cine americano) que le atosigan con consejos, sin ayudarle a salir de su  mediocridad, o como su situación social de fracasado en plena juventud (<em>aunque tenga el primer</em> Mustang <em>clásico, el de 1965, apenas dos años después  de su aparición, apunta este escribano</em>), una vez dejado el ejército (<em>en Viet-Nam, para mayores señas, según  revela la foto en  casa de sus padres</em>),  al que los estúpidos <em>shows</em> de la radio  y la televisión le hablan de éxito y de popularidad, por lo que quiere hacer  una <em>sonada</em> para demostrar al mundo  que existe y es capaz de hacer algo más que comer chocolatines y conducir su  coche. La sociedad tiene un buen chivo expiatorio en este séptimo arte, que le  excusa de poner el dedo en ciertas llagas: por ejemplo, las tiendas que suministran toda clase de armas (aparecen dos <em>reales</em> en el film), negocio que,  ampliado a mayor escala, es la producción industrial de material bélico. Pero,  por lo visto, esto no es terror para la sociedad bienpensante (… por  contraparte, Byron) Orlok (Boris Karloff) no sólo no sucumbirá al fatalismo que  parece rodearle, sino que contribuirá decisivamente a la reducción del  francotirador. Éste, que polariza el &lt;&lt;terror-realidad&gt;&gt;, pierde su sangre fría y es  dominado gracias al &lt;&lt;terror-fantasía&gt;&gt;: la doble imagen de Orlok,  la propia y la proyectada en la pantalla de un autocinema avanzando  implacablemente ante él (<em>secuencia genial  en su paroxismo, me permito agregar</em>). Orlok, el temible monstruo, abofetea  paternalmente al psicópata, en contraste quizá con la Policía. Termina así la  pesadilla del autocinema, que no estaba en la película proyectada, sino fuera  de ella”.</p>
<p>Bogdanovich y Molly Platt, coautores del argumento, no  se sacaron esta historia de la manga. Según comenta el cineasta en los extras  del DVD, Bobby Thompson, el francotirador con facha del fenotipo del joven  americano típico, insertado en el <em>american  way of life</em> es trasunto de alguien que eligió en la realidad sus propios <em>“targets”</em> de entre los infortunados que  se cruzaron en la mira telescópica de su rifle de alta precisión. Bogdanovich  comenta al respecto en los extras del DVD: “Ernest Hemingway decía que ‘hay que  escribir sobre lo que uno sabe’. Bobby Thompson, el joven francotirador que se  convierte en asesino, se basa en un hecho real que ocurrió en Texas dos años  antes. Charles Whitman, el asesino múltiple que, a mediados de los sesenta, se  encaramó en la torre de la Universidad de Texas y le disparó a un grupo de  gente. La historia de Bobby se basa en la de Charles, con la diferencia de que  Charles se suicidó antes de ser aprendido”. Llamó la atención el carácter  anticipatorio de <strong><em>Targets</em>,</strong> pues se filmó en su totalidad en 1967 y se estrenó en  1968, poco antes de que se produjeran los asesinatos de John F. Kennedy y  Martin Luther King … antes de las masacres de Columbine, tantas otras posteriores  llevadas al cabo por francotiradores desequilibrados o la misma de comienzos de  abril del 2009 en un poblado cercano a la ciudad de Nueva York, perpetrado  contra una oficina de inmigrantes y sus ocupantes: ¿cómo se explican estas  explosiones de rabia y de sangre al amparo del <em>american way of life</em>? ¿No deberían ser imposibles, al amparo del  sedante confort? Y los pensamientos pueden ir y regresar desde la vacuidad de  ser que da el solo y mero consumo hasta la disponibilidad franca no sólo de  armas sino de drogas; del hastío a la necesidad de destacarse flamígeramente  así sea como noticia del que provoca gran tragedia y luto … como que <em>una cara de bueno</em> ya no es más garantía  ninguna … y cuidado con los bien vestidos que entran a un restaurante, pues  quizá sean los próximos que van a <em>basculear</em> a la clientela. Ya no se puede –es la<br />
conclusión de muchos- creer en nada ni en nadie; la  anomia gobierna y por ende la anarquía y la violencia pueden producirse cuando  menos se espera. Para muchos, la vida vuelve a ser un volado … y hará mejor  quien desconfía, por más que ello gangrene las relaciones sociales legítimas,  haciéndolas cada vez más inviables &#8230;</p>
<p>Pero bueno, a la par de esta historia de sangre y  desequilibrio, está la de Byron Orlok que nos muestra a un Boris Karloff ajeno  a caracterización ninguna, lo más cercano a él mismo, aunque la idea del retiro  de la actuación es algo que nunca cruzó por su mente (el guión literario del  film le hace decir a su personaje: “Soy un anacronismo. Vivimos en un mundo de  jóvenes. Abrámosles el paso”). Al contar las dos historias que se van  entreverando con ingenio, Bogdanovich se vale de acertados modos de transición  del paso de una historia a la siguiente, permitiendo al espectador “mapear“  ambas tramas con suficiencia. También es de señalarse la utilización de dos  familias cromáticas rectoras diferentes, dependiendo de la vertiente anecdótica  de que se trate: “Teníamos un esquema de colores –indica Bogdanovich-. Los  colores en las escenas de Karloff eran cálidos como el amarillo –que yo nunca  uso-, el marrón y el beige … rojo también. (En tanto) todos los colores usados  en la historia de Bobby Thompson, el asesino, eran fríos como el azul y el  blanco. Fue una <em>elección adrede</em>, ya  que aprendimos a combinar colores en una charla con George Cukor, sobre cómo  hizo <strong><em>Ha  nacido una estrella</em>”.</strong> Este es uno de los varios homenajes al cine  presentes en <strong><em>Pequeños asesinatos/Antes de morir</em>.</strong> De algunos más, doy cuenta de una buena vez:</p>
<p><strong>Uno: </strong>La idea de hacer <strong><em>Targets</em></strong> comenzó con una llamada de Roger Corman a Peter Bogdanovich, quien le dijo que  Boris Karloff le debía dos días de trabajo y que quería que aprovechara, junto  con ellos, unos veinte minutos del film del propio Corman titulado <strong><em>El  terror</em></strong> (1963). A fin de cuentas, sólo fueron aprovechables tres minutos  … suficientes para mostrar –nueva coincidencia curiosa de <em>cine dentro del cine</em>- a Jack Nicholson (entonces ilustre  desconocido) caracterizando a un oficial francés que visita accidentalmente a  Drácula en su castillo. Hay que señalar de Roger Corman que había  logrado levantar un pequeño imperio como  productor y director de películas de presupuesto bajo y obtuvo reconocimiento  como adaptador de relatos de terror de Edgar Allan Poe. Son por demás  memorables sus <strong><em>Los ángeles del infierno</em></strong> (1966) –como luego llamaron los <em>Rolling Stones</em> a su tristemente célebre  personal de seguridad en sus conciertos-, así como <strong><em>Mamá sangrienta</em></strong> (1970),  una de las primeras películas de Robert De Niro, con Shelley Winters como Ma’  Baker. Bueno, el caso es que así se favoreció contar con Karloff, una leyenda  del cine de terror: primero por dos jornadas,<br />
como antes apunté, y luego, gracias a la intervención  de Samuel Fuller, hasta por cinco días con sus noches … no se necesita mucho  para imaginar la adrenalina que corría por las venas de Bogdanovich al poder  dirigir en su <em>opera prima</em> ni más ni  menos que a ese ícono del cine mundial que fue Boris Karloff. Su presencia en  este film es, de principio a fin, un homenaje a su persona y a su invaluable  contribución al cine mundial de todos los tiempos. Amén de que su gran  categoría logra que, como luego se dice, <em>se  robe la película</em> (¡qué genial detalle es ese cuando, en plena resaca y tras  pasar por un espejo, se espanta de sí mismo!).</p>
<p><strong>Dos:</strong> El nombre del personaje que  interpreta Bogdanovich en su film, <em>Sammy  Michaels</em>, “es un homenaje a Samuel Fuller, que se llamaba Samuel Michael Fuller”,  observa el cineasta.</p>
<p><strong>Tres:</strong> La película programada en  la televisión que ven por momentos Michaels y Orlok en la habitación del hotel  es <strong><em>Código  criminal</em></strong> (1931) de Howard Hawks, una de los primeros papeles  importantes en la carrera de Karloff.</p>
<p><strong>Cuatro:</strong> En la televisión de los  Thompson, durante los comerciales, se anuncia <strong><em>Anatomía de un asesinato</em></strong> (1959) de Otto Preminger, una de las favoritas de Bogdanovich.</p>
<p><strong>Cinco:</strong> Hay un homenaje implícito  en el tipo de técnica cromática de que se vale con propósito el film, con la  cual se filmaron la mayoría de las películas de horror gótico en que participó  Boris Karloff: el color Pathé (luego sustituido por el Technicolor de Eastman).  Si se observa con atención, se logra una cierta textura y tono diferentes en el  granulado del color. Además, claro, de remitir inconscientemente a la calidad  formal de las películas antecesoras.</p>
<p><strong>Seis:</strong> Dado que la acción  climática del film se lleva al cabo en el autocinema Reseda, se realiza un  homenaje implícito a este tipo de recintos como lugares en los cuales  preferentemente otrora, también estaban presentes en el repertorio de  posibilidades para ver cine, amén de asociados a las vidas de tantos … incluso  de quienes fueron concebidos en el interior de un vehículo congregado al imán  de una película de amor. En <em>“Resurge  pantalla de los autocinemas”</em>, rubricado por Robert Strauss (Reforma, supl.  The New York Times, p. 5, 7 de agosto del 2004), se apunta que es “Nueva Jersey  el estado que creó la moda de los autocinemas en los años 30 (…) Actualmente,  sólo hay 417 autocinemas en Estados Unidos (…) En el recién re-inaugurado  autocinema Delsea, la pantalla tiene 36 metros de ancho”. En lo personal,  recuerdo que de chico se hablaba de un par de autocinemas en la Ciudad de  México, creo que uno de ellos<br />
quedaba por Lindavista, pero nunca me llevaron a  ninguno. Y para cuando crecí, ya no había. De cualquier modo, aunque son varias  las películas cuya acción ocurre en el interior de un autocinema, para nada  está de más <strong><em>Targets</em></strong> con tan manifiesto amor al cine … además, uno de los  héroes incidentales es, justamente, el proyeccionista (interpretado por Byron  Betz) quien, tras ser impactado por la metralla del asesino, no se permite caer  hasta dejar en continuidad la proyección de la película con la nueva bobina debidamente  instalada (como dice mejor Camiña en la crónica citada: “Consigue cambiar el  rollo para que la película continúe, antes de morir con las botas puestas como  cualquier héroe fordiano”).</p>
<p><strong><em>Siete:</em></strong> otro pequeño homenaje fílmico se produce cuando al  abrir la puerta Karloff a Bogdanovich, el primero pregunta: “¿Quién llama a la  puerta?”, frase que es una cita literal de <em>“El  Cuervo”</em> de Edgar Allan Poe. Ello actúa como una especie de guiño  humorístico, pues Karloff hizo dos versiones fílmicas de <strong><em>El Cuervo</em>.</strong></p>
<p>Como erudito del séptimo arte, Bogdanovich tiene  aplicaciones virtuosas de varios recursos propios del lenguaje cinematográfico,  como por ejemplo el muy adecuado manejo que hace de la toma <em>subjetiva</em>, cuando lo que desea enfatizar  es el punto de vista del asesino. Hay un plano-secuencia (sin cortes) de más de  cinco minutos en la escena que deja solo a Boris Karloff en su habitación y  regresa la acción a casa de los Thompson: están viendo la tele las cuatro,  luego se despiden los padres de Bobby, hay un momento de conversación entre  Bobby e Ilene, su esposa (Tanya Morgan), etc. Se suceden también, cumpliendo  cada cual su función, planos, contraplanos, travellings y tomas hechas con grúa  de modo que la dinámica visual es siempre variada y significativa.</p>
<p>A fin de cuentas, cotejando un poco <strong><em>Pequeños  asesinatos/Antes de morir</em></strong> con la obra general de Bogdanovich y su vida  misma, creo que –como en el caso de Orson Welles- alcanzó una de sus mejores y  más altas cimas con su <em>opera prima</em>. Todavía en <strong><em>La última película</em></strong> estaba vigente su mancuerna artística-matrimonial con Molly Platt, su primera  esposa y madre de sus hijos … pero cuando escuchó el canto de la sirena y se  dejó deslumbrar por la belleza un poco sobrenatural de Cybill Shepperd (como le  ocurrió con ella misma a <em>Travis Bycle</em>, el personaje interpretado por  Robert De Niro en <strong><em>Taxi Driver</em></strong>), al perder a su <em>Caponera</em>,  la suerte dejó de sonreírle: un poco cada vez y hasta casi nunca más tarde,  tanto en el éxito cinematográfico creciente que iba logrando (con todo y  realizar su exitosa <strong><em>Luna de papel</em></strong> en 1973), como en el terreno de  lo sentimental-amoroso … hasta que llegó a niveles verdaderamente peligrosos,  como luego de que se iniciara su romance con la malograda <em>playmate</em> Dorothy  Stratten (acúdase, a<br />
este  efecto, a la semblanza del cineasta en este mismo artículo). Lo que me atrevo a  sugerir es que, si bien cada cual es libre de hacer de su vida un cucurucho,  creo que fueron motivos y deficiencias personales las que impidieron que una  trayectoria como la de Peter Bogdanovich se quedase &lt;&lt;sólo&gt;&gt;  hasta donde llegó y no hasta donde parecía que podía llegar … lo cual no deja  de ser lamentable, especialmente para quienes veían en él a un joven prodigio  que podría lograr cosas reservadas sólo para cierta clase de <em>elegidos</em>.</p>
<p>Más  allá de todo esto, <strong><em>Targets</em></strong>, resulta <em>atrevida</em>, entre otras  cosas, al plantear como quien no quiere la cosa que <em>el bueno</em> de la  historia es el monstruo arquetípico de siempre … jugada análogamente notable a  la de Sergio Leone cuando nos presentó como a un desalmado incomparable a Henry  Fonda, el héroe bueno de tantas cintas norteamericanas, en <strong><em>Érase una vez  en el Oeste</em></strong> (1968).</p>
<p><strong>FICHA  TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>Pequeños asesinatos/Antes de morir</em></strong><strong> (<em>Targets</em>).</strong><strong> </strong>Estados Unidos, 1968.<strong> Dirección: </strong>Peter Bogdanovich; <strong>Argumento:</strong> Peter Bogdanovich y Polly  Platt;<strong> Guión: </strong>Peter Bogdanovich;<strong> </strong><strong>Música:</strong> no hay crédito para este rubro, pues es incidental la incluida; el meritorio  trabajo de<strong> sonidista</strong> está a cargo de Verna Fields; <strong>Fotografía (en Pathé Color):</strong> Laszlo Kovacs; <strong>Edición: </strong>Peter Bogdanovich y Mae Woods; <strong>Con: </strong>Boris Karloff (<em>Byron  Orlok</em>), Tim  O’Kelly (<em>Bobby Thompson</em>), Peter Bogdanovich (<em>Sammy Michaels</em>), Nancy Hsueh (<em>Jenny</em>),  James Brown (<em>Robert Thompson, Sr.</em>), Mary  Jackson (<em>Charlotte Thompson</em>), Tanya  Morgan (<em>Ilene Thompson</em>), Sandy Baron  (<em>Kip Larkin</em>), Arthur Peterson (<em>Ed Loughlin</em>), Monty Landis (<em>Marshall Smith</em>) y Byron Betz (el  proyeccionista en el autocinema Resede), entre otros. <strong>Duración:</strong> 90 minutos.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>PETER  BOGDANOVICH</strong> nace el 21 de noviembre de 1939 en Kingston, Nueva York, Estados Unidos, hijo  de inmigrantes que huyeron de los nazis: su padre era un pintor y pianista  serbio, en tanto su madre descendía de una pudiente familia austriaca judía.  Estudió arte dramático con la legendaria profesora Stella Adler y se desempeñó  como actor en los años cincuenta, tanto en televisión como en obras de teatro  veraniegas. También dirigió teatro en Nueva York. Cinéfilo desde joven, su  pasión por el cine americano clásico de las décadas de los treinta, cuarenta y  cincuenta está presente tanto temática como estilísticamente en su filmografía como  en su ensayística, y aún antes, ya que adquiere cierta notoriedad al programar  diversos ciclos de películas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA  por sus siglas en inglés). Ahí incluyó films de John Ford (resultado de cuyas  retrospectivas comentadas es el libro que refiero líneas adelante), Howard  Hawks y de pioneros del cine norteamericano como Allan Dwan.</p>
<p>Es claro que siendo Peter Bogdanovich un apasionado del  cine, amén de gran conocedor (se afirma que llegó a ver cuatrocientas películas  al año en su juventud), el ejemplo mundial dado en los cincuenta por los  críticos de cine de <em>Cahiers du Cinéma</em>,  tarde o temprano sería intentado por él: pasar del análisis a la creación  cinematográfica. Aquí la influencia más determinante en Bogdanovich fue la de  Francois Truffaut y su cine, aunque también admiró a Godard, Claude Chabrol y  Érich Rohmer. Así, Peter publica en la prestigiada <em>Esquire</em> y, para 1968, se translada a Los Angeles junto con su  esposa Molly Platt, diseñadora de interiores. En la exhibición privada para la  prensa de una película, coinciden Bogdanovich y Roger Corman, quien le expresa  que le gustó una de sus crónicas en <em>Esquire</em> y lo invita a colaborar con él. Así, inicia su carrera en la industria  cinematográfica como asistente de Roger Corman en <strong><em>Las mujeres prehistóricas</em></strong> (1961; Bogdanovich tiene 22 años de edad entonces)<strong>.</strong> De hecho, gracias a que Corman le brinda el impulso y  oportunidad, puede llevar al cabo <strong><em>Targets</em></strong> (1968)<strong>,</strong> su <em>opera prima</em>,  película de presupuesto bajo que filmó en tres semanas (dice Bogdanovich: “<strong><em>Targets</em></strong> se filmó en 18 días totales: 12 en el autocinema y exteriores; el resto en  interiores diversos. Filmamos todas las escenas con Boris en cinco días con sus  noches. Costó la fabulosa cantidad de 125 mil dólares”) y se constituye en una  dura crítica al culto americano por la violencia. <strong><em>Pequeños asesinatos/Antes de  morir</em></strong> es, también, el último papel importante de Boris Karloff, quien  aquí se caracteriza a sí mismo (murió un par de años después de su notable  intervención). <strong><em>La última película</em></strong> (1971), por su parte, es una historia nostálgica  y cálida, ambientada en una pequeña ciudad texana durante la década de los  cincuenta. Ha sido valorada como la reflexión de Bogdanovich en torno a la  pretendida muerte del cine. Entusiasta apasionado de su obra, el neoyorquino  escribió opúsculos de muy buena factura sobre sus admirados <em>John Ford</em> (University of California  Press, USA, 1978 y Editorial Fundamentos, serie Cine No. 18, Madrid, España; de  hecho, realiza en 1971 una película que se titula <strong><em>Directed by John Ford</em></strong>),  Fritz Lang (<em>Fritz Lang en América</em>,  Editorial Fundamentos, serie Cine No. 28, Madrid, España, 1972), <em>This is Orson Welles</em> (con quien entabló  una larga amistad), <em>Conversaciones con  directores de leyenda</em>, considerada por algunos una obra imprescindible que  coloca a Bogdanovich, junto con Kevin Brownlow, como los más destacados cronistas del cine en  lengua inglesa (con otra función, la de la ficha breve y el comentario <em>idem</em> e iluminador, no puedo dejar de  escribir el nombre de Leonard Maltin).</p>
<p>Su cine nostálgico y crepuscular también conoció,  especialmente en la segunda parte de su carrera como cineasta, sonoros fracasos  de crítica y de taquilla, lo cual desalienta -hasta <em>el grado cero de la escritura</em> que dijera Barthes- la carrera  prometedora de un heredero del viejo Hollywood. En <em>Wikipedia</em> (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Peter_Bogdanovich">http://es.wikipedia.org/wiki/Peter_Bogdanovich</a>) se apunta: “En 1971,  Bogdanovich de 32 años, fue aclamado por la crítica como un ‘wellesiano’ niño  prodigio cuando se estrenó su film más célebre: <strong><em>The Last Picture Show</em></strong> (<strong><em>La  última película</em></strong>). Recibió ocho candidaturas a los Oscar, entre ellas la  de mejor director. Cloris Leachman y el veterano actor de las películas de John  Ford, Ben Johnson, obtuvieron los premios al mejor actor de reparto.  Bogdanovich, que había contado con la modelo Cybill Shepperd para un papel  protagonista, se enamoró de la joven belleza, asunto que llevó a su divorcio de  la diseñadora de decorados Polly Platt, su colaboradora artística durante  muchos años (<em>es coautora del argumento de</em> <strong><em>Targets</em></strong>, <em>la película que nos ocupa, precisa este  escribano</em>) y madre de sus dos hijos. A <strong><em>The  Last Picture Show</em></strong> le siguió el gran éxito <strong><em>What’s up Doc?</em></strong> (<strong><em>La chica terremoto</em>,</strong> 1972), una alocada comedia deudora de <strong><em>Bringing up Baby</em></strong> (<strong><em>La  fiera de mi niña</em>,</strong> 1937) y <strong><em>His Girl Friday</em></strong> (<strong><em>Luna  nueva</em>,</strong> 1941) de Hawks, con Barbara Streisand y Ryan O’Neal. A pesar de  su énfasis por hacer homenajes al cine clásico, Bogdanovich se labró su  categoría de director estrella al lado de otros como Coppola o William  Friedkin, con quienes formó ‘The Directors Company’, un generoso acuerdo de  producción con Paramount Pictures que básicamente daba carta blanca a los  directores mientras se ciñeran al presupuesto. Bajo esta entidad se produjo el  siguiente éxito de Bogdanovich, la aclamada <strong><em>Paper Moon</em></strong> (<strong><em>Luna  de papel</em>,</strong> 1973), comedia de tiempos de la Depresión con Ryan O’Neal,  con la que Tatum O’Neal, la hija de diez años de éste, gana el Oscar como mejor  actriz secundaria y lleva al propio Bogdanovich al punto álgido de su carrera.  Forzado a compartir los beneficios con sus colegas directores, Bogdanovich  quedó insatisfecho con el trato, de modo que The Directors Company sólo  produciría dos películas más: la exitosa <strong><em>La conversación</em></strong> de Francis Ford Coppola,  candidata al Oscar 1974 y que le dio la estatuilla al mejor director, y <strong><em>Daisy  Miller</em></strong> (<strong><em>Una señorita rebelde</em></strong>, 1974) de Bogdanovich, basada en la novela  de Henry James, película que obtuvo crítica dividida”.</p>
<p>Las dos siguientes películas de Bogdanovich no  corrieron con mejor suerte: <strong><em>At Long Last Love</em></strong>, un musical de  Cole Porter, protagonizado poy Cybill Shepperd y Burt Reynolds. La imagen pública de Bogdanovich, merced a decisiones erráticas  en la solución de este film, pasó a ser la de un director arrogante ensimismado  en su propia presunción. Tampoco pudo recomponer la ruta hacia el éxito con <strong><em>Nickelodeon</em></strong> (<strong><em>Así  se hizo Hollywood</em></strong>, 1976) en que vuelve a reunir a los O’Neal con la  debutante Jane Hitchcock.</p>
<p>En 1978 rompen su relación Cybill Shepperd y Peter  Bogdanovich y en 1979, tras una pausa de tres años, retoma este último la  dirección con <strong><em>Saint Jack</em></strong>, de poco éxito, producida por Hugh Hefner vía Payboy  Productions. A ésta siguió otra que sería el acabose para Bogdanovich. <em>Wikipedia</em>, en la dirección electrónica  ya referida, así lo consigna: “… El trato hecho con el productor Hefner era  parte de un acuerdo judicial sobre unas fotos de desnudos de <strong><em>La  última película</em></strong> ‘pirateadas’ en <em>Playboy</em>.  Bogdanovich lanzó, pues, el film que sería el Waterloo de su carrera: <strong><em>They  All Laughed</em></strong> (<strong><em>Todos rieron</em>,</strong> 1982), una comedia de  bajo presupuesto con Audrey Hepburn y Dorothy Stratten, Miss Playboy 1980. En  el rodaje, Bogdanovich se enamoró de Stratten, que estaba casada con el  inestable buscavidas Paul Snider, quien dependía financieramente de ella.  Stratten se fue a vivir con Bogdanovich y cuando ella le contó a Snider que le  abandonaba, éste la mató y se suicidó. <strong><em>They All Laughed</em></strong> no pudo encontrar  distribuidor debido al asesinato de Stratten, a pesar de ser una de las pocas  películas hechas por la legendaria Audrey Hepburn tras su retiro provisional de  1967 (de hecho, esta sería la última película que la Hepburn protagonizaría).  El destrozado Bogdanovich compró los derechos del negativo para que el público  viera la película, pero su lanzamiento fue limitado, las críticas flojas e hizo  perder millones de dólares a Bogdanovich, llevando al desolado director a la  bancarrota. Él retomó su primera vocación, la escritura, para escribir de su  fallecido amor <em>The Killing of the  Unicorn, Dorothy Stratten 1960-1980</em>, publicado en 1984. El libro era una  respuesta al premiado artículo <em>Death of a  Playmate</em> de Teresa Carpenter, que cargaba contra Bogdanovich y Hefner,  afirmando que Stratten era tan víctima de ellos dos como de su asesino Snider.  El artículo sirvió de base a la película <strong><em>Star 1980</em></strong> (1983) la última que  dirigió el gran Bob Fosse, en la que Bogdanovich era referido como el director  ficticio Aram Nicholas y Dorothy interpretada por la atractiva Mariel Hemingway  &#8230; (Tras ello) La reputación personal de Bogdanovich sufrió por los rumores  acerca de su matrimonio por trece años con la hermana menor de Dorothy  Stratten, Louse Hoogstraten, 29 años menor que él, los cuales sostenían que el  comportamiento de Bogdanovich era similar al de Scottie Ferguson, el personaje  de James Stewart en <strong><em>Vértigo</em></strong> (1958), la obra maestra necrófila de Alfred Hitchcock,  y que Bogdanovich procuró modelar a Hoogstraten a la imagen de la fallecida  hermana. El matrimonio terminó en divorcio en 2001”.<br />
“La carrera de Bogdanovich como director importante  estaba acabada, aunque obtuvo algún éxito modesto con <strong><em>Mask</em></strong> (<strong><em>Máscara</em></strong>)  en 1985. <strong><em>Texasville</em></strong> (1990) –secuela de <strong><em>La última película</em></strong>- fue  una gran decepción de crítica y público. En 1992 dirigió <strong><em>Qué ruina de función</em></strong>,  comedia de buena factura pero que alcanzó un éxito moderado, y <strong><em>1993</em></strong> que, de plano, no funcionó. Ello lo retiró de la actividad hasta el 2001 en que  estrena <strong><em>The Cat’s Meow</em></strong> en que retoma el supuesto asesinato del director  Thomes Ince por William Randolph Hearst (el auténtico <em>Ciudadano Kane</em>, bestia negra de Orson Welles). Aunque ahora le fue  mejor con la recepción del film por la crítica, no sucedió así con la taquilla”.</p>
<p>En 1998, la Junta Nacional de Preservación de la  Librería del Congreso incluyó <strong><em>La última película </em></strong>en el registro  cinematográfico nacional, honor concedido sólo a los films más prominentes y  representativos culturalmente.</p>
<p>Tan es considerado <em>autoridad</em> al hablar de cine que, con frecuencia, Peter Bogdanovich es convocado por la  afamada colección de DVDs <em>Criterion</em> para efectuar la introducción de la película en turno y el comentario sobre el cineasta  que la dirigió.<strong> </strong>Ha  trabajado para la televisión en <em>To Sir  with Love</em> (1996), <em>The Price of Heaven</em> (1997), <em>Nacked City: A Killer Christmas</em> (1998) y <em>A Saintly Switch</em> (1999). Hoy por hoy, presenta el  programa <em>The Essentials</em> en TCM los  sábados por la noche; interpreta al psiquiatra de la doctora Melfi en <em>Los Soprano</em>; asimismo, tiene un papel  secundario haciendo de sí mismo en la serie-comedia de la televisión  norteamericana <em>Out of Order</em>.</p>
<p>En cualquiera de los casos, tomando en cuenta sus  distintas facetas en relación con el cine, al buscar enaltecer a grandes cineastas,  géneros, films y épocas, sin proponérselo quizá, ha logrado enaltecerse como un  indudable rendidor de cultos y homenajes a lo mejor de la creación  estadounidense de cara al cine y la cultura universales (ya lo demás, en todo  caso, fue lo de menos).</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1968          <em>Pequeños  asesinatos/Antes de morir</em> (<em>Targets)</em>.</strong><strong><br />
1971          <em>Directed by John Ford</em>.<br />
</strong><strong>1971          <em>La última película</em> (<em>The Last  Pictures Show</em>).</strong><strong><br />
1972          <em>La chica terremoto</em> (<em>What’s  Up, Doc?</em>).<br />
</strong><strong>1973          <em>Luna  de papel</em> (<em>Paper Moon</em>).</strong><strong><br />
1974          <em>Una  señorita rebelde</em> (<em>Daisy Miller</em>).<br />
1975          <em>Por fin el gran amor</em> (<em>At Long  Last Love</em>).<br />
1976          <em>Nickelodeon. </em></strong><strong><em>Así  se hizo Hollywood</em></strong><strong> (<em>Nickelodeon</em>).<br />
</strong><strong>1979          <em>Saint Jack, el rey de Singapur</em> (<em>Saint  Jack</em>).</strong><strong><br />
1982          <em>Todos rieron (They All Laughed</em>).</strong><strong><br />
1985          <em>Máscara</em> (<em>Mask</em>).</strong><strong><br />
1987          <em>Ilegalmente  tuyo (Illegally Yours</em>).</strong><strong><br />
1990          <em>Texasville</em>.<br />
</strong><strong>1992          <em>¡Qué  ruina de función! </em>(<em>Noises off</em>).<br />
2001          <em>The Cat’s Meow</em>.</strong></p>
<p align="right"><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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		<title>Mamma Roma. Italia, 1962, de Pier Paolo Pasolini.</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Mar 2009 15:18:46 +0000</pubDate>
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La  autorredención es personal o no es.
