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	<title>Cineclub Viena 294 &#187; chessryu</title>
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		<title>Cineclub Viena 294 &#187; chessryu</title>
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		<title>Juego Veneciano (The Comfort of Strangers). Estados Unidos-Italia, 1990, de Paul Schrader.</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 16:18:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chessryu</dc:creator>
				<category><![CDATA[1990]]></category>
		<category><![CDATA[Christopher Walken]]></category>
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		<description><![CDATA[¡No  te metas con mi cucu!
por Luis  Arrieta Erdozain
Del big close-up de un capricho textil veneciano, la lente de la cámara emula los movimientos  parsimoniosos y decididamente exploratorios de una góndola en el recorrido de  los interiores de una casa que se adivina de rancio abolengo. Tras el recorrido  por [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=61&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"><strong>¡No  te metas con mi <em>cucu</em>!</strong></p>
<p align="right"><strong>por Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
<p>Del <em>big close-up</em> de un capricho textil veneciano, la lente de la cámara emula los movimientos  parsimoniosos y decididamente exploratorios de una góndola en el recorrido de  los interiores de una casa que se adivina de rancio abolengo. Tras el recorrido  por varias habitaciones, con el fondo musical del tema principal de la película  (que a este comentarista le evocó por momentos resonancias de <em>“Anónimo veneciano”</em>, sin dejar de tener  su personalidad muy propia), la larga y lograda secuencia culmina con la toma  de una luna con colores incendiarios que preanuncian el amanecer.</p>
<p>Tras este sugerente planteamiento acústico-visual  introductorio del cineasta Paul Schrader, luego sucedido por un curioso  monólogo en <em>off</em> de alguien que  recuerda episodios de su infancia, queda establecida cierta semilla de  extrañeza, a la cual sigue la ilustración suficiente de la tibieza rutinaria por  la que atraviesa la relación de la pareja formada por Mary Amway (Natasha  Richardson, a quien Schrader ya había convocado para su <strong><em>Patty Hearst</em></strong>) y Colin  Mayhew (Rupert Everett, al cual recordamos en films como <strong><em>Shakespeare enamorado</em></strong>,  1998, o <strong><em>La boda de mi mejor amigo</em>, </strong>1997), quienes experimentan un poco  de hastío no confeso uno respecto del otro. El cineasta boceta la situación en  medio de esa inmensidad de plenitud que fue Venecia (hoy vestigio aún incólume,  si bien anegada en su propia grandeza de otrora), privilegiando las situaciones  con ausencia de luz o muy poca, el gobierno de los interiores, etc. Con otro  tipo de tratamiento al del tema principal, la música se afana por ser un tanto  socarrona, con auras y reflejos entre que exóticos y de cierto misterio. La  parsimonia intrínseca al ritmo narrativo impreso vía montaje (sin prisa ninguna  en sus cambios de cuadro y escenas), anticipa de algún modo lo por venir, como  ciertos vientos arrachados lo hacen con la lluvia. Los tintes son de sensualidad y  de misterio. En este marco, apenas percibida aunque reiterada, se produce la  presencia de un hombre siempre ataviado de traje blanco con zapatos negros (<em>Robert</em>, interpretado muy en el tono  justo, sin desbordarse, por un impecable Christopher Walken), quien toma fotos  en película blanco y negro a la pareja y cuyos “clics” se dramatizan tanto  visual como acústicamente a cuadro sin mayor explicación … además de que esto  no ha sido percibido por los propios retratados. Ello, el no conocimiento de  los personajes respecto de que son sujetos de atención del fotógrafo, así como  el hecho de que el espectador atestigüe lo que sucede, abona a favor de un  ambiente de misterio que, se sospecha, será develado conforme la acción  transcurra … algo que desde luego será, en el más positivo de los casos,  inquietante.</p>
<p>Tanto Mary como Colin son dignos abanderados de la  característica <em>flema</em> inglesa. Ella,  una Natasha Richardson que aparece con un cabello rizado un tanto libérrimo,  comparte el tipo de una belleza chata, un atractivo opaco aunque apantallante,  como el de su paisana Glenn Close en <strong><em>Atracción fatal</em></strong> (en otras palabras:  está <em>“mona”</em>, pero hasta ahí). Su  contraparte masculino posee atributos análogos, si bien su altura extrema le  hace parecer un tanto desgarbado, más aún en este caso en que están de  vacaciones. Ambos están buscando darle una nueva, quizá última, oportunidad a  su relación, al recurrir otra vez a la magia veneciana en medio de la cual se  conocieron y a partir de la cual han tratado de asumirse como pareja los cuatro  años más recientes. La mayor expresividad que logra Colin en este primer trecho  del film es cuando le decir a Mary: “”Me gustas porque siempre me haces  preguntas difíciles; porque siempre me pones a prueba” … que, ciertamente, no  podríamos catalogarlo como un arrebato de pasión. Todo se mantiene en este  talante hasta que se produce el encuentro digamos que “fortuito”, en que al  abrigo de la noche y perdidos en callejuelas venecianas, aparece el personaje  güero de blanco (el <em>alguien</em> –como  antes anoté- que ha estado a la caza de esta oportunidad), quien se ofrece a  conducirlos a un restaurante donde acaba embriagando a la pareja,  atolondrándola con un monólogo de cuyo principio ya tenemos noticia desde el  comienzo del film … por alguna causa -de la que no se informa al espectador-,  de repente vemos a esta pareja hambrienta, aturdida por el consumo etílico sin  alimento y deambulando por las calles laberínticas de una ciudad que no conocen  … hasta que el cansancio los vence y acaban por dormir al aire libre. Es claro  que ha sido tendida una primera madeja en torno a ellos. Los presagios en el  ambiente, los acordes musicales sugieren que es el comienzo apenas de un  torbellino sobre el que quizá no siempre se tendrá control.</p>
<p>Este es el marco atmosférico en el que se produce el  siguiente diálogo de la pareja en una de las cafeterías al aire libre del la  Plaza de San Marcos. Mary, la oriunda de Bristol le dice a él, perfecto <em>paisa</em> londinense:</p>
<blockquote>
<li>“No sé por qué vinimos.</li>
<li>Ya habíamos estado aquí.  ¿Por qué volvimos?</li>
<li>De hecho, sí sé por qué  vinimos: esperábamos descubrir qué hacer, qué hacer respecto de lo nuestro … ¿y  bien? ¿Lo descubriste? Yo no. Quiero irme a casa, estar en mi cama con mis  niños. Quizá tú sí has decidido qué es lo que quieres. ¿Qué quieres hacer?</li>
<li>(Silencio).</li>
<li>¿Es así?</li>
<li>No …”.</li>
</blockquote>
<p>Colin trata de sobrellevar las cosas, si bien no tiene  muy en claro para dónde van ambos como pareja. De repente, de nuevo en forma al  parecer casual, los descubre Robert. Trata de mostrarse preocupado por las  molestias e incomodidades que vivieron sus recién conocidos y, a modo de  compensación, les ofrece albergarlos en su palacete, pidiéndoles que no  regresen al hotel. Él y su esposa buscarán atenderlos como se merecen. Y ya de  aquí para adelante, será el juego del gato con el ratón el que practiquen  Robert y Caroline (Helen Mirren), respecto de la pareja, mediadas bebidas, y  barbitúricos suministrados <em>a la malagueña</em>:  nunca se explica –ni Mary ni Colin se preocupan por esclarecer- cómo es que se  despiertan de pronto desnudos, entre las sábanas de la cama de la recámara en  que han sido instalados, ni quién o quiénes les desvistieron y por qué no saben  dónde se encuentran sus pertenencias … ni por qué, luego de bañarse y vestirse,  se enteran de que fueron observados cuando dormían y la razón por la que “el  bocado” más socorrido por los anfitriones resulta ser Colin. La obsequiosidad  excesiva de Robert y Caroline recuerda, si, a la por demás interesada de los  vecinos de Rosemary en el edificio Dakota de <strong><em>El bebé de Rosemary </em></strong>(la  pareja de brujos ancianos de apellido Castevet). Asimismo, ciertos ambientes  recargados y el cromatismo dominante en esta parte recuerdan a <strong><em>Ojos  bien cerrados</em></strong> de Stanley Kubrick. Como también hay cierta sordidez  humana y en los placeres, la evocación con otro film de Roman Polanski –<strong><em>Bitter  Moon</em></strong>- pareciera inevitable. El caso es que en este juego de asedio, con  cada vez más marcados roles de víctima-victimario, se confiere sentido a una expresión  de Caroline cuando afirma: “Estamos del otro lado del espejo”.</p>
