Lo mejor de mi vida (My Life), Estados Unidos, 1993, de Bruce Joel Rubin.

El venturoso tránsito hacia una muerte anunciada
por Luis Arrieta Erdozain

“Vivir la muerte como acción consiste en escoger de modo sabio y tolerante el envejecimiento y la enfermedad, mensajeros de nuestra condición efímera y pasajera. Rahner habla del morir como acto libre, en tanto que la muerte ‘es el fin de ese morir continuo que sucede en la vida’ y ‘morimos a lo largo de la vida hasta el fin del morir’. En otras palabras, el ser humano perece parcialmente ‘en cada acción libre en que el hombre dispone de la totalidad de su persona’ (…) Más aún, como la libertad humana es siempre limitada, situada en condiciones que no siempre escogió, Rhaner ve precisamente ante la muerte un supremo acto de libertad como ‘disponibilidad’ radical, cuando el hombre se despoja de todo y el mismo sujeto de la libertad desaparece (…) La muerte no es una realidad al margen de la vida, como un evento terminal, sino que es el centro de la vida misma: su sombra se proyecta sobre el entero curso de la vida”.

María Julia Cuetos en NotiCUC, año 7, No. 4, en la edición correspondiente a noviembre del 2006, pp.1-2, 7-8.

Lo mejor de mi vida (My Life, 1993), opera prima y único film dirigido por Bruce Joel Rubin a la fecha, quien se ha desarrollado como guionista (lo es, también, de la película que nos ocupa) es, sin duda, un film de gran y profunda veta que no sólo impacta, sino que invita a la reflexión personal.

Como bien se sabe (aunque muchos prefieren tener dicho conocimiento no muy presente, o no tan seguido), la Muerte es la única certeza inobjetable que tiene cada ser humano desde que nace: la propia muerte que, en un lapso más breve o luengo, irremisiblemente habrá de producirse algún día, en algún momento y lugar, la mayor parte de las veces desconocidos para quien habrá de vivirla (ciertamente, por paradójico que suene, lo último que habremos de vivir es nuestra propia muerte). Algunos escritores y filósofos han apuntado que, luego de nacer, se muere un poco ya desde ese instante y cada vez más. Cada cual tiene su tiempo para ser y existir en el modo único que conocemos y, cumplido el plazo, será inconmutable la hora de nuestra hora. En esta realidad propia de nuestra humana condición mortal, se detiene Lo mejor de mi vida y, para facilitar el involucramiento en la vida del protagonista, Bruce Joel Rubin, ofrece detalle de lo sucedido treinta años antes de lo que serán los últimos meses de vida de Bob Jones (en pantalla se precisa: “Detroit, Michigan, 1963” y la película tiene por año de realización 1993, lo cual contribuye a la verosimilitud del relato. Otro detalle interesante es que el propio cineasta nació en Detroit, Michigan en 1943).

Bob niño es inteligente y con chispa, aunque retraído y fantasioso; se frustra cuando sus deseos no se cumplen o la respuesta de su familia no es como la que espera. De hecho, no se siente muy orgulloso de esta última. Él llega a externar que: “No se puede confiar en muchas cosas en el mundo”. Buena parte de su tiempo libre se la pasa encerrado en el sótano de la casa con sus muñecos y juguetes y, cuando tiene más edad, a la primera oportunidad, abandona Detroit y se desplaza a Los Angeles para iniciar una vida que busca sea una suerte de borrón y cuenta nueva a lo que ha sido su existencia hasta la fecha.