por Luis  Arrieta Erdozain
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong>Con todo y amor materno</strong> <strong>oblativo de por medio …</strong></p>
<p align="center"><strong>La  autorredención es personal o no es.</strong></p>
<p align="right"><strong>por Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
<p>Mamma Roma (Anna Magnani) es una mujer <em>de la vida alegre</em> (¿por qué se dirá así,  si casi nunca lo es?) que ha resuelto cambiar de giro y volverse respetable en  la medida de sus posibilidades (<em>del talón</em> provinciano opta por la verdulería capitalina en un pequeño tianguis), luego de  que logra liberarse del <em>cinturita </em>–<em>Carmine</em>, interpretado muy en su papel  por Franco Citti- que la regentea en una población rural de la Italia de la  post-guerra. Para ello, asentando sus reales en un pequeño departamento ubicado  en un suburbio lumpen de la capital italiana junto con su hijo Ettore (Ettore Garofolo). El propósito que persigue  es hacer de su hijo una persona de bien, para lo cual se esforzará hasta lo  indecible … sin embargo, nuestro destino y el de quienes más amamos, no siempre  se encuentra en nuestras manos, por más que nos empeñemos en ello (y si no  –como siempre- habrá que preguntarles a los griegos: ¿por qué? Sólo el Olimpo  sabe …).</p>
<p>Ya en <strong><em>Accatone</em></strong>, la <em>opera prima</em> de Pier Paolo Pasolini, es indudable su inscripción  estilística y formal en el movimiento que se denominó <em>neorrealismo italiano</em>, con trechos para nada carentes de violencia  real, psicológica o social, así como con espacios que aproximan a la obras de  este cine de creación al llamado <em>cinèma  verité</em> en Francia. <strong><em>Accatone</em></strong> es una película incipiente,  en la que el realizador ha reconocido su falta de madurez, pero que también  está dotada de una insobornable sinceridad: el mundo de la gente miserable,  maleantes a los que da un soterrado tono de leyenda, a lo que denominó <em>la épica de la pobreza</em>. <strong><em>Mamma Roma</em></strong> está en la misma  línea, sobre la vida de la ya referida prostituta que intenta una vida digna  y mejor para su hijo y para ella misma. Pero todo se hunde para ambos, sin  saber por qué, con la fuerza incontenible del destino, tan distintivo de las  tragedias de la antigüedad. Aunque se trata de creaciones muy con su  personalidad propia, la protagonista de <strong><em>Mamma Roma</em></strong> tiene sus  puntos de encuentro con la de <strong><em>Las noches de Cabiria</em></strong> de Fellini y  con ambientes y situaciones propias de la magistral <strong><em>Los olvidados</em></strong> de Luis Buñuel. Y sí: la comida de bodas del inicio del film pareciera entre  fellini-buñuelesca; y no: es pasoliniana, con esa turba de personajes  arrancados al parecer de una corte de los milagros italiana que comen, beben y  parlotean sin continencia, dispuestos en una amplia mesa colocada en forma de  herradura, en que lo mismo cruzan y comparten espacio con los comensales niños  que cerdos fuera de su corral. En esta mesa campesina de celebración, el  cineasta entera a quien contempla su film que Mamma Roma ha sido liberada tras  muchos años de servicio a Carmine, situación que se ha visto favorecida por los  esponsales de éste con Clementina, regordeta y poco agraciada mujer.</p>
<p>El DVD que circula ya en México es una versión  restaurada del film dirigido el año de 1962 por el gran Pier Paolo que, siendo  apenas la segunda en su filmografía como cineasta, mereció en su momento ser  nominada al León de Oro en el Festival de Venecia. Pasolini mismo, durante la  época en que Mussolini mandó por aquellas tierras, había sido enviado por su  familia a espacios campesinos (de los que era oriunda su propia Mamá), buscando  protegerlo del fanatismo fascista. De ahí que su conocimiento de gente, lugares  y modales sea de muy primera mano, pues además resultaban por demás  contrastantes con su refinada educación en Bolonia, Milán y Roma.</p>
<p>Con todo y su risa franca –en tantos momentos vulgar,  estridente-, Mamma Roma establece su inquebrantable decisión de salir adelante.  Además sin que ni ella, menos aún su Ettore, sean vistos ni para abajo ni con  sorna. Para ello, se empeña en que él se exprese sin tonito provinciano; evita  por todos los medios que Ettore se entere de su actividad nocturna durante  buena parte de su vida; trata de hacerle ver, asimismo, que ciertas compañías  no son deseables para nada, con todo y que vistan traje polvoso como el que  porta sin garbo  él mismo (si bien no se  muestran en el film otras amistades posibles para el muchacho que las de su  barrio … aún más: circunscritas a las del edificio donde viven); y trabaja que  trabaja Mamma Roma lo más que puede y con el mayor gusto para hacerle cercanas  oportunidades tanto de estudio como de ocupación laboral … sin embargo, ella  misma no sabe librarse de embates sucesivos de su antiguo proxeneta, recayendo episódicamente  en el oficio.</p>
<p>Su vida y la de Ettore son <em>vivibles</em> por momentos, aunque la de este último sea la de un consumado  vago de salud frágil que en su niñez temprana estuvo a punto de morir por  afecciones respiratorias graves. Es uno más de los posibles<strong><em> Los inútiles</em> (<em>I vitelloni</em>,</strong> 1953<strong>)</strong> de Federico Fellini que, por demás  previsiblemente, en la medida en que vaya requiriendo dinero para lo que sea,  no se tocará el corazón para hacer hurtos a su madre y luego vender chueco lo  robado a otros con apoyo de sus amigos de barriada. A este efecto, aunque  desconocemos quién de tantos en el pueblo de origen fue el padre de Ettore,  podrá concluirse sin mayor margen de error que fue uno con mañas similares,  amén de que el primer amor de la temprana juventud del muchacho, el que no se  olvida, se lo despierta Bruna (Silvana Corsini), una jovencita de dieciséis o diecisiete años que ha sido el satisfactor  sexual del personal del barrio, ya con un bebé y que, bien vistas las cosas, no  es sino una proyección adolescente de la figura de su propia madre. Sólo una  buena golpiza y el desdén de la amada lo ubicarán al obcecado muchacho en la  realidad, a pesar de las sabias y amorosas reconvenciones previas de su <em>cara</em> madre.</p>
<p>Mamma Roma, la amantísima y  alegre progenitora de Ettore busca, incansablemente, apoyarlo para que él mismo  se cincele un futuro esplendente, así como preservarlo del mal; su ingenio en pos  de ello no tiene límites. Biancofiore (la muy guapa Luisa Loiano), colega buenaonda de  Mamma Roma, le pregunta: “Dime la verdad: te crucificarías por él, ¿no?” A lo  que le responde que: “Por supuesto: ¿qué hay más importante en la vida? ¡Nada!”.  Sin embargo, como dice Joaquín Sabina en <em>“Conductores  suicidas”</em>: “… que no hay ser humano que le eche una mano, a quien no se  quiere dejar ayudar; y búscate la vida, en dirección prohibida …”. Así, Ettore,  apantallado por un rápido y facilón bienestar que conoce en cierto momento  (tras abandonar los estudios y empleo que le procura en diferentes momentos su  madre) piensa, en su lamentable cortedad de alcances, que todo será siempre así  por la vida. En la cuarta de forros de las versiones noveladas de <em>“Accattone”</em> y <em>“Mamma Roma”</em>, escritas por Pasolini (publicadas por Editorial  Sudamericana, col. Horizonte, Buenos Aires, Argentina, 1965), los editores  anotan: “… Criaturas triviales, cotidianas y, en cierta medida, símbolos de esa  paradójica realidad que constituye el submundo de Roma, tanto ‘mamma’ Roma como  Accattone marchan ciega, desesperadamente y, se diría, con inconsciente avidez  hacia la autodestrucción. Víctimas de esa fatalidad que no cabe achacar a dios  alguno sino a pautas culturales y socioeconómicas, ambos personajes se debaten  con una realidad que les niega la posibilidad de substraerse al Destino: son,  en consecuencia, figuras trágicas. En torno de ellas, o más exactamente en  torno de la soledad de ‘mamma’ Roma y de la angustia de Accattone, bulle un  coro no por pintoresco menos dramático: un universo de busconas, chantajistas, vagos, resentidos,  cuyas acciones y sentimientos desconocen por igual los límites de la moral y de  la sofisticación”.</p>
<p>Y sí, bien vistos, los personajes de Mamma Roma están  hermanados con los que luego abordaría Pasolini en sus espléndidas <strong><em>Edipo  rey, hijo de la fortuna</em> (<em>Edipo, il  figlio della fortuna/Edipo re</em></strong>, 1967<strong>)</strong> y <strong><em>Medea</em></strong> (1969): priva en algunos personajes cierto matiz culpígeno; otros, con  aceptación franca de su ser como son y serán mientras no sean arrebatados por  un mal embate en una de tantas encrucijadas de la vida; en cualquiera de los  casos, la molicie y la modorra se pagan caros … y por ello esas imágenes del  final tienen tanto de martirio como de crucifixión en la más absoluta de las  soledades … y no deja de ser casi sarcástico que lo que sucede ocurra cuando al  lado <em>paganos</em> de la vida, insensibles  a la solidaridad y al dolor ajeno, leen episodios de <em>“La Divina Comedia”</em> del Dante.</p>
<p>Es claro para el que esto redacta que ya desde este  segundo largometraje, Pier Paolo Pasolini se vale de las técnicas de la  creación dramática (las de la concepción de una tragedia bien pensada y  escrita, talentosamente resuelta) y las propias del arte cinematográfico al  servicio de una expresión sensible, refinada, inquieta que busca, otea y  encuentra. Su <strong><em>Mamma Roma</em></strong> es una honesta y virtuosa exploración de las vidas y  los sinos de los que siempre pierden, de los que no serán recordados por la  historia … a menos que haya sido célebre la trapacería que cometieron. Son las  historias múltiples –que se resumen en unas cuantas tipologías- de las grandes  mayorías de personas de todas partes del mundo que fueron, son y serán, cuando  los contrastes sociales son tan señalados, cuando el reino de la explotación y  la miseria se instauran buscando cancelar las posibilidades de la esperanza.  Cuando el sentido se extravía y nada o muy poco hay que hacer, necesitan ser  contenidas las almas buenas y luchonas, las que no se arredran, para no  sucumbir ante los visos de lo insondable, de lo inexorable, de aquello que  supera los alcances de nuestra comprensión.</p>
<p>Y así <strong><em>Mamma Roma</em></strong>, sin ser el mejor  Pasolini (en lo personal, acuso debilidad personal por <strong><em>Teorema</em></strong>, 1968 y <strong><em>Edipo  rey, hijo de la fortuna</em></strong>, 1967), es un buen film del neorrealismo  italiano, de manufactura impecable, que hace justicia a esas multitudes de  niños y jóvenes de las zonas marginales, a las mujeres madres solteras-jefas de  familia que salen adelante pase lo que pase, a esa condición de gente que vive  como decía el bueno de San Francisco de Asís: “Yo necesito poco; y lo poco que  necesito, lo necesito poco”.</p>
<p><strong>FICHA  TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong><em>Mamma Roma</em></strong><strong>.</strong><strong> </strong>Italia, 1962.<strong> Dirección: </strong>Pier  Paolo Pasolini;<strong> Guión: </strong>Pier Paolo Pasolini y Sergio Citti;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Vivaldi,  coordinada por Carlo Rustichelli; <strong>Fotografía (B/N):</strong> Tonino Delli Colli; <strong>Edición: </strong>Nino Baragli; <strong>Con: </strong>Anna Magnani (<em>Mamma Roma</em>), Ettore Garofolo (<em>Ettore</em>), Franco  Citti (<em>Carmine</em>), Silvana Corsini (<em>Bruna</em>), Luisa Loiano (<em>Biancofiore</em>), Paolo Volponi (<em>el sacerdote</em>), Luciano Gonini (<em>Zacaria</em>), Vittorio La Paglia (<em>Signor Pellisier), </em>Piero Morgia (<em>Piero</em>), entre otros. <strong>Duración:</strong> 106 minutos. El film fue  nominado al León de Oro en el Festival de Venecia.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>PIER  PAOLO PASOLINI</strong> nace el 5 de marzo de 1922 en Bolonia, Italia. “Siguiendo a su familia –apunta  Manuel Villegas López en <em>Los grandes  nombres del cine II</em>, ed. Planeta, col. Biblioteca Universal Planeta,  Barcelona, España, 1975, pp. 258-261-, lleva una existencia itinerante a través  de diversas ciudades; permanece más tiempo en Bolonia, la guerra mundial  interrumpe sus estudios de Letras en esta ciudad, y va a ocultarse  en la región campesina de la que su madre es  oriunda”. Ya doctorado en Letras, en 1949 se inicia como escritor con gran  éxito. “Desde 1950 –continúa Villegas López- está en Roma, comenzando una  brillante carrera literaria que le convierte en una de las figuras señeras de  su generación como poeta, novelista y ensayista: <em>Ragazzi di vita</em>, <em>Una vita  violenta</em>, <em>Il sogno de una cosa</em>, <em>Le ceneri di Gramsci</em>, <em>La religione del mio tempo</em>, <em>Poesia in forma di Rosa</em> … Su relación y  conocimiento profundo, vital, del bajo proletariado, del submundo de la miseria  y su gente marginada, incluso fuera de la ley, marcan su obra, su personalidad  y sus ideas, adscritas al marxismo. Entra en el cine como argumentista, con <strong><em>La  chica del río</em></strong> (<strong><em>La donna del fiume</em>, </strong>1954), de Mario  Soldati; colabora con Fellini en la ambientación de <strong><em>Las noches de Cabiria</em></strong> (<em>en la que se basa la adaptación al teatro  musical y al cine de <strong>Dulce Caridad</strong>,  apunta el que rubrica este artículo</em>), como conocedor de los bajos fondos,  pero sobre todo trabaja para Mauro Bolognini –<em>otro grande</em>- y con otros directores que llevan a la pantalla alguna  de sus novelas. De esta forma, se adentra en el lenguaje cinematográfico desde  el literario, cuyas concomitancias y diferencias serán una de sus  preocupaciones y punto de partida de su obra como realizador. Los conceptos de  Pasolini sobre esta cuestión, que considera fundamental, son complejos,  puramente personales y de marcado intelectualismo (…) Cree que el lenguaje sobre  el que se implanta el cine es de tipo irracional, al modo de la manifestación  de los sueños, los recuerdos incontrolados, el subconsciente en  libertad … cuya fórmula concreta es el surrealismo. Y así, ‘el cine es  fundamentalmente una lengua de poesía’: el cinema es poético. Pero a la vez el  cine y sus imágenes concretas de hechos visibles han seguido un camino  naturalista y objetivo, esto es, ‘una lengua de la prosa’, eminentemente  narrativa y dirigida a lo racional. Esta es la visión del poeta, para el cual  el lenguaje es el vehículo de lo inexpresable, a través de la sugestión, la  elipsis, la metáfora … Esta contradicción, que encuentra &lt;&lt;intrigante&gt;&gt;, va a forjar su estilo y  marcar el itinerario de su obra, en su forma, en sus temas, en sus ideas …”.</p>
<p>Además de participar como actor en varios de sus  propios films y de otros cineastas, sólo para darse una idea del abundante  trabajo de Pasolini como co-guionista, aparte de las dos ya señaladas, pueden  referirse las siguientes: <strong><em>Il Prigioniero della montagna</em></strong> de Luis  Trenker (1955); <strong><em>Marisa La Civetta</em></strong> (1957), <strong><em>Giovani Mariti</em></strong> (1958), <strong><em>La  Notte Brava</em></strong> (1959), <strong><em>El bello Antonio</em></strong> (1960) y <strong><em>La  Giornata Balorda</em></strong> (1960), todas estas de Mauro Bolognini; <strong><em>Morte  di un Amico</em></strong> de Franco Rossi (1960); <strong><em>La Lunga Notte del ’43</em></strong> de  Florestano Vancini; <strong><em>Il Carro Armato dell’8 Settembre</em></strong> de Gianni Puccini; y <strong><em>La  Ragazza in Vetrina</em></strong> de Luciano Emmer (1961). También colaboró con  cineastas que llevaron a la pantalla obra suya, caso de <strong><em>La Canta delle Marane</em></strong>,  dirigida por Cecilia Mangini en 1960, cuyo asunto argumental está tomado de un  capítulo de <em>“Los muchachos de la vida”</em>; <strong><em>Una  vida violenta</em></strong>, film realizado por Paolo Heusch y Brunello Rondi en  1962, a partir de la novela homónima de Pasolini; asimismo, <strong><em>La  Commare Secca</em></strong>, dirigida por Bernardo Bertolucci en 1962, versión  cinematográfica de la historia concebida por el buen Pier Paolo.<strong></strong></p>
<p>En el <em>Diccionario  de Directores”</em> de Ediciones JC se apunta: “Fue polémico por su concepción  del <em>cine de poesía</em>, que se  contraponía al <em>cine de prosa</em>, cuyo  máximo representante fue Eric Rohmer, lo que dio lugar a un libro”. Dicho texto  fue publicado en español por Editorial Anagrama, en su serie Cuadernos. Se  intitula, claro, <em>“Cine de Poesía vs. Cine  de Prosa”</em>.</p>
<p>Cuando incursiona en la terrenos dirección de películas,  también lo hace brillantemente desde sus inicios. A <strong><em>Accatone</em></strong> (1961), su <em>opera prima</em> como realizador, suceden  obras como <strong><em>Mamma Roma</em></strong> (1962), <strong><em>Uccellacci e Uccellini</em></strong> <strong>(<em>Pajaritos  y Pajarotes</em>,</strong> 1966<strong>),</strong> <strong><em>El  Evangelio según San Mateo</em></strong> (1964), <strong><em>Edipo rey, hijo de la fortuna</em></strong> (1967)  y <strong><em>Teorema</em></strong> (1968). Según el <em>“Diccionario del cine.  Cineastas”</em> de Georges Sadoul: “Tras el camino abierto por su <strong><em>Evangelio  …</em></strong> continuó explorando y limpiando nuestro universo cultural –nuestra  herencia y la suya, desde el mito griego hasta Bocaccio, pasando por San Francisco de Asís-, unas veces  con una inspiración histriónica de la mejor veta (<strong><em>Uccellacce e Uccellini</em></strong>)  que, siguiendo los pasos de Totó, nos llevaba desde un &lt;&lt;quatrocento&gt;&gt; de cuento boccaciano a los funerales  de Togliatti; otras veces con un santo furor (<strong><em>Medea</em></strong>) y, posteriormente,  con cierto cansancio (<strong><em>I Racconti di Canterbury</em></strong>)”.</p>
<p>En lo personal, visualizo a un Pasolini de gran  estatura como esteta y filósofo de su tiempo y circunstancia hasta por ahí de  la conclusión de su exquisita <strong><em>Medea</em></strong> (1969).Me parecen muy menores  –respecto de su creación antecedente- las integrantes de su denominada <em>Trilogía de la Vida</em>: <strong><em>El  Decamerón</em>, <em>Los cuentos de Canterbury</em></strong> y <strong><em>Las mil y una noches</em></strong>, no  se diga su escatológica <strong><em>Saló o los 120 días de Sodoma y Gomorra</em></strong>.  Pier Paolo Pasolini es un artista y combativo intelectual de primer nivel, con  obras llenas de poder y sensibilidad en su propuesta literaria con títulos como<strong> </strong><em>Hijos  de la Vida</em>, <em>Una vida violenta</em>, <em>La religión de mi tiempo</em> o <em>Poesía en forma de rosa</em>, amén de las  novelizaciones de algunos de sus films más renombrados, como antes consigné: <strong><em>Accatone</em></strong>, <strong><em>Mamma  Roma</em></strong>, <strong><em>El evangelio según San Mateo</em></strong>, <strong><em>Edipo rey, hijo de la fortuna</em></strong>, <strong><em>Teorema</em></strong> o <strong><em>Medea</em>.</strong></p>
<p>El Pasolini al que me refiero se distinguió por hablar  –y hacerlo fuerte- así como por saber imprimir a sus obras fílmicas de una  plástica exquisita. Autor al fin, él consideraba que en la denominada <em>subjetiva libre indirecta</em> (particular  tipo de toma en que la lente de la cámara se transforma en el ojo del  realizador desde su altura física y su perspectiva-, a través de la cual se  articula, analiza y transforma lo captado en una suerte de <em>imagen espiritual</em> dotada de cuerpo y dinamismo) estaba la clave de  la expresión cinematográfica y, con base en ello, construyó todo un edificio  teórico en la búsqueda –aún hoy azarosa- de un lenguaje cinematográfico  definitivo.</p>
<p>Pasolini fue, pues, un artista, un poeta, un autor en  toda la extensión que abarcan estas palabras, hasta que la decadencia –insisto:  en mi apreciación- sobrevino. Elocuentes son los testimonios sociales plasmados  en <strong><em>Accatone</em></strong> y <strong><em>Mamma  Roma</em></strong>, con la participación en esta última de Anna Magnani; el logro  estético notable de <strong><em>Edipo rey, hijo de la fortuna</em></strong>; asimismo, los planteamientos  entre metafísicos y existenciales, vinculados con lo erótico inmanente y  trascendente de que está substanciado <strong><em>Teorema</em></strong> todo. En obras como estas, a  no dudar, está vivo su <em>yo mítico</em>,  trascendente, en la medida en que sus planteamientos, hallazgos y logros responden  a interrogantes universales de nuestra naturaleza humana. Para ilustración de  esto que apunto, acúdase por favor al <em>Apéndice</em> dispuesto luego de la filmografía del cineasta, en que reproduzco un pasaje de  prosa poética incluido en la conclusión misma de la versión literaria de su  film <strong><em>Teorema</em>.</strong></p>
<p>Sobre aquello que, a querer y no, lo conduce a Pier  Paolo a su propio callejón sin salida, a su <em>truene</em> existencial, Enzo Siciliano, uno de sus biógrafos, en <em>“Vida de Pasolini”</em> (publicado por Plaza &amp; Janés Editores, 1981,  Barcelona, España), aventura: “Pasolini, ¿se pidió a sí mismo morir? Su  asesinato, ¿fue un suicidio por delegación? (…) Hay muchos enigmas en él. El  más visible de ellos se refiere a una naturaleza de escritor … incluso  demasiado delicada, incluso demasiado vulnerable, hasta el punto de que se  diría como si necesitase manifestarse en secreto, y no en el choque violento  con el público como, por el contrario, ocurrió. Como solución de este enigma  diré que Pasolini dejó violar delicadeza y vulnerabilidad, en una generosa sed  de vida. Otro enigma –el referente a su necesidad de razón, que fue aniquilada  por el ímpetu psicagógico y naufragó- puede explicarse subrayando de qué forma  carecía de una cultura pragmática. Hablo de empirismo filosófico. Pero el  empirismo era para Pasolini un pecado de laicidad. Por eso lo rechazaba. Hombre  completamente de su tiempo, eligió vivir en el campo enemigo, disparando  polémicas y acusaciones, impulsando hasta la paradoja su insostenible situación  personal y no preocupándose de nada más. En tal sentido, su calidad de  intelecto se enturbiaba, y el peso de la ideología se hacía oneroso. Fue más  orador que político, y no se liberó de la prisión de sus realidades  psicológicas. Habría deseado ser liberado de ellas, y realizó asiduos esfuerzos  en tal sentido, cuando intentó, por &lt;&lt;ironía&gt;&gt;, hacerse semejante a &lt;&lt;estoico&gt;&gt; sabio, capaz de salvar a  los hombres en virtud de su gélido ejemplo, en virtud de las prácticas austeras  con las que se había salvado a sí mismo. Pero su austeridad no conoció hielo  alguno y fue sólo una hipótesis de vida.</p>
<p>“Peso de la ideología: ésta era la herencia de los años  cincuenta que resistía en Pasolini y que lo llevó a juzgar la compleja  unificación cultural producida en el país, como una funesta &lt;&lt;homologación&gt;&gt;. Sobre ésta descargó su  rabia. Su &lt;&lt;locura&gt;&gt; pretendía mirar más allá de  las minuciosas conmesuraciones entre medios y fines, entre recursos y &lt;&lt;teorías de las necesidades&gt;&gt; o &lt;&lt;de los deseos&gt;&gt;. El bienestar se le  aparecía como vehículo de infelicidad. Se convirtió en víctima del moralismo.  Prevaricación de la ideología, rechazo de toda filosofía de la experiencia,  riesgo de caída en lo irracional: son connotaciones exquisitamente italianas,  que en Pasolini se elevan hasta lo incandescente. Y sus enigmas irían a  eclipsarse en aquella incandescencia. Por más que parezca perfectamente en  sintonía con cierto espíritu italiano, he aquí a Pasolini exorbitar de dicho  espíritu, encontrarse no conciliado con él:</p>
<blockquote><p><em>… Llegaré al fin sin</em> <em>haber hecho, en mi vida,</em> <em>la prueba existencial, la  experiencia que mancomuna a los hombres y  les da</em><em> una idea tan dulcemente definida</em><em> de fraternidad, al menos en los  actos de amor.</em></p>
<p><em>Como un ciego al que se le  escapa</em><em> en la muerte una cosa que  coincide</em><em> con la vida misma…</em><br />
Le  poesie, Garzanti, Millán, 1975, p. 361.</p></blockquote>
<p>Concluye la cita de Siciliano: “Su individualidad acaba  por predominar sobre cualquier otra consideración. Surgían desgarro y ofensa,  actuaba el dolor de la antigua y secreta herida. A esto, y a la erosión de lo  vivido, sometió Pasolini toda conquista de inteligencia, de moralidad, de  forma. La acción de lo irracional sobre él actuó por esos caminos, por los  difíciles e inescrutables caminos del inconsciente” (pp. 412-413).</p>
<p>Conocido homosexual, “La mañana del 2 de noviembre de  1975, en una explanada del Idroscalo de Ostia, se encontró el cuerpo de Pier  Paolo Pasolini”, apunta de nuevo Enzo Siciliano. Y continúa: “El poeta de <em>Le ceneri di Gramsci</em>, el narrador de <em>Una vita violenta</em>, el director de <strong><em>Accattone</em></strong> y de <strong><em>Teorema</em></strong>,  hombre controvertido y contradictorio, parecía haber concluido su propia  existencia como en una página de una de sus novelas, como en la secuencia de  una de sus películas. Lo había matado un &lt;&lt;ragazzo di vita&gt;&gt;. Así lo confesó  inmediatamente un muchacho pueblerino de diecisiete años. Se abrió a la controversia  (…) Marxista y cristiano, en Pasolini vivían antiguas exigencias de redención  nutridas por los campesinos de los Apeninos y del valle del Po. Supo dotar a  las palabras mismas de poesía. Ésta fue la victoria que obtuvo sobre su destino  atroz de hombre. Poeta nato, exquisito poeta de la tradición literaria más  exquisita, se quiso diverso: se arrojó a la acción, probablemente para no  dejarse vencer y matar por las fúnebres añagazas de la literatura pura. Atraído  por la catástrofe y por la subversión como elemento regenerativo de la  Historia, y nutrido a la vez de esperanzas cristianas, su contradicción fue  dramáticamente emblemática de un período”.</p>
<p>La obra cinematográfica de Pier Paolo Pasolini,  potentísima, sigue siendo motivo de gozosa y potente convocatoria … como ahora  con <strong><em>Mamma  Roma</em></strong>. Este es parte del privilegio generacionalmente renovado de  quienes dieron forma a obras que supieron cristalizar humanidad, de modo  siempre sugerente, en ese valiosísimo legado que permanece y les sobrevive. Gracias, pues,  apasionado Maestro Pasolini, especialmente por tu <strong><em>Teorema</em>.</strong></p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1961          <em>Accatone</em>.</strong><br />
<strong>1962          <em>Mamma  Roma.</em></strong><br />
<strong>1963          <em>Rogopac</em></strong> (episodio <em>La Ricotta</em>). Los otros fueron dirigidos por Rossellini, Godard y  Gregoretti.<br />
<strong>1963          <em>La rabbia</em></strong> (la primera parte; la segunda  estuvo a cargo de Giovanni Guareschi).<br />
<strong>1964          <em>Comizi  d’amore</em>.</strong><br />
<strong>1964          <em>El evangelio según San Mateo</em> (<em>Il Vangelo secondo Mateo</em>).</strong><br />
<strong>1966          <em>Pajaritos  y pajarotes</em> (<em>Uccellacci e Uccellini</em>).</strong><br />
<strong>1966          <em>Las brujas</em> (<em>Le streghe</em>).</strong> Episodio: <em>La Terra vista dalla Luna</em>.  Los otros estuvieron a cargo de Luchino Visconti, Mauro Bolognini, Franco Rossi  y Vittorio De Sica.<br />
<strong>1967          <em>Edipo rey, hijo de la fortuna</em> (<em>Edipo, il figlio della fortuna/Edipo re</em>).</strong><br />
<strong>1966          <em>Capriccio all’italiana</em>. </strong>Episodio: <em>Che Cosa Sono le Nuvole?</em>. Los restantes  fueron realizados por Mauro Bolognini (dos), Steno, Pino Zac y Mario Monicelli.<br />
<strong>1967           <em>Amore e rabbia</em>.</strong> Episodio: <em>La Fiore di Campo</em>. Los restantes fueron dirigidos por Lizziani,  Bernardo Bertolucci, Jean-Luc Godard y Marco Bellocchio.<br />
<strong>1968          <em>Teorema</em>.</strong><br />
<strong>1969          <em>Il  Porcile</em>.</strong><br />
<strong>1969          <em>Medea</em>.</strong><br />
<strong>1971          <em>El  Decamerón</em> (<em>Il Decamerone</em>).</strong><br />
<strong>1972          <em>Los cuentos de Canterbury</em> (<em>I raconti di Canterbury</em>).</strong><br />
<strong>1974          <em>Las mil y una noches</em> (<em>Il fiore delle mille e una notte</em>).</strong><br />
<strong>1974          <em>Blasfemia</em>.*</strong><br />
<strong>1975          <em>Saló o los 120 días de Sodoma y Gomorra</em> (<em>Le 120 giornate di Sodoma</em>).</strong><br />
<strong>1975          <em>Orestiada  africana.*</em></strong></p>
<hr />
<strong>*: </strong>Estas dos aparecen referidas  en el Diccionario de Cineastas de Sadoul.</p>
<hr />
<p><strong>PASOLINI:  LITERATO Y POETA*:</strong></p>
<p><em>Poessia  dialettale del Novecento</em>,  Parma, Guanda, 1952.<br />
<em>La meglio  gioventù, poesie friulane</em>,  Florence, Sansoni, 1954.<br />
<em>Canzionere  italiano, antologia della poesía popolare</em>, Parma, Guanda, 1955.<br />
<em>Ragazzi di  Vita</em>, Milan,  Garzanti,1957.<br />
<em>Le ceneri di  Gramsci</em>,  Milan, Garzanti,1957.<br />
<em>L’usgnolo della  Chiesa Cattolica, Milan, Longanesi, 1958.</em><br />
<em>Una vita  violenta</em>,  Milan, Garzanti, 1959.<br />
<em>Sonetto  primaverile</em>,  Milan, Scheiwiller, 1960.<br />
<em>Donne di Roma</em>, con una introducción de  Alberto Moravia, Milan, Il Saggiatore, 1960.<br />
<em>Roma 1950,  diario</em>,  Milan, Scheiwiller, 1960.<br />
<em>La poesia  popolare italiana</em>,  Milan, Garzanti, 1960.<br />
<em>Passione e  ideologia</em>,  Milan, Garzanti, 1960.<br />
<em>Come è nato  l’universo</em>,  Roma, Citta Nuova, 1961.<br />
<em>La religione  del nostro tempo</em>,  Milan, Garzanti, 1961.<br />
<em>La Commare  Secca</em>,  Milan, Ziberti, 1962 (con Bernardo Bertolucci).<br />
<em>Accattone</em>, Rome, Edizioni FN, 1961.<br />
<em>Mamma Roma</em>, Milan,Rizzoli, 1962.<br />
<em>L’odore  dell’India</em>,  Milan, Longanesi, 1962.<br />
<em>Il sogno di  una cosa</em>,  Milan, Garzanti, 1964.<br />
<em>Poesia in  forma di rosa</em>,  Milan, Garzanti, 1964.<br />
<em>Ali Dagli  Occhi Azzurri</em>,  Milan, Garzanti, 1965.<br />
<em>Uccellacci e  Uccellini</em>,  Milan, Garzanti, 1966.<br />
<em>Edipo Re</em>, Milan, Garzanti, 1967.<br />
<em>Teorema</em>, Milan, Garzanti, 1968.</p>
<p>Desarrolló varios y muy interesantes ensayos. Destaco  sólo, en obvio de espacio y a guisa de ejemplo: <em>“Il Cinema di Poesia”</em> (1965) y <em>“Sintagmi  Viventi e Poeti Morti”</em> (1967). También tradujo <em>Il Vantone</em> (de <em>Miles  Gloriosus</em>) de Plauto.</p>
<p><strong>*: </strong>Información  obtenida de<strong> </strong><em>“Pasolini on Pasolini”</em> de Oswald Stack, Indiana University Press,  Bloomington and London, serie Cinema One No. 11, Gran Bretaña, 1969, pp. 174-175.</p>
<hr /><strong>Apéndice.</strong></p>
<p align="center"><strong>Ah,  mis pies desnudos …</strong></p>
<p align="right"><strong>por Pier Paolo  Pasolini.</strong></p>
<p>¡Ah, mis pies desnudos que caminan<br />
por  la arena del desierto!<br />
¡Mis  pies desnudos que me llevan<br />
allí  donde sólo hay una presencia única<br />
y  donde nada me ampara de ninguna mirada!<br />
¡Mis  pies desnudos<br />
que  han escogido un camino<br />
que yo sigo  como en una visión<br />
de los padres  que construyeron,<br />
en el 20, mi  villa de Milán y de los jóvenes<br />
arquitectos<br />
que la  completaron en el 60!<br />
Como ya para  el pueblo de Israel y el apóstol<br />
Pablo,<br />
el desierto se  presenta ante mí<br />
como la única  parte de la realidad que es<br />
indispensable.<br />
O mejor aún,  como la realidad<br />
despojada de  todo, salvo de su esencia,<br />
tal como se la  representa quien vive y, a veces,<br />
la piensa, aún  sin ser filósofo.<br />
En efecto,  nada hay aquí<br />
que no sea  necesario:<br />
la tierra, el  cielo y el cuerpo de un hombre.<br />
Por demente,  abisal o etéreo<br />
que sea el  horizonte oscuro su línea es UNA:<br />
y cualquier  punto suyo es igual a otro punto.<br />
El desierto  oscuro que parece brillar,<br />
tal es su  dulzura azucarada,<br />
y la bóveda  del cielo, incurablemente azul,<br />
cambian  siempre, pero son siempre iguales.<br />
Bien, ¿qué  decir de mí mismo?<br />
¿De mí, que  estoy donde estaba y estaba donde<br />
estoy,<br />
autómata de  una persona real,<br />
enviado a  caminar por el desierto en lugar de ella?<br />
ESTOY LLENO DE UNA PREGUNTA  QUE NO SÉ RESPONDER.</p>
<p>¡Triste resultado, si he escogido  este desierto<br />
como lugar verdadero e ideal  de mi vida!<br />
El que buscaba por las  calles de Milán<br />
¿es el mismo que ahora busca  por las calles del<br />
desierto?<br />
Es cierto: el símbolo de la realidad<br />
tiene algo de que la  realidad carece: representa todo significado,<br />
y a la vez agrega  –precisamente<br />
por su naturaleza representativa-  un<br />
significado nuevo.<br />
Pero este significado nuevo  es indescifrable<br />
para mí<br />
-a diferencia del pueblo de  Israel o del apóstol<br />
Pablo-.<br />
En el hondo silencio de la  evocación sacra,<br />
me pregunto entonces si para  marchar al desierto<br />
<em>no  es preciso haber tenido una vida</em><br />
<em>ya  predestinada al desierto</em>,  y si al vivir<br />
en los días de la historia  –tanto menos hermosa,<br />
pura y esencial que su  representación-<br />
no es preciso haber sabido  responder<br />
a sus preguntas infinitas e  inútiles<br />
para poder responder ahora<br />
a esta del desierto, única y  absoluta.<br />
¡Mísera, prosaica conclusión<br />
-laica por imposición de una  cultura de gente<br />
oprimida-<br />
de un cambio iniciado para  ir hacia Dios!<br />
Pero, ¿qué habrá de  prevalecer? ¿La aridez<br />
mundana<br />
de la razón o la religión,  despreciable fecundidad<br />
de quien vive<br />
relegado en la historia?<br />
Mi rostro, pues, es dulce y  resignado<br />
mientras camino lentamente,<br />
jadeante y bañado de sudor,<br />
cuando corro<br />
lleno de un sacro terror,<br />
cuando miro a mi alrededor esta  unidad sin fin,<br />
puerilmente preocupado,<br />
cuando observo bajo mis pies  descalzos<br />
la arena sobre la cual me  deslizo o me arrastro:<br />
precisamente como en la vida,  como en Milán.<br />
Mas, ¿por qué me detengo  súbitamente?<br />
¿Por qué miro fijamente ante  mí, como si viera algo?<br />
No hay nada de nuevo más  allá del horizonte<br />
oscuro,<br />
que se delinea infinitamente  distinto o igual<br />
contra el cielo azul de este  lugar<br />
imaginado por mi pobre  cultura.<br />
¿Por qué, sin que mi  voluntad lo ordene<br />
se me contrae la cara, se me  hinchan las venas del cuello, se me llenan los ojos de una luz ardiente?<br />
¿Y por qué el grito -que  desde hace unos<br />
instantes<br />
me sale enfurecido de la  garganta-<br />
no agrega nada a la  ambigüedad que hasta ahora<br />
ha dominado mi vagabundear  por el desierto?<br />
Es imposible decir qué clase  de grito<br />
es el mío: aunque sin duda  es terrible<br />
-a tal punto que me  desfigura las rasgos<br />
volviéndolos parecidos a las  fauces de una fiera-, también es, en cierto modo, alegre,<br />
y me convierte casi en un  niño.<br />
Es un grito que invoca la  atención de alguien<br />
o su ayuda; pero que quizá  también lo maldice.<br />
Es un aullido que quiere  proclamar,<br />
en este lugar deshabitado,  que existo,<br />
o bien no sólo que existo,<br />
sino también que soy. Es un  grito<br />
en el cual, hundido en la  angustia,<br />
se siente un vil acento de  esperanza;<br />
o acaso un grito de certeza,  totalmente absurda,<br />
dentro de la cual resuena,  pura, la desesperación.<br />
De todos modos, esto es  cierto: sea cual fuere<br />
el significado de mi grito,<br />
está destinado a perdurar  más allá de todo fin<br />
posible.</p>
<p>Pier Paolo  Pasolini en <em>Teorema</em>, la versión  novelada de su film homónimo, escrita por él mismo. El transcrito es el  apartado final de este libro publicado por Editorial Sudamericana, col.  Horizonte, décimo segunda edición, noviembre de 1974, Buenos Aires, Argentina,  pp. 215-219.</p>
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		<item>
		<title>El hombre del brazo de oro (The Man with Golden Arm). Estados Unidos, 1955, de Otto Preminger.</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 18:53:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1955]]></category>
		<category><![CDATA[Arnold Stang]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Otto Preminger]]></category>

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		<description><![CDATA[En  pos de una plenitud artificial:
historias  sórdidas de víctimas del  placer.