<p>A la pareja de Mary y Colin, el hecho de verse  amenazada y en riesgo, con su relación pendiendo de un hilo, hace que se  despierte en ellos una pasión inaudita que, como era su propósito  al ir a Venecia, refresca y reanima sus vínculos como pareja: como si el agua –en  tanto símbolo de eros-, consiguiera finalmente expresarse a través de los  canales y vericuetos venecianos en beneficio de la fortificación de aquello que  da su sentido a la pareja como tal. Pero bueno, cuando menos se lo espera uno,  el film se resuelve de modo inesperado y fulminante, luego de episodios de  sensualidad, olvido, locura y reencuentro: la soberana enfermedad mental de uno  de los cuatro, de avenidas mentales y retruécanos tan laberínticos y  misteriosos como acaso son los venecianos, aplica la tesis frommiana respecto  de cuando el amor productivo no puede acrisolarse: entonces el instinto de  destructividad habrá de dominar, en grados menores o sumos, como una expresión  de aniquilamiento a aquello que no tiene posibilidad ninguna de ser, consolidarse  y sostenerse como amor productivo. En este sentido, para plantear de modo fino  y sin chabacanerías asuntos tales, resultó ideal una pareja de talentos  avispados como la que integraron para este film Paul Schrader en la dirección y  el laureado Harold Pinter en la concepción del guión cinematográfico a partir  de la novela de Ian McEwan …</p>
<p>Sin ser maravillosa, pues, <strong><em>Juego Veneciano </em></strong>logra  niveles de interés profundo y reflexiones post-cinematográficas de muy diversa  índole en quienes la contemplamos.</p>
<p><strong>FICHA  TÉCNICA.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>Juego  Veneciano (The Comfort of Strangers</em></strong><strong>).</strong><strong> </strong>Estados Unidos-Italia, 1990.<strong> Dirección: </strong>Paul Schrader;<strong> Guión: </strong>Harold Pinter,  basado en la novela de Ian McEwan;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Angelo Baladamenti; <strong>Fotografía en color:</strong> Dante  Spinotti; <strong>Edición: </strong>Bill Pankow; <strong>Con: C</strong>hristoper Walken (<em>Robert</em>), Rupert Everett (<em>Colin  Mayhew</em>), Natasha Richardson (<em>Mary  Conway</em>), Hellen Mirren (<em>Caroline, </em>esposa  de<em> Robert</em>), Manfredi Aliquo (conserje  del hotel), Fabrizzi  Conghiari (el  barman), Giancarlo Previati (primer policía), Antonio Serrano (segundo policía)  y Mario Cotone (detective), entre otros. <strong>Duración:</strong> 107 minutos.</p>
<p><strong>APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>PAUL SCHRADER</strong> nace en Grand Rapids, Michigan,  Estados Unidos, el 22 de julio de 1946. Fue educado y formado bajo la estricta  disciplina de la Iglesia Cristiana de Reforma de inspiración calvinista (su  familia es de origen holandés), merced a lo cual Paul fue<em>“preservado”</em> de ver cine por buen  tiempo: degustó su primera película –imagínese usted nomás- hasta los quince  años de edad … claro, después de ello, Paul se ha mostrado afanoso por  recuperar, al menos en parte, mucho de su tiempo perdido en este campo. Sin  embargo, tal credo transladado a la vida cotidiana, como era de esperarse,  marcó de modo señalado la infancia y juventud, no se diga la sensibilidad y  aspectos finos de la cosmovisión, de tan brillante escritor como cineasta.</p>
<p>Estudió Teología y Filosofía, además de cine. Primero  se dedicó a la crítica y análisis cinematográfico en Los Angeles, California.  Publica en 1972 un libro que resultó muy influyente: <em>Estilo trascendental en cine. Ozu, Bresson, Dreyer.</em> Después,  descolla como un enterado, sensible y talentoso guionista, actividad en la que  ha destacado tan señaladamente. Su primer libreto fue co-escrito con su hermano  Leonard (tiempo después autor del laureado guión de <strong><em>El beso de la mujer araña</em>, </strong>1985,  basado en<strong> </strong>la novela de Manuel Puig)  y Robert Towne, en el cual se desarrolla un <em>thriller</em> del bajo mundo japonés para <strong><em>Yakuza</em></strong> (<strong><em>The Yakuza</em>,</strong> 1975), dirigida  por el ya finado Sidney Pollack.<strong> </strong></p>
<p>En 1976, Paul Schrader efectúa su primera colaboración  como guionista con Martin Scorsese, con la creación del argumento y guión  cinematográfico de <strong><em>Taxi Driver</em></strong>, film ganador de la Palma de Oro del Festival de  Cannes de ese año<strong>:</strong> una contribución  fenomenal al séptimo arte, en opinión de quien esto suscribe (los otros dos  libretos para films de Scorsese son, ni más ni menos, el de <strong><em>Toro  Salvaje</em></strong>, 1980, y <strong><em>La última tentación de Cristo</em></strong>, 1988,  a partir de la novela de Nikos Kazantzakis). También es notable su guión para<strong><em> Obsesión</em></strong> (1976, dirigida en los tiempos en que Brian De Palma <em>todavía era</em> Brian De Palma, con Cliff Robertson y Genevieve Bujold  en los estelares … amén de música del gran Bernard Herrmann). Entre principios  de los setenta y comienzos de los ochenta, escribió y/o dirigió una decena de  películas.</p>
<p>Su debut como cineasta se produce con <strong><em>Blue  Collar</em></strong> (1977, co-escrita con su hermano), un envolvente relato sobre la  explotación a que son sujetos obreros en Detroit. Luego realizaría guiones como  los de soporte a <strong><em>Rolling Thunder</em></strong> y <strong><em>Al límite</em></strong> (1999).<strong> </strong>Dirige por su cuenta y riesgo<strong> <em>American  Gigolo</em></strong> (1979) y <strong><em>El beso de la mujer pantera</em></strong> (<strong><em>Cat  People</em></strong>,1981): en el primer caso catapulta a los primeros planos como  gran histrión y una suerte de <em>sex symbol</em> al simpático Richard Gere. La banda musical corre a cargo del entonces muy de  moda Giorgio Moroder; en el segundo, se roba escena, pantalla y todo lo demás  la hermosura esplendente de Natasha kinski en el protagónico (sí: la hija del  gran Klaus; sí: la protagonista de <strong><em>Tess</em></strong> -1979- de Roman Polanski). Es un <em>remake</em> del clásico de Jacques Torneur <strong><em>La mujer pantera</em></strong>, 1943.  El co-protagónico corre a cargo de Malcolm McDowell.</p>
<p>Otros títulos que refieren bien la obra del inquieto  Schrader, distintiva en su interés por examinar con detenimiento e inventiva  historias de la vida real y temas sociales controvertidos, son: <strong><em>Hardcore,  un mundo oculto</em> (<em>Hardcore</em>,</strong> 1978), <strong><em>Mishima</em></strong> (1985, en una aproximación épica la verdad no muy  lograda a la vida del turbulento y <em>sui  generis</em> literato nipón), <strong><em>Light of Day</em></strong> (1986), también  conocida como <strong><em>Rock Star</em>,</strong> en que se narra la historia de los hermanos Joe y  Patty, quienes viven en un suburbio industrial de los Estados Unidos. Ellos  tocan en el grupo musical The Barbusters, pero como ella es madre soltera, la  moral conservadora de su familia buscará separar a los hermanos y al hijo de  ella del mundo de la música, pues lo consideran inestable y peligroso para  ellos. Vienen luego <strong><em>Patty Hearst</em></strong> (1988, también con Natasha Richardson, co-estelar  en <strong><em>Juego  veneciano</em>)</strong>, en la que Paul Schrader aborda el tema del terrorismo.</p>