En este intento de cercenamiento de lo que ha sido, alcanza un relativo éxito, pues en solo diez años posiciona a R. A. Jones, Inc. Public Relations entre las diez mejores agencias de su tipo en la cosmopolita urbe angelina. Sin embargo, hay fisuras que son detectadas por otros de sus colegas. En una entrevista que le hacen a uno de sus colaboradores para una pieza testimonial que se desarrolla para su firma, creyendo que la cámara no está en funcionamiento, comenta off the record al videoasta a cargo que, a la par que reconoce que Bob (Michael Keaton) es encantador, ingenioso, simpático y muy poderoso, confiesa que: “Bueno, no lo conozco realmente. Es más, no sé si alguien lo conozca realmente …ni siquiera se apellida Jones, sino Ivanovich”, para luego aludir a que las cartas credenciales de estudios que refiere sobre haber
cursado carrera en una prestigiada universidad norteamericana son parciales en su verdad, pues sólo estudió ahí un par de semestres …

Jones conoce accidentalmente este testimonio que se constituye en el primer desmoronamiento de su aparentemente invulnerable fachada. Algo por dentro le dice que no se conoce a sí mismo, que ha venido representando una vida “de a mentiritas” con una y otra máscara sobre su rostro, situación favorecida por su oficio de publirrelacionista. En estas anda cuando, por un lado, se le informa que tiene un cáncer que, a pesar de distintos tratamientos, no sólo no cede, sino que acorta su vida a unos pocos meses más; por otro, se confirma que, también en pocos meses, nacerá su primogénito. La madeja de circunstancias capitales, aunada a la brevedad del tiempo disponible para actuar, llevan a Bob del conocimiento a la negación, de la impotencia, al enojo y de ahí a la aceptación, proceso en el cual cuenta con el solidario y amoroso apoyo de Gail, su mujer (Nicole Kidman). En la búsqueda de soluciones para evitar o postergar en lo posible el deceso anunciado, es ella quien lo invita a hacer la prueba con medicina alternativa oriental, llevándolo con el Señor Ho (Haing S. Ngoe), cuyo consultorio y proceso para la atención de sus pacientes es la antítesis de las prácticas que han hecho exitoso a Jones: se tienen que subir escaleras y no un elevador para llegar a donde atiende; el inmueble está descuidadón; la atención al paciente no es por cita a determinada hora sino conforme van llegando; además, Mr. Ho no se vale de estudios y fármacos, sino de un manejo tipo Reiki para identificar posibles causales del mal que aqueja al enfermo, ir elaborando su historia clínica y ofrecer tanto su diagnóstico como la terapia que recomienda seguir (en todo ello, escalofriantemente acertado). Al término de la consulta, Ho le dice a su paciente: “Guarda demasiado rencor; eso lo envenena. Puede despojarse de su temor; no tiene fe”. Aunque sale del lugar burlándose, Bob Jones ha experimentado algo profundo en su interior que lo hará regresar varias veces más en lo futuro.

A partir de otras conversaciones con Gail, parece claro que Bob se encerró tanto en sí mismo que, en su decisión por bloquear recuerdos, vivencias y afectos de su etapa pre-angelina, se autoblindó (incluidas su conciencia y memoria), en su afán por lograr ser quien supone que quiere ser. Sin embargo, tras aparentemente lograrlo, su entusiasmo es vano pues está muy lejos de ser sí mismo, de contactarse y aún de estar en verdadera sintonía con su propia mujer, su mejor aliada en los años recientes y hasta el momento. En nueva sesión con el sabio médico chino, se produce este diálogo esclarecedor:

-“Casarse con la bondad no basta; debe encontrarla en sí mismo (…) Su ira es muy profunda y muy antigua …
Sólo escuche su corazón. Si usted lo escuchara, no me necesitaría. Su corazón le está gritando:¡ perdona! -“¿Perdonar a quién? No tengo a quién perdonar …