por Luis  Arrieta Erdozain
El hombre del brazo de oro es una película de poliédrico interés que despliega  sus centros gravitacionales en torno a la capacidad de abyección a que puede  conducir a los individuos la adicción por drogas fuertes de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=45&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"><strong>En  pos de una plenitud artificial:</strong><br />
<strong>historias  sórdidas de víctimas del  placer.</strong></p>
<p align="right"><strong>por Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
<p><strong><em>El hombre</em></strong><strong> de<em>l brazo de oro</em></strong> es una película de poliédrico interés que despliega  sus centros gravitacionales en torno a la capacidad de abyección a que puede  conducir a los individuos la adicción por drogas fuertes de distinta índole  (desde la heroína hasta el alcohol, desde la obsesión por los juegos de azar  con apuesta de por medio hasta la dependencia amoroso-emocional llevada a sus  extremos … en este marco, la verdad, ni pintan quienes optan por la nicotina);  también boceta el intenso –aunque acre- sabor de la victoria personal cuando se  ha logrado superar la dependencia compulsiva, pudiéndose desdeñar con entereza  la oferta del <em>conecte</em> o de quien lo busca encadenar nuevamente a su  yunta logrando conducirse sin ataduras perniciosas y caminar con la frente muy  en alto.</p>
<p>Basado  en la novela homónima de Nelson Algren, el film nos sitúa en los barrios bajos  (o casi-casi) de la ciudad de Chicago de los cincuenta. Otto Preminger, el  realizador, atiende a la sabiduría del dicho ese de: <em>“Llegando y tumbando  caña”</em>, pues realmente en pocos minutos nos sitúa en el momento actual del  presente de la historia que se narra: Frankie Machine (caracterizado con  sobriedad por Frank Sinatra), experto <em>tallador</em> de cartas en garitos  clandestinos (lo que sería un <em>croupier</em> en los casinos autorizados),  recién desintoxicado y rehabilitado de su adicción por la heroína, acaba de  salir libre tras encontrarse recluido por seis meses. Está resuelto a cumplir  un compromiso que hizo consigo mismo y con el Dr. Lennox (que es quien lo trató  en Lensington): mantenerse firme, con y contra todo, en su abstinencia, para lo  cual ha decidido alejarse del insano ambiente de las partidas clandestinas de cartas.  Como en cualquier CERESO de nuestro incomparable país, en la prisión le dan, amén  de un  lapso prolongado de abstinencia, motivos para hacer una “reingeniería” de su  vida y algo valioso en lo que puede apoyarse: descubren que tiene un talento  natural como baterista. Así, le enseñan música, a tocar este instrumento y,  cuando va a salir libre, entre todos (custodios, internos y autoridades del  penal donde purga su condena: insisto, como en México) cooperan para  obsequiarle la batería que, a estos efectos, significará su posibilidad de una  nueva vida, si logra ser aceptado como integrante de una de las bandas de moda  en esa época (Machine comenta entusiasta: “El que me enseñó a tocar me dijo que  tengo talento, que no puedo fallar, que tengo <em>el brazo de oro</em>. Lo tengo  planeado todo. Me llamaré Jack Duvall”). Esta andanada de nuevos y renovadores aires  existenciales resulta coartada y desalentada por … ¡su esposa! Sofia <em>”Zosh”</em> Machine (muy meritoriamente encarnada por Eleanor Parker), a quien <em>le vale  olímpico gorro</em> si Frankie ha logrado rehabilitarse o quiere ser músico  ahora. En su inseguridad y codicia ella, desde la silla de ruedas que ocupa  desde hace tres años a consecuencia de un accidente automovilístico, lo  chantajea emocionalmente hasta lo indecible para que continúe trabajando como <em>tallador</em> (aunque una redada en el sitio clandestino es lo que le haya hecho pisar la  cárcel; aunque desenvolverse en ese tipo de ambientes lo haya convertido en  drogadicto). Aquí también, por extensión, <em>el brazo</em> se vuelve <em>de oro</em> porque los precios de lo que le llegó a inyectar no son, para nada. “de interés  social” (ojalá que fuera como un <em>cochinito</em>, pero no).</p>
<p>Frankie  Machine carga con el complejo de culpa de que era él quien conducía el vehículo  cuando Zosh quedó inválida, amén de que evidencia cierta debilidad de carácter  al no ser capaz de rehusar los deseos de su egoísta y tonta mujer. Además,  existe presión social para que regrese al ambiente tanto por parte de la  persona para la que trabajaba: Schwiefka <em>“</em><em>Chefka”</em> (Robert Strauss) como por  parte de <em>su narcotraficante de cabecera</em>:  el detestable –y de actuación magnífica- Louie (Darren McGavin), quien le hace la  oferta de una primera dosis de heroína gratis (ello recuerda lo que le dice el  barman a Diane Keaton cuando ésta, para corresponder a la atención de su  escucha a lo que le dice, le ofrece una copa de lo que quiera que él declina:  “Gracias, pero no. Para mí, una es un millón” … todo está dicho, ¿no? Ello  viene, claro, en <strong><em>Adiós, Mr. Goodbar</em> –<em>Looking  for Mr. Goodbar-</em>, </strong>1977, de Richard Brooks) … Ante todo esto, pareciera que la  rehabilitación duradera de Frankie quedará sólo en buenos deseos, que <em>“el que nace pa’ maceta, no pasa del  corredor”</em>. Pero aún en ambientes así hay ángeles de gran hermosura física o  espiritual, caso de Molly (Kim Novak), quien brindará su generoso y decidido  apoyo a su buen afecto de siempre; o como el atolondrado y  buen Sparrow (Arnold Stang), camarada sano,  incondicional, vago y buena gente (un poco el equivalente, como pareja de  amigos, aunque sin sus dimensiones, al <em>Ratzo</em> memorablemente caracterizado por Dustin Hoffman, al lado de Jon  Voight, en <strong><em>Vaquero de media noche</em></strong>, 1969, de John Schlesinger).</p>
<p>Con una frialdad ajena a la compasión (aunque quizá más  cerca de la objetividad y la comprensión), la cámara de Preminger ilustra  distintos modos de abandono a lo indecible, dolor, abuso o humillación que  sufren los adictos a diferentes drogas que consumen compulsivamente a hora y a  deshora. Ejemplo de ello es la manera como se burlan de él, haciendo escarnio  de su persona, en el caso del joven manco interpretado por John Conte en el bar  de Antek del comienzo de la cinta, a quien azuzan hasta hacerlo babear  literalmente refiriéndole el placer que procura la primera copa del día, aún si  es de mañana; más dramático es el caso del otro hombre joven detenido en la  prisión de la comisaría, encarnado por Jered Barclay, quien suplica a gritos  por una inyección, por una dosis de heroína. Es clara la presencia del eje  dominador-lacayo que llega a niveles abominables, con el control que da al  primero sobre el segundo ser su proveedor: sea de droga o del recurso para  adquirirla. Aquí hay asociaciones cinematográficas prácticamente inevitables, algunas  de las cuales me permito referir: <strong><em>Días sin huella</em></strong>(<strong><em>The  Lost Weekend</em>,</strong> 1945) de Billy Wilder, basada en la novela de Charles R.  Jackson y protagonizada por Ray Milland en uno de sus trabajos más memorables,  con Jane Wyman en el coestelar; la estupenda y estrujante <strong><em>Días de vino y rosas</em></strong> (<strong><em>Days  of wine and Roses</em>,</strong> 1962) de Blake Edwards, con un magnífico desempeño  actoral tanto por parte de Jack Lemmon como de la siempre guapa Lee Remick; más  reciente en el tiempo, con un trabajo impecable de Nicolas Cage, está <strong><em>Adiós  a Las Vegas</em></strong> (<strong><em>Leaving Las Vegas</em></strong>, 1997), de  Mike Figgis. Y en un coctel tremebundo, muy  impactante, de los alcances de la adicción a drogas inhaladas, inyectadas y a las  anfetaminas (en este caso, para perder apetito y bajar de peso, utilizadas  indiscriminadamente), en tres avenidas de perdición desgarradoras, está <strong><em>Réquiem  por un sueño</em></strong> (<strong><em>Requiem for a Dream</em></strong>) del año 2000,  dirigida por Darren Aronofsky, con Ellen Burstyn en el rol principal.</p>
<p>Hay más adicciones ilustradas en <strong><em>El  hombre</em> de<em>l brazo de oro</em></strong>: la del juego, la pasión por obtener el  favor de la fortuna y el azar, habiendo fuertes sumas de apuesta de por medio,  que también es representada magistralmente por Preminger, especialmente en  aquella partida de naipes que dura poco menos de tres días (aquí Fedor  Dostoievsky, con su obra <em>“El jugador”</em>,  es referencia obligada, así como la versión cinematográfica más reciente de  ella homónimamente titulada en español (<strong><em>The Gambler</em></strong>, dirigida en 1997 por  Károly Makk y protagonizada por Michael Gambon); asimismo, la estupenda <strong><em>El Imperio de la Fortuna</em>, </strong>1985,  de Arturo Ripstein. En la referida e intensa jugada larga, es rayana con lo  inaudito la obsesión de los participantes más <em>picados</em>, los necesarios giros de la suerte, la capacidad de  resistencia personal llevada a su límite … además de que, en el caso de Frankie,  el jugador estrella de la casa, cuando desea retirarse por cansancio con las  mejores ganancias de la noche para su patrón, prácticamente es obligado a  quedarse, además de que le posponen la dosis de heroína de repuesto … todo este  aquelarre de excesos se produce y concluye con un desenlace amargo e indeseable  apenas minutos antes del ensayo al que está citado  Machine y que constituye su oportunidad para  ver si forma parte de una banda … pero para entonces está cansado, <em>frick</em>, con el pulso hecho un desastre y  una capacidad de concentración mínima … así se va por la coladera, pues, la  posibilidad de un sueño de redención largamente acariciado y todo un mundo, el  de Frankie Machine, entra en crisis y parece derrumbarse junto con él.</p>
<p>Por inaudito que parezca, hay mañana: bien puede ocurrir  que se produzca una nueva rehabilitación (como le ocurre al detective antidrogas  caracterizado por Gene Hackman en <strong><em>Contacto en Francia II</em></strong> de John Frankenheimer,  1975, a quien los narcotraficantes inyectan heroína contra su voluntad para volverlo  adicto). Luego de huir de su hogar y de la cercanía patológica de Zosh, Frankie  le dice a quien se constituye, de momento, en su tabla de salvación única: “Me  encuentro enfermo. Me duele todo. Estoy muy mal”. A lo cual sucede una secuencia  de &lt;&lt;quiebre&gt;&gt; memorable, luego de la cual  y de pensarlo muy bien se produce el reencuentro Frankie con Zosh. Reproduzco  este diálogo:</p>
<ul>
<li>“He  venido a decirte una cosa: me marcho de aquí.</li>
<li>(…)  ¿Qué?</li>
<li>Me  marcho. No tendrás que preocuparte por el dinero. Encontraré la manera de  enviártelo. Vicky cuidará de ti.</li>
<li>¿Me  abandonas?</li>
<li>No  te abandono, pero me marcho. Ya viste lo que sucedió desde que regresé: el Dr.  Lennox me previno, empecé de nuevo con las drogas y, sin darme cuenta, volví a  las andadas.</li>
<li>No  … no puedes abandonarme. Tienes que quedarte y cuidar de mí.</li>
<li>Sé  que soy el responsable de lo que sucede, pero no puedo pasarme el resto de mi  vida atormentándome hasta morir (<em>esto  aplicado a sus propias caídas –aclara este comentarista- y porque en el accidente  que dejó postrada a Zosh, como antes se refirió, iba conduciendo él</em>). Lo  llevo clavado desde que ocurrió. Ni un momento dejo de pensar en ello pero …</li>
</ul>
<p>Bien, todo es inútil. Tengo que  marcharme.</p>
<ul>
<li>¡No  puedes marcharte, Frankie! ¡No debes marcharte!</li>
<li>Es  inútil. Despidámonos, Zosh.</li>
<li>¡Sé  quién te aparta de mí!: ¡Molly!</li>
<li>No.</li>
<li>¡Te  vas para poder vivir con esa … cualquiera! ¡No, Frankie, no!</li>
<li>Adiós,  Zosh.</li>
<li>¡No  te vayas, no me abandones! ¡No me dejes!</li>
</ul>
<p>Luego de esta cadena de imploraciones, que no hacen  sino empequeñecer más y más la figura de Zosh ante Frankie (ni un beso de boca <em>de esos por no dejar</em> se produce), en una  culminación de secuencia magistral por parte de Otto Preminger, al dirigirse  Frankie hacia la puerta del departamento, se encuentra con Molly, a quien  acompañan los policías que lo buscan por algo que se le imputa, pero que él no  cometió. Zosh, en su desesperación, acaba descubriéndose a sí misma en el juego  de su mentira representada por años, que a la par que la exhibe en toda su  patológica abyección, ahora la incrimina. <em>Genio  y figura …</em>, Zosh se corona hasta lo último como una chantajista emocional  por excelencia. Esta lastimosa y egoísta relación de dependencia que revela muy  baja autoestima por parte de quien la procura y alienta, recuerda de algún modo  la madeja de complicidades suegra-esposa (Carmen Montejo y Blanca Guerra,  respectivamente), orquestada conscientemente o no en pos del sometimiento hasta  lo último del yerno-marido (José Alonso) en la magistral <strong><em>En la trampa</em></strong> (1978) de  Raúl Araiza.</p>
<p>Valga comentar de una vez que Eleanor Davis, en su  caracterización de Zosh, así como Darren McGavin, como el despreciable narco Louie,  el par de villanazos del film, se llevan las palmas con su trabajo; Frank  Sinatra, por su parte, más allá de lo lucidor y estridente que es su papel, que  desempeña con decoro, en no pocos momentos se muestra inexpresivo y como sin  recursos para darle un valor agregado a lo que actúa. Su mejor momento  dramático –para el que esto suscribe- es su gesticulación tras que es sacado de  la celda de la prefectura el drogadicto que grita pidiendo una dosis: ahí  establece, incluso con algo que sugiere cierta sudoración, que el sufrimiento  del <em>compita</em> al que sacan a rastras  fue el suyo pocos meses antes, cuando logró &lt;&lt;quebrar&gt;&gt; su propia dependencia de la  heroína. Frank Sinatra fue un cantante memorable aunque como actor nada del  otro mundo. Hubo, sí, un <em>inexpresivo</em> genial por antonomasia y se llamó Humprey Bogart … pero sólo hubo uno y dejó su  huella por las avenidas del séptimo arte.</p>
<p>En el tema musical principal del film, de título  homónimo, atribuido a Elmer Bernstein, también participan, según los créditos  oficiales de la obra, Frederick Steiner, en tanto las ejecuciones de jazz son interpretadas por Shorty Rogers y sus Gigantes, con  Shelley Manne. La melodía es un verdadero clásico de su género, además de que  se trata de música creada originalmente para una película. Parte de su genio  creativo es lo que expresa, evoca y consigue remover. En mi apreciación, se  trata de una pieza de <em>beat</em> machacón, justo  por aquello que le confiere la dimensión sonora de la batería, central en la ejecución  (y que vincula al tema con el afán del personaje central por ser el baterista de  una gran banda de la época). Es, también, música de la época que solía  asociarse con películas del género de <em>cine  negro</em>, habitualmente escenificadas en sitios poco recomendables o  peligrosos, en donde campea el hampa (bueno, no es Ciudad Juárez, pero sí  Chicago, donde <em>también hace aire)</em>.  Pero tiene algo más: esa melodía me parece sardónica. Al corroborar el  significado de este epíteto en una enciclopedia, comparto que dice que <em>sardónica</em> es lo perteneciente a la  sardonia. En <em>sardonia</em> se precisa,  entre otras cosas, que es una hierba de hojas relucientes y flores pequeñas de  color amarillo azufre que crece en prados húmedos y sitios pantanosos (como  quien dice, por analogía, en ciertos suburbios lumpen). Luego se apunta que se  trata de una planta muy tóxica (como las drogas que se abordan en la película)  y más concluyente, para los propósitos de lo que se comenta: “Su jugo produce  en los músculos de la cara una contracción que imita la risa”. De esta suerte,  concluyo que sí, por extensión, el tema musical de <strong><em>El hombre</em> de<em>l  brazo de oro</em></strong> es de esencia sardónica y digna evocación sonora de una obra maestra del  cine. Además, confieso que fue un disco que escuché muchas veces en los años  tiernos de mi infancia junto con <em>Cri-Cri</em> y música infantil de esa época.  Lo había comprado mi Papá, y recuerdo que me llamaba mucho la atención que a  alguien se le hubiese ocurrido colocar una jeringa tan grande y de rasgos tan  elegantes en la portada de un disco de fondo blanco, siendo que las inyecciones  dolían y para qué andar recordando malos ratos. También, lo que se decía en el  reverso de la funda respecto de los avances  en la calidad del sonido presentes en este disco del denominado “Per-cus-sive  Jazz”. En la identificación del CD remasterizado en 1992, sigue la leyenda: “Doctored  for Super-Sound”). Ahora sí que <em>música de mis recuerdos</em>, en un film  realizado el mismo año en que nací.</p>
<p>Al  margen de lo anterior, <strong><em>El hombre</em></strong><strong> de<em>l brazo de oro</em></strong> es una obra poderosa, vigente, clásica que muestra  la degradación ostensible de personas que llevaron sus apegos por insumos de  impacto poderoso <span style="text-decoration:underline;">casi</span> hasta sus últimas consecuencias. Quizá por ello la  película es un auténtico <em>tour de force</em> en lo que a intensidad toca, con  pocos lapsos de remanso. En la <em>sui generis</em> fórmula de la trama ocurre lo  inaudito, a lo que sucede algo cada vez más y más y más inaudito. La condición  humana queda sometida a su última expresión cuando quien  manda es una droga fuerte, de demanda creciente (tanto en frecuencia como en  cantidad). En esos trechos, eso ya no es vida, por más que el agente produzca  placer intenso mientras actúa. Es, bien visto el cuadro, una muerte que se  sobrepone a pasos veloces a lo que queda de hálito vital y libertad, tanto en  el organismo como en la conciencia de la persona, acelerando la caída en los  precipicios, el encuentro individual con los arrebatos, la cárcel, la locura,  las pequeñas y grandes traiciones, así como con la muerte. En espejos tales, es  difícil que el adicto reconozca rasgo alguno de su propia humanidad deteriorada  … y con todo, lo sabemos, siempre existirá la posibilidad de que la vida dé de  sí</p>
<p>Desde  luego sin precisar, al término de las casi dos horas que dura la obra, el  final, antes que feliz, se antoja duro, fuerte y ambiguo. ¿Podrá Frankie  Machine liberarse del lapso de co-dependencia afectiva al que estuvo sometido  especialmente durante los tres años recientes? ¿Su nuevo &lt;&lt;quiebre&gt;&gt;  con la droga será el último y definitivo? ¿Podrá crearse un mejor mundo  personal con el nuevo y promisorio apoyo con el que cuenta? Por lo pronto, todo  ello se quedó sin respuesta precisa y cierta … además, nunca hubo un “<em>El  hombre del brazo de oro II”</em> (afortunadamente) … pero hay que pensar bien y  acertaremos … Sí, seguro que sí.</p>
<p><strong>FICHA  TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong></strong><strong><em>El hombre</em></strong><strong> de<em>l brazo de oro</em> (The  Man w<em>ith the Golden Arm</em>).</strong> Estados Unidos, 1955.<strong> Dirección: </strong>Otto Preminger;<strong> Guión: </strong>Walter Newman<strong> </strong>y Lewis Meltzer, a partir de la novela de  Nelson Algren;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Elmer Bernstein y Frederick Steiner;  las ejecuciones de jazz son interpretadas por Shorty Rogers y sus Gigantes, con  Shelley Manne; <strong>Fotografía (B/N):</strong> Sam Leavitt; <strong>Edición: </strong>Louis R.  Loeffler; <strong>Con: </strong>Frank Sinatra (<em>Frankie Machine</em>), Eleanor Parker (<em>Sofia “Zosh” Machine</em>), Kim NovaK (<em>Molly</em>), Arnold Stang (<em>Sparrow</em>),  Darren McGavin (<em>Louie</em>), Robert  Strauss (<em>Chefka</em>), John Conte  (borrachín manco), Frank Marlowe (<em>Antek</em>,  el dueño del bar<em>), </em>Jered Barclay  (drogadicto de los separos de la comisaría) y Emile Meyer (<em>Detective Bednar</em>), entre otros. <strong>Duración:</strong> 119 minutos. El film tuvo tres nominaciones al Oscar.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>OTTO PREMINGER </strong>nace el 5  de diciembre de 1906 en Viena, Austria. Cursó ahí estudios de Filosofía y  Leyes, a la par que se despertaba en él una gran pasión por el teatro, lo que  lo lleva a interpretar varias obras como actor. También se desempeña como  ayudante de dirección y, finalmente, es nombrado Director de la Compañía de Max  Reinhardt.</p>
<p>En 1935, huyendo del nazismo, emigra a los Estados  Unidos. Al año siguiente firma un contrato con la 20th Century Fox. Tras  diversas puestas en escena tanto teatrales como cinematográficas, llega su  primer éxito con <strong><em>Laura</em></strong> (1944), considerada una obra clave dentro del género del llamado <em>cine negro</em>. Al respecto, Andrew  Sarris señala (en <em>“El cine norteamericano”, </em>ed<em>. </em>Diana, México, D. F., col.  Nacional No. 140, pp. 99-103): “<strong><em>Laura</em></strong> es el <strong><em>Citizen Kane</em></strong> de Preminger,  al menos en el sentido de que los detractores de Otto, como los de Orson, nunca  les han permitido refutarlos. Por cierto que Preminger rehúsa aceptar  responsabilidad alguna para las películas que dirigió antes de 1944, año de <strong><em>Laura</em></strong>.  Esto es, no cabe duda, un vestigio de veleidosidad Foxforescente que surca <strong><em>Under  your Spell</em></strong> (1936), <strong><em>Danger-Love at Work</em></strong> (1937), <strong><em>Margin  for Error</em></strong> (1943) y <strong><em>In the Meantime, Darling</em></strong> (1944).  Preminger no es la excepción en su desdén por los frutos de sus primeros años. Fred  Zinnemann nunca recuerda con gusto <strong><em>Kid Glove Killer</em></strong>, <strong><em>Eyes  in the Night</em></strong>, <strong><em>Little Mister Jim</em></strong> y <strong><em>My  Brother Talks to Horses</em>.</strong> George Stevens prefiere empezar a hablar de <strong><em>Alice  Adams</em></strong> saltándose <strong><em>Cohens and Kellys in Trouble</em>, <em>Bachelor Bait</em></strong> y <strong><em>Kentucky Kernels</em>.</strong> La mística de Vincente  Minnelli no engloba a <strong><em>I Dood It</em>,</strong> del mismo modo que Robert  Aldrich prefiere olvidar su acercamiento a las amígdalas de Grace Moore en <strong><em>The  Kings Steps Out</em>.</strong> No hay ninguna moraleja que sacar de la evolución del  estilo de Preminger desde que dejó a la Fox al comenzar los cincuenta (<em>constituyó en 1953 su propia compañía productora,  apunta este comentarista</em>) para convertirse en su propio productor. Es  irónico que sólo cuando Preminger empezó a tocar su propio son, o sea a partir  de <strong><em>The  Moon is Blue</em>,</strong> sus primeras películas se ganaron la atención general.  Sus enemigos nunca le han perdonado ser director con la personalidad de un  productor; quizá les duele que no se haya arruinado con los excesos de su  locura (…) Es casi el único de la nueva tribu de productores-directores que ha  aceptado la responsabilidad de la libertad, así como la lección de un mercado  cada vez más reducido”.</p>
<p>Su estilo: personal, elegante, sobrio, de gran  perfección formal es signo distintivo de toda su filmografía. De su autoría son  películas tan grabadas en el recuerdo de muchos como <strong><em>Vorágine</em></strong> (<strong><em>Whirpool</em></strong>,  1949), <strong><em>El hombre del brazo de oro</em></strong> (<strong><em>El hombre del brazo de oro</em></strong>,  1955) o <strong><em>Anatomía de un asesinato</em></strong> (<strong><em>Anatomy of a Murder</em></strong>, 1959). Al  respecto Georges Sadoul, en su <em>“Diccionario  del Cine. Cineastas”</em> (Ediciones Istmo, Madrid, España, 1977, col.  Fundamentos No. 51, pp. 361-362), apunta de modo elocuente: “Su  habilidad y finura están presentes en muchos de sus films. Ha centrado su  interés en la autenticidad de los caracteres más que en la simplificación  cómica o en el gag visual. Ha sabido, al igual que Lubitsch, acertar en todos  los géneros: reponer los grandes éxitos de la novela o el teatro; abordar el  tema policíaco en <strong><em>Laura</em>;</strong> la gran escenificación histórica en <strong><em>Ambiciosa</em></strong> <strong>(<em>Forever  Amber</em>); </strong>la comedia musical en <strong><em>Carmen Jones</em></strong> y <strong><em>Porgy and Bess</em>;</strong> las  adaptaciones literarias en <strong><em>Saint Joan</em></strong> y <strong><em>Buenos días, tristeza</em>;</strong> la  comedia de bulevar en <strong><em>The Moon is Blue</em>;</strong> las nuevas  versiones de obras conocidas en <strong><em>Cartas envenenadas</em> (<em>The 13th Letter</em>)</strong>, etc. Después de haber realizado su obra  maestra con <strong><em>El hombre del brazo de oro</em>,</strong> a partir de 1958 se orientó hacia  temas &lt;&lt;sociales&gt;&gt;, adaptando tres <em>best-sellers: <strong>Anatomía de un asesinato</strong></em><strong> (<em>Anatomy of a Murder</em>), <em>Éxodo</em></strong> y <strong><em>Tempestad sobre Washington</em>.</strong> Este cineasta al que su colega (<em>George</em>)  Cukor consideraba, sobre todo como &lt;&lt;un hombre de negocios muy hábil y  perspicaz&gt;&gt;, ha dicho de sí mismo: &lt;&lt;Me gusta tener una base, que  generalmente me procura una novela o una obra de teatro. Pero si alguien me  trajera una idea verdaderamente grande la haría mía de buena gana (…). Los  problemas no los busco sino que, quizá por mi modo de ser, los hallo en mi  camino. Y esos problemas son complejos. De ahí la ambigüedad de mis films&gt;&gt;”.</p>
<p>La  batuta de Otto Preminger dirigió a mucho talento de la lente, la música, de la  creación literaria-teatral; también convocó la colaboración de actores y  actrices notables, entre los que se incluyen algunos íconos de época. Sólo  menciono, a guisa de ejemplo, a Anne Baxter, James Coburn, Linda Darnell, Joan  Crawford, Henry Fonda, Douglas Fairbanks Jr., José Ferrer, William Holden,  David Niven, Marilyn Monroe, Robert Mitchum, Gary Cooper, Frank Sinatra, Sidney  Poitier, Sammy Davis Jr., James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, John Huston,  Michael Caine, Jane Fonda y Peter O’Toole, entre un prolongado etcétera.</p>
<p>Sin  embargo, como bien indica Andrew Sarris en su obra citada: “A final de cuentas,  es el modo de Preminger, no su contenido, lo que nos debe interesar más  profundamente; de otra suerte, su extraordinario eclecticismo de temas hará de  él un mal sujeto para hacer un análisis de su carrera. ¿Qué puede decir uno  sobre gustos, en guiones que van de Oscar Wilde a Kathleen Winsor, de Bernard  Shaw a F. Hugh Herbert, de Nelson Algren a Allen Drury, de Francois Sagan a Leon  Uris? La consistencia temática no es precisamente el fuerte de Preminger; el  secreto de su estilo hay que buscarlo en otra parte; un crítico lo ha llamado  imparcialidad, pero para otro es la  objetividad. Su correlativo técnico es el  punto de vista de la cámara, perversamente  objetivo, que mantiene a sus personajes en el mismo encuadre. ¿Por qué  Preminger presenta así su espectáculo? Como él mismo nos lo explica, vino del  teatro, donde quedó acostumbrado a considerar al drama como un todo espacial;  por eso sus instintos más recónditos se oponen siempre al montaje. Al carecer  de un incipiente instinto de corte, no puede realizar la técnica  cinematográfica por la cual Hollywood ha desarrollado  un lenguaje cinematográfico original, de donde se sigue, casi lógicamente, que  las empresas de Preminger tienen, con demasiada frecuencia, un tinte solemne y  sombrío (…) Empero, todos los films de Preminger, aún los más malhadados,  llevan el sello de una concepción general y las afrentas de una actitud  personal”.</p>
<p>Las  formas de acercamiento a la obra del buen Otto son, a no dudar, ricas en veta.  ¿Qué es lo indudable de su trabajo, a veintitrés años de su partida? Retomando  un elemento de las <em>drogas</em> o <em>pasiones irrefrenables </em>que ilustra en <strong><em>El hombre del brazo de oro</em></strong>: la del juego de azar con  apuesta entre adversarios, concretamente el póker, tenemos una <em>escalera</em>: cincotrabajos redondos que enaltecen en grado sumo el conjunto de su  trabajo como cineasta y quedan como muestra de su arte y alcances: <strong><em>Laura</em>, <em>Buenos días, tristeza</em>, <em>Tempestad sobre Washington</em>, <em>El rapto de Bunny Lake</em></strong> y, sin duda  ninguna, la que nos ocupa: <strong><em>El hombre del brazo de oro</em>.</strong></p>
<p>Andrew  Sarris concluye, pues que: “… así como Lubitsch fue el discreto maestro del  corte de los veinte y treinta, Preminger lo es del movimiento de cámaras y de  las tomas prolongadas de los cincuenta y sesenta. Si Lubitsch resumió su época,  Preminger marchó delante de la suya en su período con la Fox. Las virtudes de  Lubitsch han desaparecido del cine, y todos las echamos de menos; por su parte,  Preminger anticipó las condiciones que provocarían su desaparición. La gracia y  precisión de la sensibilidad de Lubitsch parecen fuera de lugar en un mundo  consagrado a las más grotescas expresiones del ego. La mirada penetrante e  impasible de Preminger, aceptando lo bueno con lo malo, lo hermoso con lo feo,  lo sublime con lo mediocre, es más apropiada y a la vez más clemente. Se trata  de un director (…) que percibe todos los problemas y ángulos como una simple  toma de dos, como la expresión estilista del conflicto eterno no entre lo bueno  y lo malo, sino entre lo bueno-malo de un lado y lo bueno-malo del otro, que es  una representación de lo bueno-malo en todos nosotros, pues es nuestra  participación en la condición humana. A la mitad del conflicto se yergue Otto  Preminger, bueno-malo, atinado-equivocado y probablemente cínico”.</p>
<p>En  1975,  Preminger, ya casi en sus primeros  69 años de edad, da vida a su penúltima película, de nombre inicialmente  engañoso y trama  muy actual para los entonces en que se hizo. Digo que engañoso pues <em>“Rosebud”</em>, como se sabe, es el nombre  del famoso <em>talismán</em> que conserva el  ciudadano Kane como el recuerdo más vivo de su infancia: esa esfera de cristal  que, al voltearla, provoca que caiga nieve sobre los árboles contenidos en el  ingenio. Tal evocador objeto –<em>Rosebud</em>-  es, en el film de Preminger, un yate de lujo en el que viajan las hijas de  cinco millonarios que, según la sinopsis del film, ”… es secuestrado por una organización  de guerrilleros palestinos. A cambio de liberar a las muchachas, los activistas  exigen que las principales cadenas de televisión europeas emitan una serie de reportajes  relacionados con el conflicto árabe-israelí. Mientras tanto, un agente especial  de la CIA recibe el encargo de poner fin al secuestro”. Con todo y contar en su  elenco con figuras como Peter O’Toole, Richard Attenborough o Isabelle Huppert,  así como el hecho de basar el argumento y guión de la que sería su última película: <strong><em>El factor humano</em></strong>, en la  célebre novela de Graham Greene, sus cintas finales no son bien acogidas ni por  la crítica ni por la taquilla. Otto Preminger muere en 1986, en tanto su legado  fílmico sigue de lo más pulsátil.</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1931          <em>Die  Grosse Liebe</em>.</strong><br />