<p>En 1990 dirige la que ocupa al presente artículo: <strong><em>Juego  veneciano</em>,</strong> una película inquietante de atmósferas sugerentes y  enrarecidas. Le sucede <strong><em>Traficantes</em></strong>, también conocida como <strong><em>Posibilidad  de escape</em></strong> (<strong><em>Light Sleeper</em>,</strong> 1991) en que ilustra el intento de un par por  desvincularse del mundo del negocio de las drogas que, según se consigna sin  crédito en la ficha de Paul Schrader de Videomanía (<a href="http://www.videomaniaticos.com">www.videomaniaticos.com</a>), “… junto a los guiones de <strong><em>Taxi  Driver</em></strong> y <strong><em>Gigoló Americano</em></strong>, tomados como una trilogía, componen un  resumen de sus intereses temáticos dominantes”. <strong><em>Cazador de brujas </em></strong>(<strong><em>Witch  Hunt</em>,</strong> 1994), con Dennis Hooper, Eric Bogosian y Penelope Ann Miller,  retoma la figura de uno de los literatos de culto del fantástico de terror al  poner al detective Howard Phillips Lovecraft bajo los servicios de la actriz  Kim Hudson para esclarecer un caso en que se entremezclan la caza de brujas y  la brujería como tal. Dos años después acomete el mundo de <em>lo sobrenatural</em> desde una perspectiva diferente al abordar en <strong><em>Touch</em></strong> (1996), el caso de un franciscano que cuelga los hábitos y, a partir de ello,  se descubre con el don de sanación vía la imposición de sus manos. En <strong><em>Aflicción</em></strong> (<strong><em>Affliction</em>,</strong> 1997), congrega a un reparto de primera que incluye al notable Willem Dafoe,  Nick Nolte, James Coburn y a Sissy Spacek, en una trama en que la muerte de un  sindicalista cambia radicalmente la vida de un sheriff, el cual –contra todas  las opiniones- piensa que no fue accidental. James Coburn en el papel de su  padre y Nick Nolte como el obcecado guardián de la ley, despliegan un memorable  duelo de actuación que le valió al primero una nominación al Oscar a Mejor Actor  y al segundo la estatuilla al Mejor Actor de Reparto. Luego de ello dirige <strong><em>Forever  Mine</em></strong>(2001), historia del amor que vive Alan Ripley con la esposa de un político siniestro quien, al  enterarse de la situación no sólo lo manda a la cárcel sino que intenta  provocar su muerte … sólo el tiempo, con el curso de los años, podrá poner o no  las cosas en su lugar … En tanto, <strong><em>Desenfocado</em> (<em>Auto Focus</em>,</strong> 2002) retoma el caso de Bob Crane, quien se hiciera  famoso en la segunda parte de la década de los sesenta y principios de los  setenta por su participación en la teleserie “Los héroes de Logan”. Él se valió  de su fama para inclinar en su favor numerosas relaciones amorosas con mujeres.  Luego de la exhibición de hazañas tales en un video realizado por John  Carpenter, aparece asesinado en un motel de Scottsdale, Arizona en 1978 … se  piensa, pues, que hay conexión entre antecedente y consecuente …</p>
<p>Sobre <strong><em>Dominion</em></strong>(<strong><em>Dominion: Prequel to The Exorcist</em>,</strong> Estados Unidos, 2005), se anota en la columna <em>“Cine en TV”</em> del suplemento <em>Primera  Fila</em>, p. 29, del periódico <em>Reforma</em>:  “La casa productora Morgan Creek le encargó a Schrader esta esperada ‘precuela’  de <strong><em>El  Exorcista</em></strong> (Friedkin, 1973), pero al ver el primer corte del film los  ejecutivos, horrorizados, terminaron enlatando la película. La compañía  contrató entonces al churrero Renny Harlin, quien hizo su primera versión: <strong><em>El  Exorcista, El Comienzo</em></strong> (2004) pero, ¡oh, paradoja comercial!: la  película de Harlin fue un fracaso ante la crítica y la taquilla de todo el  mundo, por lo que al grito de ‘de lo perdido, lo que aparezca’, se ‘desenlató’  la versión de Schrader que, aunque no es muy lograda que digamos (interesante  en su primera hora, un desastre en la segunda), resulta de todas maneras mucho  más visible que el soporífero churro de Harlin. Para los admiradores de Paul  Schrader –entre los que me encuentro- es obligatoria”.</p>
<p>Paul  Schrader  está casado con la actriz Mary Beth Hurt.</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>1977          <em>Blue  Collar</em>.</strong></p>
<p><strong>1978          <em>Hardcore,  un mundo oculto</em> (<em>Hardcore</em>).</strong></p>
<p><strong>1979          <em>American  Gigolo</em>.</strong></p>
<p><strong>1981          <em>El  beso de la pantera</em> (Cat People).</strong></p>
<p><strong>1985          <em>Mishima</em> (<em>Mishima: A Life in  Four Chapters</em>).</strong></p>
<p><strong>1986          <em>Light of Day</em> (</strong>también es conocida como <strong><em>Rock Star</em>).</strong></p>
<p><strong>1988          <em>Patty Hearst</em>.</strong></p>
<p><strong>1990          <em>Juego veneciano </em>(<em>The Comfort  of Strangers</em>).</strong></p>
<p><strong>1991          <em>Traficantes</em>/<em>Posibilidad de </em>escape (<em>Light Sleeper</em>)<em>.</em></strong></p>
<p><strong>1994          <em>Cazador de brujas</em> (<em>Witch Hunt</em>).</strong></p>
<p><strong>1996          <em>Touch</em>.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1997          <em>Aflicción</em> (<em>Affliction</em>).</strong></p>
<p><strong>2001          <em>Forever Mine</em>.</strong></p>
<p><strong>2002          <em>Desenfocado </em>(<em>Auto Focus</em>).</strong></p>
<p><strong>2005          <em>Dominion</em> (<em>Dominion: Prequel  to The Exorcist</em>). </strong></p>
<p><strong>Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
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		<title>Los Infiltrados (The Departed). Estados Unidos, 2006, de Martin Scorsese.</title>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2009 20:55:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Información es poder
(y el poder de poder informar a como de lugar).
por  Luis Arrieta Erdozain


A Óscar Mayorga Dardón, O. P., con quien me  hermana una profunda amistad, el amor por el buen cine, el CUC … y la alegría  de la publicación de su opera prima como novelista: Las tardes con la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cineclubviena294.wordpress.com&blog=739859&post=59&subd=cineclubviena294&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><strong>Información es poder<br />
(y el poder de poder informar a como de lugar).</strong></p>
<p style="text-align:right;"><strong>por  Luis Arrieta Erdozain</strong></p>
<p style="text-align:left;">
<hr />
A Óscar Mayorga Dardón, O. P., con quien me  hermana una profunda amistad, el amor por el buen cine, el CUC … y la alegría  de la publicación de su <em>opera prima</em> como novelista: <em>Las tardes con la abuela</em>.</p>
<hr />
<p>Posicionado  como un versátil y brillante cronista de la ciudad de  Nueva York, su magia, encantos y aspectos  sórdidos, con un estilo y por caminos diferentes a los manejados por Woody  Allen, Martin Scorsese ha demostrado simpatía por las minorías etnográficas,  nacional-idiosincrásicas, en ocasiones marginales que por ahí se asentaron en  el curso de los siglos luego de aquello del descubrimiento de América (si bien  su interés más señalado es lo ocurrido en este sentido en el curso del propio  siglo XX, con eventuales guiños a la segunda mitad del XIX). Tal es el caso de  sus films sobre personajes y situaciones de los ítalo-americanos (así se llama  un mediometraje documental biográfico que hizo sobre su familia y raíces, con  énfasis diferentes a los presentes en la obra más personal de Francis Ford  Coppola, su <em>paisa</em> y buen amigo), así como luego  también lo hará en lo que toca a los irlandeses. A guisa de ejemplo de esto  último, sólo recuérdense películas como <strong><em>Pandillas de Nueva York</em> (<em>Gangs of New York</em>,</strong> 2002<strong>)</strong> o bien el film que nos ocupa, inspirada en <strong><em>Héroes infernales</em></strong> de Andrew Lau y  Alan Mark.</p>