Y sí: Bob había sido un creyente que se había sentido muchas veces decepcionado conforme a su entender, por lo que había decidido después dejar de creer y sentir-sentirse, optando por convertirse en un creador de toda suerte de ilusiones, muchas de ellas huecas (de ahí su éxito profesional). En el intenso proceso que sucede a estas revelaciones sobre sí que tiene bloqueadas, Bob inicia la reconstrucción de su pasado con una visita a sus padres y tíos en la ciudad a la que, quizá hasta había jurado, no regresaría jamás, a propósito de una invitación (que no pensaba aceptar antes) para asistir a la boda de su hermano menor Paul (Bradley Whitford). Lo hace acompañado de Gail y de una cámara de video que no lo abandonará en buena parte del film. Vale la pena destacar desde ahora que este recurso (el de mostrar imágenes de la cámara de video, intercaladas con las de la película propiamente dicha, en ambos casos perfectamente distinguibles, refuerza el carácter testimonial y de cualidad existencial emprendido por Bruce Joel Rubin). Luego de saludar a su tía Sofía (en la vida real, Mamá del director de la película), pregunta a Bill Ivanovich (Michael Constantine) y a Rose (Rebecca School), sus padres, cómo era él mismo –Bob- de niño (aquí, la referencia a The Big Fish de Tim Burton, muy posterior, resulta inevitable, en lo tocante al encontronazo hijo “exitoso”-familia). Ellos le dicen que, cuando tenía diez años, se desaparecía horas enteras en el sótano para jugar con sus trenes. Su Papá apunta:

-“Nunca te veíamos.
-“Por qué? ¿Qué era lo que pasaba?
-“Pues es que, para entonces … te avergonzabas de
nosotros. Nos ocultabas todo. No traías a tus amigos a casa. Una vez, tu Mamá fue a la escuela a ver a tu maestra … y tú fingiste no conocerla. ¡Desconocer a tu propia madre! Estuvo llorando dos días.
-“¿Qué piensas? ¿Por qué crees que hice eso?
-“Creo que tu hijo (por nacer) debe saber que su padre se sentía superior a su familia;y que a la primera oportunidad huyó, se cambió de apellido y ya nunca volvió … Cambias todo; huyes de todo.
-“¿Sabes? Nunca huí. Me fui. ¿Sabes por qué? Quería hacer mi vida.
-“¿No podías hacer tu vida con tu familia? Si no fuera por tu esposa y sus llamadas, estarías muerto para nosotros. Es la verdad.
-“¿Qué quieren? ¿Que llame para oír lo mismo una y otra vez? ¿Para qué? ¿Qué ser racional lo haría?
-“Quien ama a su familia, la llama.
-“A mí no me hables de amor. Me fui hace diez años a Los Angeles y no han ido una sola vez. No conocen mi negocio, ni la vida que llevo. Así que no me hables de amor”.

Tras este intenso diálogo y otro más que sostiene con su hermano Paul la víspera de su boda, cede poco a poco el orgullo de Bob, lo que le hace advertir que ha sido injusto con quienes más lo han amado. Ello le lleva a un proceso de reconciliación consigo mismo y con los demás, dando diafanidad y posibilidad de ventilación a sus sentimientos reales –ya no más maquillados-, atreviéndose y viviendo algunas cosas que antes lo atoraron (el circo en el traspatio de su casa, subirse a la montaña rusa, así como el deseo que lanza al universo –ahora sí cumplido-, en el sentido de poder vivir lo suficiente para conocer a su hijo …). Ocurre como con la frase de un archivo electrónico que conocí hace poco y a la postre resultó de broma, cuyo enunciado inicial dice: “El camino para conseguir la paz interior reside en finalizar las cosas que has comenzado”. Bob, ciertamente, va más allá, tras conocer por un ultrasonido que le practican a Gail que el hijo que esperan será varón. Desde entonces y hasta que su salud se lo permite, se empeña en dar vida a un amplio, variado y simpático legado de afecto y amor para su chaval, como una forma de presencia virtual, toda vez que la real muy en breve se extinguirá. Es su Utopía, como aquella a la que canta Serrat en su canción de título homónimo: “Sin utopía, la vida sería sólo un ensayo para la muerte”.