<strong>1936          <em>Under Your Spell</em>. </strong><br />
<strong>1937          <em>Danger-Love at Work.</em></strong><br />
<strong>1943          <em>Margin for Error.</em></strong><br />
<strong>1944<em> In the Meantime, Darling.</em></strong><br />
<strong>1944          <em>Laura</em> (<em>Laura</em>).</strong><br />
<strong>1945          <em>La  zarina</em> (<em>A Royal Scandal</em>).</strong><br />
<strong>1945          <em>Ángel  o demonio </em>(<em>Fallen Angel</em>).</strong><br />
<strong>1946          <em>Centennial Summer.</em></strong><br />
<strong>1947          <em>Ambiciosa</em> (<em>Forever Amber</em>).</strong><br />
<strong>1947          <em>Daisy Kenyon</em>.</strong><br />
<strong>1948          <em>The Lady in Ermine</em>.</strong><br />
<strong> </strong>Codirigida  con Ernst Lubitsch.<br />
<strong>1949          <em>The Fan/Lady Windermere’s fan.</em></strong><br />
<strong>1949          <em>Vorágine</em> (<em>Whirpool).</em></strong><br />
<strong>1950          <em>Al borde del peligro </em>(<em>Where  the Sidewalks Ends</em>).</strong><br />
<strong>1951          <em>Cartas envenenadas </em>(<em>The  Thirteenth Letter</em>).</strong><br />
<strong>1953          <em>Angel  Face/Cara de ángel</em>. </strong><br />
<strong>1953          <em>The Moon is Blue.</em></strong><br />
<strong>1953          Die Jungfrau auf dem  Dach.</strong><br />
<strong>1954          <em>Río sin retorno</em> (<em>River of No  Return</em>).</strong><br />
<strong>1954          <em>Carmen Jones.<br />
</em></strong><strong>1955          The Court Martial of  Billy Mitchell.</strong><br />
<strong>1955          <em>El hombre del brazo de oro</em> (<em>The  Man with the Golden Arm</em>).</strong><br />
<strong>1957          <em>Saint Joan</em>.</strong><br />
<strong>1957          <em>Buenos  días, tristeza</em> (<em>Bonjour, Tristesse).</em></strong><br />
<strong>1958          <em>Porgy y Bess</em> (<em>Porgy and Bess</em>).</strong><br />
<strong>1959          <em>Anatomía de un asesinato</em> (<em>Anatomy of a Murder</em>).</strong><br />
<strong>1960          <em>Éxodo</em> (<em>Exodus</em>).</strong><br />
<strong>1962          <em>Tempestad sobre Washington</em> (<em>Advise  and Consent</em>).</strong><br />
<strong>1963          <em>El cardenal</em> (<em>The Cardinal</em>).</strong><br />
<strong>1965          <em>Primera Victoria</em> (<em>In Harm’s  Way</em>).</strong><br />
<strong>1965          <em>El rapto de Bunny Lake</em> (<em>Bunny  Lake is Missing</em>).</strong><br />
<strong>1967          <em>La  noche deseada</em> (<em>Hurry Sundown</em>).</strong><br />
<strong>1968          <em>Skidoo.</em></strong><br />
<strong>1970          <em>Dime que me amas, Junie Moon</em> (<em>Tell  Me That You Love Me, Junie Moon</em>).</strong><br />
<strong>1971          <em>Extraña amistad</em> (<em>Such Good  Friends</em>).</strong><br />
<strong>1975          <em>Rosebud,  desafío al mundo</em> (<em>Rosebud</em>).</strong><br />
<strong>1980          <em>El  factor humano</em> (<em>The Human Factor</em>).</strong></p>
<p align="right"><strong>Luis Arrieta  Erdozain</strong></p>
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		<item>
		<title>No matarás. Película breve sobre un asesinato (Krótki film o zabijaniv/Short Film About Killing). Polonia, 1988, de Krzysztof Kieslowski.</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 20:59:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1988]]></category>
		<category><![CDATA[Krzysztof Kieslowski]]></category>
		<category><![CDATA[Polonia]]></category>
		<category><![CDATA[Zbigniew Zapasiewicz]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre  el asesinato personal y la pena de muerte institucional: ética y sinrazones.
por Luis  Arrieta Erdozain
A Sarita y Jesús Sánchez Nieto, 
 al  Dr. Antonio Sánchez Galindo,
 quienes  realizan su apostolado 
 con  presos en cárceles mexicanas.
En Estados alterados (Altered States, 1980) del británico Ken Russell, a partir de la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=53&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong>Entre  el asesinato personal y la pena de muerte institucional: ética y sinrazones.</strong></p>
<p align="right"><strong>por Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
<hr /><strong>A Sarita y Jesús Sánchez Nieto, </strong><br />
<strong> al  Dr. Antonio Sánchez Galindo,</strong><br />
<strong> quienes  realizan su apostolado </strong><br />
<strong> con  presos en cárceles mexicanas.</strong></p>
<hr />En <strong><em>Estados alterados</em> (<em>Altered States</em>, </strong>1980) del británico Ken Russell, a partir de la  espléndida novela de Paddy Chayefski (también responsable del guión original  para cine de <strong><em>Network, poder que mata</em></strong> de Sidney Lumet, 1976), se plantea la  coexistencia de los diferentes estadios evolutivos de la especie humana en una  suerte de memoria genética. De esta suerte, habitan el mismo cuerpo un hombre o  mujer digamos que &lt;&lt;decentes&gt;&gt;, “léidos y escrebidos”,  vamos, con el antropoide de los orígenes, cuyos instintos primitivos estaban  exaltadamente despiertos en pos de la supervivencia y del establecimiento de  dominio. La civilidad y la educación son asuntos que sólo vendrían muy  lentamente con el curso de los siglos, de los milenios y de no pocas afrentas.</p>
<p>Pero que exista control social o normas no implica que  esa dimensión primitiva y enceguecedora de la razón esté anulada por completo.  Cuando se “pierde la cabeza” y la adrenalina y la furia no sólo ganan sino que mandan,  pueden cometerse actos, producirse hechos que no se darían bajo circunstancias <em>normales </em>y acaso se lamenten largo tiempo … como en el caso del tipo que siente que se le  cerró el vehículo de enfrente y al llegar al próximo alto le vacía el revólver  a su conductor; o la mujer enferma de celos que comete algo impensable por esta  condición, real o no, adjudicada a su pareja o cónyuge, etc.</p>
<p>Civilidad-instinto descontrolado es un eje importante  en <strong><em>No  matarás. Breve película sobre un asesinato</em></strong> del realizador polaco  Krzysztof Kieslowski en que, de modo inteligente y sin aspavientos, plantea un  tema que suscita las posiciones más encontradas, que pueden ir desde la  etiología de un asesinato llevado al cabo por un sujeto impasible ante el dolor  o la desgracia aunque aparentemente  autocontenido y, por otra parte, la  legitimidad auténtica con la que cuenta o no el aparato de Estado para  respaldar la ejecución de una pena capital. Esto es, una suerte de <em>asesinato normado</em>, aplicado como castigo  máximo al indeseable para la comunidad.</p>
<p>Pero vayámonos por partes. <strong><em>No matarás…</em></strong> formó parte  originalmente de <strong><em>Decálogo</em></strong>, serie de diez capítulos que Krzysztof Kieslowski hizo  para la televisión polaca, dedicados cada cual a uno de los mandamientos de la  Ley hebreo-católica mosaica. De esas diez obras, fueron retrabajadas dos como  películas independientes de largometraje: la que nos ocupa y <strong><em>No  amarás. Breve película sobre el amor</em> (<em>Krótki  film o milosci</em>)</strong>, ambas datadas el año de 1988.</p>
<p>Signo distintivo de la creación de Kieslowski es su <em>inquietud moral</em> (véase, a tal efecto, el apéndice que sucede a  este comentario) por explorar el papel que el ser humano juega en la sociedad,  contemplado desde la perspectiva de diversos ámbitos y circunstancias, para lo  cual se asoma y analiza la vida interior de sus personajes. Opta, pues, por  películas menos artificiosas y más personales, en la línea de lo que solemos  distinguir como <em>cine de autor</em>. Para  ello, se vale de trazos gruesos y elocuentes, sin grandes andanadas de  diálogos, aplicando en ello poco tiempo real, a la par que crea un &lt;&lt;tempo&gt;&gt; crecientemente intenso, en  la medida en que la madeja de la trama empieza a ser tirada por distintos  causes.</p>
<p><strong><em>No matarás. Breve película sobre un asesinato</em></strong>, film distinguido con el  Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes y el Oscar a la Mejor  Película Extranjera en 1988, arranca con una toma que mezcla la ternura por  antonomasia: la niñez que ríe y divertida, con un asunto impactante: el motivo  de la algarabía de la que se nos participa vía audio, la “travesura” en turno  es que colgaron por el cuello a un gato que, a tal efecto, se balancea muerto  pendiendo de la soga. Esta estampa pareciera ser presentada como retrato fiel  de la mutante condición humana en la perspectiva de Kieslowski.</p>
<p>El protagonista es Jacek Lazar (Miroslaw Baka, muy  parecido en su físico a Zaguinho, el ex-futbolista del América), joven  perturbado sin mayor ocupación que deambula por las calles de Varsovia. En el  par de co-estelares están Piotr Balicki (caracterizado por Krzysztof Globisz),  abogado recién titulado, y el infortunado taxista Waldemar Rekowski  (interpretado por Jan Tezarz). Los tres no tienen nada y, a la vez, <span style="text-decoration:underline;">todo</span> que ver entre sí, pues el insondable destino ha hecho urdimbre de los hilos de  su existencia. En el reverso de la caja del DVD del film se anota: “Un joven  asesina brutalmente a un taxista sin razón aparente. Piotr, abogado novato, es  asignado al caso. A pesar de su esfuerzo, su cliente es sentenciado a la pena  de muerte, llevándolo a cuestionarse respecto de su capacidad como agente de la  ley, y la naturaleza misma del sistema legal. Una desgarradora historia sobre  la pena capital, y sobre las pasiones y temores del ser humano, y el instinto  criminal que todos llevamos dentro”.</p>
<p>Jacek aún no cumple los 21 años pero ya carga sobre sí  con el insoportable peso de la duda de su culpabilidad o no en el deceso de  alguien que le era muy querido. Ello lo arranca del campo a la ciudad, ahondando  su intranquilidad de alma, haciéndolo impasible ante la pena o desgracia ajena  y “empujándolo” –si cabe- a descansar buscando, en su ofuscamiento existencial,  no quién se la hizo sino quién se la pague. En su interior no desmerece, dado el  caso, con <em>el Jaibo</em> caracterizado por  el jovencísimo Roberto Cobo en <strong><em>Los olvidados</em></strong> de Luis Buñuel. Su  autoestima es mínima. Cuando alguien le pregunta a Jacek si tiene algún  talento, él responde resueltamente que ninguno. En este y otros sentidos, Piotr  Balicki representa la otra cara de la moneda: el mismo día en que se producen  los acontecimientos  que vinculan a los  tres personajes, aprueba su examen profesional como abogado. Se adivina que su  futuro será magnífico, “como un lago azul sin cieno” (claro, en expresión  típica de Alex en <strong><em>Naranja mecánica</em></strong>). Cuando es inquirido al respecto, Piotr dice  a los sinodales que su motivación para ejercer es comprender la función social  de la abogacía (“Todo hombre se pregunta por el significado de su trabajo”; “Creo  que entre más avanzamos, dudamos más”). Luego de ello, su novia y él celebran  en una cafetería cerca de la plaza Royal Castle … en la cual también está  presente Jacek, revisando los avíos con los cuales está resuelto a llevar a  cabo su fechoría. En tanto, fuera del lugar, el taxista Rekowski, tras serle  evidenciado alespectador con suficiencia que es remilgoso con la clientela a la  que lleva, recogerá finalmente a su pasajero infausto …</p>
<p>Este elemento, el intercruce “casual” (que terminará  por ser <span style="text-decoration:underline;">causal</span>) de personajes que luego terminarán profundamente  relacionados es muy propio del estilo narrativo-argumental de Kieslowski: así  ocurre con las dos Verónicas (en <strong><em>La doble vida de Verónica</em></strong>) cuando ambas coinciden: una de viaje de paseo, la otra como  parte del registro de una fotografía que la capta atestiguando una  manifestación popular que es reprimida; así sucede con varios de los personajes  de <strong><em>Tres  colores: Azul</em></strong>(1993), <strong><em>Rojo</em></strong> (1994) y <strong><em>Blanco</em></strong> (1994), como  también con los personajes centrales de <strong><em>No amarás. Breve película sobre el amor</em></strong> (1988).</p>
<p>Con ello constatamos, como diría aquel, que “la vida es  la mar de rara”, pues si esto se produce para lo trágico, también ocurre así  con lo venturoso. También es por demás perceptible en el <em>estilo Kieslowski</em> que, si bien no hay prisa, tampoco pausa. El  cineasta aprovecha los &lt;&lt;tiempos  muertos&gt;&gt;, los de catálisis o de acciones  entre los personajes que podrían tildarse de  “irrelevantes” para mostrar al espectador parte de su modo de ser, ayudando a  perfilarlos humana y psicológicamente. Sin embargo, al revisar en <strong><em>No  matarás …</em></strong> tres secuencias: asesinato, juicio y ejecución de la sentencia, en  apreciación de este analista, Kieslowski se pasa de cruento en la  ilustración del homicidio, aún si se considerara que así ocurre un crimen real  o que su objetivo fuese provocar un rechazo unánime al hecho, a su causante y  sus formas. A mí me parece que ya era suficiente para provocar indignación lo  inmotivado de la brutalidad ejercida contra el sujeto al que se agrede y, desde  luego, haberle quitado la vida tan <em>a la  malagueña</em>, como luego se dice.</p>
<p>En lo tocante al juicio, Krzysztof Kieslowski demuestra  a tantos directores norteamericanos que, en Polonia, “también hace aire” y, en  lugar de regodearse con los argumentos y argucias del fiscal y del abogado  defensor, con giros súbitos, testigos inesperados y demás, dedica sólo unos  cuantos minutos a la ambientación de escena en la corte y a que la sentencia  –que se anticipa inobjetable en contra del criminal- sea emitida … como para  evidenciar que el agresor apenas cobra conciencia de lo que hizo y su castigo;  el realizador también ilustra con suficiencia el enganche emocional del abogado  con el reo, su presente, pasado y futuro inminente (aquí se espejean <em>“A sangre fría” </em>de Truman Capote como  libro-reportaje y la propia película <em>Capote</em>,  realizada en el 2005 por Bennett Miller).</p>
<p>Más tiempo que a lo anterior, dedica el genial autor  polaco a la frialdad de los preparativos para la ejecución por producirse. Al  terrible ambiente de las prisiones, tan ayuno de la libertad, uno de los dones básicos  de la condición humana, se incorpora la desoladora variante, en el caso de  Jacek, de que se trata del frío escenario en el que espera su ejecución …  aunque no falta por ahí el humor negro, pues cuando le ofrecen su último  cigarrito, el reo lo declina pues prefiere uno sin filtro … hasta que le ofrecen  uno de su gusto.</p>
<p>También están las paradojas de la vida: poco antes de  la muerte de su defendido, Piotr se convierte en Papá.</p>
<p>En todo este intenso tránsito, en que Kieslowski logra  tener absorto al espectador, sea con emplazamientos fijos como con su dinámica  cámara en mano, ha logrado sembrar en el camino dilemas morales, complejos de  culpa, la condición humana confrontada contra lo inaudito, contra lo terminal …  porque, de acuerdo, Jacek Lazar quitó la vida cruentamente a un inocente; pero  también el Estado, al ejercer el monopolio de la fuerza y la violencia que le confiere  el Derecho, asesina con frialdad y premeditación a quien cometió un crimen  grave: … ¿ha de aceptarse así, sin más, la Ley del Talión, que aplica una  institución contra un sujeto específico?</p>
<p>Si bien nadie puede dar lo que no tiene, ¿le está dado  –así sea el aparato de justicia del Estado- quitar lo que no ha dado? ¿Puede,  en otros términos, aplicar la pena máxima a quien nunca le dio vida y sí sólo  ciudadanía? <strong><em>No matarás …</em></strong> discurre en torno a esta pretendida legitimidad de  alcances por parte del Estado, yendo más allá de argumentos y leyes, a través  de la ilustración de un caso que involucra a personas de carne y hueso.</p>
<p>Al  respecto, viene muy a cuento lo que apunta J. A.Sáinz Cantero (<em>Gran  Enciclopedia Rialp</em>, ed. Rialp, Madrid,España, 1991, vol. 18, pp.  213-214): “En el marco de las penas corporales, la de muerte es uno de los  medios de reacción contra el crimen con que cuenta el hombre desde que se ve  obligado a mantener, mediante el Derecho, la pacífica convivencia sobre la  tierra. Consistiendo la pena en una privación de bienes jurídicos de los que es  titular el delincuente, es natural que se pensara en privarle de la vida que es  el que tiene en más estima, logrando al mismo tiempo el procedimiento más  simple, seguro y eficaz de separar de la comunidad a quien constituye una causa  de perturbación de la misma. Esto, y el que la privación de la libertad no  hubiera sido todavía &lt;&lt;descubierta&gt;&gt; como sanción, constituye  la razón de que la muerte fuera la pena por excelencia desde la antigüedad  hasta hace algunos siglos. La mentalidad cristiana, con su confianza y respeto  por el valor de la persona, fue imponiendo una suavización en la frecuencia con  la que se aplicaba la pena de muerte, tendiendo a sustituirla, en muchos casos,  por la privación de la libertad u otras penas. Al irse sometiendo a revisión  las estructuras de la legislación penal se plantea con rigor y trascendencia la  necesidad de la pena capital. El abuso con que se prodigaba y la espectacular  dureza empleada a veces en su ejecución, junto a la concepción contractualista,  imperante en el pensamiento ilustrado, que veía una contradicción lógica en que  el hombre al ceder partes de su libertad hubiera concedido también el derecho  a privarlo de la vida, hacen que las figuras más representativas de la  ideología ilustrada se muestren adversarias de la pena capital, aunque  algunos, como Beccaria, la admitieran en  casos muy excepcionales. Sin embargo, la Revolución Francesa aplicó la pena de  muerte en abundancia. Estos embates no tuvieron en verdad un éxito decisivo  para hacerla desaparecer del arsenal de penas, pero se fue consiguiendo que se redujera  el número de delitos para los que se conminaba. A este resultado contribuyó  también el que la privación de la libertad adquiriera la consideración de sanción  penal y el empleo del condenado como fuerza económica al servicio del Estado.  En el siglo XIX se agudiza la polémica; la corriente abolicionista consigue los  primeros impactos legislativos, aunque no se extenderá de modo considerable hasta  el siglo XX. Acabada la II Guerra Mundial, es tal la extensión del  abolicionismo que algunos han podido decir que la pena de muerte se bate en  retirada”.</p>
<p>Mas  adelante, continúa y concluye Sáinz Cantero: “Desde un punto de vista jurídico,  los defensores de ella han alegado en pro de su mantenimiento en la  legislación: su eficacia intimidante para algunos delitos especialmente graves;  su ejemplaridad; el fin retributivo de la sanción penal, que sólo se consigue  para los crímenes más graves mediante la pena de muerte; la necesidad de  defensa de la sociedad que obliga, respecto de los delincuentes incorregibles,  a proceder a su eliminación, para lo cual el medio más adecuado es la pena  capital; la lección de la Historia, pues desde la antigüedad ha venido  aplicándose; la dinámica actual de la sanción privativa de la libertad que al  acortar el tiempo de privación señalado en la sentencia judicial, merced a las  instituciones de indultos, etc., no permitiría la eliminación social de los  incorregibles a través de la reclusión perpetua.</p>
<p>Estos  argumentos están sometidos a críticas por parte de los abolicionistas, que  ponen en duda la fuerza intimidante y ejemplar de la pena de muerte, con base en  investigaciones en el campo dela Psicología; se oponen a que la sanción penal  tenga sólo fin retributivo; rechazan las utilitarias razones de defensa social  por suponer la equiparación del hombre a la bestia; niegan que la aplicación  desde la antigüedad de la pena de muerte sea un argumento digno de tomarse en  consideración; y piensan más en la corrección del delincuente que en su  eliminación, por lo que no ven obstáculo para su anticipada libertad si se ha logrado  la resocialización. A estas objeciones, se añade la imposibilidad de corregir errores  judiciales cuando se aplica la pena de muerte; la inhumanidad de su ejecución,  cualquiera sea el medio empleado, sobre todo en lo que significa respecto a la figura  del verdugo; y la incompatibilidad de la pena capital con las orientaciones de  la Penología moderna. El balance de uno y otro tipo de razones es, a nuestro  juicio, suficiente para concluir que la pena de muerte debe ser borrada del  ordenamiento jurídico. Desde el punto de vista criminológico, está comprobado  que los países que la han abolido no han experimentado en sus estadísticas  crecimiento notable de las tasas de aquellos delitos para los que con  anterioridad se conminaba la pena capital.</p>
<p>Decidida  su abolición, el centro de gravedad de la cuestión se traslada a la determinación  del medio penal que habrá de emplearse para sustituirla. Nuestro parecer,  siguiendo la opinión de la moderna doctrina penal al respecto, es favorable a  la aplicación de una pena privativa de libertad de larga duración pero que en  ningún caso debe ser perpetua. La esperanza de liberación coadyuvaría así a la corrección  del condenado”.</p>
<p>En <strong><em>No matarás</em></strong><strong>/<em>película  breve sobre un asesinato</em></strong>, a guisa de ilustración,  no hay ni malos-malos, ni buenos-buenos … algunas circunstancias, sí, pueden  cambiar dramáticamente el sino de una vida antes de que la persona se aperciba  a cabalidad de lo que sucede, de lo que le está ocurriendo y le marcará posiblemente  para siempre.</p>
<p>Aunque  quizá sólo se trata de que la muerte es la pérdida de la vida, y de que la  pérdida del fin de la vida es una forma de muerte: la muerte del alma.</p>
<p><strong>FICHA  TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>No matarás</em></strong><strong>/<em>película breve sobre un  asesinato</em> (<em>Krótki film o zabijaniu</em>/<em>A Short Film About Killing</em>).  Dirección: </strong>Krzysztof  Kieslowski<strong> </strong>(Polonia, 1988);<strong> Guión: </strong>Krzysztof Kieslowski<strong> </strong>y Krzysztof Piezewickz;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Zbigniew  Preisner; <strong>Fotografía (en color): </strong>Slawomir Idziak; <strong>Edición: </strong>Ewa Smal; <strong>Con: </strong>Miroslaw  Baka (<em>Jacek Lazar</em>), Krzysztof  Globisz (el abogado <em>Piotr Balicki</em>), Jan  Tezarz (el taxista <em>Waldemar Rekowski</em>)  y Zbigniew Zapasiewicz, entre otros. <strong>Duración:</strong> 88 minutos. El film fue galardonado con el Premio Especial del Jurado en el  Festival Internacional del Film de Cannes, Francia, así como con el Oscar a la Mejor  Película Extranjera. Ambos reconocimientos en 1988.</p>
<p><strong>Apéndice.</strong></p>
<p><strong>La <em>escuela polaca de cine</em> y el <em>cine  de la inquietud moral</em> en Polonia.</strong></p>
<p>En Polonia, con <strong><em>Generación</em></strong> <strong>(<em>Pokolenie</em></strong>, 1954<strong>)</strong> de ese otro gran cineasta polaco que es  Andrzej Wajda, se había inaugurado la que mundialmente sería conocida como <em>escuela  polaca de cine</em> que, sin ser para nada lo mismo, ni corresponder a  estilísticas, razones de surgimiento o motivos temáticos recurrentes, puede ser  contemplada como <em>funcionalmente</em> <em>equiparable</em> a otros movimientos  fílmicos nacionales, entre los cuales pueden ser mencionados <em>la nouvelle  vague</em> en Francia, el <em>free cinema</em> en Inglaterra, alguna de las  primeras versiones del <em>nuevo cine mexicano</em>, etc. Los años de especial  esplendor de la <em>escuela polaca de cine </em>podemos situarlos en el lapso  comprendido entre 1954 y 1981 &#8230; “cuando el cine polaco consiguió, en su  mayoría, evitar el cumplimiento de las exigencias propagandísticas del poder y  ponerse del lado de la sociedad. Fue en aquel período cuando se desarrollaron  las dos corrientes artísticas más importantes del cine polaco: la ya referida <em>escuela  &#8230;</em> y el <em>cine de la inquietud moral</em>, especialmente en los años 1975  y 1981”, se destaca en un artículo breve y substancioso intitulado <em>“El cine  polaco”</em>, difundido por la Embajada de Polonia en Madrid en la siguiente  dirección electrónica: <a href="http://www.polonia.es/x.php/2,341/CINE.html">http://www.polonia.es/x.php/2,341/CINE.html</a></p>
<p>De la <em>escuela polaca de  cine</em> abreva importantemente Krzysztof Kieslowski de quien el propio Andrzej  Wajda, figura central y puntal de este movimiento fílmico, fue mentor en la  Escuela de Cine de Lódz, donde se formó como cineasta Kieslowski, y a cuya  ciudad, como puede apreciarse en la filmografía dispuesta en el apartado final  de este artículo, dedica este último uno de sus films documentales.</p>
<p>En el boletín antes citado,  se destaca que sigue viva hasta nuestros días la tradición de la corriente de  la <em>escuela de cine polaco</em> “&#8230; vinculada aún con la literatura  romántica, si bien es cierto que desde hace más de cuarenta años no vive ya el  mayor racionalista y burlón de ‘la escuela polaca’, <strong>Andrzej Munk</strong> (1921-1961) autor de, entre otras, <strong><em>La suerte bizca</em></strong> (1959) y <strong><em>Pasajera</em></strong> (1961; estrenada en 1963); y, desde hace cuatro, <strong>Wojciech Has</strong> (1925-2000). Su película <strong><em>Manuscrito encontrado en Zaragoza</em></strong> (1964), relato iniciático de los tiempos napoleónicos, se convirtió a tal grado  en el favorito de Martin Scorsese que este director compró todas sus copias  para restaurar la obra” (<em>al ser mencionado este film espléndido, viene a la  memoria de este comentarista una frase dicha por el anfitrión de una gran  fiesta </em><em>mostrada en este film,  organizada porque acaba de desposarse, cuando se va de la compañía de sus  invitados: “Ahora es necesario que me retire, pues debo cumplir con mi deber de  caballero cristiano”, para luego dirigirse a sus habitaciones al goce de la  noche nupcial &#8230; ciertamente, recordar es vivir –la ví “hace siglos”- &#8230; incluso,  “entratándose” de películas</em>).</p>
<p>Luego de ofrecer buen  detalle de Wajda como puntal de dicho movimiento nacional cinematográfico, en  el texto de la Embajada de Polonia en Madrid se apunta que: “Junto a Wajda,  entre los artistas de<em> la escuela de cine</em> ocupa un lugar importante <strong>Kazmierz  Kutz</strong> (1929), autor de hermosas películas que muestran el folclore de la  Alta Silesia. Su película <strong><em>La muerte como pedazo de pan</em></strong>, con la  magnífica música de Wojciech Kilar, recordaba el mito del sindicato obrero  Solidaridad, a través de la reconstrucción de un hecho trágico: la pacificación  de los mineros en huelga de la mina silesiana Wujek por el ejército, tras la  implantación del estado de guerra en diciembre de 1981. <strong>Jerzy Kawalerowicz</strong>,  autor de ascéticas moralidades de época, como <strong><em>Madre Juana de los Ángeles</em></strong> (1960) –<em>virtuoso y poderoso film en blanco y negro, apunta quien esto anota,  con un asunto <span style="text-decoration:underline;">histórico</span> que es el que da base al libro del gran Aldous  Huxley: </em>“Los demonios de Loudun”<em>, el cual inspiró al también notable  cineasta inglés Ken Russell para la creación de su film intitulado <strong>Los  demonios</strong></em> <strong>(<em>The Devils</em></strong>, 1971<strong>)</strong>- o <strong><em>Faraón</em>,</strong> 1966 (<em>anota de nuevo este  escribano: obra mayor, ubicada en los tiempos del antiguo Egipto, en que se  develan los entresijos entre las altas jerarquías política y religiosa, con los  resultados que luego se atestiguan desde esos entonces y hasta la fecha,  trátese del credo del que se trate, en que es por demás elocuente su secuencia  inicial en que muestra, vía la magnífica fotografía en blanco y negro, a un par  de escarabajos que llegan a pelear entre sí por quedarse con pequeñas boñigas</em>),  realizó hace poco la espectacular <strong><em>Quo Vadis?</em></strong> (2001), basada en la  novela clásica de Henryk Sienkiewicz, polaco Premio Nobel de Literatura (<em>1904</em>).  Desafortunadamente, desde hace años no ha hecho ninguna película el escritor y  cineasta <strong>Tadeusz Konwicki</strong> (1926), precursor del cine de autor con films  como <strong><em>El último día del verano</em></strong> (1958). Sus originales y  visionarias obras –la película autobiográfica <strong><em>Qué lejos de aquí, qué cerca</em></strong> (1972), basada en la novela del polaco también Premio Nobel de Literatura  Czeslaw Milosz (1980)- hacen pensar en el carácter multiétnico de esta cultura  (<em>asunto también evidenciado, agrego de nuevo, en </em><strong>La tierra de la gran  promesa</strong> <em>de Andrzej Wajda, a  partir  de la novela del también Premio Nobel de Literatura </em>polaco<em> 1924  Wladyslaw Reymont</em>), en la que durante varios siglos convivieron polacos,  judíos, rusos, lituanos, alemanes &#8230;”. Se considera que la multipremiada <strong><em>El  pianista</em></strong> (2001) de Roman Polanski es la película más reciente de la <em>escuela  polaca de cine</em> en que participa Polonia como país  coproductor, lo cual convalida el hecho de que fue filmada por completo en su  territorio y distinguida con la Palma de Oro del Festival de Cannes 2002, así  como los premios Oscar a Mejor Director, Mejor Actor Principal y al Mejor Guión  adaptado para cine en la edición 2003 de la entrega de galardones de la  Academia de Hollywood.</p>
<p>La otra gran corriente  clásica del cine polaco: <em>el cine de inquietud moral</em> que “a partir de una  imagen de la realidad, criticaba la desnaturalización del sistema comunista en  Polonia. Dos de sus más destacados creadores –que lograron superar el  intervencionismo sumario- son <strong>Agnieszka Holland</strong> (1948) y <strong>Krzysztof  Kieslowski</strong> (1941-1996), autor de la considerada obra maestra de esta  corriente: <strong><em>Amator</em></strong> (1979). A finales de los años 80 y principios  de los 90, Kieslowski alcanzó renombre mundial como el principal director  europeo” (cita del boletín antes referido).</p>