<p>Ahora  retoma el tratamiento de historias y grupos entre que gangsteriles y mafiosos …  con una regla básica inalterable como respaldo a la credibilidad de sus  argumentos: sobrevivirá el más fuerte, el más hábil, el más inteligente, el más  des-almado … o, en todo caso, aquel a quien la suerte le sonría de mejor modo  (algo no muy diferente a la ley de la calle que luego inspira tanto a formas  del crimen organizado). Aquí no hay muchos principios fuera de los que privan  en el bajo mundo, los de la realidad brutal que animan cotidianamente las  corrientes de la poliforma vida del <em>underground </em>urbano:  regional, estatal, nacional e internacional que Scorsese describe con pasión y  desde una perspectiva distinta a aquella a la que se dirigen balas, golpes,  bombas o moquetes. Cada minoría (respecto de la etnia de raza blanca dominante,  por supuesto), tendrá que ganarse su propio lugar (pedirlo no basta). Así, el  film que nos ocupa se encuentra mucho más cerca del <em>ánima </em>de <strong><em>Pandillas de Nueva York</em></strong> de lo que  pudiera parecer a primera vista.</p>
<p><strong><em>Los infiltrados (The Departed</em></strong><strong>)</strong>, vigésimo  cuarto largometraje en la obra del (gracias a Dios … y a él) fértil Martin  Scorsese, realizada  en el 2006 y considerada la mejor película del año por la Academia de Hollywood  (creo que el lector concordará que no era para tanto, pero era ya una deuda  impostergable el reconocimiento al cineasta en este sentido que se le había  negado anteriormente con otras de sus obras más redondas), sitúa su acción  -“Hace unos años”, se indica por escrito en la pantalla- en la ciudad de Boston  en el estado de Massachussets de la Unión Americana, ilustrando el modo como un  policía novato (Billy Costigan, interpretado por Leonardo DiCaprio), luego de  haber crecido en barrios donde florece el crimen organizado urbano, es  comisionado para infiltrarse en la mafia operada por Frank Costello (familiar  del propio Costigan, interpretado espléndidamente   –<em>as usual,  of course</em>- por Jack Nicholson). Su trabajo consiste en hacerse de  las confianzas cercanas de Frank y coadyuvar así a la investigación emprendida  por sus jefes policíacos (interpretados por Mark Wahlberg y Martin Sheen) para  poder atraparlo y refundirlo tras las rejas. Costello por su parte, hombre  especialmente inteligente y casi despiadado, ha infiltrado a otro muchachón de  sus confianzas como oficial dentro del cuerpo de élite de la Unidad de  Investigaciones Especiales (Matt Damon, quien caracteriza al capitán Colin  Delarby). Se trata, pues, de una trama de espionaje y contraespionaje en que,  como dicta la sentencia (más inobjetablemente que nunca): <strong>información es poder.</strong> Ya de ahí derivarán  movimientos sucesivos en las piezas del ajedrez despiadado, violento y  sangriento que despliegan <em>los señores de la  guerra</em> en la solución de las situaciones que toca en su desarrollo  el <em>corpus</em> del film.</p>
<p>En un  comentario breve a <strong><em>Los infiltrados</em></strong>, se apunta en el programa mensual de la Cineteca Nacional de México,  en su edición correspondiente a noviembre del 2008: “… Scorsese (…) retoma así  su pasión por la épica criminal, con una reflexión sobre la violencia  institucional y la corrupción que, en aras de mantener su poder, despojan a los  individuos hasta de su propia identidad”. Tal pérdida de identidad se produce  porque los infiltrados quintacolumnistas <strong>han  de representar cotidianamente</strong>, con la mayor verosimilitud posible  (so pena de abortar su misión y, consecuentemente, morir en el intento) <strong>que son lo que no son</strong> o, en todo caso, han  empezado a dejar de ser. Han de lograr, pues, en quien deposita en ellos su  confianza (sea la unidad de élite policial o el capo mafioso bostoniano,  dependiendo), la mayor credibilidad … a prueba de fisuras y sospechas de todo  género, pues.</p>
<p>Todo ello muy consistente, desde luego, con lo  que podía avisorarse ya desde sus primeros y poderosos films, como se consigna  en el <em>dossier</em> para la prensa de  Artistas Unidos con motivo del lanzamiento de <strong><em>Toro </em>salvaje:</strong> “Su éxito ha abonado en  parte como resultado de su descendencia étnica ítalo-neoyorquina, su gran  preocupación por la violencia sin razón en nuestra sociedad y el modo como él  se identifica con personas que se sienten intrusas, como en un ambiente  diferente al de ellos (<em>aunque</em> <em>no sea así, agrega este servidor</em>) … Los  trabajos de Scorsese se distinguen por su realismo creíble, emociones  espeluznantes y una habilidad portentosa para proyectar las frustraciones de  las personas incapaces de comunicarse (<em>resultan  concluyentes en este sentido</em> <strong><em>Taxi Driver</em>,</strong> <strong><em>New York, New York</em>, <em>El aviador</em></strong> <em>o</em> <strong><em>Toro  salvaje</em>,</strong> <em>por ejemplo</em>).  En casi todas sus películas, hay algo autobiográfico: se crió en calles en las  que las peleas con frecuencia era el modo como se resolvían los problemas  cotidianos … las cuales no pocas veces derivaban en hechos de sangre. Las  marcas son profundas. De ahí que, en el cine de Scorsese, la ciudad de Nueva  York se constituya en una constante: “Quiero a esta ciudad y me gusta lo bueno  y lo malo de ella. Nueva York es como un personaje en casi todas mis  películas”. Martin admite que la violencia siempre le produce miedo pero, por  contraparte, se siente fascinado con ella, especialmente porque a veces no  tiene objeto alguno. En una ciudad como Nueva York, suele surgir cuando menos  lo piensa uno. Al respecto, apunta Scorsese: “Cuando buscábamos escenarios  exteriores para <strong><em>Toro  salvaje</em></strong> por el Centro Lincoln, ya había concluido la  presentación de la compañía de ballet y unas mujeres cruzaban la calle para  tomar el autobús. De repente, un hombre enorme se acercó a una anciana y sin  más le propina un golpe en la boca; la chica junto a ella comenzó a gritar y a  llorar. El individuo dio  vuelta y siguió  caminando como si cualquier cosa. <span style="text-decoration:underline;">Violencia sin propósito</span>. Pero si nos  adentramos en la cabeza de ese hombre e indagamos su personalidad, quién sabe qué  encontraríamos”. Sobre sus primeras estupendas películas, refiere Scorsese: “Me  gusta que mis películas tengan un tema. En varias de ellas, se perfila el caso  del intruso luchando para que se le reconozca. En <strong><em>Calles peligrosas</em>,</strong> Charlie era un  intruso, como lo es también Johnny Boy, el personaje que interpreta De Niro.  Johnny Boy quería acabar con la sociedad. Alice (<em>la de</em> <strong><em>Alicia  ya no vive aquí</em></strong>) también es una intrusa y sobre todo Travis  Bickle, el taxista … pensándolo bien, creo que toda mi vida he sido un intruso  sin reconocerlo”. Y bueno, qué decir al respecto con lo que sucede en <strong><em>Cabo del miedo</em></strong> (1991), donde ha lugar esa atmósfera de gran <em>suspense</em>,  con un para no variar magnífico Robert De Niro (ahora como el ex-convicto <em>Max Cady</em>), quien quiere vengarse del  abogado Sam Bowden (interpretado por Nick Nolte), pues considera que no lo  defendió como debía en un juicio en que, por golpear y violar a una jovencita  de dieciséis años, lo refunden tres lustros en <em>el  bote</em>. Este film, como se sabe, es <em>remake</em> del dirigido en 1962 por J. Lee Thompson, estelarizado entonces por Robert  Mitchum y Gregory Peck. Scorsese, en esta nueva versión de casi cuarenta años  después, decidió asignar a ambos actores un pequeño papel en la cinta. Fue la  última participación como el gran actor de cine que fue de Gregory Peck …</p>