El Budismo Zen identifica la vida en su conjunto como una preparación para esa culminación existencial que es la muerte como tal. Y bien considerado este precepto, tiene su mucho de verdad, porque entonces se puede llegar a ese momento terminal con sosiego, paz y hasta la alegría de haber vivido una existencia útil y conveniente –para sí y los demás-, cada vez más liberada de la esclavitud de los apegos. Quizá por ello, en las sociedades contemporáneas consagradas al mero halago y consentimiento de los sentidos, a la satisfacción inmediata y al abandono de valores e ideales, a la muerte se le oculta, se le confina en grandes edificios llamados instituciones de salud, se habla poco de ella, y muchas veces se extiende innecesariamente el trecho de vida del que se va con aparatos y fármacos, con lo que logran médicos, la voraz industria farmacéutica y hospitales una última –y por demás cuantiosa- aportación económica, de su afligida familia o de las compañías de seguros: todo muy fría y asépticamente calculado. En Lo Mejor de mi vida es por demás afortunado el tratamiento que se da cuando el médico a cargo de Bob le sugiere que el tiempo que le reste lo pase en casa y no confinado en la cama de algún nosocomio. Desde la perspectiva tanatológica, resulta lo mejor, lo más acertado, pues favorece el reencuentro de afectos, la liberación de nudos interiores, del atenuamiento de fricciones que se convirtieron en traumas y cicatrices, con espacios suficientes para despedirse de sus cercanos, así como llegar al final del camino con una cosecha de amor y un legado que trasciende la vida (los videos que hace para su hijo, en forma análoga a como el señor Watanabe de Vivir de Kurosawa muere en paz, con el parque que logra se erija en lo que era un lodazal, en beneficio de los niños pobres de la zona en que se asienta y sus familias). Como se apunta, a modo de asertiva conclusión en el film: “Es duro aprender de la vida a través de la muerte”. Pero también un Don atender, entender, comprender y, de este modo, lograr trascender con señorío, cuando aún hay tiempo –por breve que éste sea- … cuando aún, pues, es oportuno.

FICHA TÉCNICA.

Lo mejor de vida (My Life). Estados Unidos, 1993. Dirección: Bruce Joel Rubin; Guión: Bruce Joel Rubin; Fotografía en color: Peter James; Música: John Barry; Edición: Richard Chew; Con: Michael Keaton (Bob Jones), Nicole Kidman (Gail Jones), Bradley Whitford (Paul Ivanovich), Queen Latifah (Theresa), Michael Constantine (Billy Ivanovich), Mark Lowental (Dr. Hills), Rebecca School (Rose), Haing S. Ngoe (Mr. Ho), Danny Rimmer (Bob joven), así como Andrew y Brian Camuccio (Brian bebé), entre otros. Duración: 116 minutos.

APUNTE BIOGRÁFICO DEL REALIZADOR.

BRUCE JOEL RUBIN nace en Detroit, Michigan, Estados Unidos el 10 de marzo de 1943 (apunto desde ahora que, tanto en mis fuentes bibliográficas tradicionales como en diversos sitios de la Internet, la información existente sobre este autor es escasa y fragmentaria; con los poquitos hallados, buscaré armar una semblanza decente de este escritor y cineasta). Hijo de la actriz Sondra Rubin y de un padre de apellido Joel (del que no he encontrado referencias). Podemos apreciar el desempeño actoral de ella en Ghost, el fantasma del amor (1990) caracterizando a una monja y en Lo mejor de mi vida (1993), como la tía Sofía del protagonista.

Hombre de inquietudes y de búsqueda desde siempre, Bruce Joel Rubin realiza un viaje de año y medio en que recorre distintos lugares de la India y el Tíbet, permaneciendo varias temporadas de ese lapso en un monasterio nepalés. En 1982, dio cátedra en un colegio especializado en comunicaciones, cuyo resultado final sería una producción de nombre Brainstorm que, en algunos países, se conoció como Proyecto Brainstorm (1983). Luego, en 1986, se hace cargo del guión de Deadly Friend (Obsesión fatal).

Pero es hasta sus 47 años cuando da su primer campanada de resonancia internacional, al desarrollar el guión de Ghost, film estelarizado por Demi Moore y Patrick Swayze y dirigido por Jerry Zucker. Con él, gana el Oscar al mejor trabajo de esta especialidad.