<p>El <em>cine de la inquietud  moral</em> sigue vigente en Polonia como vehículo tanto de creación artística  como filosófica en el abordaje de los contenidos. Otros de sus más notables  representantes, amén de los ya señalados, son los siguientes cineastas (sólo  refiero que, en el caso de Agnieszka Holland, ha sido coautora y autora del  guión de varias películas de Andrzej Wajda –como es el caso de <strong><em>Sin  anestesia</em></strong>, 1978, <strong><em>Un amor en Alemania</em></strong>, 1983 o <strong><em>Korczak</em></strong>,  1990- y cineasta con amplia filmografía; su más reciente cinta proyectada en el  circuito de exhibición comercial en México es su <strong><em>Beethoven</em></strong> que,  por estos lares, obtuvo <em>“división de opiniones en la plaza”</em>, como se  dice en el argot taurino;de Krzysztof Kieslowski nos ocupamos de lleno  en este artículo): <strong>Krzysztof Zanussi</strong> (1939), quien ha dado aliento a una  comprometida y sólida obra, cuya película <strong><em>La vida sexual como enfermedad  mortal transmitida por vía sexual</em></strong> se detiene para efectuar un lúcido  análisis sobre temas actuales de importancia capital tanto local, regional como  mundial, considerando las circunstancias propias de la modernidad  contemporánea. <strong>Krzysztof Krauze</strong> (1953), en<strong> <em>La deuda</em></strong> (1999)  hace inmersiones en torno a los límites legales, morales y políticos de la  defensa propia, así como un interesante planteamiento sobre la preparación para  la libertad y el precio de la eventual transformación del sistema. <strong>Robert  Glinski</strong> (1952) otea en torno a las implicaciones de la crisis de valores  actual que se expresa como una forma de impotencia que sufren y con la que  lidian cotidianamente todo género de instituciones educativas. Finalmente, está  la contribución fílmica de <strong>Piotr Trzaskalski</strong> (1967), sensiblemente más  alivianada, puntual ejemplo de lo cual es <strong><em>Edi</em></strong> (2002), su <em>opera  prima</em> que, con el apoyo de la esplendente fotografía de Krzysztof Ptak y  vía una serie de sugerentes imágenes, propone que no están canceladas la  felicidad y la armonía interior hasta para un <em>outsider</em> desposeído y sin techo. Algo que no deja de ser subyugante en esta obra es la  forma como articula con gran sensibilidad una panorámica objetiva de la miseria  con imágenes dignas de los adeptos al budismo.<strong> </strong></p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR*.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_55" class="wp-caption aligncenter" style="width: 277px"><strong><strong><img class="size-full wp-image-55" title="Krzysztof Kieslowski" src="http://cineclubviena294.files.wordpress.com/2009/03/krzysztofkieslowski.jpg?w=267&#038;h=361" alt="Krzysztof Kieslowski" width="267" height="361" /></strong></strong><p class="wp-caption-text">Krzysztof Kieslowski</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>KRZYSZTOF  KIESLOWSKI</strong> nace el 19 de junio de 1941 en Varsovia, Polonia.</p>
<p>Crece en el seno de una  familia trabajadora de clase modesta. Con el correr de los años, ingresa en la  escuela de bomberos, la cual abandona meses después con el propósito de volver  a estudiar algo con educación más formal. A los 16 años se inscribe en la  famosa Escuela de Cine y Teatro de Lódz que tan notable cosecha de figuras  grandes para el cine mundial ha arrojado. Su <em>opera prima</em> <strong><em>Paso  subterráneo</em></strong> <strong>(<em>Przejscie podziemme</em>,</strong> 1973),<strong></strong>está  consagrada a mostrar la vida a que estaban sujetos tanto los trabajadores como  los soldados en su Polonia natal.</p>
<p>En 1969, se gradúa ahí como  cineasta y dedicándose inicialmente a la realización de documentales, así como  algunas películas de ficción en torno a la problemática social y económica  prevalente en su país, tras la instauración del régimen comunista luego de la  conclusión de la segunda guerra mundial. De sus títulos, realizados muchos de  ellos para la televisión estatal,  se ofrece cabal cuenta en la filmografía dispuesta al término de esta  semblanza.</p>
<p>Kieslowski, hombre cabal de  su tiempo, se muestra comprometido con su país en la crisis que lleva a su  gente a la creación del afamado Sindicato Solidaridad (cuyo líder, Lech Walesa,  después de una lucha ejemplar por la justicia, es reconocido con el Premio  Nobel de la Paz en 1983), así como con los propios motivos de su arte, inscrito  en lo que se denominó <em>el cine de la inquietud moral</em> (de la que es  reconocido como su pionero y figura descollante, tal cual se sustenta en el apéndice  precedente) que antes ya había incursionado, con sus propias propuestas, en la  ya reconocida en el país y en el orbe como <em>la escuela polaca de cine</em>, en  la cual se forma y de la que emerge en su momento hacia la otra avenida autoral  ya mencionada.</p>
<p><strong><em>Decálogo</em></strong> (1989) es una obra  articulada por un ciclo de diez películas hechas para la televisión polaca,  cada una de las cuales está dedicada a uno de los diez mandamientos de la Ley  Mosaica.  Años después, dos de ellas son  ampliadas al formato de largometraje. El quinto de estos sugerentes trabajos:<strong> <em>No matarás</em> (<em>Krotki film o Sabijaniu</em></strong>, 1987<strong>)</strong>, se hizo  merecedor al Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes y al Oscar a la  Mejor Película Extranjera en 1988.</p>
<p><strong><em>Breve película sobre el amor</em></strong> <strong>(<em>Krótki film o  milosci</em>, </strong>Polonia, 1988<strong>)</strong>, es considerada por algunos –según se  apunta en el programa oficial de la XXII Muestra Internacional de Cine México  1989- “como la más bella historia de amor que se haya filmado. Sus  protagonistas son un joven de 19 años y una mujer de 30 que vive en la casa de  enfrente. Él se apasiona por su vecina al contemplarla diariamente con un  telescopio desde su ventana. Al enterarse de que alguien  la espía, no comprende que él esté locamente  enamorado. Sin embargo, ella accede a revelarle en forma cínica el misterio del  amor”. Con esta obra, Kieslowski se hace merecedor del Premio Especial del  Jurado, del Premio FIPRESCI de la Crítica Internacional y del Premio OCIC en el  XXXVI Festival Internacional de San Sebastián en España, 1988.</p>
<p>Bajo el régimen comunista  polaco tutelado por la URSS, el realizador enfrenta numerosos y extenuantes  problemas de censura, por lo que no por falta de amor a la Patria, pero sí para  hacer viable su propuesta artística, decide establecerse en Francia. Un rasgo  distintivo de su cine es la reflexión y análisis que lleva al cabo respecto del  papel que juega el hombre en la sociedad, de lo cual es paradigmática la  película objeto de este artículo, la cual tuvo una magnífica acogida tras su  estreno internacional, así como su afamada trilogía <strong><em>Tres </em></strong><strong><em>colores: Azul</em></strong> (1993), <strong><em>Blanco</em></strong> (1993) y <strong><em>Rojo</em></strong> (1994), inspirada en los colores de la bandera  francesa y en alusión al sentido contemporáneo de los ideales revolucionarios  de Libertad, Igualdad y Fraternidad.</p>
<p>Tras esto, afectada  gravemente su salud, anuncia su retiro del cine, aunque los últimos años de su  vida los dedica a escribir los guiones, trabajados en colaboración con  Piesiewicz, el <em>“apóstol”</em> siempre fiel a su credo, centrados curiosamente  respecto de lo que sigue con certeza después de la vida (en razón de su  catolicismo singular a toda prueba) que darían sustento a otra nueva y  ambiciosa trilogía para llevar al cine <em>La Divina Comedia</em> de Dante  Alighieri. Sus integrantes naturales son, por supuesto: <strong><em>Paraíso</em></strong>, <strong><em>Purgatorio</em></strong> e <strong><em>Infierno</em></strong></p>
<p>El poder de vinculación de  sus personajes con su correlativo <em>alter ego</em> en <strong><em>La doble vida de  Verónica</em></strong> (1991), marcado por la muerte insólita de una de ellas –aunque  siempre con su dejo de <em>magia</em>-, acaba por resultar expresión de la capacidad  premonitoria del propio Krzysztof Kieslowski sobre sí mismo. Quizá sin tenerlo  muy a las claras, como Weronika, también acabó por <em>morir en escena</em> de  algún modo, justo en el pináculo de una trayectoria que se ganó a pulso el  reconocimiento general.</p>
<p>Luego de dar vida a una obra  extraordinaria, de gran inquietud y búsqueda, plena de hallazgos tanto  artísticos como existenciales, muere el 13 de marzo de 1996 en Varsovia, su  ciudad natal, cuando apenas contaba con 54 años de edad. Sin duda, está en el  Cielo y, desde allí, seguramente se sentirá complacido de lo mucho que sigue  dejando su creación en la vida de muchos en el mundo, entre otras cosas por su  coherencia, congruencia y consistencia en el abordaje artístico-existencial de  lo que resulta más caro a la problemática del hombre de todos los tiempos.  Krzysztof Kieslowski, el incomparable cineasta polaco, ha logrado que asociemos  a su nombre y a su obra la expresión más plena de una palabra: ¡gracias!</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1966          <em>La oficina</em> (<em>The Office</em>).</strong><strong><br />
1966          <em>The Tham</em>.</strong><strong><br />
1967          <em>Recepción de solicitudes</em> (<em>Concert  of Requests</em>).</strong><strong><br />
1968          <em>Desde la Ciudad de Lodz</em> (<em>Desde  la Ciudad de Lodz</em>).<br />
</strong><strong>1971          <em>Antes  del Rally</em> (<em>Before of the Rally</em>).</strong><strong><br />
1971          <em>Fábrica</em> (<em>Factory</em>).<br />
</strong><strong>1972          <em>Refrán</em> (<em>Refrían</em>).</strong><strong><br />
1972          <em>Los principios de la  seguridad y la higiene en una mina Cooper </em>(<em>The Principles of Safety and  Higiene in Cooper Mine</em>).<br />
</strong><strong>1973          <em>Paso subterráneo</em> (<em>Przejscie Podziemme</em>).</strong><strong><br />
1973          <em>Murare</em>.</strong><strong><br />
1974          <em>Rayos-X</em> (<em>X-Ray</em>).<br />
</strong><strong>1975          <em>La cicatriz</em> (<em>Blizna</em>).<br />
</strong><strong>1975          <em>Zga Zyciorys</em>.</strong><strong><br />
1976          <em>Hospital</em> (<em>Hospital</em>).<br />
</strong><strong>1976          <em>Slate</em>.<br />
</strong><strong>1977          <em>No lo sé</em> (<em>I Don’t Know</em>).</strong><strong><br />
1978          <em>El punto de vista del  portero de noche</em> (<em>Night Porter’s Point of View</em>).<br />
</strong><strong>1978          <em>Siete mujeres de  diferentes edades</em> (<em>Seven Women of Different Ages</em>).</strong><strong><br />
1979          <em>Amator</em>.</strong><strong><br />
1980          <em>Cabezas parlantes</em> (<em>Talking Heads</em>).<br />
</strong><strong>1980          <em>La estación del tren</em> (<em>Railway Station</em>).<br />
</strong><strong>1982          <em>Bez Konca</em>.</strong><strong><br />
1987          <em>Blind Chance</em>.<br />
</strong><strong>1988          <em>No matarás</em> (<em>Krotki  film o Sabijaniu).<br />
</em>1988          <em>Siete días a la semana</em> (<em>Seven Days a Week</em>).<br />
</strong><strong>1988          <em>Breve película sobre el  amor</em> /<em>No amarás</em> (<em>Krotki film o Milosci</em>).<br />
</strong><strong>1989          <em>Decálogo</em> (<em>Decalogue</em>).<br />
</strong><strong>1991           <em>La doble vida de Verónica</em> (<em>La double vie de Véronique</em>).</strong><strong><br />
1993          <em>Tres colores: Azul</em> (<em>Trois couleurs: Bleu</em>).<br />
</strong><strong>1994          <em>Tres colores: Blanco</em> (<em>Trois couleurs: Blanc</em>).<br />
1994          <em>Tres colores: Rojo</em> (<em>Trois couleurs: Rouge</em>).</strong></p>
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		<title>Mefisto (1981) de István Szabó</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Feb 2009 20:36:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1981]]></category>
		<category><![CDATA[IIdikó Bánsagi]]></category>
		<category><![CDATA[István Szabó]]></category>
		<category><![CDATA[Karin Boyd]]></category>
		<category><![CDATA[Klaus Maria Brandauer]]></category>
		<category><![CDATA[Krystina Janda]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre lo apolíneo y lo dionisíaco &#8230;
Un hombre cuya máscara son  sus verdades.
por  Luis Arrieta Erdozain
Mis ojos no son mis  ojos,
mis  piernas no son mis piernas,
mi  rostro no es mi rostro,
ni  mi nombre es el mío &#8230;
porque  yo soy actor.
¿Y  sabes qué es ser actor?
El  actor [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=49&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"><strong>Entre lo apolíneo y lo dionisíaco &#8230;</strong><br />
<strong>Un hombre cuya máscara son  sus verdades.</strong></p>
<p align="right"><strong>por  Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
<blockquote><p>Mis ojos no son mis  ojos,<br />
mis  piernas no son mis piernas,<br />
mi  rostro no es mi rostro,<br />
ni  mi nombre es el mío &#8230;<br />
porque  yo soy actor.<br />
¿Y  sabes qué es ser actor?<br />
El  actor es una máscara<br />
entre  los hombres.</p>
<p>Monólogo dicho por<br />
Hendrik  Höfgen,  caracterizado<br />
por Klaus María Brandauer,  en<br />
<strong><em>Mefisto</em></strong> de István Szabó.</p></blockquote>
<p><em>Mefistófeles</em>,  según se sabe, especialmente tras la publicación del <em>Fausto</em> de Goethe en  el siglo XIX, es un diablo de muchacho que hizo pasar <em>las de Caín</em> a ese  enamorado obsesivo que, al hacer trampa para obtener el favor de su amada  Margarita, casi pierde alma y cielo, revelando un ánimo mucho más proclive a  los placeres a corto plazo que a los ideales y recompensas de más largo  aliento.<br />
De modo análogo se conduce el virtuoso actor  Hendrik Höfgen (Klaus Maria Brandauer) quien se vale de su arte y facilidad  para hacer relaciones para ascender en la escala social y hacer suyas las  prebendas de los favorecidos por el sistema. Todo esto está bien, ni quien diga  nada, antes al contrario &#8230; pero ocurre que el buen hombre transita en la línea del tiempo sólo unos años antes y  luego durante el período en los nazis estuvieron en el poder en Alemania, y  cuyos dirigentes lo utilizan como argumento vivo de propaganda política. Así,  Hendrik como Wilhelm Furtwängler, protagonista de <strong><em>Réquiem por un imperio</em></strong> (2001) del propio Szabó, enfrentan un dilema existencial que confronta su arte  y convicciones políticas con el entorno político y el juicio mismo de la  historia.</p>
<p>Por otra parte, la tentación de acudir al  auxilio del inframundo para obtener lo que persigue alguien en cierta  encrucijada de su vida, anega el imaginario colectivo universal, la literatura,  así como temáticas de otras bellas artes. No puedo evitar rescatar el valioso  apunte que, a propósito del <em>Fausto</em>, se hace en el <em>Diccionario  Enciclopédico Salvat</em>, vol. 11, p. 1564 (Barcelona, España, 1985):  “Personaje de la leyenda alemana que vende su alma al diablo, apareció por  primera vez en la literatura con la <em>Historia von D. Johann Fausten</em>, obra  impresa en 1587. De autor desconocido, el libro surgió en una época en que la  vida religiosa alemana se hallaba dominada por la figura de Martín Lutero. El  tema del pacto con el diablo (personificado en Mefistófeles), relacionado con  la figura del alquimista histórico (insaciable especulador y experimentador)  que adquiere así la insaciable juventud, la sabiduría y unos acrecentados  poderes mágicos, constituiría el núcleo central de las subsiguientes  elaboraciones literarias.</p>
<p>“De Alemania pasó la leyenda a Inglaterra, y  Ch. Marlowe compuso el drama <em>The Tragical</em> <em>History of Doctor Faustus</em> (1604), que transmuta la condenación de una criatura depravada en la caída de  Prometeo. En el s. XVII el personaje se transforma en protagonista de  espectáculos de marionetas (<em>Faustpuppenspiele</em>), y no vuelve a adquirir  su primitiva consistencia literaria hasta el fragmento dramático que Lessing  titula <em>Doctor Faust</em> (1759). En éste, el personaje es salvado y participa  en una burla de que el cielo hace objeto a los poderes infernales. En 1808  produjo Goethe su primer <em>Faust</em>, no completado hasta el año de su propia  muerte, esto es, en 1832, y a éste siguieron las versiones renovadas de F.  Klinger, Charmisso, Grabbe y N. Lenau. El <em>Fausto</em> de Goethe sólo se  redimirá por amor: la intervención de Margarita, víctima de su pasión  pecaminosa, asegurará su salvación, unificándose <span style="text-decoration:underline;">los temas centrales del  anhelo perenne y del eterno femenino</span>. Las interpretaciones más recientes se  deben a Paul Valèry, que da el título de <em>Mon Faust</em> a una serie de  variaciones sobre este antiguo tema, y al novelista alemán Thomas Mann (<em>Doctor  Faustus</em>, 1947). La vida de este personaje  legendario ha servido de tema también para diversas obras<br />
musicales a lo largo del s. XIX, entre las  cuales destacan: una obertura de P. Schulz (1810), la ópera <em>Faust</em> de L.  Spohr (1816), una obertura de Schiller (1839), el ballet <em>Faust</em> de A.  Adam (1833), <em>Scènes pour Faust</em> de K. Kreutzer (1836), el oratorio <em>Faust</em> de R. Schumann (1844-53), en tres partes. <em>Damnation de Faust</em> de H.  Berlioz (1846), <em>Faust Symphony</em>, para tenor, coro y orquesta, de F. Liszt  (1854-57), y las óperas <em>Faust</em> de Ch. Gounoud (1859) y <em>Mefistofele</em> de A. Boito (1875). En el campo del lieder, el tema inspiró varias obras a F.  Schubert, R. Schumann, R. Wagner, etc. Para piano, destaca <em>Méphisto-Valse</em> de F. Liszt”.</p>
<p>Como se aprecia, temática y personajes han  ejercido su seducción en los más célebres autores de distintas disciplinas  artísticas, países y épocas. En el caso de la armónica maestría plástica de  Szabó, se presenta a Hendrik Höfgen, en la espléndida caracterización que de él  hace Klaus Maria Brandauer, desde que es un aspirante al estrellato hasta  cuando su personaje es indisolublemente asociado con su persona (llega a  utilizarse como su mote “Mefisto”). En las secuencias iniciales con Juliette  Martens, su turgente amante alemana negra, atestiguamos cómo le descubre  secretos del ritmo, del baile, de la expresión corporal en el movimiento en  escena. Esos episodios iniciales de encuentro erótico-amoroso, son retablos de  gran intensidad y colorido contrastante en medio de escenarios modestos en  lugares alemanes lumpen. Pero ello no afecta para nada el goce, el fogoso  encuentro de los amantes conjugados en corpórea unicidad.</p>
<p>Juliette (Karin Boyd) conoce a Höfgen muy a  fondo. Sabe, por ejemplo, que se ha cambiado su nombre de pila –Heinz- por el  de Hendrik, por considerarlo  de mejor  gusto el actor. Por ahí le observa: “Si sintieras la música, no te cansarías  (&#8230;) Sólo te quieres a ti mismo, pero ni siquiera lo suficiente (&#8230;) Evitas  reflejar la sinceridad en tu cara: llevas como una máscara”. ¿Será esta la  razón por la que su caracterización de Mefisto es la que mayores  reconocimientos acabará mereciéndole? ¿Influirá en ello también lo que el  propio Höfgen confiesa a Barbara Bruckner (Krystina Janda), con quien se casa,  respecto de que tiene un pasado complejo, sufrido &#8230; “en que muchas veces he  querido desaparecer en las profundidades del infierno”? En cualquiera de los  casos, todo ello deviene en un actor de clase mundial que siempre aplica rigor  a un desempeño personal en escena y fuera de ella cada vez más virtuoso y  convincente.</p>
<p>La rueda de la fortuna, como en los  episodios operístico-musicales de la aclamada <em>Carmina Burana</em>, produce  giros inesperados, sucesivos, en<br />
que el temple, carácter y hambre de triunfo  de Höfgen le hacen cercanas las oportunidades, a partir de la modesta <em>trouppé</em> actoral de la que forma parte en Hamburgo y a la que, irremisiblemente, tendrá  que dejar en su allanamiento personal de las rutas que lo conducirán a su éxito  ambicionado. La cima le exige, por momentos, dejar de lado su decidida simpatía  por un teatro proletario, del tipo del desarrollado por Bertold Brecht en  Alemania y por no pocos dramaturgos y directores rusos de la época (“Hay que  mostrar la función social del teatro; no debe ser sólo revolucionario, sino  también muy bueno”, acota Höfgen ante sus compañeros durante un ensayo), así  como ciertos “sentimentalismos”. Sin embargo, no es un tipo amoral ni con  mucho, como lo avalarán sus hechos conforme discurra la historia que se  despliega en pantalla.</p>
<p>Hendrik Höfgen hace de su arte y destino  unidad indivisible. Llega el momento, pues, en que le quedará chica la compañía  teatral hamburguesa de la que forma parte (“No quiero un contrato, quiero  libertad; no quiero ser el favorito sólo de una ciudad”) por lo que, tras  recomendaciones que hace de él y su trabajo la reconocida actriz Dora Martín  (IIdiko Kishonti), deja la seguridad y nombre conquistados para hacerse de un  sitio prominente en un lugar más grande y exigente, como puede ser Berlín, la  capital alemana &#8230; además, con el conque de que empezará con un sueldo más  bajo al que tenía hasta entonces. Pero nada detiene al decidido Hendrik.  Pronto, su indudable arte le genera simpatías, amén de que sabe cortejar y  cultivar bien sus relaciones públicas con los críticos de arte, los políticos,  la gente de la alta sociedad &#8230; pero son tiempos de efervescencia: se habla de  la creciente simpatía para el proceso electoral para los radicales nacional  socialistas &#8230; concentrado en sí mismo y en su arte, Hendrik no se ocupa de  política, ni aún con los llamados a la sensatez que le hacen su esposa  Barbara  (a quien le dice: “Tú puedes  irte de compras; yo necesito de la lengua alemana, mi patria”) o Dora Martín (IIdiko  Kishonti) quien opta por ir a conquistar los escenarios de América. Ambas, por  su ascendencia judía, saben que tarde o temprano serán perseguidas por el  régimen.</p>
<p>Höfgen representa con gran éxito la  temporada de su célebre caracterización de Mefisto, luego de lo cual es  convencido de participar en una película que será filmada en la ciudad de  Budapest. El director le confiesa luego que fue la manera elegante de sacarlo  del país ante la situación imperante. En estas anda cuando Hitler y su  muchachos conquistan el poder, se hace aún más declarado el terror nazi,  empiezan<br />
a utilizarse <em>listas negras</em> y es una  verdadera temeridad regresar a Berlín. Sin embargo, Angelika Siebert, alta  funcionaria, le ofrece seguridades para su regreso a la capital alemana, a lo  que Hendrik accede a fin de cuentas. Ello favorece el contacto cercano con el  general que actúa como Ministro de Cultura (un magnífico Rolf Hoppe). De ahí  deriva una trama inter-personajes muy rica y matizada, que confronta en grado  importante el poder y el arte ideologizado en grado fanático con el arte por el  arte mismo y la necesidad personal de supervivencia. En no pocos momentos, no  el actor sino el propio Hendrik, para sobrevivir, tendrá que actuarse a sí  mismo y a otros sí mismos como una suerte de <strong><em>Zelig</em></strong>, sin dejar de  tener en claro quién es quién y quién es su ofuscado –aunque sin duda noble y brillante-  sí mismo real y verdadero.</p>
<p>“A través de este personaje –apunta Isztván  Szabó- se aborda el tema de la relación entre el arte y el poder, entre el arte  y la política (&#8230;) ¿Puede el artista ser únicamente artista,  independientemente de la política? En lo personal, creo difícil imaginar a un  hombre verdadero totalmente privado de conciencia política”.</p>
<p>Pronto el Ministro advierte el potencial de  imagen que representa Hendrik Höfgen, de cara al mundo, respecto del arte que  respalda la Alemania nazi. Por lo pronto, establece que ya nada de obras  bolcheviques ni de comedias francesas, sino que las puestas en escena y  esfuerzos culturales habrán de orientarse al rescate del arte y alma alemanes.  Y, a la par que Höfgen desempeña brillantemente su labor de portavoz de un  régimen en el que no cree, empieza una discreta labor de auxilio, ocultamiento  e, incluso, de intercesión ante el general por varios de sus compañeros  perseguidos (entre otros, de Hans Miklas, colega actor en la compañía de  Hamburgo, quien era nazi y llegó a reñir con Höfgen por esta causa &#8230; y ahora,  cuando advierte la realidad, se vuelve opositor clandestino al régimen). Aquí  la evocación con <strong><em>La lista de Schindler</em></strong> de Steven Spielberg  resulta inevitable, si bien esta última es posterior muchos años al film del  gran cineasta húngaro. El diseño de imagen que el general hace de Höfgen le  lleva a sugerirle, incluso, la oficialización de su ruptura con Barbara, su  esposa judía exiliada (cuando le pregunta por ella, Hendrik le dice que cree  que está en París y apenas sabe nada de ella; el castrense le precisa que está  en Estocolmo, editando un periódico en contra de su patria). Le indica que no  le implicará mayor cosa divorciarse, nada   mejor, pues “los alemanes que se fueron de su país firmaron su propia  sentencia de muerte. Hay que tirar las manzanas prohibidas. La política, como  el teatro, es una lucha. Igual que toda renovación es el inicio de una guerra”.  Luego de<br />
ello, favorecerá el inicio de su cortejo con  Nicoletta “Lotte” Lindethal (Christine Harbart), para formar una pareja  prototípicamente aria que engendrará hijos alemanes dignos de su origen.</p>
<p>A estas alturas del partido –como luego se  dice-, ya no se sabe quién es más <em>mefistofélico</em>: si el tozudo general  convencido de alentar hasta la muerte un racismo purista cultural o el propio  Hendrik, quien busca jugar su propio juego en la cuerda floja y caracterizar en  el escenario a Mefisto. Al respecto, es la mar de ilustrativo el diálogo que  reproduzco a continuación, el cual inicia el general:</p>
<p><strong>&#8211;</strong> “En nuestros  teatros debería haber una aduana para los contrabandistas de la cultura. Para  evitar que los elementos extranjeros envenenen la cultura alemana. Eso no lo  pueden controlar los guardafronteras. Es cosa de los trabajadores de la  cultura. ¿Me comprende?</p>
<p><strong>&#8211; </strong>Sí, general.</p>
<p><strong>&#8211; </strong>Hay muchos  que no &#8230; Su Mefistófeles me hace pensar &#8230; su interpretación descubre al  gran canalla. Todos tenemos algo de él. Todo alemán oculta algo de él. ¿Dónde  iríamos con el alma de Fausto? &#8230; Mefistófeles es otro héroe nacional, pero no  hay que divulgarlo”.</p>
<p>Luego de este encuentro, Hendrik Höfgen será  utilizado como portavoz lustroso de lo que es la Alemania nazi y su cultura.  Las declaraciones del ministro y las suyas se vuelven complementarias. Aunque  todo parece transitar sobre rieles, se incrementa la deuda del actor con la  historia. Como apunta Hendrik, ahora ya Director del Teatro Estatal de Berlín  sobre la personalidad de Mefisto y su encanto con quienes presencian su  trabajo, siempre renovado y fresco: “La sorpresa es su secreto. Es importante  que el público no sepa lo que él va a hacer”</p>
<p>Comparé antes a Schindler, el empresario  alemán que ayudó a muchos judíos a evadir el holocausto con Hendrik Höfgen,  quien auxilia a varios para que no sean victimados. Ello se produce en un  proceso personal de conciencia creciente en ambos personajes. Me detengo ahora  sólo en lo que toca al actor-funcionario cuando empieza a sospechar respecto de  lo que de verdad estaría ocurriendo con el nazismo en el poder, con las  acciones que emprende <em>en lo obscurito</em> el régimen a quien apoya con su  quehacer cultural y público. Aquí viene muy al caso el aporte de Leon Festinger,  en su ensayo intitulado <em>La teoría de la reducción de la </em><em>disonancia cognoscitiva</em>,incluido en el libro antológico <em>“La Ciencia de la  Comunicación Humana”</em>, compilado por Wilbur Schramm (ed. Roble, 5ª. ed. en  español, 1975, México, D. F.). Él brinda elementos para discernir, al menos en  parte, lo que sucede al interior de Höfgen: “La relación entre lo que sabe una  persona y la forma en que actúa, no es sencilla. En general, naturalmente, la  gente actúa en formas consecuentes a lo que sabe. Si una persona percibe cierto  peligro, generalmente se vuelve precavida; si sabe que un restaurante es mejor  que otro, habrá de comer en el mejor, y así sucesivamente. Con frecuencia, sin  embargo, ocurren incongruencias entre la forma en que actúa una persona y lo  que sabe (&#8230;) Se podría (&#8230;) aventurar la siguiente proposición teórica  general: siempre que una persona tiene información o una opinión que  considerada en sí misma la conduciría a abstenerse de cierta acción, esta  información es disonante entonces con el hecho de haber realizado dicha acción. <strong>Cuando existe esta disonancia, la persona tratará de reducirla cambiando sus  acciones o modificando sus creencias y opiniones. Si no puede cambiar la  acción, el cambio de opinión sobreviene inmediatamente. Este proceso  psicológico, que se puede llamar <em>reducción de la disonancia</em>, explica el  comportamiento, frecuentemente observado, de la gente que justifica sus  acciones</strong> (&#8230;) La experimentación en laboratorio ha mostrado que los  efectos que cabe esperar de esta teoría ocurren en realidad. Cuando existe  disonancia, se producen los intentos de reducción de disonancia” (pp. 28-29;  36). De esta suerte, Hendrik encuentra una justificación a su proceder con la  ayuda que brinda a sus amigos merced a sus influencias en los altos círculos.</p>
<p>En estos vaivenes se encuentra Höfgen cuando sobreviene  la secuencia de su enlace matrimonial con Lotte Lindethal en Grunewald, una de  las más hermosas y plásticas del film, en que Szabó combina con armonía y gran  sentido del ritmo música, baile, planos, emplazamientos geométricos, para un  logrado conjunto de tomas, encuadres y movimientos de cámara, vorágine  climática amable que culmina con el baile colectivo de una alegre canción  típica alemana en que varios bailarines aparecen caracterizados como Mefisto,  la personificación más célebre del actor contrayente. Tiempo después, un  diálogo entre Hendrik y su ahora mujer en el palacete que les fue dado como  vivienda es revelador respecto de cómo ha operado la reducción de la disonancia  cognoscitiva en el personaje interpretado por Klaus María Brandauer: “¿Sabes en  qué pienso últimamente, Nicoletta? En si nos merecemos esto &#8230; y, siendo  estricto, creo que sí. Quienes representamos la individualidad y el arte, ¿no  debemos sobreponernos a lo que pasa en el<br />