<p>La información referida es importante para  contextuar lo que pareciera un despliegue inmisericorde y machacón de violencia  gratuita: <strong><em>Los  infiltrados</em></strong> es una suerte de reflexión que se levanta como por  arte de una grúa de filmación por encima de las andanadas de balazos y peleas,  de golpes bajos y agresiones, de juego de señores de la guerra y ajedrez … y <em>ahí sí</em>, como que va aquello de que <em>mi hija baila con el señor</em>. Además, aquí  los intrusos son despojados de su propia identidad, de sus valores, son gente  obediente hasta la muerte a los afanes y dictados de sus protectores. Un  diálogo entre los personajes encarnados por Nicholson y DiCaprio, entre el  viejo hampón que disfruta su poder y el joven ambicioso por escalar a la cima, resulta  por demás esclarecedor:</p>
<p>-“Mucha gente tuvo que  morir para que yo fuera yo. Tú … ¿quieres ser yo?</p>
<p>-Sí, probablemente podría  ser tú. Sí, eso lo sé … pero yo no quiero ser tú. No quiero ser tú.</p>
<p>- …Porque la corona pesa,  y ese tipo de cosas …</p>
<p>- Sí, sí”.</p>
<p>Sin embargo, es de llamar la atención que los  juegos y rejuegos de <em>inteligencia</em> aquí presentados (incluido el nuevo papel táctico que pueden llegar a jugar en  determinadas acciones los teléfonos celulares), parecerían los vigentes durante  la llamada <em>guerra fría</em>. A su desaparición, ésta se vuelve intestina en  centros de poder mundial como son los Estados Unidos y, dentro de esta compleja  y multivariada sociedad, los diversos poderes de facto que operan en su  interior y sobreviven a pesar de los embates de sus opositores. Frases que se  sueltan en la primera parte del film, resultan elocuentes a este respecto:  “¿Qué pasa en este país? ¡Todos odian a todos!”; “El problema es quién es  confiable en esta época”; “Nadie te regala nada; todo tienes que arrebatarlo”.</p>
<p>Otro aspecto a considerar –en tanto constante-  es que lo abordado en los films de Scorsese pareciera asunto de hombres, las  más de las veces muy machos, en tanto las mujeres, salvo honrosas excepciones,  ocupan un lugar muy secundario. Para no enfrascarnos en una larga lista que  corrobore la validez de esta apreciación, en <strong><em>Los infiltrados </em></strong>están  presentes la psicóloga novia-amante que acaban compartiendo, Leonardo DiCaprio (<em>Billy Costigan</em>)  y Matt Damon (<em>Colin Delarby</em>); la <em>mujer de uso vigente</em> –por llamarla de algún modo- del ya  septuagenario Frank Costello (Nicholson), a quien parece empezar a <em>querer subírsele a las barbas</em>; la otra es una morena  atractiva que aparece en algún momento al lado de Nicholson y a la que da  grandes cantidades de cocaína (como en la recta final de <strong><em>Scarface</em></strong>),  espetándole que la consuma hasta que se sienta tumefacta, en un gesto de  dominio y desprecio del procurador de la droga respecto del adicto que recuerda  pasajes de inhumanidad como los presentados en <strong><em>Réquiem  por un sueño</em></strong> (<strong><em>Requiem for a Dream</em></strong>)  del año 2000, dirigida por Darren Aronofsky.</p>
<p>Desde el  nivel del guión –solucionado por William Monahan-, parecieran no  suficientemente establecidas las situaciones, merced a lo cual se experimenta  algún grado de confusión respecto de lo que es propio del personaje  desarrollado por DiCaprio de lo que resulta exclusivo para el de Matt Damon.  Quizá contribuye a ello el vértigo del montaje en la solución de dos  situaciones paralelas que de cuando en cuando actúan como vasos comunicantes.  Otro aspecto no logrado, a mi modo de ver, es la irrelevante banda musical  original del film: más al servicio de lo incidental, de producir o reforzar  ciertos efectos o atmósferas que de contar con un valor agregado que la hiciese  memorable en alguno de sus trechos. Esto es de llamar la atención en el caso de  una película dirigida por alguien que tan declaradamente ama a la música y a  algunos de sus creadores e intérpretes, como bien lo avala parte de la obra del  gran ítalo-neoyorquino (ello viene suficientemente referido en el apartado  “Semblanza del cineasta”, incluido en este mismo artículo).</p>
<p>En el que  se constituye como el vigésimo cuarto largometraje de Martin Scorsese y el  tercero encabezado en su reparto por Leonardo DiCaprio (a  quien recomendó el mismísimo Robert De Nitro a Scorsese como un nuevo talento  importante a convocar), podemos concluir que  <strong><em>Los infiltrados</em></strong> es una obra llena de acción, retrato de  submundos que operan como poderes de facto intestinos, que parasitan y enferman  vía corrupción, impunidad y degradación a los centros de poder mundial y que  llevan la inquietante incertidumbre respecto de quiénes gobiernan en la vida  cotidiana el destino de tales naciones y del mundo.</p>
<p><strong>FICHA TÉCNICA.</strong></p>
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<p><strong><em>Los infiltrados (The Departed</em></strong><strong>).</strong><strong> </strong>Estados  Unidos-Hong Kong, 2006.<strong> Dirección: </strong>Martin  Scorsese;<strong> Guión: </strong>William  Monahan,  inspirado en el argumento de la  película <strong><em>Héroes infernales</em></strong> de Alan Mak  y Felix Chong;<strong> </strong><strong>Música: </strong>Howard  Shore; <strong>Fotografía en color:</strong> Michael Ballhaus; <strong>Edición: </strong>Thelma Schoonmaker; <strong>Con: </strong>Jack  Nicholson (<em>Frank Costello</em>), Leonardo  DiCaprio (<em>Billy  Costigan</em>), Matt Damon (capitán <em>Colin Delarby</em>),  Mark Wahlberg (<em>Dignam</em>), Martin Sheen (<em>capitán Queenan</em>), Ray   Winstone (<em>el sacerdote</em>), Vera Farmiga (<em>Madolyn</em>) y Ray Winstone (<em>French</em>), entre  otros. <strong>Duración:</strong> 151 minutos. El film se hizo  merecedor al Oscar a la mejor película en el 2006.</p>
<p><strong>APUNTE  BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.</strong></p>
<p><strong>MARTIN  SCORSESE</strong> nace el 17 de noviembre de 1942 en Flushing, Long  Island, en el estado de Nueva York (Estados Unidos). Según apunta Carles  Balagué en <em>Martin Scorsese</em> (Ediciones JC, Madrid,  España, 1993, pp.11 y ss.): “Es el hijo pequeño del matrimonio formado por  Charles y Catherine Scorsese, descendientes de emigrantes italianos de la  provincia de Catania, llegados a Estados Unidos en 1910. Provenientes en su  mayoría del medio agrario, se muestran esquivos a integrarse en la vida  americana. Viven agrupados en pequeños <em>ghettos</em> cerca  de <em>Elizabeth Street</em>, embrión urbano de la  Pequeña Italia, trabajando como vendedores ambulantes, curtidores de piel,  carpinteros o en talleres artesanales de confección, procurando mantener unida  toda la célula familiar. Todavía aferrados a la &lt;&lt;via vecchia&gt;&gt; de su  moral y costumbres, son vistos con notable recelo por la población americana  que ve en ellos la encarnación del gángster o el agitador social. La ejecución  de Sacco y Vanzetti en 1927, será el punto álgido en la escalada de violencia contra  la comunidad italiana”.</p>