Ese mismo año, Rubin es convocado por el cineasta Adrian Lyne para avocarse a la solución de una aventura fascinante con La escalera de Jacob (Jacob’s Ladder), adaptación afortunada de El Libro de los Muertos tibetano. En este film, Jacob Singer, atormentado por sus experiencias durante la guerra de Viet-Nam, sigue viviendo una terrible pesadilla. Las imágenes y sentimientos del pasado se enciman con las del presente, por lo que Jacob ha de luchar con todas sus fuerzas y recursos por aferrarse a la realidad actual y aclarar cuanto está ocurriendo al interior de su mente.

Realiza el guión de Engañada (Deceived) en 1991, bajo el pseudónimo de Derek Saunders para, en 1993, acometer la realización de su opera prima –y único film dirigido por él hasta la fecha, con un guión y argumento original, asimismo, suyos- con Lo mejor de mi vida (My Life), película de profunda y fina sensibilidad, cuyo entramado se desarrolla a partir de que un joven y exitoso publirrelacionista angelino, que pronto será Papá de su primer hijo es informado de que, merced a una incurable y maligna enfermedad, sólo cuenta con unos meses de vida. Como un testigo silente, el realizador acompaña al protagonista y a sus cercanos en los distintos estadios emocionales por los que transita y la forma mediante la cual busca ganar la paz, el amor y la reconciliación en vida. La sabiduría oriental que casi accidentalmente contacta –y de la que, incluso, se mofa en un principio- le hace descubrir la gran oportunidad que esta situación irremediable le brinda, gracias a lo cual su vida toda recupera un sentido trascendente y puede dejar un legado de amor invaluable, con base en la tecnología que nuestra época le brinda. Magnífica actuación de Michael Keaton y muy sobria de Nicole Kidman.

Para 1998, ahora bajo las órdenes de Mimi Leder, realiza el guión de Impacto profundo (Deep Impact), centrado en el cataclismo del fin del mundo que, más tarde o más temprano, todos esperamos, vía un cometa gigantesco que se dirige a la Tierra, análogo al que exterminó a los dinosaurios. A fuer de ser sinceros, aunque el tema por su naturaleza apocalíptica se presta a un trabajo más en profundidad, la película sólo logra un “impacto” superficial, a pesar de que desde el guión se establecen pautas para sacar partido a caracteres de gente inmersa en una cultura gobernada por un apego desordenado a todo tipo de gratificación inmediata.

Luego de ello, efectúa el guión de Stuart Little 2, película infantil de aventuras con muñecos de ratones neoyorkinos, bajo la batuta de Rob Minkoff y, en el 2007, The Last Mimzy, de Robert Shaye. En fase de pre-producción y con expectativa de estreno para el 2008, Bruce Joel Rubin trabaja en la adaptación de la novela The Time Traveller’s Wife de Audrey Niffenegger, en que se muestran los viajes al pasado y a través del tiempo de quien protagoniza todo ello desde una librería de Chicago. La dirección del film está a cargo de Robert Schwentke y contempla en el rol estelar a Rachel McAdams.

Bruce Joel Rubin también ha desarrollado adaptaciones exitosas para la televisión y, según se aprecia en su trayectoria, es tanto versátil en lo temático como talentoso y aportador en los guiones que ha acometido. Una sensibilidad humana muy particular, que sabe otear en lo trascendente, más allá de maya y sus apariencias, es parte del valor agregado que recibimos cuando trabamos contacto con cualquiera de los trabajos en que su rúbrica se encuentra presente.

FILMOGRAFÍA.

COMO AUTOR DEL GUIÓN:

1986 Obsesión Mortal (Deadly Friend).
1990 Ghost, el fantasma del amor (Ghost).
1990 La escalera de Jacob (Jacob’s Ladder).
1991 Engañada (Deceived), con el pseudónimo de Derek Saunders.
1993 Lo mejor de mi vida (My Life).
1998 Impacto profundo (Deep Impact).
2002 Stuart Little 2.
2007 The Last Mimzy.

COMO CINEASTA:

1993 Lo mejor de mi vida (My Life).

Luis Arrieta Erdozain

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