mundo? Damos ejemplo y animamos a los demás. Pese a la  perversión del mundo, el arte permanece siempre puro y verdadero, ¿no?”.  Ello  también nos lanza a ese vacío del  sentido existencial cuando se confunde el sí mismo con su persona, El comentario  de Ingmar Bergman sobre su película <strong><em>Persona </em></strong>parece venir también  muy al caso: “Hay una palabra que siempre me había obsesionado y me vino al  pensamiento: <em><span style="text-decoration:underline;">Persona</span></em>, el vocablo latino con el que se designaban  las máscaras, detrás de las cuales, en la antigüedad, los actores ocultaban el  rostro. Yo estaba encantado: mi film llevaría este título curioso, <em>Persona</em>,  palabra cuyo primer sentido fue alterado, porque de significar máscara, pasó a  designar a aquel que se ocultaba detrás de ella”&#8230; Este pareciera ser el caso  de Hendrik con su máscara, caracterización y atavío de <strong><em>Mefisto</em></strong>.</p>
<p>Sin embargo, Hendrik ya no sólo pesa sobre  el escenario en su calidad de actor, sino que también participa –como antes  observé- en el aparato cultural del Estado, de tal suerte que por momentos  parece un malabarista que con todos debe quedar bien y, si no fuese así en  algún momento, en un régimen como en el que le ha tocado en suerte  desenvolverse, algo muy grave puede sucederle. Como atinadamente expresa István  Szabó: “<strong><em>Mefisto</em></strong> no es una historia sobre la dictadura nazi, sino  una meditación válida en cualquier tiempo y lugar. A través del personaje del  actor Hendrik Höfgen he querido mostrar a alguien que se esfuerza por triunfar,  por ser aceptado por todos, poniendo en ello su máximo empeño (&#8230;)”. Con todo,  cuando sube al poder el Partido Nazi, la vida de Hendrik acaba mutando en un  torbellino de miedo y violencia, en un país que re-definió el concepto de  muerte.</p>
<p><strong><em>Mefisto</em></strong> es, pues, otra obra maestra del gran cineasta húngaro Istvan Szabó, dotada de  su talento natural para la expresión plástica y virtuosa conjunción con la  banda sonora de sus films, que invita a una reflexión universal insoslayable en  las distintas épocas, en que las situaciones-límite hacen aflorar las relaciones  del arte con el poder e invitan a la toma de posición intelectualmente honesta  de los creadores respecto de sus mecenas y lo que todo ello implica desde la  perspectiva ética.</p>
<p><strong>FICHA TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong><em>Mefisto</em></strong><strong> (<em>Mephisto</em>).</strong> Hungría-Alemania Federal, 1981. <strong>Direccción:</strong> Istvan Szabó; <strong>Guión:</strong> Peter  Dobal, János Rózsa e Istvan Szabó, basado en la novela de Klaus Mann;<strong> </strong><strong>Fotografía  (color): </strong>Lajos  Koltai;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Zdenko Tamassy;<strong> </strong><strong>Intérpretes:</strong> Klaus Maria Brandauer (<em>Hendrik </em><em>Höfgen</em>), Krystina Janda (<em>Barbara  Bruckner</em>), IIdikó Bánsagi (<em>Nicoletta von Niebuhr</em>), Karin Boyd (<em>Juliette  Martens</em>), Rolf Hoppe (<em>General</em>), Christine Harbart (<em>Lotte  Lindethal</em>), Tomas Major (<em>Oskar Kroge</em>) y IIdiko Kishonti (<em>Dora  Martin</em>), entre otros.<strong> Duración:</strong> 144 minutos.<strong></strong>En el  Festival de Cannes 1981, la película se hizo merecedora al Premio Especial del  Jurado al Mejor Guión y al Premio de la FIPRESCI (Federación Internacional de  la Prensa Cinematográfica). Asimismo, se le reconoce ese mismo año con el Oscar  a La Mejor Película Extranjera.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>ISTVÁN SZABÓ</strong> nace el 18 de febrero de  1938 en Budapest, Hungría. Se gradúa como cineasta de la Escuela de Artes  Escénicas y Cinematográficas de Hungría en 1961 y, justo con <strong><em>Concierto</em></strong>,  su cortometraje de graduación, logra hacerse de gran prestigio al lograr  premios en varios festivales.</p>
<p>Por esto años, junto con otros nuevos realizadores  húngaros, funda los Estudios Bela Balasz. En 1963, se desempeña como asistente  de dirección de Janos Herskó en la filmación de <strong><em>Diálogo</em></strong> y al año  siguiente, 1964, Szabó encara la realización de su <em>opera prima</em>: <strong><em>La  edad de las ilusiones</em></strong>, cuando contaba con 26 años de edad. Ella le  significa la obtención del premio Silver Sail en el Festival de Locarno y el  Premio Especial del Jurado al Mejor Director en el Festival Cinematográfico de  Hungría, lo que lo convierte, desde entonces, en una figura clave para la nueva  generación de cineastas húngaros de los sesenta.</p>
<p>István Szabó no afloja el paso y con <strong><em>Padre</em></strong> (1966), su segundo largometraje, se hace merecedor al Premio Especial del  Jurado del Festival de Locarno y al Premio al Mejor Director del Festival  Cinematográfico de Hungría. Repite el Premio del Jurado del Festival de Locarno  con <strong><em>Calle del Bombero 25</em></strong>, de la que debo confesar tengo un  recuerdo cuasimágico: la ví en el Teatro-Cine El Roble, legendario escenario de  las primeras Muestras Internacionales de Cine en la capital y, aunque confieso  no haberla entendido bien del todo, me pareció extraordinaria. De hecho, desde  entonces, soy <em>fan</em> declarado de Szabó. En 1979, gana el Oso de Plata en  el Festival de Berlín y una nominación al Oscar por <strong><em>Confianza</em></strong>.</p>
<p>Pero es en 1981 cuando logra el mayor reconocimiento  mundial que ha alcanzado hasta la fecha con <strong><em>Mephisto</em></strong>:  Hollywood la distingue como la<br />
mejor película extranjera, en tanto en el Festival de  Cannes la FIPRESCI le otorga el premio al mejor guión, así como el Premio de la  Crítica Cinematográfica Británica, Italiana y Polaca. Szabó, pues, se consolida  como un autor que, amén de sensible e introspectivo, goza de poder de  convocatoria en la taquilla. Georges Sadoul, en su <em>Diccionario de Cineastas</em>,  apunta sobre el realizador: “El intimista, por definición, del nuevo cine  húngaro, atento a las implicaciones individuales que entraña la evolución hacia  un nuevo tipo de sociedad”. En opinión del que esto escribe, Szabó, con  sobrados méritos, desde hace años está inscrito en el selecto círculo de los  reconocidos como creadores de <em>cine de autor</em>.</p>
<p>En 1985, <strong><em>Coronel Redl</em></strong> le hace merecedor  del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes, el Premio Bafta a la  mejor película extranjera y otra nominación al Oscar de la Academia; nueva  nominación al Oscar por <strong><em>Hanussen</em></strong> (1988). Otros de sus títulos son <strong><em>El amanecer de un siglo</em></strong> (<strong><em>Sunshine</em></strong>), película de  dimensiones épicas que recorre la historia de Hungría desde el imperio, la  segunda guerra mundial y el régimen comunista. En este marco, tres generaciones  de la familia Sonnenschein, húngara-judía, se enfrentan con la política y las  circunstancias de su época, así como con sus raíces y pasiones más intensas  para poder alcanzar su realización. También está  <strong><em>Encuentro con Venus</em></strong>, la que  narra los avatares que enfrenta un director extranjero con burocracias para  poder lograr la exitosa presentación de una obra en París. También tiene en su  haber creador <strong><em>Sweet Emma,</em></strong> <strong><em>Dear Böbe,</em></strong> con la que se  hace acreedor al Oso de Plata en el Festival de Berlín y el Premio al Mejor  Guionista Europeo, entre otros.</p>
<p>Siempre laborioso, Itsván Szabó también ha hecho cine  para televisión  como es el caso de <strong><em>Offenbach’s  Secret</em></strong> (que ganó el Premio Outstanding Achievment en Montreal, Canadá), <strong><em>Première</em></strong>, <strong><em>The Green Bird</em></strong>, <strong><em>Castplay</em></strong>, <strong><em>Bali</em></strong> y <strong><em>Steadying the Boat</em></strong>. En <em>sus ratos de ocio</em>, también se ha  desempeñado como un consumado director teatral. Ha dirigido varias óperas, entre  ellas: <strong><em>Tannhäuser</em></strong>, para la Ópera de París, <strong><em>Boris Gudonov</em></strong>,  para la Ópera de Leipzig e <strong><em>Il Trovatore</em></strong>, para la Staatsoper de  Viena. También trabaja como profesor invitado en diversas escuelas de cine del  mundo, entre ellas la de Londres,  Berlín  y Viena.</p>
<p>István Szabó es autor del guión de la mayoría de sus  películas, con lo que su proceso creativo inicia mucho antes de que la  filmación comience. Según expresan varios de los actores que han trabajado bajo  sus órdenes, es alguien abierto a las sugerencias y no una persona que<br />
pretenda saberlo todo o ser necio al querer que todo se  haga tal cual él lo indica, lo cual deriva en ambientes más favorables y  flexibles para lograr la mejor contribución de los intérpretes. Su estilo  formal es sobrio, cercano a las manifestaciones de la más alta y refinada  cultura que, por lo mismo, no es ostentosa. De ahí que, independientemente de  su temática –tantas veces relacionada con asuntos de relevancia histórica,  destacándose los aspectos políticos y sociales&#8211;, la belleza emerja, vigorosa y  victoriosa, de la mayoría de las películas del buen István. Es indudable su  rigor, pues, en su oficio de creador &#8230; y no por ello deja de ser alguien que  sabe tocar fibras sensibles en sus múltiples y heterogéneas audiencias, trátese  de la crítica especializada más enterada o de la gente que concurre a las salas  cinematográficas por el simple y mero hecho de que le gusta el cine, sin  mayores complicaciones.</p>
<h4>FILMOGRAFÍA DE ISTVÁN SZABÓ.</h4>
<p><strong>CORTOMETRAJES:</strong></p>
<p><strong>1961          <em>Concierto</em> (<em>Konzert</em>).</strong><strong><br />
1961          <em>Variaciones  sobre un tema</em> (<em>Variációk agy témára</em>).<em><br />
You</em></strong><strong>.<em><br />
Dream About a House</em>.</strong><strong><em><br />
City Map</em></strong><strong>.</strong></p>
<p><strong>LARGOMETRAJES:</strong></p>
<p><strong>1964          <em>La  edad de las ilusiones</em> (<em>Álmodozások kora</em>)<em>.<br />
</em></strong><strong>1966          <em>Padre</em> (<em>Apa</em>).</strong><strong><br />
1970          <em>Un  film de amor</em> (<em>Szerelmesfilm</em>)</strong><strong>.<br />
1973          <em>Calle  del bombero 25</em> (<em>Tuzolto Utca 25</em>).<br />
</strong><strong>1976          <em>Der  Grüne Vogel</em>.<br />
</strong><strong>1979          <em>Confianza</em> (<em>Bizalom</em>).<br />
</strong><strong>1981          <em>Mefisto</em> (<em>Mephisto</em>).</strong><strong><br />
1985          <em>Coronel  Redl</em> (<em>Colonel Redl</em>).</strong><strong><br />
1988          <em>Hanussen</em>.</strong><strong>1991          <em>Encuentro  con Venus</em> (<em>Meeting Venus</em>).<br />
1992          <em>Dulce  Emma, querida Böbe</em> (<em>Sweet Emma, Dear Böbe</em>).</strong><strong><br />
1999          <em>El  amanecer de un siglo </em>(<em>Sunshine</em>).<br />
2001          <em>Réquiem  por un imperio</em> (<em>Taking Sides</em>).</strong><strong><br />
2002         <em>Ten Minutes Older: The  Cello</em></strong> (episodio de una película co-dirigida con Volker Schlöndorf, Jiri Menzel,  Jean-Luc Godard, Michael Radford, Mke Figgis y Bernardo Bertolucci).<strong><br />
2003          <em>Conociendo  a Julia</em> (<em>Being Julia</em>).</strong></p>
<p align="right"><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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	</item>
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		<title>Los imperdonables (Unforgiven), Estados Unidos, 1992, de Clint Eastwood.</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Feb 2007 15:18:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1992]]></category>
		<category><![CDATA[Clint Eastwood]]></category>
		<category><![CDATA[Gene Hackman]]></category>
		<category><![CDATA[Morgan Freeman]]></category>

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		<description><![CDATA[El forajido que supo redimirse al olor de la pólvora
por Luis Arrieta Erdozain
“He hecho muchas películas donde la violencia es glorificada. Pero en cierto momento de la vida, y supongo que estoy en esa etapa, te das cuenta de que la violencia es dolorosa (&#8230;) Siempre es lo mismo en todas las guerras: se le [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=7&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong>El forajido que supo redimirse al olor de la pólvora</strong><em><br />
por Luis Arrieta Erdozain</em></p>
<blockquote><p>“He hecho muchas películas donde la violencia es glorificada. Pero en cierto momento de la vida, y supongo que estoy en esa etapa, te das cuenta de que la violencia es dolorosa (&#8230;) Siempre es lo mismo en todas las guerras: se le pide a los jóvenes que vayan y mueran, y las madres recibirán cartas donde les dicen que sus hijos están muertos”.</p>
<p align="right"><strong> Clint Eastwood en entrevista a Anthony Breznican de USA TODAY y publicada por el diario Reforma (16/II/07, p. 1, Gente).</strong></p>
</blockquote>
<p class="p5" align="left">Luego de su participación estelar en la <em>Trilogía del hombre sin nombre</em>, bajo la batuta de Sergio Leone y que proyectara a Clint Eastwood como un actor de renombre internacional (justo con <strong><em>Por un puñado de dólares</em></strong>, <strong><em>Por unos dólares más</em></strong> y <strong><em>El bueno, el malo y el feo</em></strong>, todos de los llamados <em>spaghetti westerns</em> y realizados a mediados de la década de los sesenta), el mito de este personaje implacable con el revólver pero <em>derecho</em>, conforme a un código de honor establecido tácitamente entre los bravos del legendario <em>viejo Oeste</em>, como que se había producido un “vacío del personaje”: primero porque Eastwood ya no volvió a colaborar con Leone; luego, porque ninguno de los <em>westerns </em>en que trabajó –como actor dirigido por otro cineasta, o bien en aquellos realizados por él mismo en que se desempeñaba en el protagónico- estuvieron a la altura de aquellos tres primeros que lo instalaron en el ámbito de la leyenda &#8230; de esta suerte, una película como <strong><em>Los imperdonables</em></strong> <strong>(<em>Unforgiven</em></strong>, 1992<strong>)</strong>, podía válidamente intentar ilustrar qué había sido de aquel llamado <em>“blondie”</em> o <em>“blue eyes”</em> de las películas de Leone.</p>
<p class="p5" align="left">Y sí: la idea no sólo resultó acertada sino sobresaliente, cuando Clint se muestra sin pudor a sus entonces 62 años de edad en la caracterización de William Munny, otrora implacable forajido que es ahora un hombre ya viudo de una mujer a la que sigue amando y respetando, padre de un par de chavales y propietario de un más que modesto ranchito en que cría puercos sin auxilio de trabajadores. Las épocas de gloria, del cobro de recompensas por la captura o muerte de temidos matones, en que había “que estar al alba, caballero y saltar sin red” que dijera Joaquín Sabina, parecen episodios de una historia que nunca existió &#8230; salvo por los recuerdos terribles, cincelados en lo más profundo de su memoria, que hacen brotar de su mente detalles poco gratos de la muerte de algunas de sus víctimas. Es el año de 1880 y Claudia Zeathers Munny, su mujer difunta hace poco menos de tres años, no sólo lo alejó de las balas y la bebida, sino que lo alentó a ganarse la vida honradamente, con resultados poco motivantes en cuanto a su prosperidad económica. Queda razonablemente establecido, pues, si bien de modo tácito, el puente entre “el hombre sin nombre” y el de presente lastimoso que contemplamos desde el inicio de la película.</p>
<p class="p5" align="left">Pero no olvidemos que si bien la entropía es una ley universal de alcances impredecibles, también Tomás de Aquino identificó como atributo de la existencia humana la inefabilidad: así, uno de esos buenos días del Señor, se apersona por los rumbos de la granja de Munny, situada en algún lugar perdido de la geografía rural norteamericana, un joven pistolero medio echador que se identifica como The Schofield Kid (Jaimz Woolvet), quien le hace saber a Munny que su leyenda como pistolero valeroso y casi infalible sigue viva y que lo invita para que juntos liquiden a un par de patanes que desfiguraron con cuchillo a una prostituta (Delilah Fitzgerald, interpretada por Anna Thomson) de un pueblo llamado Big Whiskey en Wyoming, acción por la que ofrecen mil-dólares-mil (como dicen luego: “de los de entonces”). Como ya se ha aceptado como un individuo bien portado y quiere honrar la memoria de su mujer, Munny no acepta. Pero por si cambia de parecer, el “Schofield” le da señas de por dónde andará en el camino hacia ese destino.</p>
<p class="p5" align="left">Munny es, como sus personajes sin nombre de otrora, hombre de pocas palabras y, por lo que se deduce, de intensa vida interior. Casi puede adivinarse lo tentadora que le resulta la oferta para liberarse de su actividad actual que, muy seguramente, lo llevarán a la ruina a sus hijos y a él (varios de los puercos que cría están enfermos de fiebre y no cuenta con medicina para atenderlos); por otra, como diríamos por acá: “qué tanto es tantito”, si así logra procurarse recursos frescos y, con este respaldo, intentar algo diferente &#8230; así, de repente, lo vemos ensayando con el viejo revólver que le diera fama, disparando a un blanco fijo &#8230; pero constata, volviendo a los dichos, que “no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después” (aunque, en este caso, según el film, son solamente once). Al probar con la escopeta, le va un poco mejor. Luego de ganar un poco más de confianza y encargar el rancho a su hijo adolescente, se dirige a una granja donde se encuentra Ned Logan (Morgan Freeman), compañero de gestas pistoleriles en otras épocas, quien también logró sobrevivir y ahora disfruta de una vida apacible con Sally, su mujer indígena. Tras presumirle Ned a su amigo que aún es capaz de darle al ojo de un pájaro en pleno vuelo, decide sumarse al grupo que vengará la afrenta de la mujer pública y mejorará la condición económica de los tres osados.</p>
<p class="p5" align="left">Buena parte de la <em>magia</em> de <strong><em>Los imperdonables</em></strong> radica en la honestidad con que se muestra la condición actual de los busca-recompensas. No sólo en el caso del trío Munny-Logan-Schofield (cada cual con limitaciones que vamos conociendo a medida que progresa la historia), sino en el de otro interesado en hacerse de este dinerito, Bob, el inglés, caracterizado por Richard Harris (el otrora <strong><em>Tarzán</em></strong>, en la versión coprotagonizada por Bo Derek). Y como cabal antihéroe, por utilizar abusiva y arbitrariamente la ley, aparece con todo su vigor y presencia el gran Gene Hackman como Billito (Little Bill Daggett), a poco tiempo de haber sufrido un infarto en la vida real y con unas maneras que nada le piden a nuestros (per)judiciales, en lo tocante a sus métodos de tortura. Tanto a Bob el inglés como a Bilito, les seduce la posibilidad de ser inmortalizados para la posteridad a través de una biografía, por lo cual se vuelve alguien importante para ellos el escritor que interpreta Saul Rubinek. Sin embargo, en su calidad de testigo de este episodio, quizá acabe por reconstruir sólo la de William Munny.</p>
<p class="p5" align="left">No es propósito de quien esto rubrica detenerse en más detalles descriptivos ni, mucho menos, en la forma en que se produce el desenlace. Sin embargo, es necesario apuntar que <strong><em>Los imperdonables</em></strong> incluye, dispersas, confesiones y reflexiones por demás válidas de estos personajes. Por ejemplo, cuando los dos mayores –Munny y Logan-, ya desacostumbrados a las inclemencias de dormir a suelo raso al lado de una fogata, manifiestan extrañar su cama o el techo de su casa; o cuando William, el matón-leyenda, confía a su amigo: “Ned, le tengo miedo a la muerte”; asimismo, lo que Munny dice al Schofield Kid: “Matar a un hombre es algo inolvidable: le quitas todo lo que tiene y todo lo que puede tener”. En su honestidad manifiesta antes referida, <strong><em>Los imperdonables</em></strong> también apuesta por lo verosímil, por lo que estará claro para el personaje<strong> </strong>encarnado por Eastwood que, para librarla bien, habrá de retomar y aliarse con viejos hábitos abandonados (a mi modo de ver, detalle genial de la película), con lo que aumentará sensiblemente sus posibilidades de salir avante.</p>
<p class="p5" align="left">Al respecto, en entrevista concedida a Roy Everton Hunter y publicada en <em>El Sol de México</em> el 25 de abril de 1977, a poco del estreno de <strong><em>The Enforcer</em></strong>, Clint Eastwood expresaba: “La violencia en mis películas tiene un objeto. Trataré de explicarlo: la vida en estos días está repleta de violencia. Generalmente, interpreto a un personaje que pueda combatirla. Por su propio bien. No soy partidario de la violencia y la utilizo como un elemento narrativo. Cuando la violencia está justificada en una historia, puede hacer que el público descanse (&#8230;) Yo no soy violento. Por supuesto, tengo mi temperamento, pero sólo si me provocan. Mis papeles son los de un hombre que sabe cómo luchar y parece que hay necesidad de ellos y mi tipo especial de superhéroe interesa a muchos hombres. Quieren portarse como yo lo hago en la escena &#8230; alguien que tiene todas las respuestas, que no necesita ayuda para sobrevivir. No es así en la vida real, pero a los hombres les gusta pensar que puede ser. A esas personas les gusta ver a un hombre que sabe resolver situaciones difíciles”. Apunta, finalmente: “Es cierto que soy partidario de una ley fuerte antiarmas en la vida real. Estoy en contra de cazar animales y nunca sale eso en mis cintas. Creo que no es necesario matar seres vivientes. Reverencio la vida y muchos animales están indefensos”.</p>
<p class="p5" align="left">Quizá a algunos sorprenda esta declaración, pero en cierto modo queda plasmada en imágenes en <strong><em>Los imperdonables</em></strong> &#8230; caso diametralmente opuesto, por ejemplo, al de Charlton Heston.</p>
<p class="p5" align="left">Un ámbito que está razonablemente bien resuelto pero que, aspiracionalmente, hubiese podido dar mucho más de sí es el musical, a cargo de Lennie Niehaus y, según un sitio de la internet que consigna la obra total de Eastwood, incluye temas aislados creados por el propio Clint. Me pregunto los niveles que hubiese podido alcanzar si, en lugar de lo logrado, la solución artístico-creativa hubiese estado a cargo de Ennio Morricone &#8230; Me parece que hablaríamos de un resultado formal muy superior porque, la verdad sea dicha, en los pasajes en que la música gobierna en <strong><em>Los imperdonables</em></strong>, como que la sensación es de austeridad, de poco arropamiento atmosférico-dramático. Quizá el director canceló esta posibilidad para que su película no se pareciese demasiado a un <em>spaghetti western</em>. A propósito del gran creador musical italiano, a quien nunca quiso concederle la Academia de Hollywood un solo Oscar, para la próxima e inminente entrega de las estatuillas, está anunciado otorgarle uno honorario en reconocimiento a su vasta y tan rica trayectoria y contribución artística. Más que bien, pues “más vale tarde que nunca”.</p>
<p class="p5" align="left">Con este film que es, de algún modo, paralelo a su <strong><em>Cowboys del espacio</em></strong> (<strong><em>Space Cowboys</em></strong>, 2000), en cuanto a que en el caso de este último son también astronautas veteranos ya retirados los convocados para resolver con éxito una situación, así como retomando esa nostalgia por un mundo que ya se fue, expulsado por las grandes urbes, planteado por el propio Eastwood en <strong><em>Bronco Billy</em></strong> (1980), en que un antiguo vendedor de calzado decide formar un grupo que recrea personajes paradigmáticos del <em>viejo Oeste</em>, encontrando con ello su verdad, con <strong><em>Los imperdonables</em></strong> Clint Eastwood siente haber dado vida a<span class="Apple-converted-space">  </span>un clásico moderno que “resume todo lo que siento por el género del<em> western</em>”. Por algo, The American Film Institute incluye a esta obra entre las 100 mejores películas norteamericanas de toda su historia.</p>
<p class="p6" align="left">Para concluir este comentario, un detalle fino que sólo es perceptible para quienes, tanto por respeto y disciplina a una obra como a quien la gestó, esperamos a que concluya el desfile de créditos tras la conclusión del film. Ahí, una leyenda elocuente: “Dedicated to Sergio and Don”, discreto homenaje de Clint a Sergio Leone y a Don Siegel, sin duda los dos cineastas más determinantes en su forja tanto como actor y en su calidad de autor: ¡bien por Eastwood!</p>
<p class="p6" align="left">&nbsp;</p>
<p class="p5" align="left"><strong>FICHA TÉCNICA.</strong></p>
<p align="left"><strong><em>Los imperdonables</em> (<em>Unforgiven</em>)</strong>. Estados Unidos, 1992.<strong> Dirección:</strong> Clint Eastwood;<strong> Guión:</strong> David Webb Peoples; <strong>Música:</strong> Lennie Niehaus; <strong>Edición:</strong> Joel Cox; <strong>Fotografía en color:</strong> Jack N. Green;<strong> Con: </strong>Clint Eastwood (<em>William Munny</em>), Gene Hackman (<em>Little Bill Daggett</em>), Morgan Freeman (<em>Ned Logan</em>), Richard Harris (<em>Bob, el inglés</em>), Jaimz Woolvet (<em>The Schofield Kid</em>), Saul Rubinek (el biógrafo), Frances Fisher (<em>Strawberry Alice</em>), Anna Thomson (<em>Delilah Fitzgerald</em>), David Mucci (<em>Quick Mike</em>), Rob Campbell (<em>Davey Bunting</em>), Liisa Repo-Martell (<em>Faith</em>), Shane Meier (<em>Will Munny</em>), Aline Levasseur (<em>Penny Munny</em>) y Henry Kope (<em>German Joe Schultz</em>), entre otros.<strong> Duración:</strong> 131 minutos. En 1992, se hace merecedora a los Oscar por Mejor Película,<span class="Apple-converted-space">  </span>Mejor Director y Mejor Edición, así como al Globo de Oro al Mejor Director.</p>
<p class="p5" align="left"><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>CLINT EASTWOOD nace el 30 de mayo de 1930 en San Francisco, Estados Unidos, hijo de Clinton y Ruth. Se cria en Oakland, luego de que su familia va de una a otra ciudad en busca de trabajo durante la llamada <em>Gran Depresión</em>. Como la situación económica familiar no lo permite, luego de concluir sus primeros estudios, tiene que renunciar a proseguir con los superiores y empieza a chambear en las más diversas labores, como las de leñador en Oregon, albañil, pianista, bombero forestal, limpiador de piscinas, despachador de gasolina, administrador de un edificio de departamentos, obrero metalúrgico y otras más para ayudar a su casa y ganarse honradamente la vida.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>Cumple con su servicio militar como instructor de natación en Fort Ord. Cabe señalar que, sobre todo al principio, Eastwood estaba más interesado en el deporte y lo relacionado con lo atlético que en las artes dramáticas. Sin embargo, su actividad en Fort Ord le permite ahorrar unos dólares, con lo que pudo pagarse unas clases de actuación en Los Angeles College. ¿A qué se debe el súbito interés por este campo? Ello se explica por la fuerte influencia que ejercieron en él dos amigos que conoció durante el servicio militar: David Janssen (famoso por su protagónico en la serie televisiva <em>El Fugitivo</em>) y Martin Milner, quien realizó otra titulada <em>La vida de Ritley</em>. Con el tiempo, fue germinando en Clint la ilusión de, algún día, ser actor como sus afamados amigos. Pero mientras tanto, había que continuar haciendo lo que fuere para sobrevivir &#8230;</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>Cuando uno tiene claros sus propósitos, es más sencillo identificar y aprovechar las oportunidades que se presentan. Así ocurrió con el buen Clint, pues cuando realizaba uno más de sus trabajos, éste consistente en llevar camiones a los Estudios Universal, uno de sus amigos de la época del servicio militar lo reconoció y consiguió para él un <em>screen test</em>, luego del cual la Universal le ofrece un modesto contrato por 75 dólares semanales, garantizándole cuarenta de trabajo al año en sus Estudios. Ello es resultado también de una política –llamada <em>Star System</em>- que observaban entonces las grandes productoras, según la cual se encargaban de detectar, formar y pulir a las futuras estrellas.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>Trabaja ahí por espacio de 18 meses, en el curso de los cuales aparece en un montón de películas hechas y exhibidas al vapor, entre las cuales pueden mencionarse <em>Revenge of the Creature</em> (aquí debuta como actor, bajo la dirección de Jack Arnold), <em>Francis in The Navy</em>, <em>Lady Godiva</em>, <em>Tarántula</em> y <em>Never Say Goodbye</em>, las cuales hoy son testimonio de su paciencia y proceso de preparación en espera de la gran oportunidad. Antes de ello, en 1953, cuando tenía 23 años de edad, se casa con Maggie Johnson, la futura madre de sus hijos Kyle y Alison, con quien se mantuvo unido hasta 1977 (aunque en 1964 nace Kimber, cuya Mamá es Roxanne Tunnis).</strong></p>
<p class="p2" align="left"><strong>Tras su salida de los Universal, Eastwood aparece en algunos films más como <em>Lafayette Escadrille</em> y <em>Ambush at Cimarron Pass</em> cuando, en la mejor tradición hollywoodense, es &lt;&lt;descubierto&gt;&gt; por un agente de reparto de la CBS-TV, quien lo contrata para ser coprotagonista de una nueva serie titulada <em>“Rawhide”</em>, en la que Eastwood interpreta al <em>cowboy</em> Rowdy Yates por espacio de ocho años. Con ello va logrando hacer popular su rostro en los medios &#8230; pero seguía siendo un actor más entre muchos &#8230; En 1977, Roy Everton Hunter, en la introducción a una entrevista que le hace, describe así a Eastwood: “Un hombre fuerte y seguro, de 1.92 de estatura, con cabello castaño y ojos verdes, el rudo y bien parecido astro es un agudo negociante, aunque un tanto engañoso por su comportamiento tranquilo. Parece tranquilo pero tiene un astuto y picaresco sentido del humor. Dice que ‘es un solitario y casi un recluso cuando no está filmando’. Es muy reservado. Ha sido descrito como ‘inmutable’, pero se encoge de hombros cuando se le repite eso y comenta que ‘no es tan frío, y que la gente le molesta’. Es cálido y amistoso y, sin embargo, no es fácil de entrevistar”.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong><br />