<p>Su barrio  natal se encuentra, pues, en la mejor conocida como <em>Little Italy</em>,  de características tan particulares. Quien transita por sus calles con  sensibilidad abierta puede apercibirse de sus antitéticas y muy particulares <em>vibras</em>, muy propias, muy del rumbo y diferentes de las que  imperan en otras partes del estado de Nueva York, no se diga de algunos de sus  rumbos más representativos como el <em>Village</em>, <em>Soho</em>, <em>Coney Island </em>(donde  se lleva al cabo el encuentro final, al amanecer, entre <em>The Warriors</em> y la banda rival que ha venido buscando borrarla del mapa durante la intensa  noche precedente), la “ciudad satélite” <em>Queens</em>, <em>Brooklyn</em>, el <em>Bronx</em>, etc.  “Radicalmente distinta será la transición entre la primera generación,  representada por los abuelos de Scorsese, y la segunda, formada por sus padres  –continúa Balagué-. Lentamente el grupo va perdiendo sus señas de identidad  para buscar un acomodo rápido en la vida americana. Pese a seguir confinados en  el espacio urbano de la <em>Little Italy</em> (barrio formado por las confluencias de <em>Elizabeth Street</em>, <em>Mott Street</em> y <em>Mulberry  Street</em>), en el <em>Lower East Side</em> de Manhattan, entre <em>Greenwich Village</em> y <em>Chinatown</em>, los hijos de esos emigrantes  inician un acercamiento progresivo que empieza por la utilización del inglés  como lengua propia, casi exclusiva en algunos casos, seguida de una acomodación  anglófila fonética de sus nombres de pila, adaptando su forma de vivir y  comportarse a las modas de los jóvenes americanos. Fieles a sus tradiciones,  aferrados a sus ritos, los ítalo-americanos de la segunda generación siguen una  evolución exterior no siempre acompañada de un cambio moral y social en cuanto  a su comportamiento. Víctimas de cierto fatalismo católico. Subyace en todos  ellos la dialéctica del pecado convertida en ocasiones en una falta o afrenta a  expiar, incluso purgar con el castigo físico; rasgo común a muchos personajes  scorsesianos, desde el Charlie de <strong><em>Calles peligrosas</em></strong> al Jake la Motta de <strong><em>Toro salvaje</em>.</strong> Pese a todo,  ponen los primeros cimientos del más genuino &lt;&lt;american way of life&gt;&gt;. Figuras  como Joe Di Magio, Mario Lanza, Jake la Motta y Frank Sinatra son portavoces  del sentir de esos hijos de emigrantes que desean ante todo ser considerados  ciudadanos americanos, con casos tan extremos como el de Frank Capra (…) Empleados<strong> </strong>como tintorero y modista en una  fábrica de confección, las cosas no fueron fáciles para los padres del director  de <strong><em>Taxi Driver</em></strong>, a quienes una serie de  problemas los llevan a trasladarse desde el <em>Queens</em> a <em>Elizabeth Street</em> en busca de mejores condiciones de vida  para su familia. Hasta la edad de siete años, pues, el pequeño Martin queda  bajo la custodia de sus abuelos que intentan, sin éxito, enseñarle su lengua de  origen”.<strong> </strong></p>
<p>De niño,  algunos afirman que Martin Scorsese tuvo algún   tipo de aspiración religiosa. Cursa sus estudios secundarios en el  Cardinal Hays del Bronx e intenta graduarse en la universidad jesuita de Foudham,  pero sus bajas calificaciones no le ayudan mucho, por lo que encamina sus pasos  hacia la New York University, en donde se inscribe primero en cursos de  literatura inglesa, los cuales abandona pronto por las clases de historia del  cine impartidas por Haig Manoogian (luego consejero de los primeros films de  Scorsese, y a quien dedica <strong><em>Toro Salvaje</em></strong>).  Ahí coincidió con talento emergente que respondía a nombres tales como los de  Brian De Palma, Michael Wadleigh, Jim McBride y Robert Downey, entre otros. De  ahí pa’l real, Martin no tuvo duda ya sobre cuál era su verdadera vocación y  derrotero. Como se apunta en el programa conmemorativo de la 50 Muestra  Internacional de Cine (noviembre, 2008), se apunta a propósito de Martin  Scorsese (quien se hizo presente en tal oportunidad vía <strong><em>Shine  a Light/The Rolling Stones</em>, </strong>2008): “La marginalidad, la  violencia y la religiosidad de su barrio natal, la <em>Little Italy</em>,  marcan su personalidad. Cinéfilo empedernido, egresó del prestigiado  Departamento de Cine de la Universidad de Nueva York en los años sesenta”. Gana  premios regionales por dos films hechos por él cuando aún era estudiante: <strong><em>What’s a Nice Girl like You Doing in a Place Like  This?</em></strong> e <strong><em>It’s Not Just You, Murray</em>.</strong> Luego de ello, contrae matrimonio en 1965 con Lorraine Marie Brennan, enlace  del que nacerá su hija Catherine. Refiero de una vez el récord marital de  Scorsese: se casa de nuevo en 1975 con la escritora Julia Cameron, con quien  procrea a Dominica. A esta unión sigue su boda en 1979 con Isabella Rossellini,  la afamada actriz y periodista. Desde 1985 manda en su casa la productora  ejecutiva Barbara de Fina.</p>
<p>En 1967  –regreso a la génesis de su proyección como cineasta-, una beca de la  Cinemateca Belga, dirigida entonces por Jacques Ledoux, le otorga fondos para  la realización de un cortometraje a color que llevó por título <strong><em>The Big Shave</em>.</strong> Carles Balagué, en la  obra referida, anota al respecto (pp. 22 y 23): “Filmada en 1967, durante un  período especialmente conflictivo para el director que en poco tiempo ha  conocido el fiasco de su primer largometraje, la separación de su mujer y un  problemático futuro profesional, <strong><em>The Big Shave</em></strong> es una visión de la muerte estrictamente personal: un hombre delante de un  espejo se prepara para afeitarse. Cuando empieza a rasurar su barba, una gota  de sangre cae sobre el lavabo. Enseguida, el inmaculado cuarto de baño queda  convertido en el decorado de un film de terror. Todo este ceremonial contiene,  en última instancia, un mensaje político sobre la intervención americana en  Vietnam: ‘Casi me convencí de que era una película contra la guerra de Vietnam,  de que ese tipo que se afeita meticulosamente y que acaba cortándose el cuello  era un símbolo del americano medio de aquel entonces. Fue por las implicaciones  políticas por lo que utilicé como fondo sonoro la versión original de &lt;&lt;ICan’t  Get Started&gt;&gt;, la de  Bundy Berigan de</p>
<p>1939.  Incluso, quería terminar con unas imágenes de archivo sobre Vietnam,  pero eran inservibles’. El cortometraje obtuvo el Prix de l’Age d’Or en el  Festival de Cine Experimental de Knokke-le Zoute”.</p>
<p>Entusiasmado  por lo que experimentaba al dirigir, logra reunir 40,000 dólares, incluidos  $6,000 de sus propios ahorros, cantidad con la que logra producir y dirigir <strong><em>Who’s Knocking at My Door?</em>,</strong> protagonizada por su cuate Harvey Keitel y la <em>ballerina</em> Zena Bethune. Una manera de mantenerse activo cuando no se es aún muy conocido  en una industria como la del cine es haciéndose cargo de la edición o montaje  de las películas de otros. Así lo hizo con <strong><em>Woodstock</em></strong> de Michael Wadleigh (1970), <strong><em>Medicine Ball Caravan</em></strong> de Francois Reichenbach (1971) y <strong><em>Elvis on Tour</em></strong> de Pierre Adidge y Robert Abel (1972) o <strong><em>Minnie and Moskowitz</em> (<em>Así habla el amor</em>, </strong>1971) de John  Cassavetes, entre otras.</p>
<p>En el <em>Diccionario de Directores</em> de Ediciones JC (Madrid, España,  1992, p. 242) se apunta: “Se formó como realizador trabajando para la &lt;&lt;<em>factory</em>&gt;&gt; de Roger  Corman, quien le dio la posibilidad de dirigir su primera película. Antes de  ello, se desempeñó para la CBS como editor, supervisor y ayudante de dirección.  Ocasionalmente, ha trabajado como actor en algunos films tanto propios como de  otros cineastas. También, fue productor ejecutivo de <strong><em>Los  Timadores</em></strong> de Stephen Frears (<strong><em>The  Gifters</em>,</strong> 1990). Tiene contrato en exclusiva con los Estudios  Universal Pictures. Con <strong><em>Toro Salvaje</em></strong> (<strong><em>Raging Bull</em>,</strong> 1980), le negaron el  Oscar al mejor director, aunque lo ganó Robert De Niro como mejor actor, así  como el montaje”. A propósito de De Niro, es sin duda notable la mancuerna  artística que ha formado con Scorsese desde <strong><em>Calles  peligrosas</em></strong> hasta <strong><em>Cabo del miedo</em></strong> en que, como apunta Carles Balagué en la obra citada (p.10): “… Son siete  espléndidos films en que la pareja artística ha sido capaz de asombrarnos en  cada entrega, donde el actor ha sido desde un truhán de la Pequeña Italia a un  campeón de boxeo, pasando por un saxofonista, un taxista con insomnio, un  mitómano imitador de estrellas, un gángster irlandés y un psicópata asesino;  desde luego, no se puede pedir más”.</p>
<p>Scorsese  sabía que, más tarde o más temprano, su trabajo lo llevaría a Hollywood, decide  dejar Nueva York y lanzarse a California en 1970. Se incorporó al <em>cine norteamericano serie B</em> como asistente del productor  Roger Corman, quien le brinda la oportunidad de dirigir <strong><em>Bertha,  ladrona y amante</em> (<em>Boxcar Bertha</em>,</strong> 1972), situación análoga a la que vivieron con sendos films Francis Ford  Coppola y Peter Bogdanovich. Sus primeros largometrajes como cineasta fueron: <strong><em>Who’s that Knocking at my Door?</em></strong> (1968, en la que ya aparece el gran Harvey Keitel encabezando su reparto, como  antes se indicó) y <strong><em>Streets Scenes 1970</em></strong> (1970). <strong><em>Calles peligrosas</em></strong> (<strong><em>Mean </em></strong><strong><em>Streets</em></strong><strong>,</strong> 1973), coprotagonizada por Keitel y Robert De Niro  (como <em>Johnny Boy</em> este último), con aura  marginal y algo del testimonial urbano neoyorquino conoce éxito singular, tanto  en Estados Unidos como en el plano internacional, posicionándolo como una  promesa joven con lo mejor por dar aún, lo que basta para integrarlo al sistema  de Estudios de Hollywood, dentro del cual ha mantenido singular autonomía. Su  siguiente film: <strong><em>Alicia no vive aquí</em></strong> (<strong><em>Alice Doesn’t Live Here Anymore</em></strong> (1974), lo confirma como un cineasta de talento. Luego de ello, quizá sin  proponérselo pero dando ya visos de autor con propuesta personal, Scorsese da  vida a un documental corto sobre la vida de sus parientes y su origen italiano,  titulado <strong><em>Ítalo-americano</em></strong>: fue la obra  mejor recibida y calificada en el Festival Cinematográfico de Nueva York en  1974 … pero donde Martin Scorsese propulsa su obra a niveles de verdadero y  consumado autor en cine es con <strong><em>Taxi Driver</em></strong> (1976), verdadera obra maestra en que a su talento se aúnan sinérgicamente los  del autor del argumento y guionista (en este caso) y también cineasta Paul Schrader,  la música inolvidable del reconocido creador de soundtracks Bernard Herrmann,  la virtuosa fotografía de Michael Chapman, así como el aporte histriónico de  primera a cargo, entre otros notables, de Robert De Niro, Harvey Keitel, Jodie  Foster, Peter Boyle y también Martin Scorsese como actor (en el papel del  nervioso pasajero del taxi de De Niro). <strong><em>Taxi Driver</em></strong> obtuvo la Palma de Oro de Cannes en 1976 (y, por si no se nota, es la favorita  de este comentarista de entre las creadas por Scorsese).</p>
<p>Cuando  concluyó la realización de la harto degustable <strong><em>New  York, New York</em></strong> (1977), con Robert De Niro y Lisa Minnelli en los  estelares, Scorsese acomete en 1978 la dirección del magnífico documental  titulado<strong><em> El último rock</em> (<em>The Last Waltz</em>), </strong>en que acompaña en su gira de despedida  al grupo canadiense de rock <em>The Band</em>. Tras  este notable trabajo que refleja su dominio en este tipo  de cine, que fue presentado en el Festival de  Cannes 1978. acomete con rigor y denuedo los trabajos para su célebre  recreación de la vida del boxeador Jake La Motta, ex-campeón de peso mediano,  mejor conocido en sus tiempos de gloria como <em>“el toro del  Bronx”</em> (nuevo tributo a Nueva York y sus figuras legendarias)a quien caracteriza Robert De Niro, con un trabajo que le  mereció el Oscar al mejor actor principal. <strong><em>Toro Salvaje</em></strong>,  filmada en escenarios naturales de las ciudades de Los Angeles y la de Nueva  York, fue considerada la mejor película estadounidense de los ochenta por la  revista <em>Time</em>. La Motta ascendió de la pobreza en  el Bronx hasta su triunfo apoteósico en el Madison Square Garden para luego  conocer simas que lo llevaron a ocupar una de las celdas en la cárcel de  Florida.</p>
<p>Su gusto  por el rock ha quedado de manifiesto en los documentales ya referidos sobre Bob  Dylan y el grupo <em>The Band</em>, a los cuales se suma <strong><em>Shine a Light/The Rolling Stones</em></strong> (a  lo cual ha menester agregar su trabajo como asistente de dirección y supervisor  de producción de <strong>Woodstock</strong>, dirigida por Michael  Wadleigh, a propósito del mítico concierto de rock pionero, entre otros &lt;&lt;coqueteos&gt;&gt; con el  mundo de la música). Martin Scorsese ha logrado una continuidad prácticamente  ininterrumpida en su carrera. A los títulos anteriores se suman otros tales  como: <strong><em>El rey de la comedia</em></strong> (1982), <strong><em>Después de hora</em></strong> (1985), <strong><em>El color del dinero</em></strong> (1986), la  controvertida<strong><em> La última tentación de Cristo</em></strong> (1988, según la novela de Nikos Kazantzakis y guión cinematográfico de Paul  Schrader), el episodio <strong>“Lecciones de vida”</strong> en la película episódica <strong><em>Historias de Nueva York</em></strong> (1989), <strong><em>Buenos muchachos</em></strong> (1990), <strong><em>Cabo del miedo</em> (<em>Cape Fear</em>,</strong> 1991<strong>)</strong> y <strong><em>La  edad de la inocencia</em></strong> (1993). En ésta, la acción inicia  situándose en la ciudad de Nueva York hacia 1870. Se anuncia el compromiso  entre una joven pareja perteneciente a la alta sociedad de la época: la formada  entre May Welland (Winona Ryder) y el joven abogado Newland Archer (Daniel  Day-Lewis). Aunque se ha fijado una fecha realmente próxima para el enlace, él  aún tiene dudas y vacilaciones, lo cual se acentúa luego de la llegada de la  condesa Ellen Olenska (Michelle Pfeifer), prima de May quien regresa luego de  que naufraga su matrimonio en Europa con un conde polaco … contra lo esperado  entonces, no se guarda con discreción tras su fallida experiencia marital sino  que decide enfrentarse a las buenas conciencias de la sociedad norteamericana  de fines del siglo XIX anunciando que piensa divorciarse. “Por cuestiones  familiares –apunta Carles Balagué en <em>Martin Scorsese</em>,  pp. 175-176- le corresponde a Newland intentar disuadir a Ellen de sus  intenciones. Rápidamente nace entre ambos una mutua corriente de simpatía que,  en el caso de Newland, se transforma en un amor obsesivo que le acompañará  hasta su muerte (…) Publicada en 1920, <em>The Age of Innocence </em> cimentó la carrera literaria de Edith Wharton  (1862-1937), ganadora del Premio Pulitzer al año siguiente (…) Fiel y  escrupulosa crónica sobre el nacimiento de una efímera clase social asentada en  una serie de familias, comerciantes en su mayoría, de ascendencia colonial, con  ramificaciones en Italia, Holanda e Inglaterra, no resulta extraño que ese  cuadro colorista, repleto de referencias al Nueva York de finales del siglo  XIX, acabase interesando a un realizador siempre seducido por los orígenes  etnográficos de su ciudad, como es el caso del mediometraje <strong><em>Italianamerican</em>,</strong> pero sobre todo  atraído por el estudio de cerradas estructuras familiares, provistas de sus  propias reglas, casi sin resquicios para entrar en su interior, donde cualquier  intento de rebelión individual queda desmembrado por la presión de unos lazos  sociales, sanguíneos o de parentesco: ‘Como buen italiano, estoy interesado  por la familia y las he descrito hasta mafiosas. Aquí las familias no derraman  sangre, peo matan igual, psicológicamente, para expulsar el cuerpo extraño,  para salvar su mitad’”.</p>