<em>Ser uno entre muchos</em>, se modifica radicalmente en su favor cuando, en 1964, durante el período de descanso entre la séptima y octava temporada de <em>“Rawhide”</em>, acepta el papel protagónico de <em>Por un puñado de dólares</em>, declinado antes por James Coburn, que el entonces poco conocido cineasta Sergio Leone filmaba en Almería, España. La película contaba con un presupuesto de doscientos mil dólares y, con todo, empieza a posicionar al <em>spaghetti western</em> como el refrescante venero de un género que ya empezaba a mostrar signos de agotamiento. Esta película, inicial de la llamada <em>“Trilogía del hombre sin nombre”</em>, hace una fortuna en taquilla en Europa y, para Eastwood, se convierte en el film que inicia su posicionamiento como un <em>héroe de culto</em>, al ser armónico el personaje lacónico, silente, reservado, anónimo y efectivo que interpreta con la estilística y enfoque de esta atractiva variante del <em>western</em>. En el plano de lo anecdótico, habida cuenta el reducido presupuesto con el que se contaba, Clint tiene que aportar al film su propio vestuario, incluido el zarape que se haría famoso en ésta y las restantes películas de la trilogía.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong><br />
Leone y su equipo se apalabran de inmediato con Eastwood para que encabece el siguiente film de la serie: <em>Por unos dólares más</em>, con un sueldo tres veces mayor al que percibe en el anterior rodaje y, luego de ello, en 1967, el gran Sergio Leone dirige su producción de mayor envergadura de esta época, cuando da vida a su célebre <em>El bueno, el malo y el feo</em>, con un reparto de nuevo –y por última vez- encabezado por Clint Eastwood, al lado de Lee Van Cliff y Eli Wallach. Por su participación en las tres películas referidas, Clint devenga un total de 270 mil dólares. De este modo, la personalidad cinematográfica de Eastwood queda forjada con un perfil indiscutiblemente propio.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>En Estados Unidos, luego de ello y en esta primera época, trabaja como actor al lado de figuras de la talla de Richard Burton, Lee Marvin, Shirley MacLaine, Telly Savallas y Donald Sutherland, con lo que reafirma su sitio en el <em>star system</em>. Su primer protagónico en esta industria es en <em>Hang ‘Em High</em>, que reditúa a Artistas Unidos la ganancia más rápida de su historia. Luego, Clint participa en <em>Cogan’s Bluff</em>, importante en tanto marca el inicio de su asociación con el cineasta Don Siegel, considerado el decano entre los realizadores de <em>thrillers</em> americanos contemporáneos. Colaboran de nuevo en <em>Dos mulas para la Hermana Sarah</em> y en <em>The Beguiled</em>, con lo que refuerzan las bases de una larga amistad y trabajo conjunto.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>1971 es un año clave para Clint Eastwood por dos razones al menos: debuta como director con <em>Escalofrío en la noche</em> (<em>Play Misty for Me</em>), suerte de <em>thriller</em> en torno al jazz, con una notable interpretación a cargo de Jessica Walter y, luego de protagonizar las muy exitosas <em>Donde sólo las águilas se atreven</em>, <em>Paint your Wagon</em> y <em>Kelly’s Heroes</em>, Don Siegel y él se reúnen para iniciar la serie de films de <em>Harry el sucio</em> -cuyo personaje central es el policía Harry Callahan-, hoy consideradas clásicas del género detectivesco-policíaco. Con films como <em>Harry el sucio</em> (<em>Dirty Harry</em>), <em>Magnum 44</em> (<em>Magnum Force</em>) y <em>El ejecutor</em> (<em>The Enforcer</em>), se obtienen en taquilla cincuenta millones de dólares en promedio por cada una. Según Fernando Celín, en artículo publicado en <em>El Semanario Cultural</em> del periódico <em>Novedades</em> (noviembre 3, 2002, p. 8): “En la carrera de Eastwood han existido varias personas clave como Sergio Leone –definitivo- y Don Siegel, de quien aprendió a filmar según la mejor tradición hollywoodiana y del que bebió elementos clásicos de la puesta en escena fílmica. Así llegó a una película clave, <em>Pale Rider</em> (<em>El jinete pálido</em>, 1985), un <em>western</em> fantasmal que lo hace una mezcla de John Wayne y Gary Cooper pero dirigidos por él mismo, el más original de los clásicos” (<em>&#8230; No resulta raro, pues, que tras ser dirigido por Sergio Leone en su afamada trilogía</em>) “&#8230; haya regresado al cine norteamericano para estelarizar<span class="Apple-converted-space"> (<em>precisamente</em>) un <em>western</em>: <em>Hang ’Em High</em> (Ted Post, 1968). Poco después formaría su propia compañía (<em>productora</em>), Malpaso y pronto filmaría su primera película como realizador (<em>Play Misty for Me</em>: cine negro con jazz)”.</span></strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong><br />
En su segunda película como cineasta,<em> Infierno de cobardes</em> (<em>High Plains Drifter</em>, 1973), así como en otras posteriores bajo su batuta como <em>El fugitivo Josey </em>Wales (1976), <em>Bronco Billy</em> (1980), <em>El jinete pálido</em> (1985) así como decisivamente en <em>Los imperdonables</em> (1992), Eastwood se recontacta –y con fortuna- con el <em>western</em>, casi siempre protagonizando sus films. Excepción a ello son <em>Primavera en otoño</em> (<em>Breezy</em>, 1973), historia romántica estelarizada por William Holden y Kay Lenz o su poderosa <em>Bird</em></strong> (1988), sensacional recreación biográfica de la turbulenta vida del jazzista y bluesero Charlie Parker.</p>
<p class="p5" align="left"><strong>En 1986 ingresa a la vida política al ser electo alcalde de Carmel, California, ciudad en la que reside habitualmente. Sin embargo, renuncia al cargo un año después al constatar que le demanda demasiado tiempo y atención, por lo que no puede continuar haciendo cine. Dos años después, Eastwood emprende Malpaso Productions, con la que busca liberarse tanto de las exigencias y puntos de vista de los ejecutivos de los grandes estudios, así como formar un cuadro de talento base más o menos fijo al acometer sus futuros proyectos fílmicos. Así Tom Stern, director de fotografía, colabora con Clint de modo regular desde 1982; Joel Cox, editor, lo hace desde 1975, justo al integrarse a la producción de <em>El fugitivo Josey Wales</em>; el responsable de la dirección artística y el diseño de producción, Harry Baumsted, participa en el equipo desde 1970 (antes lo había hecho, en el desempeño de tareas similares, con Alfred Hitchcock); Jack N. Green, considerado <em>grande</em> entre los camarógrafos en activo, hasta el 2002 había participado en ocho largometrajes de Eastwood. Green alguna vez declaró en entrevista a la prestigiada <em>Cahiers du Cinéma</em>: “Clint dice muy poco durante el rodaje, pero tiene un ojo increíble (<em>con razón sale muchas veces como pistolero, agrega el que suscribe</em>). Le gustan los ambientes nocturnos y el contraluz. Es muy introvertido (&#8230;) de la rara gente que se nutre de lo que los demás aportan y esto hace estimulante el trabajo con él”. Joel Cox, su editor de planta, en entrevista dada a conocer por la antes citada publicación francesa, declaró a propósito de <em>Deuda de sangre</em> (2002): “Clint está convencido de que la primera toma siempre es la mejor, la más bella, la más pura. Es un cineasta que trabaja con el instinto (<em>agrega el que suscribe: como muchos de los personajes que ha interpretado</em>) y valen más las cosas espontáneas”.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong><br />
La vida matrimonial del buen Clint, por su parte, ha sido algo inestable, reflejo quizá de sus personajes duros representados en la pantalla: durante la filmación de <em>Ruta suicida</em> (1977), conoce a la actriz Sondra Locke y acaba enamorándose, lo que provoca su divorcio con Maggie Johnson. A su vez, la relación sentimental entre Sondra y Eastwood conoce su término en 1989, debido al romance de este último con Frances Fisher (quien participa, entre otras, en <em>Los imperdonables</em> –como <em>Strawberry Alice</em>- y <em>Titanic</em>), con la que procrea una hija. Siete años después, se casa con la periodista Dina Ruíz, relación que mantiene hasta la fecha. Es padre de siete hijos en total, de cinco mujeres diferentes.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>Pero regresando a su obra como actor y director, Clint Eastwood, luego de ser dirigido nuevamente por Don Siegel en <em>Escape de Alcatraz</em>, inicia una etapa personal más creativa y versátil como cineasta, con películas dirigidas y protagonizadas por él mismo como <em>Firefox</em> (1982), en que interpreta al piloto norteamericano Mitchell Gant, quien tiene por misión robarse un avión ruso MIG-31, el más potente y avanzado en su momento, pues se estima pone en riesgo de un desastre futuro a las naciones suscriptoras de la OTAN. Aquí, el uso de efectos especiales muy logrados resulta una de las novedades en su estilística cinematográfica. Tras ello, dirige <em>Impacto súbito</em>, <em>El jinete pálido</em> y <em>El sargento de hierro</em>. En 1991, como reconocimiento a su trabajo como cineasta hasta ese momento, se le distingue con el Premio Irving G. Thalberg en la gala de entrega de los Oscar.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>En los noventa, Clint Eastwood se consolida como uno de los autores cinematográficos con propuesta más sugerente. Tras dar vida a la ya referida <em>Bird</em> y a <em>Cazador blanco, corazón negro</em>, que lo lleva de cacería al continente africano y funciona mejor en Europa que en América, realiza la considerada por algunos como su mejor película: <em>Los imperdonables</em> (<em>Unforgiven</em>, 1992), ganadora del Globo de Oro al Mejor Director y tres Oscar, incluidos el de Mejor Película y Mejor Director. Estuvo nominado también a la estatuilla por Mejor Actor.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>En <em>Un mundo perfecto</em>, se vuelve a dirigir a sí mismo y comparte créditos con Kevin Costner, tras lo cual da vida a <em>Los puentes de Madison</em>, en la que se hace acompañar de Meryl Streep, con el planteamiento de una bella y emotiva reflexión sobre el amor otoñal. Luego, dirige a su propia hija en <em>Medianoche en el jardín del bien y del mal</em><em>Cowboys del espacio</em>, segunda película más taquillera en los Estados Unidos ese año. En <em>Deuda de sangre</em> (2002), Eastwood caracteriza a McCaleb, un antiguo agente del FBI metido a resolver asuntos policíacos. Al perseguir a quien parece un asesino en serie, sufre un paro cardíaco que sólo puede librar con el oportuno transplante de otro corazón que es donado por una posible víctima del asesino al que buscaba atrapar. Luego de un doble proceso de aniquilamiento: en lo emocional, su despido del FBI por razones de edad; en lo físico, por la disfunción orgánica antes señalada, Terry McCaleb emerge pleno de nuevo a la vida. Es cuando sabe que vive gracias al órgano que donó la chicana victimada, por lo que reemprende con determinación la búsqueda del multiasesino. La anécdota gana en ribetes cuando se enamora de la hermana de la donante, muy posiblemente una <em>espalda mojada</em>, parentesco que desconoce en el momento el detective. De este modo, el personaje de Eastwood pulsa con un corazón mexicano, además de estar profundamente atraído por una mujer latina (Wanda de Jesús).</strong> (1997) y, en el 2000, junto con Tommy Lee Jones, Donald Sutherland y James Garner, protagoniza y dirige</p>
<p class="p5" align="left"><strong><br />
<em>Mystic River</em>, que dirige en el 2003, reinstala la obra de Eastwood en un ámbito de compromiso y denuncia, al abordar el caso de abuso sexual a un menor que marca su vida toda. Obtiene con ella los Oscar a Mejor Actor y mejor actor de reparto. Un año después, dirige y estelariza <em>La chica del millón de dólares</em>, emotiva y magistral realización que le merece su segundo Oscar como Mejor Director, además de obtener el de Mejor Película.</strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>En el 2006, trabaja en paralelo dos películas que acaban de estrenarse en México (con Steven Spielberg como productor asociado en ambas): <em>La conquista del honor</em> (<em>Flags of Our Fathers</em>) y <em>Cartas desde Iwo Jima</em> (<em>Letters from Iwo Jima</em>), la primera a partir de la novela de James Bradley, uno de los hijos de los sobrevivientes de la batalla de Iwo Jima, ocurrida en dicha isla japonesa durante la Segunda Guerra Mundial; la segunda, desde la base de <em>Picture Letters from Commander in Chief</em> de Tabamichi Kuribayashi. <em>La conquista &#8230;</em> ofrece la versión estadounidense de los hechos ocurridos cuando los seis hombres norteamericanos que sobreviven al cruento enfrentamiento con fuerzas armadas niponas colocan la bandera norteamericana en la cima del monte Subirachi: son los que aparecen en la famosa fotografía tomada después de la batalla de Iwo Jima; la segunda, hablada en japonés, ofrece los argumentos de la contraparte, ejercicio humano y muy honesto por parte de Eastwood para esclarecer lo que es verdad y lo que, como suele ocurrir en la reseña de este tipo de conflictos, se ha alimentado de veneros del mito. Por lo pronto, Clint está nominado para la próxima entrega de los Oscar como Mejor Director (por las dos versiones de la batalla plasmadas en las dos películas), así como al de Mejor Película Extranjera (por estar hablada en ijaponés <em>Cartas desde Iwo Jima</em>). Al ser considerada la dupla –especialmente esta última- por la prensa internacional como una brillante declaración contra la guerra por parte de Eastwood, éste es condecorado en París el pasado 17 de febrero por el presidente francés Jacques Chirac con la insignia de Caballero de la Legión de Honor Francesa.</strong></p>
<p class="p6" align="left"><strong>A sus casi 77 años de edad, padre de siete hijos y autor de un inapreciable legado cinematográfico como director, productor, actor y &#8230; ¡músico! (ha creado varios discos de jazz y contribuido a la banda sonora de nueve películas, una de ellas no dirigida por él: <em>City Heat</em>, 1984), Clint Eastwood está muy lejos de los apremios económicos que tuvo en su niñez y juventud primera. Es dueño de varias empresas deportivas y hoteleras, entre ellas un complejo turístico de lujo en Monterey County. Pero más allá de esto, está su leyenda, la del impasible e imbatible <em>hombre sin nombre</em>, con el rostro<em> </em>sin rasurar, sus purillos y zarape. La leyenda de sí mismo, una y otra vez representada, bajo diferentes investiduras y personajes que, siendo otros, tienen siempre tanto de él mismo y de su talento a toda prueba.</strong></p>
<p class="p6" align="left"><strong> </strong></p>
<p class="p5" align="left"><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p class="p3" align="left"><strong>1971<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Escalofrío en la noche</em> (<em>Play Misty for Me</em>).<br />
1973<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Infierno de cobardes</em> (<em>High Plains Drifter</em>).<br />
1973<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Primavera en otoño</em> (<em>Breezy</em>).<br />
1975<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Licencia para matar</em> (<em>The Eiger Sanction</em>).<br />
1976<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>El fugitivo Josey Wales</em> (<em>The Outlaw Josey Wales</em>).<br />
1977<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Ruta suicida</em> (<em>The Gauntlet</em>).<br />
1980<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Bronco Billy</em>.<br />
1982<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Firefox</em>.<br />
1982<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>El aventurero de medianoche</em> (<em>Honky Tonk Man</em>).<br />
1983<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Impacto súbito</em> (<em>Suden Impact</em>).<br />
1985<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>El jinete pálido</em> (<em>Pale Rider</em>).<br />
1986<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>El sargento de hierro</em> (<em>Heartbreak Ridge</em>).<br />
1988<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Bird</em>.<br />
1990<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Cazador blanco, corazón negro</em> (<em>White Hunter, Black Heart</em>).<br />
1990<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>El principiante</em> (<em>The Rookie</em>).<br />
1992<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Los imperdonables</em> (<em>Unforgiven</em>).<br />
1993<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Un mundo perfecto</em> (<em>A Perfect World</em>).<br />
1995<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Los puentes de Madison</em> (<em>The Bridges of Madison County</em>).<br />
1997<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Poder absoluto</em><span class="Apple-tab-span">	</span>(<em>Absolute Power</em>).<br />
1997<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Medianoche en el jardín del bien y del mal</em> (<em>Midnight in the Garden of Good and Evil</em>).<br />
1999<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Ejecución inminente</em> (<em>True Crime</em>).<br />
2000<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Cowboys del espacio</em> (<em>Space Cowboys</em>).<br />
2002<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Deuda de sangre</em> (<em>Blood Work</em>).<br />
2003<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Río Místico</em> (<em>Mystic River</em>).<br />
2004<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>La chica del millón de dólares</em> (<em>Million Dollar Baby</em>).<br />
2006<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>En defensa del honor</em> (<em>Flags of Our Fathers</em>).<br />
2006<span class="Apple-tab-span">	</span><span class="Apple-tab-span">	</span><em>Cartas desde Iwo Jima</em> (<em>Letters from Iwo Jima</em>).</strong></p>
<p class="p3" align="left"><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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		<item>
		<title>Lo mejor de mi vida (My Life), Estados Unidos, 1993, de Bruce Joel Rubin.</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jan 2007 14:24:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1993]]></category>
		<category><![CDATA[Bruce Joel Rubin]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Michael Keaton]]></category>
		<category><![CDATA[Nicole Kidman]]></category>

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		<description><![CDATA[El venturoso tránsito hacia una muerte anunciada
por Luis Arrieta Erdozain

“Vivir la muerte como acción consiste en escoger de modo sabio y tolerante el envejecimiento y la enfermedad, mensajeros de nuestra condición efímera y pasajera. Rahner habla del morir como acto libre, en tanto que la muerte ‘es el fin de ese morir continuo que sucede [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=4&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong>El venturoso tránsito hacia una muerte anunciada</strong><br />
<em>por Luis Arrieta Erdozain</em></p>
<blockquote>
<p align="left">“Vivir la muerte como acción consiste en escoger de modo sabio y tolerante el envejecimiento y la enfermedad, mensajeros de nuestra condición efímera y pasajera. Rahner habla del morir como acto libre, en tanto que la muerte ‘es el fin de ese morir continuo que sucede en la vida’ y ‘morimos a lo largo de la vida hasta el fin del morir’. En otras palabras, el ser humano perece parcialmente ‘en cada acción libre en que el hombre dispone de la totalidad de su persona’ (&#8230;) Más aún, como la libertad humana es siempre limitada, situada en condiciones que no siempre escogió, Rhaner ve precisamente ante la muerte un supremo acto de libertad como ‘disponibilidad’ radical, cuando el hombre se despoja de todo y el mismo sujeto de la libertad desaparece (&#8230;) La muerte no es una realidad al margen de la vida, como un evento terminal, sino que es el centro de la vida misma: su sombra se proyecta sobre el entero curso de la vida”.</p>
<p align="right"><strong>María Julia Cuetos en NotiCUC, año 7, No. 4, en la edición correspondiente a noviembre del 2006, pp.1-2, 7-8.</strong></p>
</blockquote>
<p><strong>Lo mejor de mi vida (My Life, 1993)</strong>, <em>opera prima </em>y único film dirigido por Bruce Joel Rubin a la fecha, quien se ha desarrollado como guionista (lo es, también, de la película que nos ocupa) es, sin duda, un film de gran y profunda veta que no sólo impacta, sino que invita a la reflexión personal.</p>
<p>Como bien se sabe (aunque muchos prefieren tener dicho conocimiento no muy presente, o no tan seguido), la Muerte es la única certeza inobjetable que tiene cada ser humano desde que nace: la propia muerte que, en un lapso más breve o luengo, irremisiblemente habrá de producirse algún día, en algún momento y lugar, la mayor parte de las veces desconocidos para quien habrá de <em>vivirla</em> (ciertamente, por paradójico que suene, lo último que habremos de vivir es nuestra propia muerte). Algunos escritores y filósofos han apuntado que, luego de nacer, se muere un poco ya desde ese instante y cada vez más. Cada cual tiene su tiempo para ser y existir en el modo único que conocemos y, cumplido el plazo, será inconmutable la hora de nuestra hora. En esta realidad propia de nuestra humana condición mortal, se detiene <strong>Lo mejor de mi vida</strong> y, para facilitar el involucramiento en la vida del protagonista, Bruce Joel Rubin, ofrece detalle de lo sucedido treinta años antes de lo que serán los últimos meses de vida de Bob Jones (en pantalla se precisa: “Detroit, Michigan, 1963” y la película tiene por año de realización 1993, lo cual contribuye a la verosimilitud del relato. Otro detalle interesante es que el propio cineasta nació en Detroit, Michigan en 1943).</p>
<p>Bob niño es inteligente y con chispa, aunque retraído y fantasioso; se frustra cuando sus deseos no se cumplen o la respuesta de su familia no es como la que espera. De hecho, no se siente muy orgulloso de esta última. Él llega a externar que: “No se puede confiar en muchas cosas en el mundo”. Buena parte de su tiempo libre se la pasa encerrado en el sótano de la casa con sus muñecos y juguetes y, cuando tiene más edad, a la primera oportunidad, abandona Detroit y se desplaza a Los Angeles para iniciar una vida que busca sea una suerte de <em>borrón y cuenta nueva</em> a lo que ha sido su existencia hasta la fecha.</p>
<p>En este intento de cercenamiento de lo que ha sido, alcanza un relativo éxito, pues en solo diez años posiciona a R. A. Jones, Inc. Public Relations entre las diez mejores agencias de su tipo en la cosmopolita urbe angelina. Sin embargo, hay fisuras que son detectadas por otros de sus colegas. En una entrevista que le hacen a uno de sus colaboradores para una pieza testimonial que se desarrolla para su firma, creyendo que la cámara no está en funcionamiento, comenta <em>off the record </em>al videoasta a cargo que, a la par que reconoce que Bob (Michael Keaton) es encantador, ingenioso, simpático y muy poderoso, confiesa que: “Bueno, no lo conozco realmente. Es más, no sé si alguien lo conozca realmente &#8230;ni siquiera se apellida Jones, sino Ivanovich”, para luego aludir a que las cartas credenciales de estudios que refiere sobre haber<br />
cursado carrera en una prestigiada universidad norteamericana son parciales en su verdad, pues sólo estudió ahí un par de semestres &#8230;</p>
<p>Jones conoce accidentalmente este testimonio que se constituye en el primer desmoronamiento de su aparentemente invulnerable fachada. Algo por dentro le dice que no se conoce a sí mismo, que ha venido representando una vida “de a mentiritas” con una y otra máscara sobre su rostro, situación favorecida por su oficio de publirrelacionista. En estas anda cuando, por un lado, se le informa que tiene un cáncer que, a pesar de distintos tratamientos, no sólo no cede, sino que acorta su vida a unos pocos meses más; por otro, se confirma que, también en pocos meses, nacerá su primogénito. La madeja de circunstancias capitales, aunada a la brevedad del tiempo disponible para actuar, llevan a Bob del conocimiento a la negación, de la impotencia, al enojo y de ahí a la aceptación, proceso en el cual cuenta con el solidario y amoroso apoyo de Gail, su mujer (Nicole Kidman). En la búsqueda de soluciones para evitar o postergar en lo posible el deceso anunciado, es ella quien lo invita a hacer la prueba con medicina alternativa oriental, llevándolo con el Señor Ho (Haing S. Ngoe), cuyo consultorio y proceso para la atención de sus pacientes es la antítesis de las prácticas que han hecho exitoso a Jones: se tienen que subir escaleras y no un elevador para llegar a donde atiende; el inmueble está descuidadón; la atención al paciente no es por cita a determinada hora sino conforme van llegando; además, Mr. Ho no se vale de estudios y fármacos, sino de un manejo tipo Reiki para identificar posibles causales del mal que aqueja al enfermo, ir elaborando su historia clínica y ofrecer tanto su diagnóstico como la terapia que recomienda seguir (en todo ello, escalofriantemente acertado). Al término de la consulta, Ho le dice a su paciente: “Guarda demasiado rencor; eso lo envenena. Puede despojarse de su temor; no tiene fe”. Aunque sale del lugar burlándose, Bob Jones ha experimentado algo profundo en su interior que lo hará regresar varias veces más en lo futuro.</p>
<p>A partir de otras conversaciones con Gail, parece claro que Bob se encerró tanto en sí mismo que, en su decisión por bloquear recuerdos, vivencias y afectos de su etapa pre-angelina, se autoblindó (incluidas su conciencia y memoria), en su afán por lograr ser quien supone que quiere ser. Sin embargo, tras aparentemente lograrlo, su entusiasmo es vano pues está muy lejos de ser sí mismo, de contactarse y aún de estar en verdadera sintonía con su propia mujer, su mejor aliada en los años recientes y hasta el momento. En nueva sesión con el sabio médico chino, se produce este diálogo esclarecedor:</p>
<blockquote><p> -“Casarse con la bondad no basta; debe encontrarla en sí mismo (&#8230;) Su ira es muy profunda y muy antigua &#8230;<br />
Sólo escuche su corazón. Si usted lo escuchara, no me necesitaría. Su corazón le está gritando:¡ perdona! -“¿Perdonar a quién? No tengo a quién perdonar &#8230;</p></blockquote>
<p>Y sí: Bob había sido un creyente que se había sentido muchas veces decepcionado conforme a su entender, por lo que había decidido después dejar de creer y sentir-sentirse, optando por convertirse en un creador de toda suerte de ilusiones, muchas de ellas huecas (de ahí su éxito profesional). En el intenso proceso que sucede a estas revelaciones sobre sí que tiene bloqueadas, Bob inicia la reconstrucción de su pasado con una visita a sus padres y tíos en la ciudad a la que, quizá hasta había jurado, no regresaría jamás, a propósito de una invitación (que no pensaba aceptar antes) para asistir a la boda de su hermano menor Paul (Bradley Whitford). Lo hace acompañado de Gail y de una cámara de video que no lo abandonará en buena parte del film. Vale la pena destacar desde ahora que este recurso (el de mostrar imágenes de la cámara de video, intercaladas con las de la película propiamente dicha, en ambos casos perfectamente distinguibles, refuerza el carácter testimonial y de cualidad existencial emprendido por Bruce Joel Rubin). Luego de saludar a su tía Sofía (en la vida real, Mamá del director de la película), pregunta a Bill Ivanovich (Michael Constantine) y a Rose (Rebecca School), sus padres, cómo era él mismo –Bob- de niño (aquí, la referencia a The Big Fish de Tim Burton, muy posterior, resulta inevitable, en lo tocante al encontronazo hijo “exitoso”-familia). Ellos le dicen que, cuando tenía diez años, se desaparecía horas enteras en el sótano para jugar con sus trenes. Su Papá apunta:</p>
<blockquote><p>-“Nunca te veíamos.<br />
-“Por qué? ¿Qué era lo que pasaba?<br />
-“Pues es que, para entonces &#8230; te avergonzabas de<br />
nosotros. Nos ocultabas todo. No traías a tus amigos a casa. Una vez, tu Mamá fue a la escuela a ver a tu maestra &#8230; y tú fingiste no conocerla. ¡Desconocer a tu propia madre! Estuvo llorando dos días.<br />
-“¿Qué piensas? ¿Por qué crees que hice eso?<br />
-“Creo que tu hijo (por nacer) debe saber que su padre se sentía superior a su familia;y que a la primera oportunidad huyó, se cambió de apellido y ya nunca volvió &#8230; Cambias todo; huyes de todo.<br />
-“¿Sabes? Nunca huí. Me fui. ¿Sabes por qué? Quería hacer mi vida.<br />
-“¿No podías hacer tu vida con tu familia? Si no fuera por tu esposa y sus llamadas, estarías muerto para nosotros. Es la verdad.<br />
-“¿Qué quieren? ¿Que llame para oír lo mismo una y otra vez? ¿Para qué? ¿Qué ser racional lo haría?<br />
-“Quien ama a su familia, la llama.<br />
-“A mí no me hables de amor. Me fui hace diez años a Los Angeles y no han ido una sola vez. No conocen mi negocio, ni la vida que llevo. Así que no me hables de amor”.</p></blockquote>
<p>Tras este intenso diálogo y otro más que sostiene con su hermano Paul la víspera de su boda, cede poco a poco el orgullo de Bob, lo que le hace advertir que ha sido injusto con quienes más lo han amado. Ello le lleva a un proceso de reconciliación consigo mismo y con los demás, dando diafanidad y posibilidad de ventilación a sus sentimientos reales –ya no más maquillados-, atreviéndose y viviendo algunas cosas que antes lo atoraron (el circo en el traspatio de su casa, subirse a la montaña rusa, así como el deseo que lanza al universo –ahora sí cumplido-, en el sentido de poder vivir lo suficiente para conocer a su hijo &#8230;). Ocurre como con la frase de un archivo electrónico que conocí hace poco y a la postre resultó de broma, cuyo enunciado inicial dice: “El camino para conseguir la paz interior reside en finalizar las cosas que has comenzado”. Bob, ciertamente, va más allá, tras conocer por un ultrasonido que le practican a Gail que el hijo que esperan será varón. Desde entonces y hasta que su salud se lo permite, se empeña en dar vida a un amplio, variado y simpático legado de afecto y amor para su chaval, como una forma de presencia virtual, toda vez que la real muy en breve se extinguirá. Es su Utopía, como aquella a la que canta Serrat en su canción de título homónimo: “Sin utopía, la vida sería sólo un ensayo para la muerte”.</p>