<p>Siendo como  es <em>lo religioso</em> –más que lo católico- un  resorte existencial en la vida de Scorsese, luego de la ya referida <strong><em>La última tentación de Cristo</em>,</strong> en  1997 da vida a <strong><em>Kundun</em></strong>, bello y notable film  que tuvo el mal tino de ser contemporánea de <strong><em>Siete  años en el Tíbet </em></strong>(<strong><em>Seven Years in Tibet</em>,</strong> 1997) con Brad Pitt en el protagónico. Si de <em>“última  tentación”</em> se trata, en este caso es aplicable a la figura del Dalai  Lama. Según apunta Juan Carlos González Arroyave en (<a href="http://www.ochoymedio.info/review/367/Kundun/"><span style="text-decoration:underline;">http://www.ochoymedio.info/review/367/Kundun/</span></a>) en el  artículo intitulado “La tormenta interior”: “El Dalai Lama en el siglo XX, la  décimo cuarta reencarnación de Avalokitesvara –el Buda de la Compasión- y de  todos sus predecesores, está abrumado. Se siente frágil y solitario, quizá  demasiado humano para sus compromisos espirituales. En un momento dado, llega a  reflexionar y a preguntarle a uno de los monjes si de pronto no se habrán  equivocado con él, que a lo mejor no era el verdadero elegido, ese Kundun  etéreo en cuyos zapatos iluminados no parece encajar, y cuyas responsabilidades  parecen superar lo que un muchacho de dieciocho años es capaz de enfrentar. En  silencio, el Dalai Lama ve a su país derrumbarse, mira a su pueblo sufrir, y a  la vez adorarlo, recuerda su infancia primera y se pregunta por qué se siente  temeroso e indeciso, víctima y a la vez continuador de una estructura religiosa  milenaria que lo ha metido en una jaula de oro. Por eso el Dalai Lama está  abrumado, porque comprende que su estatura es la de un hombre y que, como tal,  sufre y teme. Unos años antes, frente a sus ojos, una carta de su predecesor,  el décimo tercer Dalai Lama, profetizaba que la religión del Tíbet iba a ser  destruida por la China, los monjes del país asesinados, y que él y sus  seguidores tendrían que vagar como mendigos. ‘Qué puedo hacer? Sólo soy un  niño’, les dijo a sus consejeros. Y ellos le respondieron: ‘Usted es el hombre  que escribió esta carta. Usted es el hombre que ha regresado para guiarnos.  Usted debe saber qué hacer …’. Esta figura tan humana es la que perfila y en la  que se centra Martin Scorsese en <strong><em>Kundun</em>”</strong>.  Sin embargo, dicha vinculación del cineasta con lo religioso pareciera  divorciada con los ambientes que muestra tanto en<strong> Pandillas<em> de Nueva York</em></strong> (2002) -en que tantas veces se  maldice con los nombres de Satán- como en <strong><em>Los infiltrados</em></strong>,  en que la única secuencia correlativa muestra a un Jack Nicholson refiriendo  procacidades a una monja y tildando a voz en cuello a unos sacerdotes de  pederastas … sí, quizá está decepcionado.</p>
<p>En 1995,  dirige <strong><em>Casino</em></strong> y en 1999 <strong><em>Vidas al límite</em></strong>(<strong><em>Bringing Out the</em></strong> <strong><em>Dead</em></strong>), película cuyo reparto  encabezan Marc Anthony, Nicolas Cage y  Patricia Arquette, centrada en la labor que llevan al cabo paramédicos que  trabajan el turno nocturno a bordo de una ambulancia que, entre el estrépito de  la sirena y la estrobodelia de las luces, recorre las calles de la ciudad de  Nueva York a toda velocidad a la media noche. La gente que ahí colabora a  diario se ve cara a cara con la muerte, a través de  los heridos y agonizantes que atienden. Luego  vendría el documental <strong><em>No direction home: Bob  Dylan</em></strong> (2005), <strong><em>Los infiltrados</em></strong> (2006), <strong><em>El aviador</em></strong> (2004) o el  documental <strong><em>Shine the light/The Rolling Stones</em></strong> (2008). A mediados de mayo del 2009, la agencia AFP difunde: “El cineasta (<em>Martin Scorsese</em>) dirigirá <strong><em>Sinatra</em>,</strong>obra basada en la vida y obra del artista  estadounidense, informó <em>Variety</em>. Los  Estudios Universal y Mandalay producirán el film, con guión de Phil Alden  Robinson que les tomó varios años desarrollar como proyecto, mientras se  aseguraron de contar con los derechos de la historia y de la música que  administra Frank Sinatra Enterprises”.</p>
<p><strong>FILMOGRAFÍA.</strong></p>
<p><strong>Corto  y mediometrajes:</strong></p>
<p><strong>1963          <em>What’s girl like you doing in a place like this?</em></strong></p>
<p><strong>1964          <em>It’s not just you, Murray</em>.</strong></p>
<p><strong>1967          <em>The Big Shave</em>.</strong></p>
<p><strong>1974          <em>Italianamerican</em>.</strong></p>
<p><strong>1975          <em>American Boy: Profile of a Steven Prince</em>.</strong></p>
<p><strong>Largometrajes:</strong></p>
<p><strong>1968          <em>Who’s that Knocking at my Door?</em></strong></p>
<p><strong>1970          <em>Streets Scenes 1970</em>.</strong></p>
<p><strong>1972          <em>Bertha, ladrona y amante </em>(<em>Boxcar  Bertha</em>).</strong></p>
<p><strong>1973          <em>Calles peligrosas </em>(<em>Mean Streets</em>).</strong></p>
<p><strong>1974          <em>Alicia ya no  vive aquí </em>(<em>Alice doesn’t live here  anymore</em>).</strong></p>
<p><strong>1976          <em>Taxi Driver</em>.</strong></p>
<p><strong>1977          <em>New York, New York</em>.</strong></p>
<p><strong>1978          <em>El último rock</em> (<em>The Last Waltz</em>).</strong></p>
<p><strong>1980          <em>Toro salvaje </em>(<em>Raging Bull</em>).</strong></p>
<p><strong>1982          <em>El rey de la comedia </em>(<em>The King of Comedy</em>).</strong></p>
<p><strong>1985          <em>Después de hora</em> (<em>After Hours</em>).</strong></p>
<p><strong>1986          <em>El color del dinero</em> (<em>The Color of Money</em>).</strong></p>
<p><strong>1988          <em>La última tentación de Cristo</em> (<em>The Last  Temptation of Christ</em>).</strong></p>
<p><strong>1989          <em>Historias de Nueva York</em> (<em>New York Stories</em>). </strong>Película  constituida por tres episodios. El dirigido por Scorsese se intitula: <strong><em>Life Lessons</em></strong>; los demás episodios  corren a cargo de Francis Ford Coppola (<strong><em>Life Without Zoe</em></strong>)  y Woody Allen (<strong><em>Oedipus Wrecks</em></strong>).</p>
<p><strong>1990          <em>Buenos muchachos</em> (<em>Goodfellas</em>).</strong></p>
<p><strong>1991          <em>Cabo del miedo</em> (<em>Cape Fear</em>).</strong></p>
<p><strong>1993          <em>La edad de la inocencia</em> (<em>The Age of the Innocence</em>).</strong></p>
<p><strong>1995          <em>Casino</em>.</strong></p>
<p><strong>1997          <em>Kundun</em>.</strong></p>
<p><strong>1999          <em>Vidas al límite</em> (<em>Bringing Out the Dead</em>).</strong></p>
<p><strong>2002          <em>Pandillas de Nueva York</em> (<em>Gangs of New York</em>).</strong></p>
<p><strong>2004          <em>El Aviador</em> (<em>The Aviator</em>).</strong></p>
<p><strong>2005          <em>No Direction Home: Bob  Dylan</em></strong> (documental).</p>
<p><strong>2006          <em>Los Infiltrados</em> (<em>The Departed</em>).</strong></p>
<p><strong>2008          <em>Shine a Light/Los Rolling  Stones </em></strong>(documental).</p>
<p>También ha  participado <strong>como actor en películas no dirigidas por él:</strong> <strong><em>Cannonball</em>,</strong> 1976, de Paul Bartel; <strong><em>Roger Corman: Hollywood Wild Angel</em>,</strong> 1978, de Christian Blackwood; <strong><em>Movies are my Life</em>,</strong> 1979, de Peter Hayden; <strong><em>Il Papocchio (Vaticano  Show)</em>,</strong> 1980, de Renzo Arbore; <strong><em>Round  Midnight</em>, </strong>1985, de Bertrand Tavernier; <strong><em>Dreams</em>, </strong>1990, de Akira Kurosawa; <strong><em>Guilty by Suspiction</em>,</strong> 1992, <strong><em>La musa</em></strong> (1999), <strong><em>El dilema</em></strong>(<strong><em>Quiz  Show</em>,</strong> 1994),<strong> </strong>entre  otras. Ha apoyado a otros directores en actividades diversas tales como: <strong>Guionista: Besessen/Obsessions</strong> de Pim de la Parra (1968); <strong>Ayudante de Dirección y supervisor de montaje:</strong> <strong><em>Woodstock</em></strong> de Michael Wadleigh  (1970); <strong>Productor asociado y montaje:</strong> <strong><em>Medicine Ball Caravan</em></strong> de Francois  Reichenbach (1971); <strong>Montaje:</strong> <strong><em>Así habla el amor</em> (<em>Minnie and  Moskowitz</em>)</strong> de John Cassavetes (1971), <strong>Supervisor  de montaje</strong> en: <strong><em>Elvis on tour</em></strong> de Pierre Adidge y Robert Abel, así como en <strong><em>Unholly  Rollers</em></strong> de Vernon Zimmerman (1973). Claro: los títulos indicados  en los giros precisados son enunciativos, no exhaustivos.</p>
<p align="right"><strong>Luis  Arrieta Erdozain</strong></p>
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