<p>El Budismo Zen identifica la vida en su conjunto como una preparación para esa culminación existencial que es la muerte como tal. Y bien considerado este precepto, tiene su mucho de verdad, porque entonces se puede llegar a ese momento terminal con sosiego, paz y hasta la alegría de haber vivido una existencia útil y conveniente –para sí y los demás-, cada vez más liberada de la esclavitud de los apegos. Quizá por ello, en las sociedades contemporáneas consagradas al mero halago y consentimiento de los sentidos, a la satisfacción inmediata y al abandono de valores e ideales, a la muerte se le oculta, se le confina en grandes edificios llamados instituciones de salud, se habla poco de ella, y muchas veces se extiende innecesariamente el trecho de vida del que se va con aparatos y fármacos, con lo que logran médicos, la voraz industria farmacéutica y hospitales una última –y por demás cuantiosa- aportación económica, de su afligida familia o de las compañías de seguros: todo muy fría y asépticamente calculado. En Lo Mejor de mi vida es por demás afortunado el tratamiento que se da cuando el médico a cargo de Bob le sugiere que el tiempo que le reste lo pase en casa y no confinado en la cama de algún nosocomio. Desde la perspectiva tanatológica, resulta lo mejor, lo más acertado, pues favorece el reencuentro de afectos, la liberación de nudos interiores, del atenuamiento de fricciones que se convirtieron en traumas y cicatrices, con espacios suficientes para despedirse de sus cercanos, así como llegar al final del camino con una cosecha de amor y un legado que trasciende la vida (los videos que hace para su hijo, en forma análoga a como el señor Watanabe de <strong>Vivir</strong> de Kurosawa muere en paz, con el parque que logra se erija en lo que era un lodazal, en beneficio de los niños pobres de la zona en que se asienta y sus familias). Como se apunta, a modo de asertiva conclusión en el film:<strong> “Es duro aprender de la vida a través de la muerte”. Pero también un Don atender, entender, comprender y, de este modo, lograr trascender con señorío, cuando aún hay tiempo –por breve que éste sea- &#8230; cuando aún, pues, es oportuno.</strong></p>
<p><strong>FICHA TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong>Lo mejor de vida (My Life).</strong> Estados Unidos, 1993. <strong>Dirección:</strong> Bruce Joel Rubin; <strong>Guión:</strong> Bruce Joel Rubin; <strong>Fotografía en color:</strong> Peter James; Música: John Barry; <strong>Edición:</strong> Richard Chew;<strong> Con:</strong> Michael  Keaton (Bob Jones), Nicole Kidman (Gail Jones), Bradley Whitford (Paul Ivanovich), Queen Latifah (Theresa), Michael Constantine (Billy Ivanovich), Mark Lowental (Dr. Hills), Rebecca School (Rose), Haing S. Ngoe (Mr. Ho), Danny Rimmer (Bob joven), así como Andrew y Brian Camuccio (Brian bebé), entre otros. <strong>Duración:</strong> 116 minutos.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>BRUCE JOEL RUBIN</strong> nace en Detroit, Michigan, Estados Unidos el 10 de marzo de 1943 <strong>(apunto desde ahora que, tanto en mis fuentes bibliográficas tradicionales como en diversos sitios de la Internet, la información existente sobre este autor es escasa y fragmentaria; con los poquitos hallados, buscaré armar una semblanza decente de este escritor y cineasta).</strong> Hijo de la actriz Sondra Rubin y de un padre de apellido Joel (del que no he encontrado referencias). Podemos apreciar el desempeño actoral de ella en <strong>Ghost,</strong> el fantasma del amor (1990) caracterizando a una monja y en <strong>Lo mejor de mi vida</strong> (1993), como la tía Sofía del protagonista.</p>
<p>Hombre de inquietudes y de búsqueda desde siempre, Bruce Joel Rubin realiza un viaje de año y medio en que recorre distintos lugares de la India y el Tíbet, permaneciendo varias temporadas de ese lapso en un monasterio nepalés. En 1982, dio cátedra en un colegio especializado en comunicaciones, cuyo resultado final sería una producción de nombre <strong>Brainstorm</strong> que, en algunos países, se conoció como <strong>Proyecto Brainstorm</strong> (1983). Luego, en 1986, se hace cargo del guión de <strong>Deadly Friend (Obsesión fatal).</strong></p>
<p>Pero es hasta sus 47 años cuando da su primer campanada de resonancia internacional, al desarrollar el guión de <strong>Ghost</strong>, film estelarizado por Demi Moore y Patrick Swayze y dirigido por Jerry Zucker. Con él, gana el Oscar al mejor trabajo de esta especialidad.</p>
<p>Ese mismo año, Rubin es convocado por el cineasta Adrian Lyne para avocarse a la solución de una aventura fascinante con <strong>La escalera de Jacob (Jacob’s Ladder)</strong>, adaptación afortunada de El Libro de los Muertos tibetano. En este film, Jacob Singer, atormentado por sus experiencias durante la guerra de Viet-Nam, sigue viviendo una terrible pesadilla. Las imágenes y sentimientos del pasado se enciman con las del presente, por lo que Jacob ha de luchar con todas sus fuerzas y recursos por aferrarse a la realidad actual y aclarar cuanto está ocurriendo al interior de su mente.</p>
<p>Realiza el guión de <strong>Engañada (Deceived)</strong> en 1991, bajo el pseudónimo de Derek Saunders para, en 1993, acometer la realización de su opera prima –y único film dirigido por él hasta la fecha, con un guión y argumento original, asimismo, suyos- con <strong>Lo mejor de mi vida (My Life)</strong>, película de profunda y fina sensibilidad, cuyo entramado se desarrolla a partir de que un joven y exitoso publirrelacionista angelino, que pronto será Papá de su primer hijo es informado de que, merced a una incurable y maligna enfermedad, sólo cuenta con unos meses de vida. Como un testigo silente, el realizador acompaña al protagonista y a sus cercanos en los distintos estadios emocionales por los que transita y la forma mediante la cual busca ganar la paz, el amor y la reconciliación en vida. La sabiduría oriental que casi accidentalmente contacta –y de la que, incluso, se mofa en un principio- le hace descubrir la gran oportunidad que esta situación irremediable le brinda, gracias a lo cual su vida toda recupera un sentido trascendente y puede dejar un legado de amor invaluable, con base en la tecnología que nuestra época le brinda. Magnífica actuación de Michael Keaton y muy sobria de Nicole Kidman.</p>
<p>Para 1998, ahora bajo las órdenes de Mimi Leder, realiza el guión de <strong>Impacto profundo (Deep Impact)</strong>, centrado en el cataclismo del fin del mundo que, más tarde o más temprano, todos esperamos, vía un cometa gigantesco que se dirige a la Tierra, análogo al que exterminó a los dinosaurios. A fuer de ser sinceros, aunque el tema por su naturaleza apocalíptica se presta a un trabajo más en profundidad, la película sólo logra un <em>“impacto”</em> superficial, a pesar de que desde el guión se establecen pautas para sacar partido a caracteres de gente inmersa en una cultura gobernada por un apego desordenado a todo tipo de gratificación inmediata.</p>
<p>Luego de ello, efectúa el guión de <strong>Stuart Little 2</strong>, película infantil de aventuras con muñecos de ratones neoyorkinos, bajo la batuta de Rob Minkoff y, en el 2007, <strong>The Last Mimzy</strong>, de Robert Shaye. En fase de pre-producción y con expectativa de estreno para el 2008, Bruce Joel Rubin trabaja en la adaptación de la novela <em>The Time Traveller’s Wife</em> de Audrey Niffenegger, en que se muestran los viajes al pasado y a través del tiempo de quien protagoniza todo ello desde una librería de Chicago. La dirección del film está a cargo de Robert Schwentke y contempla en el rol estelar a Rachel McAdams.</p>
<p>Bruce Joel Rubin también ha desarrollado adaptaciones exitosas para la televisión y, según se aprecia en su trayectoria, es tanto versátil en lo temático como talentoso y aportador en los guiones que ha acometido. Una sensibilidad humana muy particular, que sabe otear en lo trascendente, más allá de maya y sus apariencias, es parte del valor agregado que recibimos cuando trabamos contacto con cualquiera de los trabajos en que su rúbrica se encuentra presente.</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>COMO AUTOR DEL GUIÓN:</strong></p>
<p><strong>1986        Obsesión Mortal (Deadly Friend).<br />
1990        Ghost, el fantasma del amor (Ghost).<br />
1990        La escalera de Jacob (Jacob’s Ladder).<br />
1991        Engañada (Deceived), con el pseudónimo de Derek Saunders.<br />
1993        Lo mejor de mi vida (My Life).<br />
1998        Impacto profundo (Deep Impact).<br />
2002        Stuart Little 2.<br />
2007        The Last Mimzy.</strong></p>
<p><strong>COMO CINEASTA:</strong></p>
<p><strong>1993        Lo mejor de mi vida (My Life).</strong></p>
<p><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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		<title>Como plaga de langosta (Estados Unidos, 1974) de John Schlesinger.</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Nov 2006 19:38:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlchong</dc:creator>
				<category><![CDATA[1974]]></category>
		<category><![CDATA[Donald Sutherland]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[John Schlesinger]]></category>
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		<description><![CDATA[FICHA TÉCNICA.Como plaga de langosta (The Day of the Locust). Estados Unidos, 1974. Dirección: John Schlesinger; Guión: Waldo Salt, basado en la novela de Nathanael West; Fotografía en color: Conrad Hall; Música: John Barry; Edición: Jim Clark; Con: Donald Sutherland (Homer Simpson), William Atherton (Tod Hackett), Karen Black (Faye Greener), Burgess Meredith (Harry Greener), Geraldine [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=23&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong>FICHA TÉCNICA.</strong><strong><em>Como plaga de langosta</em></strong> <strong>(<em>The Day of the Locust</em>).</strong> Estados Unidos, 1974. <strong>Dirección:</strong> John Schlesinger; <strong>Guión:</strong> Waldo Salt, basado en la novela de Nathanael West; <strong>Fotografía en color:</strong> Conrad Hall; <strong>Música:</strong> John Barry; <strong>Edición:</strong> Jim Clark; <strong>Con:</strong> Donald Sutherland (<em>Homer Simpson)</em>, William Atherton (<em>Tod Hackett</em>), Karen Black (<em>Faye Greener</em>), Burgess Meredith (<em>Harry Greener</em>), Geraldine Page (<em>Big Sister</em>), Bo Hopkins (el vaquero) y Richard A. Dysart, entre otros. <strong>Duración:</strong> 144 minutos. El film se hizo merecedor a los Oscar por Mejor Actor de Reparto y Mejor Fotografía, otorgados por la Academia de Hollywood.</p>
<p><strong>Perfiles insospechados en el Hollywood de la década de los treinta<br />
</strong><em>por Luis Arrieta Erdozain</em></p>
<blockquote><p><strong>“Cada una de las (&#8230;) letras que forman  la palabra ‘Hollywood’ miden cinco pisos de alto: gigantesco monumento de metal a esta meca de sueños incomprendidos”.</strong></p></blockquote>
<p><strong><em>Como plaga de langosta</em> (<em>The Day of the Locust</em></strong>, 1974<strong>)</strong> ilustra lo que luego sucede cuando el mundo de los instintos emerge y logra –así sea por breves lapsos- gobernar la conducta humana y su intelecto, a través de lo que ocurría tras bambalinas en el Hollywood <em>rosa</em> de las grandes superproducciones y de los semidioses al estilo de Clark Gable, Merle Oberon, Ginger Rogers, Tyrone Power y otros más que ya eran figuras en la década de los treinta &#8230; así como de los que lucharon por serlo y acabaron por perderse en el anonimato; y es, también, la puesta en pantalla de un testimonio -el de Nathanael West, autor de la novela autobiográfica en que se basa el film- de alguien que vio, vivió y casi fue aplastado por <em>la casa encantada de sueños</em> de Hollywood.</p>
<p>La película inicia con un tono casi meloso, recordando películas al estilo de cualquiera de las dos versiones de <em>Érase una vez en Hollywood</em> de Gene Kelly. Sin embargo, el mecanismo dramático del argumento de una manera sutil, casi imperceptible, va generando lazos de tensión, fricciones entre los personajes, desconcierto y angustia en el espectador. La fórmula con la que establece urdimbre entre sus imágenes y secuencias John Schlesinger, el cineasta reaizador de la obra,  la establece como nueva parábola de la historia del hombre en bíblica analogía que conduce a un final apocalíptico, plásticamente destructivo, poéticamente devastador. Contextualmente hablando, recuérdese que acaba de producirse hace muy poco <em>la depresión del 29</em>, con las funestas consecuencias que tuvo para muchas familias, industrias y demás actividades económicas y financieras en toda la Unión Americana. En este marco, se aparecía irrenunciable el sueño cinematográfico ante la difícil y penosa realidad imperante.</p>
<p>La estructura del film evoca, asimismo, la del mecanismo de un reloj de bolsillo (que, en realidad, es el de una bomba de tiempo que, en el momento justo, explotará con gran efecto). <strong><em>Como plaga de langosta</em></strong>, pues, se acerca a la naturaleza de una ilusión óptica: su duración es más reducida que el tamaño real de la vida y, sin embargo, lo suficientemente larga como para jugar con la comparación entre las pinturas <em>grotescas</em> de Goya y El Basio y las que va creando Tod Hackett (protagonista de la cinta, interpretado por William Atherton y quien evoca al propio West).</p>
<p>El desenvolvimiento de la sensibilidad artística de Hackett y su educación de la vida (cuenta con dos títulos en Yale, en donde se graduó con honores), ante el azar de convertirse en un diseñador de sets y vestuarios de Hollywood al aceptar una oferta de la Paramount para incorporarse a su Departamento de Arte, es fuertemente alterada cuando incursiona en un universo humano descompuesto en que pululan payasos y cómicos frustrados, enanos, actrices noveles que se rentan mientras son figuras, etc. Por contraparte, puede constatar que los niveles de la gente exitosa y pudiente no son más ambicionables. Ello se soluciona argumentalmente cuando Tod se enamora de Faye Greener (Karen Black), una esplendorosa y <em>trepadora</em> rubia <em>que quiere ser</em>, y piensa no puede darse la libertad del enamoramiento cuando no ha logrado aún las promesas asociadas al éxito por el <em>american way of life</em>; por contraparte y merced a su trabajo y resultados, él mismo es imantado por el círculo de éxito. Está entre dos aguas y puede, por ende, cumplimentar adecuadamente su involuntario rol como testigo situacional en un escenario en que pareciera regla no escrita que el sujeto resuelto a triunfar como actor, dibujante o director en la fábrica de sueños de este rumbo de California debe degradarse por principio, renunciando automáticamente –al asumir el suspirado rol de figura- a todo contacto humano trivial, aceptando por sino la soledad y su consecuencia lógica: la infelicidad.</p>
<p>A este efecto se plantea, por un lado, que Tod tiene un talento genuino y su pintura, cuando esté terminada, será admirable (con imágenes y situaciones que buscan ilustrar lo que sucede entre quienes combaten en la Batalla de Waterloo, por encargo de Claude Esttee, director creativo del film); por otro, se muestra a Hackett como un muchacho convencional (para este propósito, resultan determinantes tanto el vestuario del protagonista como sus “protocolos” conductuales ante situaciones de diferente índole). Schlesinger capta de primera intención, pues, el tono irónico de la obra de West.</p>
<p>Es de señalarse la existencia de paralelismos entre los personajes de diferentes películas de Schlesinger, en cuanto a caracterología se refiere, entre por ejemplo los de <strong><em>Como plaga de Langosta</em></strong> y los de <strong><em>Cowboy de Media Noche</em></strong>  (<strong><em>Midnight Cowboy</em></strong>). Todos están buscando desesperadamente algún tipo de identidad: en <strong><em>Cowboy &#8230;</em></strong> el protagonista intenta hacerlo a través de su potencia sexual y Dustin Hoffman vía del manejo de su “semental”; en la que nos ocupa, los ciudadanos del mundo de Hollywood buscan lograrlo a través de la competencia feroz establecida entre ellos, teniendo como “armas” para destacar en el medio personalidades mediocres y carreras tanto “luminosas” como frustradas. Además, en ambas, aunque cambien las condiciones habitacionales, son verdaderas “ciudades perdidas” en donde viven y conviven. Utilizan, por último, la misma salida en ambos casos: el abandono del laberinto antes de ser destruidos por el minotauro.</p>
<p>Si bien el film en principio maneja la imagen de Hollywood como fábrica de sueños que produce fantasías seductoras para sus audiencias, también nos subraya el papel de los “losers” (perdedores) y soñadores que viven en los cuchitriles de cualquier ciudad y que cometieron el error de creer en algo (en este caso Hollywood), y cifraron en ello sus esperanzas para solucionar y colmar sus sueños de éxito (en otros términos, su necesidad de reconocimiento ante la inseguridad manifiesta) para, finalmente, ser desengañados. Faye Grenner, por ejemplo, es hija de un cómico olvidado, vive con bastantes limitaciones económicas, trabaja como extra de medio tiempo y vive actuando un permanente doble papel en su vida, a veces como mujer “fatal” y siendo en el fondo una niña que se ha encaprichado con ser famosa. Al otear su dilema existencial es como se comprende cabalmente su vacuidad, así como sus sueños jamás realizados, expresados en frases como la que le dice a Tod luego de que éste le declara su amor: “Quien me ame deberá ser un hombre rico y siniestramente hermoso”.</p>
<p>Formalmente, la cinta es un círculo que conduce por caminos necesarios para la realización de una película de esta industria y época: el inicio del film muestra una toma de los momentos preliminares a la filmación y concluye con el estreno de otra. Pero ante todo es un corte transversal, objetivo, imparcial del papel que juegan los factores que intervienen en una filmación, en un análisis tanto diacrónico como sincrónico. Así, <strong><em>Como plaga de Langosta</em></strong> muestra que el camino para llegar a la cima en Hollywood exigía la pérdida de la espontaneidad, a la vez que se demandaba el acartonamiento del sujeto.</p>
<p>Homer Simpson (interpretado por Donald Sutherland, protagonista del <em>Mash</em> de Robert Altman quien, infortunadamente, murió la semana pasada), es un personaje de peso señalado en el desarrollo de la trama: el único tipo que aún le abre la puerta a Harry, el cómico-vendedor de pócimas mágicas y padre de Faye; es la encarnación misma de la impotencia ante lo que no puede transformar (un personaje cualquiera del día de hoy); un hombre apático, económicamente estable pero sin la decisión ni el coraje para defender a la mujer que ama o para hacerse a un lado y dejarla seguir cuando ella lo abandona. Este mismo personaje, este niño asustado y que de buena gana regresaría al útero materno, es quien  –para asombro del espectador- iniciará la hecatombe final de la película.</p>
<p>Una de las escenas-puente entre el inicio dulzón y el explosivo final lo constituye la del derrumbe de la colina artificial construida en el set para la película que estaban filmando sobre la batalla de Waterloo. Este es uno de los momentos más amargos de Hackett, al descubrir que productores y directores por su status, influencias o dinero salen del paso, aún sobre las heridas que el accidente produce a trabajadores y extras. Es concluyente el diálogo ente Tod y Claude Estee, cuando éste le dice: “A veces pienso que somos adultos que hacemos pasteles de barro para vender”, a lo que Tod pregunta: “Si alguien hubiera muerto, ¿hubiera sido distinto? &#8230; a lo que Claude, honesto, le dice: “No”.</p>
<p>Narrativamente, el principio del final de <strong><em>Como plaga de langosta</em></strong> se inicia con la representación del animado estreno de<em> </em><strong><em>El Bucanero</em></strong> de Cecil B. de Mille en el Teatro Chino Graumbaum de California, con <em>alfombra roja</em> y la entrada sensacionalista de actores, aclamados por una amorfa y complaciente multitud congregada para este efecto a las afueras de la iluminada sala. Los personajes que hemos conocido a lo largo del film se congregan también en este sitio, atraídos tal vez por aquello que estaba truncando las ilusiones de su existencia: es el paso final, el estreno de la película. Cuando Simpson llega al sitio, más por inercia que por voluntad, se encuentra en un estado semejante al de la catatonia, al saberse abandonado por Faye. Se sitúa a unos cuantos metros de la multitud congregada y ni siquiera parece escuchar los gritos de Tod que le habla desde su coche. Desconsolado, Homer se sienta en una banca reposando sus dos maletas en el suelo y es entonces cuando aparece como auténtica maldición el niño “chistoso” que le gasta de nuevo dos o tres pesadas bromas y le lanza una piedra, haciéndolo sangrar en la cara. En este momento, a través de un rápido juego de intercortes, se capta el accionar del niño y la transformación radical de Simpson (que semeja a la del Travis Byckle caracterizado por De Niro en <strong><em>Taxi Driver,</em></strong> cuando éste último exclama: “Soy un hombre que no soporta una más &#8230; soy uno que se rebeló”). En estas circunstancias, lo inevitable acabará por ocurrir: el infante será receptor de la rabia que, sin buscarlo ni quererlo, fue guardando Simpson. Explota, pues, lo que parecía prever el propio Simpson cuando decía: “Perdóname, Señor, por tener estos indignos pensamientos, pero a veces quisiera destruir todo esto”, brincando sobre el pecho del niño ya inerme. Algunas de las personas cercanas a ellos advierten lo ocurrido y llaman la atención de otros más para capturarlo. Y sólo cuando es detenido y levantado en vilo por esa multitud desquiciada y vengadora es cuando Homer recupera la conciencia y advierte lo que hizo. Sin embargo, su reacción es ya tardía &#8230; Mientras la muchedumbre le grita “¡asesino!”, el anunciador a la entrada del teatro –en el último extremo de paradoja alguna- piensa que se trata  de alguna espontánea manifestación de cariño por parte de la masa hacia alguno de los actores. En dos o tres escenas más, la metamorfosis se habrá producido por completo, transformando a la muchedumbre en auténtica marabunta humana que, en un arrebato, da muerte cruenta a Simpson, tragado por ese mar de locura y muerte.</p>
<p>En el juego surrealista de los fotogramas de Schlesinger, empiezan a surgir, como brotadas de la nada, las figuras dibujadas por Hackett. La multitud en el rito de la muerte y la desmitificación agrede a los “ídolos” que momentos antes aclamara: voltea sus autos, provoca incendios, rompe escaparates, roba. Es el descontrol sumo de los demonios interiores de quienes actúan como colectivo libérrimo y desenfrenado, no como personas.</p>
<p>Los pocos sujetos que aún conservan la cordura tratan de huir, pero el cerco parece cerrado: Tod está desesperado al intentar, sin conseguirlo, recuperar a Faye que materialmente es arrebatada por un sujeto de siniestro aspecto. Ella, luego, será violada tumultuariamente. Un descuido basta para que le rompan una pierna a Hackett y le dejen el hueso a flor de piel &#8230; y, enmedio de este remolino mortal, sonríen, tomados del brazo y bamboleándose, los personajes de pesadilla surgidos del pincel de Hackett-Goya. Aquí, la atmósfera dramática del film es estremecedora.</p>
<p>La suma de culpas ha exigido la consumación del castigo y Tod Hackett comprende: de alguna forma su sensibilidad había actuado como radar y sus trazos y dibujos plasmaban el mensaje premonitorio del desenlace, que nunca comprendió a su debido tiempo.</p>
<p>Lo inquietante que deriva al espectador tras la conclusión del film es que lo visto no fue una simple recreación fabulesca, sino algo que encaja en la cruda realidad. Y casos como el de Tod Hackett sobraron, desde el mismo Scott Fitzgerald (autor de <em>El Gran Gatsby</em> y <em>The Last Tycoon</em> y guionista de Hollywood en su última época), hasta el mismo Nathanael West (<em>The Day of the Locust</em>  y <em>A Cold Million</em>). En el caso del primero, vivió en una brutal frustración creativa que le orilló a tomar el camino del alcoholismo; en el del segundo, baste decir que su inadaptación al sistema hollywoodense le llevó a crear un testimonio literario contundente: la novela en que se basó este film.</p>
<p>En el plano técnico cabe destacar el manejo del intercorte y del <em>wiper</em> en secuencias como la de la pelea de gallos en la fiesta realizada en la casa de Simpson y en la misma escena final. Esta acertada labor corrió a cargo del talento de Jim Clark, editor, elemento en el que se cifra buena parte del ritmo de la película. Las actuaciones son bastante consistentes, destacando en sus interpretaciones Donald Sutherland (Homer Simpson); es notable el desempeño de Karen Black (Faye Greener), así como el de William Atherton (Tod Hackett). El <em>soundtrack</em> es memorable y por demás destacada la reconstrucción de época.</p>
<p><strong><em>Como plaga de Langosta</em></strong> desnuda al Hollywood mítico, encarándolo con la mucha suciedad que escondía tras los telones, devolviéndonos la imagen de una de las plagas bíblicas presente siempre en el contexto humano: el hombre convertido en langosta, capaz de destruir a los demás e incluso a sí mismo en su desesperada lucha por re-conocerse y por encontrar respuesta a aquello que el mismo Aristóteles se planteaba respecto del sentido primero, actual y último de seres y cosas.<br />
<strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR*.</strong></p>
<p><strong>JOHN SCHLESINGER </strong>nace en Londres el 16 de febrero de 1926. Sus comienzos fueron en el teatro como actor. Entre 1948 y 1956 realiza numerosos documentales. A partir de 1957, trabaja en la BBC británica y explora distintos géneros en la cinematografía inglesa. Entre sus primeros trabajos se encuentra <strong><em>Terminus</em></strong>, con el que obtiene diversos galardones, incluido el León de Oro en el</p>
<p>Festival de Venecia, así como el Premio de la Academia Británica. Schlesinger debuta como director en 1962 con <strong><em>Esa clase de amor</em> (<em>A Kind of Loving</em>)</strong>, protagonizada por Alan Bates, con la que merece el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Su siguiente film, <strong><em>Billy Liar</em></strong> tiene la singularidad de ser el primer papel protagónico de la gran Julie Christie. En 1966, decide convocar nuevamente a la Chistie para estelarizar <strong><em>Darling</em></strong>, con la que logra el Premio de la Crítica de Nueva York al mejor Director y su primera nominación al Oscar. Luego realiza <strong><em>Lejos del mundanal ruido</em> (<em>Far from the Madding Crowd</em>)</strong>, también con Julie Christie encabezando el reparto.</p>
<p>A mediados de esta década se instala en Hollywood, donde se distingue como un cineasta con obra socialmente comprometida. Pero su proyección mundial viene dada cuando crea su memorable <strong><em>Cowboy de medianoche</em> (<em>Midnight Cowboy</em>)</strong>, con Dustin Hoffman y John Voit y logra los Oscar a la mejor película, mejor guión y mejor director, así como un Premio de la Academia Británica y el Directors Guild of America Award al Mejor Director. Sólo a guisa anecdótica, es la única película clasificación “D” en la historia merecedora de dos de los principales galardones de la Academia Hollywoodense.</p>
<p>Schlesinger obtiene otra nominación al Oscar por su dirección en <strong><em>Domingo, maldito domingo</em> (<em>Sunday, Bloody Sunday</em>)</strong> y luego crea su poderosa <strong><em>Como plaga de Langosta</em></strong> (<strong><em>The Day of the Locust</em>)</strong> en que desnuda al Hollywood de la década de los treinta, con base en la novela de Nathanael West. <strong><em>Maratón Man</em></strong> le reúne de nuevo con Dustin Hoffman en la cúspide de su carrera, así como con Laurence Olivier. En 1979 convoca al casi novel Richard Gere para su <strong><em>Yanquis</em></strong>, para luego dirigir<strong><em> Honky Tonk Freeway</em></strong> y <strong><em>Los creyentes</em></strong>, su incursión en el cine de terror en que aborda el tema de la santería y muestra a un Martín Sheen en magnífico nivel. Luego realiza <strong><em>Madame Sousatzka</em></strong> con Shirley McLaine y <strong><em>El inocente</em></strong>, protagonizada por Anthony Hopkins e Isabella Rossellini. Entre sus últimos trabajos se encuentran <strong><em>Ojo por ojo</em></strong> (1996), con Sally Field y Kiefer Sutherland y <strong><em>Algo casi perfecto</em> (<em>The Next Best Thing</em>)</strong>, realizada en el 2000, con un reparto encabezado por la cantante Madonna y Rupert Everet, que narra la historia de una mujer que tiene un hijo con un amigo gay.</p>
<p>Cineasta versátil, ha incursionado en diferentes medios de expresión artística con importantes reconocimientos. Por ejemplo, para la televisión británica, entre las series que pueden referirse están <strong><em>“An Englishman Abroad”</em></strong>, <strong><em>“Separate Tables”</em></strong> y <strong><em>“A Question of Attribution”</em></strong>, que logra el Premio de la BAFTA al mejor programa dramático. John Schlesinger también dirige varias obras para la Royal Shakespeare Company y el National Theater, entre las que pueden mencionarse “Timón de Atenas”, “Hearthbreak House”, “Julio César” y “True West” de Sam Shepard.</p>
<p>Schlesinger debuta como director operístico en el Covent Garden londinense con una producción de “Los cuentos de Hoffman” protagonizada por Plácido Domingo y, desde entonces, dirige distintas óperas como “El caballero de la rosa” para la Royal Opera House y “Un baile de máscaras”, de Verdi, para la edición del año 1989 del Festival de Salzburgo. En 1970, la reina Isabel II lo honra con el nombramiento de Comander of the British Empire.</p>
<table cellpadding="0" cellspacing="0">
<tr>
<td valign="top">&nbsp;</td>
</tr>
</table>
<p>Pese a los años de estancia en Estados Unidos, John Schlesinger mantuvo para sí dos casas: una en California y otra en el Reino Unido, pues siempre se consideró británico y mantuvo su condición de residente extranjero en la Unión Americana. Muere en California el 28 de julio del 2003.</p>
<p><strong>*:</strong> Parte de la semblanza del cineasta está rescatada del <em>Diccionario de Directores </em>publicado por Ediciones JC, publicado en 1992 en Madrid, España y de información contenida en la página de la internet: <a href="http://movies.filmax.com/algocasiperfecto/director.htm" target="_blank">http://movies.filmax.com/algocasiperfecto/director.htm</a></p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1962			<em>Esa clase de amor </em>(<em>A Kind of Loving</em>).<br />
1963			<em>Billy, el embustero </em>(<em>Billy Liar</em>)<em>.</em><br />
1966			<em>Darling </em>(<em>Darling</em>).<br />
1967			<em>Lejos del mundanal ruido </em>(<em>Far from the Madding Crowd</em>).<br />
1969			<em>Cowboy de medianoche </em>(<em>Midnight Cowboy</em>).<br />
1971			<em>Domingo, maldito domingo </em>(<em>Sunday, Bloody Sunday</em>).<br />
1974			<em>Como plaga de langosta </em>(<em>The Day of the Locust</em>).<br />
1976			<em>Marathon Man</em>.<br />
1979			<em>Yanquis </em>(<em>Yanks</em>).<br />
1981			<em>Honky Tonk Freeway</em>.<br />
1984			<em>El juego del halcón </em>(<em>The Falcon and the Snowman</em>).<br />
1987			<em>Los creyentes </em>(<em>The Believers</em>)<em>.</em><br />
1988			<em>Madame Sousatzka </em>(<em>Madame Sousatzka</em>)<em>.</em><br />
1990			<em>De repente, un extraño </em>(<em>Pacific Heights</em>)<em>.</em><br />
1992			<em>El Inocente </em>(<em>The innocent</em>).<br />
1996			<em>Ojo por ojo</em> (<em>Eye for an Eye</em>).<br />
2000	</strong>		<strong><em>Algo casi perfecto </em>(<em>The Next Best Thing</em>).</strong></p>
<p align="right"><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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